El siglo XIX posibilitó la aparición de universidades públicas en los Estados Unidos. La primera fue la Universidad de Iowa, en 1847, en el Estado de Iowa. Dos siglos antes se había fundado en 1636 la Universidad de Harvard, Massachusetts, EEUU, institución privada. La diferencia de los costos para cursar en las universidades de ese país oscila según las instituciones: entre U$S 10.000, en una universidad pública, y 60.000, anuales en una de las privadas más importantes.
Si bien esta información puede parecer extraña dentro de la investigación que estamos realizando, debemos tomarla como una referencia respecto de la importancia del dinero para educarse en el país del norte. De allí que un estudiante tiene presente en sus decisiones cuánto va a redituarle el título en función de la inversión de una carrera de por lo menos cinco años. Un investigador que ha invertido un total aproximado promedio de U$S 300.000 no puede rehusarse muy fácilmente a la tentación del dinero que puede ofrecer una multinacional, que además le asegura una carrera exitosa en cargos y remuneraciones.
En las últimas décadas la empresa privada, ahora convertida en grandes conglomerados, sobre todo en el terreno de la industria farmacéutica, impuso se capacidad financiera a través de las poderosas Fundaciones (Foundations). Según informa www.salutambseny.wordpress.com:
La industria farmacéutica, desde el punto de vista de volumen de dinero manejado, supone uno de los cuatro sectores más lucrativos del panorama económico actual, junto con el mercado del sexo, las armas y las drogas (las ilegales). Cuando se ponen cifras a los ingresos de estas empresas nos colocamos en las decenas de miles de millones de dólares, no habiendo supuesto la crisis económica un desplome de los beneficios de las grandes empresas farmacéuticas, sino que, en ciertos casos, ha sido al revés.
La misma fuente informa que la investigación de nuevos medicamentos encubre que:
1.- Vivimos en un mundo en el que el 90% de los medicamentos los consume el 10% de la población.
2.- Es necesario redefinir el concepto de “industria farmacéutica innovadora”, alejando del término “innovación” las modificaciones posológicas y los medicamentos me too .
3.- Uno de los argumentos esgrimidos por la industria farmacéutica para defender una ley de patentes más restrictiva es el elevado coste de la investigación y comercialización de un medicamentos… hablan de más de 1.000 millones de dólares, pero las investigaciones demuestran que tal vez dicho coste, aunque elevado no lo sea tanto. Las patentes son uno de los mecanismos principales de protección de la propiedad intelectual; en el caso de los medicamentos, las patentes han probado no satisfacer a legisladores ni a legislados, así como han fracasado a la hora de incentivar la investigación de medicamentos para enfermedades olvidadas.
Este tipo de información también es conocida por los investigadores, pero su silencio tiene un precio muy alto que se paga muy bien. Hinkes-Jones ha investigado en profundidad el entramado de intereses dentro de las universidades y las academias y su relación con las grandes empresas. Por ello afirma:
Los profesores siguen las órdenes de los donantes y patronos de las facultades. Estos últimos pueden despedirlos fácilmente al investigador que manifieste críticas o publiquen estudios que afecten los intereses económicos de la facultad o de sus donantes. La defensa de derechos laborales o de políticas socialistas, el apoyo a la teoría de la evolución o a la lucha contra la esclavitud, o la información pública sobre las consecuencias tóxicas de los humos de fusión del cobre pueden provocar el despido inmediato.
Cita un trabajo de Thorstein Veblen (1857-1929) en el que denunciaba ya a principio de siglo incluso hasta «la existencia de una lista negra secretas entre universidades». Hoy, en los Estados Unidos:
La lista negra académica se conoce tan bien y la temerosa lealtad del común de los académicos es tan sensible y fiable que muy pocos de ellos se atreverán a salir en defensa de cualquiera de sus colegas que hayan caído en desgracia de alguien de la junta directiva.
