En la anterior serie de notas he propuesto contraponer la concepción humanista aplicada a la economía con la doctrina del mercado libre –caracterizando a ésta como un mito –. En este juego, puse el acento en la distancia o en la ignorancia que demuestra respecto de las consecuencias que padecen las personas que, carentes de una retribución por su trabajo, se ven impedidas de acceder a ese mercado. Equivale a decir, que en esta frase se descubren los límites de la libertad de acceso a todos aquellos que no disponen del dinero necesario − por desempleo o marginación−. La libertad está condicionada por el dinero que se lleva para las compras (tanto tienes tanto puedes). Dicho con un dejo de ironía: es como si cobraran un precio de entrada: el dinero disponible para comprar.
Ahora, bajo este título, voy a proponer algunas reflexiones sobre los mecanismos que quedan ocultos cuando se presenta al mercado como un mecanismo cuasi perfecto, como la máxima expresión del juego económico y la igualdad, como condición de posibilidad de los oferentes y los demandantes en el ejercicio de sus libertades.
Voy a requerir la palabra de uno de los padres de la doctrina del mercado libre, el economista austríaco, historiador, filósofo y escritor liberal, Doctor Ludwig von Mises (1881-1973) quien tuvo una influencia significativa en el movimiento libertario en pro del mercado libre de la Escuela Austríaca. Leer a uno de sus fundadores ofrece la ventaja de analizar las propuestas en su misma fuente. Lo expone con estas palabras:
La construcción imaginaria de una economía de mercado puro o sin trabas supone que existe división del trabajo y la propiedad privada de los medios de producción y que por consiguiente hay un mercado para el intercambio de bienes y servicios. Se supone que el funcionamiento del mercado no es impedido por factores institucionales. Se supone que el gobierno, el aparato social de compulsión y coerción, intenta o se interesa en la preservación de la operación del sistema de mercado, se abstiene de obstaculizar su funcionamiento, y lo protege contra infracciones por terceros. El mercado es libre, no hay interferencia, de factores ajenos al mercado, con los precios, tasas de salarios y tasas de interés.
He subrayado algunos conceptos para abrir un abanico de interpretaciones críticas que nos permitan comprender cuales son los factores que pueden distorsionar ese libre juego, según el Dr. von Mises, así como señalar cuales otros ignora o no nombra. La primera afirmación es que se trata de una economía de mercado puro, esta teoría supone necesariamente la existencia de la propiedad privada de los medios de producción, un modo de referirse a una economía regida por el capital privado –recuérdese que las palabras no son inocentes−; dicho de otro modo: una economía capitalista, aunque no utiliza esta expresión. Se debe suponer que el Gobierno no interviene en su funcionamiento, condición necesaria de la libertad. Denomina factores ajenos al mercado a todo aquello que pueda interferir en ese funcionamiento. No es demasiado arriesgado suponer que cualquier tipo de normas, reglamentaciones, que intenten preservar la equidad y la libertad de ese funcionamiento merecen total rechazo.
Continúa con su definición:
A partir de estos supuestos la economía trata de dilucidar el funcionamiento de una economía de mercado puro. Sólo en una fase posterior, después de haber agotado todo lo que se puede aprender desde el estudio de esta construcción imaginaria, se vuelca al estudio de los diversos problemas planteados por la interferencia con el mercado por parte de los gobiernos y otras agencias que emplean coerción y compulsión.
Tal vez el ciudadano de a pie no alcance a detectar lo extraño de esta ciencia que postula. Veamos. La investigación científica, en cualquiera de sus especialidades, recoge observaciones sobre la realidad que tiene en estudio, elabora con ellas una hipótesis y luego trata de verificarla –experimentación− confrontando con la realidad, siendo ésta el criterio de verdad. Para el Dr. von Mises el proceso se invierte. Dice: «A partir de estos supuestos la economía trata de dilucidar el funcionamiento de una economía de mercado puro… aprender desde el estudio de esta construcción imaginaria». La teoría se elabora como si se estuviera en un laboratorio, en el cual todas las condiciones son ideales, perfectas – una especie de paraíso terrenal− y funcionan bajo control; luego se baja a la realidad social –se terrenaliza− y allí se detectan todas las interferencias que puedan existir y se las denuncia. La teoría es la verdad, la realidad una mala copia. (¡Platón… Platón… qué grande sos!)
La teoría dice como tiene que funcionar el mercado. Ante tal nivel de exigencias es posible que en el cielo se pueda encontrar un mercado de esas características. Ya se ha visto que los humanos somos imperfectos e incapaces de proceder como es debido.
