El capitalismo explotador y contaminante VII – La catástrofe de los organismos modificados genéticamente

El concepto que he utilizado: contaminante, tiene un uso cotidiano que hace referencia a «la presencia o incorporación al ambiente de sustancias o elementos tóxicos que son perjudiciales para el hombre o los ecosistemas». Voy a hacer extensivo el uso del concepto a un campo en el que puede sonar como contradictorio, pero espero que se comprenda hacia dónde apunto. Voy a recurrir a un texto publicado no hace mucho en el que un periodista estadounidense, especializado en el tema y autor de libros sobre esa especialidad, F. William Engdahl, dice respecto a la introducción de “organismos modificados genéticamente (OMG)” en la producción directa o indirecta de alimentos:
«Antes de que las cosas vayan demasiado lejos, harían bien en observar atentamente el mayor laboratorio de OMG del mundo, Estados Unidos. Ahí los cultivos OMG son todo menos beneficiosos. Todo lo contrario. Lo que se elimina cuidadosamente de la propaganda de Monsanto y de otras agroindustrias a la hora de promocionar cultivos modificados genéticamente como una alternativa a los cultivos convencionales es el hecho de que en todo el mundo hasta el presente las cultivos de OMG han sido manipulados y patentados sólo por dos razones: la primera, ser resistentes o “tolerantes” al patentado herbicida químico glifosato altamente tóxico que Monsanto y los demás obligan a comprar a los agricultores como condición para comprar sus patentadas semillas. La segunda característica es que las semillas OMG han sido modificadas genéticamente para resistir a insectos específicos. Contrariamente a los mitos de relaciones públicas promovidos en su propio interés, no existe una sola semilla OMG que proporcione un mayor rendimiento en la cosecha que las convencionales, ninguna que requiera menos herbicidas químicos tóxicos, por la simple razón de que no hay beneficio en ello».
Nos está advirtiendo que la modificación genética tiene un solo propósito y es de índole comercial y con intensiones monopólicas. Para ello ha recurrido a su enorme poder de lobby: «Los potentados de la Comisión de la Unión Europea en Bruselas, que no han sido elegidos democráticamente, han tratado de invalidar recientemente lo que repetidamente ha demostrado ser la abrumadora oposición de la población de la Unión Europea: que se propaguen los por la agricultura de la UE eso OMG. El presidente de la Comisión de la UE tiene ahora un contable maltés como comisionado de sanidad y medio ambiente para dar el visto bueno a la adopción de los OMG. El anterior comisionado de medio ambiente de la UE procedente de Grecia se oponía ferozmente a los OMG». Se nos informa que estamos en pleno desarrollo de una batalla por la imposición de variedades de semillas que atentan contra la salud humana: es decir, contaminan la producción de alimentos con consecuencias verificables sólo en el muy largo plazo. Las que pueden manifestarse en los organismos humanos de todos aquellos que se alimenten con productos manipulados genéticamente.
Esto no es una novedad, pero los medios asociados a las multinacionales del alimento, ocultan estos problemas o los minimizan. «Como ha señalado el destacado opositor a los OMG el biólogo, Dr. Mae-Wan Ho, del Instituto de Ciencia de Londres: las compañías como Monsanto incorporan a sus semillas una tolerancia a los herbicidas gracias a una forma de insensibilidad al glifosato del gen codificado para el enzima atacado por el herbicida. El enzima deriva de la bacteria del suelo Agrobacterium tumefaciens. La resistencia a los insectos se debe a una o más toxinas derivadas de la bacteria del suelo Bt (Bacillus thuringiensis). Hacia 1997 Estados Unidos empezó a cultivar a gran escala plantes OMG por motivos comerciales. En este momento las cosechas de OMG ocupan entre el 85% y el 91% de las zonas plantadas con los principales cultivos de Estados Unidos, soja, maíz y algodón, en casi 171 millones de acres».
Según Ho, está a punto de estallar la bomba de relojería ecológica asociada a los OMG. «Al cabo de varios años de aplicación constante de herbicidas patentados de glifosato, como el muy famoso Roundup de Monsanto, han evolucionado nuevas “súper malas hierbas” resistentes a los herbicidas como una respuesta de la naturaleza ante los intentos del hombre de violarla. Para controlar a las súper malas hierbas se necesita mucho más, no menos, herbicida. ABC Television, una importante cadena nacional de televisión estadounidense, elaboró hace poco un documental sobre las súper malas hierbas titulado “No se puede acabar con las súper malas hierbas”». A pesar del lenguaje técnico, creo que se entiende de qué se trata el problema que hace más de una década nos afecta también en nuestra Argentina.
Se entrevistaron a agricultores y científicos de toda Arkansas (EEUU) que describían los campos invadidos por gigantescas malas hierbas de Amaranthus palmeri que podían soportar todas las pulverizaciones de glifosato que les hicieran los agricultores. Entrevistaron a un agricultor que había gastado 600.000 dólares en solo tres meses en un intento frustrado de acabar con las malas hierbas. Las nuevas súper malas hierbas son tan robustas que las cosechadoras no pueden cosechar los campos y las herramientas manuales se rompen al tratar de cortarlas. «Sólo en Arkansas esta nueva plaga biológica mutante ha invadido al menos 400.000 hectáreas de soja y algodón. No se dispone de datos detallados de otras zonas agrícolas pero se cree que son similares. Se ha informado de que el pro-OMG y pro-agroindustria Departamento de Agricultura de Estados Unidos ha mentido acerca del verdadero estado de las cosechas estadounidenses, en parte para ocultar la nefasta situación y para evitar que estalle una revuelta contra los OMG en el mayor mercado de estos del mundo».
El poder de empresas como Monsanto logra que se encubra el peligro de la toxicidad del Roundup: «El glifosato es el herbicida más utilizado en Estados Unidos y en todo el mundo. Patentado y vendido por Monsanto desde la década de 1970 bajo el nombre comercial de Roundup, es un componente obligatorio al comprar las semillas OMG de Monsanto. Usted no tiene más que ir a la tienda de jardinería local, pedirlo y leer la etiqueta cuidadosamente. Como detallo en mi libro, “Seeds of Destruction: The Hidden Agenda of Genetic Manipulation”, unas compañías que eran fundamentalmente compañías químicas (Monsanto Chemicals, DuPont and Dow Chemicals) desarrollaron en la década de 1970 las cosechas OMG y las semillas patentadas, con un importante apoyo financiero de la pro-eugenista Fundación Rockefeller. Las tres compañías se vieron implicadas tanto en el escándalo del muy tóxico Agente Naranja utilizado en Vietnam, como en el de la dioxina en la década de 1970, y mintieron para ocultar el verdadero daño infligido tanto a sus propios empleados como a poblaciones civiles y militares expuestos a ellos».

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.