Sigamos los análisis de Iván Illich. Este investigador y filósofo fue nombrado en 1956 Vicerrector de la Universidad Católica de Puerto Rico y en 1961 fundó el Centro Intercultural de Documentación (CIDOC) en Cuernavaca, México, un centro de investigación que siguió avanzando en temas relacionados con todo lo humano. A mediados de la década de los setenta planteó que los medicamentos y otras tecnologías médicas se estaban convirtiendo en un problema. Se estaban utilizando de una forma tal que negaban algo, que podía sorprender entonces y después, el papel de la responsabilidad personal en el sufrimiento humano:
Argumentó que la medicalización de la sociedad (incluyendo la suposición de que los trastornos conductuales por sí mismos constituyen una enfermedad y por lo tanto necesitan ser tratados con medicamentos) era dañina de dos maneras: introducía una amplia gama de peligrosos efectos secundarios, definidos como iatrogenia clínica o problemas causados por el médico (del griego iatros = médico); y eliminaba la responsabilidad personal, creando dependencia en la asistencia médica.
El desarrollo tanto de la ciencia médica como de la industria farmacéutica desde mediados de la década de los setenta ha sido asombroso, de tal forma que las preocupaciones que se manifiestan hoy en día son más difíciles de tratar que en la época de Illich. El término medicalización lleva ahora la connotación negativa adicional de un abuso y de una aplicación inadecuada de los medicamentos.
Dr. David Meltzer, profesor asociado de medicina del Centro Médico de la Universidad de Chicago. David Melzer, junto con Ron Zimmern, Director de la Unidad de Genética y Salud Pública en el Laboratorio de Investigación Strangeways, ambos de la Universidad de Cambridge, expresaron en la revista British Medical Journal [BMJ] que:
La genética podría conducir a una nueva ola de medicalización si se aceptan las pruebas genéticas sin una evaluación clínica adecuada. Con el tiempo, la tendencia ha sido expandir los límites del diagnóstico y el tratamiento e incluir en la categoría de “enfermedad” a personas con manifestaciones más ligeras de patología y niveles más bajos de riesgo. Llaman a esto un ejemplo de “medicalización prematura”, el etiquetar de “enfermedad” antes de que se haya determinado que la prevención o el tratamiento es claramente benéfico.
La revista BMJ evidentemente comparte esa preocupación, ya que dedicó el número completo a la pregunta “¿demasiada medicina?”.
El papel de los grandes laboratorios farmacéuticos también está causando alarma. Ray Moynihan y Alan Cassels , abordan el tema en su libro Selling Sickness [Vendiendo enfermedad]:
Las estrategias de mercadotecnia de los más grandes laboratorios farmacéuticos del mundo se enfocan de una manera agresiva en la salud y el bienestar. Las altas y bajas de la vida diaria se han convertido en trastornos mentales, las afecciones comunes se transforman en enfermedades alarmantes y cada vez más y más personas comunes y corrientes se están volviendo pacientes… La industria farmacéutica… de $500 mil millones de dólares… está cambiando literalmente lo que significa ser humano.
Un ejemplo de la preocupación por las políticas comerciales de los laboratorios farmacéuticos es la relación con los medicamentos para aliviar la depresión. El farmacéutico y educador australiano, Gail Bell, explica el problema desde una perspectiva australiana en su ensayo The Worried Well [Los sanos preocupados] publicado en 2005:
En 2004 se prescribieron doce millones de recetas con este grupo de medicamentos a través del Plan de Prestaciones Farmacéuticas (PBS, por sus siglas en inglés), una cifra que contiene tanto los documentos recientemente iniciados como las repeticiones mensuales de los regímenes establecidos y que equivale a más de un millón de usuarios por año. Más gente que nunca antes en la historia de Australia está tomando antidepresivos. Cinco millones de documentos del PBS en 1990, 8.2 millones en 1998, 12 millones el año pasado, de los cuales 250,000 fueron para pacientes menores de 20 años. En un país de tan sólo 20 millones de habitantes estas cifras son alarmantes.
