Ricardo Vicente López – 10-6-15
Hemos venido analizando cuáles deben ser las condiciones requeridas para ver y comprender, lo más aproximadamente posible, cómo es el mundo en el que estamos sumergidos. En este intento se nos ha cruzado la necesidad de contar con una información fidedigna que haga posible este tipo de investigaciones. Para un conocimiento serio de este problema recurrimos a quienes acreditan antecedentes suficientes que avalen las conclusiones de sus estudios. Es así que hemos debido aceptar que los medios de comunicación, tal como los conocemos a partir del siglo XX, están lejos de ser una fuente confiable dado que una multiplicidad de factores ha funcionado como un importante impedimento.
Volvamos a leer las ideas de Walter Lippmann a través de un muy interesante estudio realizado por el Doctor Robert W. Mcchesney – Profesor Distinguido e Investigador de Medios de Comunicación de Masas, de Economía Política de la Comunicación y de Periodismo Profesional de la Universidad de Illinois en Urbana-Campaign (EEUU – fundada en 1867). Lo relevante de este texto es la preocupación que muestra centrada en la relación entre periodismo, libertad y democracia en el proceso de las últimas décadas en los Estados Unidos. El título de su trabajo ya anuncia cuál es el problema: Aquello es ahora, y esto fue entonces: Walter Lippmann y la crisis del periodismo – 2013. Plantea de este modo el tema:
En The Death and Life of American Journalism (La muerte y la vida del periodismo americano -2010) yo argumentaba que de la valiosa y a menudo ignorada historia de nuestra prensa, pueden extraerse importantes ideas acerca de cómo generar soluciones a la actual crisis del periodismo. Los padres de la Constitución –principalmente Thomas Jefferson y James Madison– y las primeras generaciones de americanos, no albergaron ninguna ilusión de que el “mercado” fuese a dar lugar a un periodismo adecuado. Ellos destinaron cuantiosas ayudas públicas para generar una prensa libre e independiente, y estos subsidios fueron cruciales para la supervivencia y el crecimiento de la democracia americana y las libertades que tanto valoramos. En estos tiempos en que el mercado muestra poco interés en producir un periodismo adecuado, este es un valioso legado que debemos estudiar y poner en valor. Desde nuestro punto de vista, el futuro de nuestro sistema de autogobierno y nuestra Constitución dependen de ello.
Definido el problema a resolver para un adecuado funcionamiento de la democracia del gran país del norte, se impone realizar un diagnóstico serio y preciso. El profesor dice entonces:
El principal factor, aunque no el único, que explicaría la amenaza sufrida por la información y la democracia, fue la fulminante emergencia de la propaganda organizada, aquello a lo que hoy nos referimos frecuentemente como relaciones públicas. Durante la Primera Guerra Mundial, Lippmann conoció de primera mano el uso exitoso de este tipo de propaganda por el gobierno de los Estados Unidos, y por una prensa complaciente con el moldeado de la opinión pública. Lippmann señaló que la propaganda empeoró de modo alarmante el ya “extremadamente reaccionario” y “crecientemente perjudicial” periodismo comercial de aquellos tiempos.
En las columnas anteriores ya habían aparecido estas denuncias respecto a las deformaciones producidas por el aparato informativo de los grandes medios internacionales. Para colocar un punto de partida sólido vuelve al trabajo de investigación sobre el comportamiento periodístico de The New York Time – ya analizado en la del 27-5-15− y cita:
Lo que resulta notable en estos trabajos es la convicción de que el periodismo y las instituciones que lo producen no deben ser pensados como empresas privadas sino como instituciones públicas. “Un buen periódico es una institución de servicio público”, escribieron Lippmann y Merz. “Ocupa una posición en la vida pública tan importante como el sistema educativo, la iglesia, o los órganos de gobierno”. Lippmann hizo notar que “Las columnas periodísticas son canales públicos. Cuando aquellos que las controlan se arrogan el derecho a determinar según su propia consciencia qué debe ser reportado y con qué propósito, la democracia es impracticable”.
Aunque resulte extraño que un investigador estadounidense esté proponiendo un periodismo separado de la actividad comercial, lo que podría interpretarse como una cierta inocencia o ingenuidad de su parte, no deja de ser interesante la crítica que plantea a los medios concentrados y a la imposibilidad de una democracia sana y un buen ejercicio de la libertad dentro del cuadro político descripto:
Lippmann puso el énfasis en el modo en que la propaganda gubernamental había alterado la ecuación democrática tradicional. Subrayó el aumento de esta propaganda como algo realmente aterrador, generador de una crisis existencial para la noción misma de prensa libre, y por tanto para la de autogobierno: “el gobierno tiende a operar en función del impacto que una opinión controlada tiene sobre la administración. Este desplazamiento en el concepto de soberanía ha hecho que se priorice la fabricación del consenso […] Sin una protección contra la propaganda, sin estándares para la demostración de hechos, sin criterios para el énfasis, la sustancia viva de toda decisión popular queda expuesta a todos los prejuicios y a un abuso infinito”.
