Debo hacer un paréntesis para introducir una reflexión que abra el abanico de los temas tratados hasta aquí. Podría decir, aunque aparezco como obvio que un tema son los medicamentos como tecnología terapéutica; otro es el medicamento convertido en mercancía, metamorfosis obligada por la sociedad de mercado dados los sistemas de producción y distribución propios del sistema capitalista; un tercer tema, de varios posibles, es la concentración del negocio de los laboratorios medicinales en manos de un capitalismo financiero que impone el máximo lucro posible sin reparar en límite alguno (analizado en notas anteriores); un cuarto se presenta la pensar la relación de la salud como tal y su relación con las técnicas y métodos terapéuticos.
Un análisis interesante ofrece Brian Orchard que se ofrece como «un lugar para desafiar a los lectores a pensar los problemas actuales sin dejar de lado el origen histórico y filosófico de los problemas actuales». Equivale a decir, si se me permite la figura: a colocar el problema del medicamento en un marco mucho más amplio para lograr una mirada mucho más abarcadora de la cuestión. Comienza proponiendo pensar la duración de la vida humana tomando como medida a los Estados Unidos:
La esperanza de vida en Estados Unidos ha aumentado de 47 años en 1900 a casi 78 años en la actualidad. Este notable incremento es el resultado de diversos factores que incluyen una mejor nutrición, mejor higiene y los sorprendentes avances en la medicina. El aumento en las cifras de esperanza de vida en los países desarrollados apoya el positivo papel que han desempeñado los científicos y los profesionales del cuidado de la salud. La gente no sólo está viviendo más tiempo, sino que además disfruta de una mejor calidad de vida. Conforme nos adentramos en la era de la ingeniería genética, el alcance y la velocidad de los avances en el conocimiento médico-científico es asombroso; sin embargo, bajo la superficie de estos tremendos avances existen áreas cada vez más preocupantes.
Es interesante abrir el arco histórico para agregar los cambios que se fueron produciendo en los últimos siglos en occidente. Esto nos permite observar como cada vez más la ciencia ha incorporado conocimiento para comprender aspectos importantes de la vida y medicamentos para ayudar a recuperar la salud. Si bien es cierto que la religión actuó como la autoridad final respecto a temas relacionados con la vida y la muerte, esto ha ido siendo reemplazado progresivamente. Ahora se considera a la investigación científica como la voz que determina el conocimiento autorizado.
De modo tal que se puede afirmar que en un amplio espectro de temas el médico reemplazó al sacerdote. Dice Orchard:
El enfoque científico ha tenido un enorme efecto en todas las áreas de la sociedad, pero tal vez ninguna tan cercana a nosotros como el área de la medicina. Ha ocurrido un cambio evidente en la forma de definir las enfermedades y las cuestiones sobre el comportamiento: la biomedicina moderna se ve influenciada por la noción de que la mayoría de los trastornos son de origen orgánico. Esto provee una base fisiológica (y no tanto conductual-social) para los problemas, pues sugiere que nuestra forma de pensar y las decisiones que tomamos tienen poca o ninguna influencia en nuestro bienestar, y que nuestras afecciones físicas, mentales y emocionales, son una prueba casi certera de alguna enfermedad orgánica subyacente que requiere un tratamiento con medicamentos. En otras palabras, los que antes se consideraban como trastornos morales o sociales ahora se consideran trastornos médicos tratables.
El sociólogo, Ivan Illich (1926-2002), fue uno de los primeros en detectar y revelar su preocupación frente a estos cambios.
