Estamos en un momento de reflexión final. Hemos revisado diversos aspectos de la relación compleja y difícil entre la salud humana, la medicina que la estudia, los remedios como propuestas para enfrentar la enfermedad y la producción cada vez más tecnologizada de los medicamentos. En este punto debemos incorporar un tema ya citado: el sistema capitalista de producción que impone sus criterios, sus modos, sus sistemas, todo ello subordinado a un objetivo superior, el lucro mayor posible. Cuando se analizan todos estos aspectos se percibe el entrecruzamiento de valores que la sociedad moderna los miden y catalogan en términos de dinero.
La economía de mercado ha convertido en un tema natural la intervención comercial por la cual cada uno de los pasos de este complejo proceso está sometido a la necesidad de aportar una renta necesaria para hacer posible la producción. Esta afirmación debe ser colocada en la base de toda la reflexión que se intente sobre un tema que es de un muy difícil discernimiento. El capitalismo es una etapa del desarrollo histórico de la sociedad occidental. Esto pretende decir que en toda investigación, sea cual fuere, el trasfondo socioeconómico es la estructura básica dentro de la cual todo sucede. Siendo así allí debe buscarse las causas más profundas que pueden dar explicación a los temas investigados. Por ello Gail Bell dice respecto de un tema en el que aparece en forma evidente la prioridad del afán de lucro por sobre todo otro valor:
No existe una solución sencilla para el problema de la medicalización. La enfermedad mental y la depresión clínica son afecciones muy reales e incapacitantes, y a muchas personas se les está ayudando con los medicamentos. El problema no es el tratamiento de los casos muy reales de enfermedad mental, sino la relación entre los laboratorios farmacéuticos, los médicos y los pacientes. Estos grupos no operan aislados; sin embargo, el poder de los enormes laboratorios farmacéuticos es una preocupación cada vez mayor.
Existen algunos temas que salen a relucir con mayor frecuencia en relación con las prácticas de los laboratorios farmacéuticos:
Uno de ellos es la redefinición de la enfermedad para hacerla redituable, como ilustra Sarah Ross, un miembro distinguido del área de investigación clínica de Aberdeen, Escocia: Un ejemplo de medicalización con fines de lucro es el Viagra. El mayor énfasis que da la sociedad al sexo ha elevado el nivel de expectativas y ha cambiado lo que la gente considera normal en términos del comportamiento sexual. El Viagra se ha aprovechado de esto. En parte, el tratamiento médico de una enfermedad tiene qué ver con la existencia de un tratamiento disponible y con cuán grave es el problema. Los laboratorios farmacéuticos están creando tratamientos y después crean o exageran las enfermedades para venderlos.
Otro elemento de esta problemática, que es altamente preocupante, es la influencia de los laboratorios farmacéuticos con el nivel educativo de los médicos que se encuentran entre los proveedores y los consumidores de medicamentos. Definir al paciente como un consumidor sale del lenguaje comercial de los laboratorios en tanto empresas comerciales. El trabajo de los representantes de todos estos laboratorios farmacéuticos no es solamente instruir a los médicos con respecto a los medicamentos específicos que producen sus laboratorios, sino en aumentar el conocimiento del médico respecto a la amplia gama de enfermedades que pueden ser tratadas con sus medicamentos. En otro lenguaje: aumentar la facturación de las farmacias, cliente del laboratorio.
Al respecto dice Gail Bell:
Desde luego que el punto de inicio para enfrentar esta tendencia problemática debe ser el paciente. Como consumidor, el paciente se encuentra al final de la cadena de suministro médico y es la clave de todo el proceso. Sin los consumidores que proveen una demanda cada vez mayor se rompe el ciclo de la oferta y la demanda. Por supuesto, mucha gente está recibiendo una verdadera ayuda gracias a los sorprendentes avances de la medicina. En otros casos, sin embargo, la medicalización no hace más que beneficiar económicamente a las industrias sanitaria y farmacéutica. Necesitamos tomar el control de nuestra vida atacando los problemas de raíz en lugar de buscar inmediatamente una solución médica rápida. Tal vez en realidad no necesitamos el nivel de medicalización que se nos ofrece.
