Ricardo Vicente López – 3-6-15
En el tratamiento analítico que venimos proponiendo hemos dedicado una serie de columnas al tema de la comunicación. En homenaje al Día del periodista, 7 de junio, voy a proponer un comentario al artículo publicado por uno de los maestros de la profesión, Washington Uranga. Su palabra está avalada por su larga y fructífera trayectoria: es periodista, docente e investigador de la comunicación. Se ha especializado en temas vinculados con la ciudadanía, la participación popular, las políticas públicas y la planificación de procesos comunicacionales. Dicta cursos de grado y posgrado, fue director de la Maestría en Planificación de Procesos Comunicacionales (UNLP) y de la Maestría en Periodismo (UBA) y actualmente dirige la Maestría en Comunicación Institucional de la Universidad Nacional de San Luis.
La semana del periodista es para él una circunstancia propicia para repensar la profesión y las condiciones actuales en la que se desenvuelve. Dice, en su artículo, no pretender proponer una agenda exhaustiva de temas, sólo propone dos aspectos que considera relevantes: el periodismo y los desarrollos tecnológicos info-comunicacionales, por una parte, y las condiciones de trabajo de los periodistas, por otra:
Más que certezas o consideraciones cerradas, lo que aquí se intenta es abrir una agenda que, sin duda, puede ser enriquecida con otras cuestiones y desde diferentes perspectivas. Es también una convocatoria para que, por los caminos que se deseen, se puedan profundizar mediante reflexiones necesarias para la profesión de cara a su servicio a la sociedad.
Subraya, y da por sabido, la importancia del desarrollo de las llamadas tecnologías de información y comunicación (TIC) sobre la labor periodística. Encuentra, en este aspecto, un permanente desafío para el periodista que interpela e interroga a quienes trabajan profesionalmente, dada la velocidad del cambio que proponen. También señala, por otra parte, que todo ello afecta el consumo de la información considerando la multiplicidad de fuentes que el lector tiene a su alcance. Esto lo lleva a decir que «Las audiencias participan también de la producción constituyéndose en “prosumidores”»:
La circulación de noticias y datos por Internet modifica sustancialmente la forma como los periodistas acceden a sus fuentes… queda cuestionada la imagen del “periodista de a pie” que participaba como observador privilegiado de los acontecimientos con sus zapatos plantados en cada uno de los escenarios, entrevistando directamente a los interlocutores y obteniendo de ellos la información de primera mano.
Advierte sobre un cambio que se ha ido produciendo en el paso de ese “periodista de a pie” hacia un “periodista de escritorio” que se ve desplazado de ser un protagonista de la información para pasar a ser un analista del cúmulo de información que recibe de múltiples fuentes. No significa que:
El periodismo no ha descartado hoy el acceso directo a las fuentes. Pero no se puede desconocer que en no pocos casos se hace “periodismo de escritorio”… cuya tarea principal es estar atentos a las redes, a los portales y canales de noticias, para obtener de allí el insumo para su tarea. En demasiadas oportunidades la instantaneidad informativa se sitúa por encima de la comprobación de la veracidad a través de formas idóneas. El resultado es la reiteración de los mismos temas de agenda, casi sin matices y apenas diferenciables por los acentos político-ideológicos que imponen cada una de las empresas.
Este modo de trabajar tiene la dificultad de trabajar sobre información que ha pasado por varias manos y de la cual desconoce su autenticidad, por lo cual el periodista se ve enfrentado a violar una base de su código comunicacional: no hablar de lo que no ha comprobado personalmente: «dando por ciertas afirmaciones y sentencias sin certezas sobre su veracidad»:
En este sentido, y al contrario de lo que podría sugerir la idea del desarrollo tecnológico, hay un progresivo empobrecimiento de la calidad informativa, también porque resulta difícil establecer la trazabilidad de la noticia desde la fuente original dado que en muchísimos casos se generan reiteraciones sin referencias. Todo esto constituye una realidad que, por cierto, no debería desligarse de las condiciones de trabajo de los periodistas.
Dedica unos párrafos a un tema que hemos venido comentando, pero en este caso lo dice un veterano de la profesión con sobrados méritos que dan valor a sus palabras:
La mayoría de las empresas periodísticas hoy son multimedias y forman parte de corporaciones complejas, con intereses económicos y políticos. Esto tiene por lo menos dos consecuencias para quienes ejercen el periodismo. Ya no se trabaja para un diario, una radio o un canal de televisión, sino para todos ellos al mismo tiempo bajo la autoridad del mismo patrón… pero por el mismo salario. Al mismo tiempo, la presión laboral aumenta y las condiciones laborales empeoran en gran parte de los casos.
En este sentido, todavía no cabe pronosticar que se esté produciendo una sustitución de los periodistas por las máquinas y las tecnologías. Pareciera, por el contrario, que «el desarrollo abre nuevas oportunidades de producción y desafíos a la creatividad. Sin embargo, las razones económico-financieras atentan contra la estabilidad y el nivel de las remuneraciones de los periodistas:
Mientras tanto las empresas periodísticas maximizan su producción, optimizan costos y muchas veces obligan a sus trabajadores a realizar tareas ajenas a la profesión. Hay una nueva figura del periodista “polifuncional” que además de recabar la información, hacer investigación y producir la noticia, tiene que tener también conocimientos de edición de audio y video, y hasta de manejo de otros recursos digitales vinculados con la emisión del producto final. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) viene haciendo observaciones permanentes sobre este tema.
Todo este complejo proceso no augura ventajas para el profesional del periodismo. Por el contrario habla por lo menos, para tiempos futuros a la vista un mayor deterioro de las condiciones laborales. La concentración de la propiedad en manos de las multinacionales tiende a lo que se podría denominar la proletarización de las mayorías de los periodistas y una elitización de unas pocas plumas mercenarias.
