Continuando con los comentarios de la nota anterior veamos cómo Dante Palma nos presenta un juego desde las páginas de la novela de Umberto Eco, Número Cero, para mostrarnos, como en un espejo, la realidad del mundo periodístico. En sus palabras, con las que les ofrece una lección de periodismo a sus empleados, el Director pone otro ejemplo:
«Un viaducto que se derrumba provocando la caída de un camión y la consecuente muerte de su conductor. Frente a ese hecho, dos testimonios entrecomillados: el primero, de un quiosquero, que advierte que se ha tratado de una fatalidad, una mala jugada del destino que hizo que ese pobre hombre estuviera allí manejando justo cuando se produjo el derrumbe; el segundo, un albañil indignadísimo que le echa la culpa a la municipalidad, al gobierno provincial y al nacional. ¿Cuál de los dos testimonios será el elegido por el lector?»
Agrega Palma su comentario:
«Como usted bien sabe, amigo lector, en Italia o en Argentina, tenemos una tendencia natural a identificarnos con cualquier testimonio que asigne responsabilidades, si son del Estado mejor. Y si hubiese algún hecho que no las tuviera, las inventaremos».
Avanza mostrándonos otros modos de presentar una noticia en las que se «se pueden hacer pasar opiniones por hechos». Aparece, entonces, la agenda periodística:
«Efectivamente, determinar qué noticia es relevante y es digna de mostrarse es una opinión disfrazada, pues está presentando como parte de una incontrovertible objetividad a un conjunto de hechos que han sido seleccionados subjetivamente. Así, nuestro personaje se pregunta: “¿Por qué se debe decir que ha habido un accidente en Bérgamo e ignorar que ha habido otro en Messina? No son las noticias las que hacen el diario. Es el diario el que hace las noticias”».
Juega Palma entre el texto novelístico y la realidad del periodismo actual, acá y en todo el mundo globalizado:
Pero también es importante para el diario su capacidad de desmentida, es decir, la credibilidad que pueda poseer ante una acusación que provenga de una carta de lectores, de otro medio o de un funcionario denunciado. Según nuestro personaje, es esencial sugerir que “el diario tiene fuentes reservadas (…). Luego se recurre al bloc de notas del periodista. Ese bloc no lo verá nadie, pero la idea de una transcripción directa infunde confianza en el diario, hace pensar que hay documentos. Por último, se repiten insinuaciones que en sí no dicen nada, pero arrojan una sombra de sospecha [sobre el que denuncia al diario]” (haga el ejercicio de observar cómo algunos diarios argentinos de la actualidad desmienten a sus acusadores y notará cómo se van dando cada uno de los pasos recién mencionados).
Se extiende sobre el comportamiento de ciertos periodistas dispuestos a escribir, por una buena paga, cualquiera noticia, historia, o investigación fraudulenta. La combinación de lo que se denomina la noticia con historias, reales, inventadas, combinaciones de algunas verdades con falsedades, dentro de otro contexto, que sugiera al lector ideas convenientes para los propósitos editoriales, es un buen recurso para los fines que se proponen:
Siempre hay alguien dispuesto a no volver del ridículo a cambio de vender algunos ejemplares. Algo parecido sucede cuando se toma alguna investigación poco seria avalada por alguna universidad estadounidense que nos puede decir desde que se comprobó científicamente que quien tiene el dedo índice más largo que el mayor es bueno para las matemáticas hasta que en una tribu milenaria perdida, vaya a saber dónde, las mujeres sometían sexualmente a los varones.
Termina con una cita de la novela en la que se ofrece un ejemplo claro, que causa gracia si uno no se lo toma demasiado en serio:
«La gente tiene una memoria corta. Les voy a proponer un ejemplo paradójico: todos deberían saber que Julio César fue asesinado en los Idus de marzo, pero las ideas al respecto son confusas: buscamos, entonces, un libro inglés reciente en el que se reconsidere la historia de César y con eso sacamos un titular de impacto, “Clamoroso descubrimiento de los historiadores de Cambridge. César fue asesinado verdaderamente en los Idus de marzo».
Comenta Palma: «Número Cero es una ficción pero el modo en que se trabaja en Domani no difiere demasiado del acontecer diario en las redacciones de los diarios en Argentina y en el mundo… pues se trata de una forma de entender el oficio que atraviesa transversalmente las ideologías y las posiciones políticas de los medios y hasta de los lectores».
