Ricardo Vicente López – 11-3-15
Parte II – El Informe “La Crisis de la Democracia”
En el período comprendido entre los años 50 y 70, el mundo occidental, y especialmente en los Estados Unidos donde el macartismo se acentuaba, se advirtió una oleada masiva de resistencia y de acción directa de importantes sectores de la población mundial. Los movimientos de la juventud se organizaron y movilizaron activamente en favor del cambio reformista y, en algunos casos, la revolución. La posguerra había abierto el proceso de la descolonización fundamentalmente en África y Asia. Estos movimientos buscaron, y en muchos casos consiguieron, empoderar a sectores de la población que habían sido ignorados. Todo ello contó, en parte, con el apoyo de la Unión soviética.
Como consecuencia de ello, en la década del 70 tuvo lugar un debate dentro de la élite intelectual, con mayor peso en los Estados Unidos, que definió la situación como la “Crisis de gobernabilidad”. En la reunión del Grupo Bilderberg de 1972, David Rockefeller propuso la creación de lo que propuso como «Comisión Internacional para la Paz y la Prosperidad» (International Commission of Peace and Prosperity), conocida como «Comisión Trilateral», como vimos en la primera parte, que seguido funcionando hasta hoy. Los think tank internacionales, diseñaron la Comisión para coordinar y establecer un consenso entre las potencias imperiales dominantes del mundo.
Como problema central los autores se lamentaron por la “oleada democrática” de la década del 60 y la “sobrecarga” que impuso a las autoridades de las instituciones. Se basaba en una concepción reaccionaria: la idea de que “la igualdad como un objetivo en la vida social, económica y política es una perspectiva terrible e inaceptable”.
Huntington argumentó que en la década del 60, “la jerarquía, la experiencia y la riqueza se encontraban bajo ataque”. El uso del lenguaje aquí es importante, al colocar el poder y la riqueza como agredidos atentaban contra la estabilidad de la vida democrática. Por lo tanto, los reclamos de los sectores desfavorecidos contra el poder y la riqueza fueron vistos como un “ataque antidemocrático”. Esto llevó a una polarización social e ideológica, y derivó en una disminución “de la autoridad, el estatus, la influencia y la eficacia de las autoridades”.
El informe concluyó con que los problemas de gobernabilidad del mundo occidental derivaron de un “exceso de democracia”, y que “el funcionamiento eficaz de un sistema político democrático por lo general requiere cierto grado de apatía y de desmovilización de las organizaciones”. Puede leerse con claridad que esta versión elitista de la “democracia” requiere que el Estado debe mantener la formalidad democrática, a condición de que el poder debe estar exclusivamente en manos de los tradicionales multimillonarios: la élite del poder. El informe deduce que la vulnerabilidad de la democracia, particularmente en esta situación de “crisis”, es la consecuencia “del alto nivel de educación y movilización de la sociedad participativa”, y que lo que se necesita es poner “límites deseables a la extensión indefinida de la democracia política”.
El Informe de la Comisión sintetizó así la forma en que el sistema “debería” funcionar:
En el pasado, las instituciones que habían jugado el papel principal en el adoctrinamiento de los jóvenes en sus derechos y obligaciones como miembros de la sociedad habían sido la familia, la iglesia, la escuela, y el ejército. La eficacia de todas estas instituciones como un medio de socialización ha disminuido severamente. El “exceso de democracia” implicó generar un “aumento de las demandas” al gobierno.
La Comisión Trilateral asustó crecientemente a la comunidad de la elite intelectual, señalando la amenaza que representaban aquellos “intelectuales orientados por los valores sociales” que se atrevían a sostener “su denuncia contra la corrupción, el materialismo, la ineficacia de la democracia y la sumisión de los gobiernos democráticos al capitalismo monopólico”.
El informe explica – a través de un razonamiento económico – que “una mayor democracia es sencillamente insostenible. Por lo tanto, el gasto público en bienestar social con un crecimiento mayor en educación es la causa de la crisis. Muchas personas ven eso como un logros de la democracia, pero para los miembros de la Trilateral se trata de un “exceso de democracia”, y, de hecho, una seria amenaza. Por lo tanto, el “giro al bienestar” básicamente destruyó la democracia occidental. Afirma el Informe:
Estamos persiguiendo objetivos que están fuera de proporción, demasiado aislados y perseguidos ciegamente y que, por lo tanto, están en proceso de generar una sobrecarga totalmente inmanejable y catastrófica… Estamos empezando a darnos cuenta en las “prósperas democracias” que estamos viviendo por encima de nuestras necesidades. Pero estamos igual y más gravemente viviendo por encima y más allá de nuestra inteligencia, por encima de la comprensión de lo que estamos haciendo.
La “amenaza” de la juventud educada era especialmente pronunciada, y ello se expresa de este modo:
Quizá la tendencia más perniciosa de la nueva década es el abismo cada vez mayor entre una mano de obra crecientemente mejor educada y el número de ofertas de trabajo que pueden hacer uso de esas habilidades y calificaciones… El potencial de frustración y alienación resultante por la disparidad entre el nivel educacional alcanzado y el trabajo apropiado no puede ser menospreciado.
Nos encontramos con dos definiciones diametralmente opuestas de democracia: la democracia popular es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo (Abraham Lincoln), la democracia elitista es el gobierno de los ricos, por los ricos y para los ricos (pero conservando la apariencia exterior de las democracias). La democracia elitista necesita la participación pasiva de la población, lo suficiente como para permitir que se sientan que son necesarios en la dirección de la sociedad, mientras que las elites controlan todas las palancas importantes de poder y las instituciones que dirigen y se benefician de las acciones del Estado. Esto explica hoy el 99% contra el 1% del movimiento de los occupy en los EEUU.
