Hemos visto las exigencias a las que se ven sometidos los mercados para responder al paradigma ideal para ser dignos de ser incluidos bajo la denominación de mercado libre. El Doctor von Mises ponía como condición imprescindible la no interferencia de factores ajenos al mercado. Bien, ahora vamos a analizar un concurrente, actor inevitable, que se presenta a veces como demandante y otras como oferente. Es decir cuando compra insumos y mano de obra, y cuando ofrece para la venta las mercancías que produce.
La definición de mercado libre, que hemos estado analizando, es de tal pureza – para utilizar una palabra suya− que no reconoce las condiciones del mercado real y, por ello, no ha incluido en su análisis la conformación del mercado internacional y la importante incidencia que tiene éste en el funcionamiento de los mercados nacionales o regionales.
Me refiero a la existencia de la empresa multinacional sobre la cual vamos a detenernos un momento, partiendo de la definición que propone Wikipedia:
Las empresas multinacionales son aquellas que actúan no sólo en su país de origen, sino que también se esparcen por otros países. Son también un poderoso agente de globalización. Operan con una estrategia global para obtener los máximos beneficios: compran las materias primas donde les resulta más barato; instalan sus fábricas en los lugares más ventajosos de todo el mundo y venden sus productos en cualquier punto de la Tierra. El término multinacional debe entenderse en lo que se refiere a los mercados en que actúan, y no a la naturaleza de la compañía. De hecho, es habitual que se califique el término multinacionales como engañoso y se prefiera llamarlas transnacionales, ya que, aunque operen en varios países, su sede y sus principales directivos, así como el origen de su estrategia y la administración en general, tienen asiento en su país de origen sin ninguna influencia de sus filiales de ultramar.
Subrayemos algunas afirmaciones: «Son también un poderoso agente de globalización», sobre el tema globalización se puede consultar mi trabajo https://ricardovicentelopez.com.ar/wp-content/uploads/ 2015/03/Debates-que-ocultan-debates.pdf. Además: «su sede y sus principales directivos, así como el origen de su estrategia y la administración tienen asiento en su país de origen sin ninguna influencia de sus filiales de ultramar»; está señalando que operan como extranjeras sin aceptar ningún tipo de influencia de los países donde se asientan.
Abro un paréntesis para incorporar un texto – ya utilizado en otros trabajos míos− que nos demuestra que una personalidad tan importante en el ámbito académico, como lo es quien hemos tomado como referencia del tratamiento teórico del mercado libre, el Doctor von Mises, haya desconocido lo que Carlos Marx había publicado en 1848, un siglo antes de su famoso libro La acción humana (1949). Veamos un párrafo del Manifiesto Comunista:
La gran industria creó el mercado mundial, ya preparado por el descubrimiento de América. El mercado mundial imprimió un gigantesco impulso al comercio, a la navegación, a las comunicaciones por tierra. A su vez, estos, progresos redundaron considerablemente en provecho de la industria, y en la misma proporción… se desarrollaba la burguesía, crecían sus capitales, iba desplazando y esfumando a todas las viejas clases… La burguesía no puede existir si no es revolucionando incesantemente los instrumentos de la producción, por lo tanto todo el sistema de la producción, y con él todo el régimen social. La necesidad de encontrar mercados espolea a la burguesía de una punta u otra del planeta. Por todas partes anida, en todas partes construye, por doquier establece relaciones… La burguesía, al explotar el mercado mundial, da a la producción y al consumo de todos los países un sello cosmopolita.
Lo que intento señalar es el juego de lo que se hace circular como conocimiento, en Academias, Universidades y medios de comunicación, mientras quedan ocultos textos que demuestran que ya se había advertido las consecuencias que iba a padecer la libre competencia por la concentración económica, cada vez más brutal.
