Ricardo Vicente López – 4-3-15
Parte I – La historia de su aparición
En el curso de la época denominada de la Guerra Fría, como un modo de hablar de la continuidad de la guerra por métodos diferentes, el tema que dominaba todo el pensamiento de los hombres fuertes del capitalismo internacional era el peligro comunista. Siendo presidente de los EEUU James Carter (1977-1981), el banquero multimillonario David Rockefeller (1915), presidente del Chase Manhattan Bank en esa época, tenía una preocupación seria, que compartía con los conservadores del partido Republicano: cómo se iba a presentar el último cuarto del siglo XX. Esto lo distanciaba del presidente Carter a quien acusaban de estar demasiado temeroso por la imagen de los EEUU después de la derrota y retirada de Vietnam. Los conservadores pensaban que había que seguir avanzando para resolver la situación que imponía la existencia de la Unión Soviética.
En julio de 1973 nacía oficialmente la Comisión Trilateral tras año y medio de reuniones fomentadas por el Chase Manhattan Bank. Se trataba de una asociación de carácter privado en la que su ideólogo más destacado es Zbigniew Brzezinski (1928). Era entonces una de las personalidades más influyentes de los EEUU desde hacía tiempo. Definió la Comisión como:
El conjunto de potencias financieras e intelectuales mayor que el mundo haya conocido nunca.
La Trilateral se articuló atendiendo a las zonas geográficas (de ahí su nombre) que regían el planeta: a.- América del Norte (EEUU y Canadá), b.- Europa, y c.- Japón. Cada una de estas divisiones disponía de un Comité Ejecutivo que comenzó a elaborar las «recetas» económicas para su área de influencia.
La Trilateral fue una pionera en lo que se ha llamado el pensamiento único y la globalización. En 1975 declaraba en una forma que parecía muy ética y solidaria que:
La Comisión Trilateral espera que, para un feliz resultado de la Conferencia, todos los gobiernos participantes pondrán las necesidades de interdependencia por encima de los mezquinos intereses nacionales o regionales.
Al año siguiente Brzezinski le decía a la prensa: «En nuestros días, el Estado-Nación ha dejado de jugar su papel» (New York Times el 1-8-1976).
En mayo de 1975 tuvo lugar en Kyoto la primera sesión plenaria de la Comisión y los delegados asistentes representaban a las empresas bancarias, comerciales e industriales más poderosas del planeta, originarias de esas tres áreas geográficas. El órgano supremo es el Comité Directivo Mundial, presidido por David Rockefeller e integrado por los presidentes, los diputados presidentes y los directores de cada una de las tres grandes zonas en que está implantada la organización. Según la declaración de principios:
Todos los pueblos forman parte de una comunidad mundial, que dependen de un conjunto de recursos. Están unidos por los lazos de una sola humanidad y se encuentran asociados en la aventura común del planeta Tierra… La remodelación de la economía mundial exige nuevas formas de cooperación internacional para la gestión de los recursos mundiales en beneficio tanto de los países desarrollados como de los que están en vías de desarrollo. De lo que se trata es de sustituir la autodeterminación nacional que se ha practicado durante siglos en el pasado por la soberanía de una élite de técnicos y de financieros mundiales.
La Comisión Trilateral forma un grupo académico representativo: Michel Crozier (1922-2012), sociólogo, Samuel Huntington (1927-2008), y Joji Watanuki. Este equipo elabora un primer informe que lleva por título La Crisis de la Democracia (1975), cuyos análisis y recomendaciones son muy sugestivos:
En el curso de los últimos años el funcionamiento de la democracia parece haber provocado un desmoronamiento de los medios clásicos de control social, una deslegitimación de la autoridad política y una sobrecarga de exigencias a los gobiernos… De igual modo que existen unos límites potencialmente deseables de crecimiento económico, también hay unos límites deseables de extensión democrática. Y una extensión indefinida de la democracia no es deseable…
