Habíamos planteado, en la columna anterior, una necesidad que se le presentó al establishment estadounidense de principio del siglo XX: la presencia de un público masificado como consecuencia de las grandes concentraciones urbanas y los métodos de trabajo del capitalismo industrial. El fenómeno social de masas es un tema nada sencillo de analizar, pero que es imprescindible para entender la conducta de los hombres y mujeres del siglo XX en adelante. El Doctor en Filosofía Carlos X. Blanco lo presenta con estas palabras:
El capitalismo ha supuesto un incremento desmesurado de la población mundial, un desarrollo enorme de la vida urbana. Este modo de producción ha significado, al mismo tiempo, una subordinación atroz del campo a la ciudad. El campo ha pasado a ser, él mismo, una periferia urbanizada de la ciudad. La masa es un producto del capitalismo, y su existencia obedece a un proyecto político bien claro: un proyecto de control, de sometimiento, de dominación. Siete mil millones de seres “originales” son una masa imposible de gobernar. Los estados necesitan sustituir la antigua homogeneidad campesina, forjada por siglos de tradición, con nuevos mecanismos para empaquetar, clasificar, enfrentar y distribuir contingentes humanos.
Estas palabras pueden parecer muy duras — es el precio de la búsqueda de la verdad — es que apuntan a desenmascarar esa verdad que han mantenido oculta mucho tiempo. El centro del tema está en la afirmación: “Siete mil millones de seres originales son una masa imposible de gobernar”. Acá debemos agregar la afirmación que encabeza el párrafo: “El capitalismo ha supuesto un incremento desmesurado de la población” y esto fue la derivación de un proceso que concentraba la producción. El otro aspecto necesario para comprender, más profundamente, es que este sistema, por su lógica es necesariamente injusto en la distribución de la riqueza. Su resultado actual es pocos que tienen mucho y muchos que tienen poco o nada. [se puede consultar https://ricardovicentelopez.com.ar/wp-content/uploads/2015/03/La-perversidad-del-capitalismo-salvaje.pdf] Estos resultados comenzaron a percibirse desde finales del siglo XIX y dieron lugar a reclamos que no fueron atendidos: una masa de trabajadores insatisfechos representaban una creciente inestabilidad para el sistema. Esto nos permite comprender la última frase del párrafo citado.
Volvamos al Doctor Blanco:
El capitalismo no puede existir sin llevar hasta el límite todas sus posibilidades de mercantilización general de la vida, de los seres, de las cosas. Por ello es preciso para que se cumpla su ley inexorable que deje de haber “personas” y en vez de eso solamente existan contingentes fácilmente distinguibles bajo colores o banderas que los aglomere… La misma estupidez ensalzada por los medios de comunicación, el mismo comportamiento ovino de quienes necesitan “ir a por ellos”, siendo ese conjunto, “ellos”, una masa aborregada que se ha formado únicamente bajo agrupamientos artificialmente creados por los poderes: corporaciones, medios de masas.
No se puede entender la sociedad contemporánea sin conocer cuáles son los mecanismos mediante los cuales se pueden manejar y someter grandes grupos humanos.[https://ricardovicentelopez.com.ar/wp-content/uploads/2015/03/El-control-de-la-opini%C3%B3n-p%C3% para mayor información]
Eso no es posible sin el asentimiento de esa cantidad de personas devenidas en una masa informe, sin otra voluntad que la que se le impone. Yo no ignoro que estas palabras no son fácilmente digeribles por el ciudadano de a pie. No es sencillo recibir tal descripción denigratoria sin ofenderse. Pero propongo mirar la sociedad que llevó estas maquinaciones hasta los límites menos pensados: Los EEUU. Y propongo repensar un personaje casi universal: https://ricardovicentelopez.com.ar/wp-content/uploads/2015/03/La-cultura-Homero-Simpson-el-modelo-que-propone-la globalizacion.pdf].
