Ricardo Vicente López 16-9-2015
Al cumplirse diez años del atentado a las Torres se presentaba la necesidad de volver a repasar los hechos ante la perspectiva que ofrecía el tiempo y las consecuencias posteriores. Para partir de información seria he recurrido, por su autoridad académica, a un artículo del Doctor Atilio A. Boron (1943), politólogo y sociólogo argentino, doctorado en Ciencia Política por la Universidad de Harvard; profesor de Teoría Política y Social, en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, investigador superior del CONICET y Director del PLED (Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales).
Comienza con un planteo general:
La reciente conmemoración de un nuevo aniversario no hizo sino acrecentar la sospecha de que hay mucha información de gran importancia que no ha sido puesta a disposición del público, y que un imponente operativo de ocultamiento de lo que verdaderamente ocurrió se puso en marcha desde el mismo día de los incidentes. No obstante, más allá de esta percepción lo cierto es que los acontecimientos del 11/S signaron el comienzo de una nueva etapa en la historia del imperialismo, caracterizada por una militarización sin precedentes de la escena internacional que suplantó la diplomacia por el estruendo de las bombas y las mortíferas estelas de la cohetería. Esto es más que evidente en el caso de los Estados Unidos, donde el desplazamiento del Departamento de Estado a manos del Pentágono abona con elocuencia lo que venimos diciendo. (subrayado RVL)
La conclusión que expone es que dio lugar a que el Pentágono aplicara la doctrina de la “guerra infinita”, o la “guerra global contra el terrorismo” sin un enemigo claramente definido ni plazo previsible de terminación de las hostilidades. Este cambio en la estrategia militar es muestra clara del desplazamiento que denuncia. Continúa:
La impresionante escalada del gasto militar estadounidense que, sumando todos sus componentes, supera holgadamente el millón de millón de dólares –o un billón de dólares- cifra que hasta apenas unos pocos años atrás era considerada como inalcanzable por los expertos en cuestiones militares. Debe agregarse los cerca de tres mil muertos de ese día en Nueva York, los casi seis mil quinientos soldados estadounidenses caídos en las guerras desencadenadas para “combatir al terrorismo islámico” en Irak y Afganistán. (subrayado RVL)
Afirma que los interrogantes son muchas y las explicaciones alternativas ganan cada vez más adeptos. Las preguntas que quedan en pie tienen suficiente espesor como para alimentar todo tipo de conjeturas. Las preguntas y los cuestionamientos serían interminables. Esto es válido para una parte selecta de la opinión pública de ese país, sin embargo, queda el interrogante en pie acerca de por qué gran parte del pueblo del gran país del Norte acepta con tanta sumisión un Informe que no resiste el menor análisis de alguien medianamente informado.
El Doctor Paul Craig Roberts – remito a los antecedentes de esta intelectual publicados en la columna del 9-9-15− en una nota publicada en el 2006, se formula esta pregunta: «¿Cómo se puede mantener en secreto la complicidad del gobierno?» Y se contesta:
Se puede porque una cantidad importante de usamericanos son científicamente ignorantes y emocionalmente débiles. Son incapaces de ver la imposibilidad de lo que el gobierno afirma respecto de que los edificios del WTC se cayeron a la velocidad de una caída libre y son emocionalmente incapaces de ver y de confrontarse con el hecho de la intrínseca maldad del gobierno del régimen de Bush. Muchos buenos cristianos creen sinceramente que Bush es un “hombre de Dios” que los está protegiendo de pestes tales como los homosexuales y los abortistas. Otros que llevan el patriotismo en las mangas de las camisas piensan que Bush está defendiendo a Usamérica y que no hay que permitir que las protestas antiguerra vayan tan lejos como para hacer perder otra guerra y repetir la experiencia de Vietnam. Los usamericanos son absolutamente ignorantes y están llenos de resentimientos respecto de la izquierda. Esta situación los hace fácilmente manipulables por parte de los neoconservadores que dominan el régimen de Bush y los medios de comunicación.
Y, como una explicación aceptable que permita entender este fenómeno, sobre todo para extranjeros, propone una anécdota. Parte de ubicar en el centro de su explicación el papel de los medios de información. Pone en duda que sean verdaderamente medios de comunicación sino que los califica más bien como propaganda gubernamental. Ofrece una interesante cita proporcionada por el distinguido periodista John Pilger, muy conocido como profesional de investigación, quien relató en una conferencia en la Universidad de Columbia (14-4-2006) lo siguiente:
En la época de la Guerra Fría un grupo de periodistas rusos viajó por los EEUU. Al final de la visita fueron requeridos por sus huéspedes sobre cuáles habían sido sus impresiones. “Tenemos que decirles, dijo el vocero del grupo, que estamos asombrados respecto de cómo es que, después de haber leído todos los diarios y de haber visto todos los programas de televisión, todas las opiniones sobre todos los temas cruciales son siempre las mismas. Para obtener ese resultado en nuestro país tenemos que poner prisionera a la gente y arrancarles las uñas. Pero aquí no hay nada de eso. ¿Cuál es el secreto? ¿Cómo lo logran? (subrayado RVL)
La respuesta del Doctor Roberts se fundamenta en el análisis de la concentración de la propiedad de los medios de comunicación – prensa escrita, radial y televisiva−. Esa concentración puede explicar la uniformidad informativa en los medios, que ha llegado a ser mucho más completa que en los días de la guerra fría:
Durante los años 90’ el gobierno permitió una desmesurada concentración de la prensa escrita y de las radios en una magnitud tal que prácticamente se puede decir que acabó con la independencia de los medios. Hoy en día los medios de comunicación son propiedad de cinco compañías gigantes. Más importante todavía, lo que sucede es que el valor de esos conglomerados de medios depende mucho de los permisos legales para salir al aire, que los otorga el gobierno, y también de que las corporaciones están manejadas por ejecutivos de empresas, no por periodistas, y los ojos de aquellos están puestos en los ingresos por publicidad, y se esmeran por evitar controversias que puedan producir boicots o retiro de anuncios y/o de suscriptores.
Entonces, el atentado, el control de los medios, las guerras de conquista son una cadena que une todo el entramado de poder.
Retomando el análisis de las causas y consecuencias del atentado tenemos a dos importantes intelectuales que comparten la misma línea de lo que he expuesto: el Doctor Atilio Boron y el Doctor David Ray Griffin. Sus hipótesis apuntan a examinar las consecuencias posteriores como modo de detectar las razones que pudieron planificar y ejecutar tremendo atentado. Griffin resume:
La conclusión que se puede sacar, con muchas probabilidades de ser correctas, es que los ataques del 11-S nos orientan hacia la hipótesis de que fueron utilizados para poder comenzar las guerras de Afganistán e Irak, más el plan para atacar Irán, para eliminar las protecciones constitucionales y las libertades civiles de los ciudadanos de los Estados Unidos, para expandir ferozmente el presupuesto militar y el poder del Ejecutivo y para enriquecer muy bien los blindados intereses de las multinacionales relacionadas con la guerra y el petróleo. (subrayado RVL)
