Tomo como disparador un artículo periodístico del Doctor en Filosofía y Profesor de la Universidad de Buenos Aires Dante Palma, quien en una nota reciente incursiona por otra vía en la misma temática que estoy presentando en estas notas. Si presento al autor con tanto título es porque pretendo que el lector pueda comparar y diferenciar un periodismo serio, analítico, bien formado, que ofrece al lector caminos para ensanchar la comprensión y desarrollar un espíritu crítico, ausente en la mayor parte de lo que publican los medios concentrados.
La lucha necesaria contra ese periodismo “profesional”, cuya profesionalidad se circunscribe a las remuneraciones con que es recompensado, se nos impone dada la ausencia mayoritaria de una actitud crítica respecto al modo de informar [se puede consultar mi trabajo El control de la opinión pública, en esta página]. Se suma a ello el mal uso intencionado de la palabra, retorciendo sus significados y vaciando sus contenidos más penetrantes. Un lenguaje insípido, superficial, facilongo, esconde la vacuidad de lo que se dice. La chatura de la palabra y la farandulización de la política son dos pinzas con las que se intenta estrangular el pensamiento ciudadano.
Volvamos a nuestro autor. Nos ofrece un comentario sobre la última novela Número Cero del Profesor e investigador de la Universidad de Turín, Umberto Eco. Nos informa: «Es una novela corta y muy ágil capaz de exponer las miserias y las fragilidades que se esconden detrás del oficio de periodista». El argumento habla de «un señor muy poderoso… que se propone crear un diario para poseer un órgano desde el cual interactuar en el ámbito de las finanzas y los bancos».
Para organizarlo nombra un Director y un grupo de periodistas con el objetivo de preparar el Número Cero del diario que se denominará Domani. Dice Palma:
«Sin embargo, el personaje principal de la novela, un escritor cincuentón y fracasado, no es contratado para trabajar como periodista en la redacción sino para escribir un libro sobre la experiencia de trabajar un año en la construcción de un diario que, según la propia confesión de su máximo responsable, “nunca verá la luz”. Esconde la intención de hacer circular la idea de una nueva publicación como mecanismo de extorsión para sus enemigos comerciales».
En ese libro debe registrarse, de modo ficcional, las dificultades que ofrece el mercado periodístico. Dice el Director:
«El libro tendrá que dar la idea de otro diario, que muestre cómo yo, durante todo un año, me he empleado para realizar un modelo de periodismo independiente de toda presión, dejando entender que la aventura acabó mal porque no se podía alumbrar una voz libre».
El pasaje más incisivo de la novela está centrado en las palabras con las cuales el Director alecciona a los periodistas acerca de cómo funcionan los periódicos en el mundo moderno:
«Fíjense en los grandes periódicos anglosajones. Si hablan de un incendio o de un accidente de coche no pueden decir qué piensan ellos. Y entonces introducen en la noticia, entre comillas, las declaraciones de un testigo, un hombre de la calle, un representante de la opinión pública. Una vez colocadas las comillas, esas afirmaciones se convierten en hechos, es decir, es un hecho que fulano ha expresado esa opinión. Con todo, se podría suponer que el periodista ha dado voz solo a quien piensa como él. Por lo tanto, las declaraciones serán dos, en contraste entre ellas, para demostrar que está claro que existen opiniones distintas sobre un mismo tema. La astucia está en entrecomillar primero una opinión trivial, luego otra opinión, más razonada, que se parece mucho a la opinión del periodista. De este modo, el lector tiene la impresión de que se le informa sobre dos hechos pero se ve inducido a aceptar una sola opinión como la más convincente».
El Profesor Umberto Eco logra sintetizar el juego de palabras con las que se encubre, o se oculta, lo que no se dice y se distorsiona lo que se dice. ¡Perverso juego!
