Ricardo Vicente López – 4-11-15
Continuando con el análisis voy a seguir con el paralelo trazado en la columna anterior. El modo de argumentar de los analistas nos permite comprender mejor qué dicen y qué no dicen cuando escriben.
Volvamos, entonces a Francis Fukuyama, y a su libro El fin de la Historia y el último hombre:
No es posible mejorar el ideal de la democracia liberal puesto que ésta es la única aspiración política coherente que abarca las diferentes culturas y regiones del planeta. Además, los principios liberales en economía — el “mercado libre”— se han extendido y han conseguido niveles sin precedentes de prosperidad material, lo mismo en países industrialmente desarrollados que en países que al terminar la segunda guerra mundial formaban parte del Tercer Mundo. Una revolución liberal en economía ha precedido a veces y a veces ha seguido la marcha hacia la libertad política en todo el mundo.
Esta afirmación pareciera escrita por un extraterrestre recién llegado que ignora la historia de la relación entre los grandes países imperiales y los países de la periferia. La terminología en boga los denomina, con intención o no, con una terminología encubridora: países industrialmente desarrollados y países emergentes, lo que nos remite a lo ya dicho respecto del uso de las palabras para ocultar las realidades existentes. Dado este modo de pensar y escribir le permite a este intelectual decir lo que acabamos de leer: «Una revolución liberal en economía ha precedido a veces, y a veces ha seguid, la marcha hacia la libertad política en todo el mundo». Dando a entender los supuestos beneficios que recibieron por la apertura de sus mercados. No menciona el estado social, económico y político de las dos terceras parte del mundo actual y la escandalosa distribución de los bienes producidos entre el 1% más rico y el 70 % de pobres y miserables.
Sigamos leyendo lo que escribió en 1992 para comparar con el estado actual del mundo:
Este proceso garantiza una creciente homogeneización de todas las sociedades humanas, independientemente de sus orígenes históricos o de su herencia cultural. Todos los países que se modernizan económicamente han de parecerse cada vez más unos a otros: han de unificarse nacionalmente en un Estado centralizado, han de urbanizarse, sustituyendo las formas tradicionales de organización social, como la tribu, la secta y la familia, por formas económicas racionales, basadas en la función y la eficiencia, y han de proporcionar educación universal a sus ciudadanos. Estas sociedades se han visto ligadas cada vez más unas con otras, a través de los mercados globales y por la extensión de una cultura universal de consumidores. Además, la lógica de la ciencia natural parece dictar una evolución universal en dirección al capitalismo. (subrayados RVL).
Se podría pensar que una miopía importante le impide a Fukuyama ver el mundo real. Pero no se trata de ello. Lo que sucede es que en un propagandista del neoliberalismo que argumenta de la siguiente manera: si se aceptan las recetas de los organismos internacionales se puede alcanzar lo que propone, si no se lo logra es porque lo han aplicado mal. La culpa es de los que viven en la periferia. De esos “irracionales” que viven en “tribus”, “sectas” y no lograron alcanzar “la función” y “la eficiencia”. Todo ello porque no se han dado cuenta que “la ciencia natural parece dictar una evolución universal en dirección al capitalismo”. Le faltó decir que el capitalismo es el paraíso terrenal.
Sin embargo, Thurow, ya citado antes, atribuye la desigualdad creciente a la estructura misma del sistema capitalista, no a un mal funcionamiento de su desarrollo actual, o una mala implementación de las políticas. Esta afirmación adquiere una mayor importancia puesto que no es un miembro del Partido Comunista Internacional quien la hace. Su análisis continúa con la siguiente frase: «La mayor desventaja del capitalismo es su miopía. Tiene intrínsecamente un horizonte de corto plazo». Lo que debemos entender es por qué dice que es de corto plazo.
Veamos. El capitalismo industrial requiere de plazos largos que le permitan planificar su producción, lanzarse al proceso de fabricación y posterior venta. El tiempo que va desde el comienzo hasta su finalización exige previsibilidad de largo plazo. Por el contrario, el capitalismo financiero toma decisiones diarias, y hasta de horas, que es así como funcionan las bolsas internacionales, llamadas “los mercados”. Por lo tanto la certeza puede durar 24 hs. El buen o mal resultados impone continuar o cambiar de inmediato ante la posibilidad de mayores pérdidas.
Thurow está pensando en los Estados Unidos cuando dice “capitalismo”, sobre todo en aquel anterior al estallido de la burbuja hipotecaria –volveré más adelante sobre esto−. Hoy deberíamos tomar conciencia del tipo de capitalismo que se ha impuesto en esta etapa de plena globalización, regida por el dominio de las finanzas. Sus contradicciones y conflictos se han proyectado sobre el resto del planeta.
Quiero agregar, ahora, la opinión de una personalidad del capitalismo globalizado: el financista George Soros (1930), especulador financiero, inversionista y activista político, presidente del Soros Fund Management LLC, cuyo análisis sobre este escenario está sostenido por una prolongada y exitosa experiencia en el mundo de los negocios. Dice sorprendentemente en su libro La crisis del capitalismo global (1998):
Está muy extendida la suposición de que la democracia y el capitalismo van de la mano. Lo cierto es que la relación es mucho más compleja. El capitalismo necesita a la democracia como contrapeso, porque el sistema capitalista por sí solo no muestra tendencia alguna hacia el equilibrio. Los dueños del capital intentan maximizar sus beneficios. Si se les dejase a su libre arbitrio, continuarían acumulando capital hasta que la situación quedase desequilibrada… El fundamentalismo del mercado pretende abolir la toma de decisiones colectivas e imponer la supremacía de los valores del mercado sobre los valores políticos y sociales… Lo que necesitamos es un equilibrio correcto entre la política y los mercados, entre la elaboración de las reglas y el acatamiento de las mismas.
Casi diez años después de esta publicación estalló la burbuja de las hipotecas sub-prime y se desató la peor crisis del siglo.
Creo que ya puede comenzar a comprenderse lo dicho más arriba sobre la descafeinización de las palabras, su vaciamiento, operación que oculta, y esto no es inocente, los significados más profundos que posibilitan una comprensión más acabada del mundo que habitamos.
