Pero ¿quiénes son las entidades con capacidad para definir esos riesgos? «Esta calificación es la opinión emitida por entidades especializadas en evaluar riesgos, sobre la posibilidad de que un Estado cumpla adecuadamente sus obligaciones financieras. Para ello, se basan en factores como el historial de pagos, la estabilidad política, las condiciones económicas y la voluntad de repagar deudas». Hasta aquí todo es muy pulcro y trasparente. Ahora demos vuelta la moneda y veamos su otra cara.
«Las agencias de calificación de riesgos son empresas que, por cuenta de un cliente, califican unos determinados productos financieros o activos, ya sean de empresas, estados o gobiernos regionales». Standard & Poor’s (S&P), de los Estados Unidos, es una de ellas, «división de la empresa McGraw-Hill, dedicada a la elaboración y publicación periódica de calificación de riesgos de acciones y bonos, que fija la posición de solvencia de los mismos. Comparte oligopolio con Moody’s y Fitch Group (Estados Unidos)».
La historia del 2007 en adelante puso al descubierto cómo funcionan estas calificadoras. «Muchos consideran que Standard & Poor’s ha quedado desacreditada para emitir calificaciones erróneas. Concretamente, S&P es acusada de otorgar la categoría mayor, AAA, a grandes porciones de los paquetes de hipotecas basura, conocidos como collateralized debt obligation (CDO). Aquellos inversores, que confiaron en el bajo riesgo que AAA implica, las adquirieron sufriendo después grandes pérdidas».
Si estamos pensando en las palabras vacías, debemos agregar ahora otro modo de ocultar o distorsionar la realidad: la utilización de expresiones técnicas de origen inglés − por ejemplo collateralized debt obligation− o peor aún denominarlas simplemente por su sigla – CDO −. Ese lenguaje oculta bajo un manto de tecnicismos académicos un turbio entramado de negocios fraudulentos. ¿Qué es lo que dicen cuando utilizan esa jerga?
Estas obligaciones de deuda – debt obligation − constituyen un grupo de activos financieros, equivale a decir, son cantidades de dinero prestado avalados por una documentación. Estas deudas de diverso origen se las agrupa en partes diferentes (tramos) que conllevan distintos riesgos, en general altos (en otras palabras: casi incobrables). Estos préstamos hipotecarios de alto riesgo disimulan que el valor de mercado de esas obligaciones de deuda garantizadas es bastante más bajo que su valor contable por el gran riesgo que corre su cobrabilidad. Sin embargo al ser ofrecidas en paquetes que contienen una promesa de muy buenas utilidades, de difícil cumplimiento, se dice que se las colateraliza. Nos remite a otra expresión de terrible significación: daño colateral.
Dice la Academia: «Que se deriva o es consecuencia de otra cosa principal que se pretende válida», es decir no se dice cuál es su origen y cuál es la garantía. Esa palabra, colaterales, se utiliza para referirse a no tienen derecho a herencia por no ser herederos directos. Aparece entonces la verdad de la palabra técnica: no querían que se supiera que los compradores de esos paquetes de deuda no tenían derecho a reclamo alguno. ¡Qué maravilla el juego del lenguaje!
Esa cantidad de obligaciones de deuda, debt obligation, se convirtieron después del estallido de la crisis financiera en una hipoteca subprime: «se caracteriza por tener un nivel de riesgo de impago superior a la media del resto de créditos». Esa es la explicación del por qué pasaron a denominarse hipotecas basura que desnudaron su verdad: «es una hipoteca de alto riesgo y que por lo general no cuenta con ningún aval, por lo que la probabilidad de que el adquiriente de la hipoteca no pague su deuda, es muy elevada»
