Debemos ahora analizar cómo, dentro de ese juego, se imponen conceptos que van perdiendo toda su virulencia por ese tipo de utilización descafeinada. Toda esta parrafada no es más que una pretendida introducción a la propuesta de detenernos a pensar qué intentan decirnos los medios de información cuando se dirigen a un público masificado.
Y el tema que ha provocado toda esta reflexión es una especie de controversia sorda respecto de en qué estado está hoy nuestra Argentina, asediada por lo que se presenta como la mayor crisis financiera internacional, con epicentro en Europa, probablemente más grave que la de 1930, según sostienen los investigadores más serios y prestigiosos (Paul Krugman, Joseph Stiglitz, dos premios Nobel de Economía). La opinión de estos dos reconocidos profesores e investigadores apunta a denunciar que se está encubriendo la gravedad de la situación por parte de los responsables del manejo financiero global, apañados por la prensa internacional que responde a los mismos intereses. De modo tal que la crisis aparece como un mero traspié de pronta solución. La consecuencia de ello es que se están aplicando soluciones que no hacen otra cosa que agravar la realidad actual: curan el cáncer con aspirinas.
Retrocedamos unos años para repensar uno de los temas graves que involucran la definición de lo que se ha conocido como el riesgo país. Este concepto se ha manejado como «el riesgo que corre una inversión financiera, debido sólo a factores específicos y comunes a un cierto país», según la fuente universal más consultada, Wikipedia, la enciclopedia libre, que utilizaré de aquí en más. No debe pasar inadvertido lo de “un cierto país” referencia que excluye, pero no lo dice, a “los países serios”, aunque hoy ya no se sepa cuáles son estos.
Esta definición puede ser entendida, entonces, como el riesgo promedio –estimado o supuesto− que enfrentarían aquellas personas – personas abstractas − denominadas los inversores, si se arriesgaran a invertir su dinero en un país determinado. Ese país es evaluado por consultoras extranjeras que definen cuánto es el riesgo posible:
«El riesgo país se entiende que está relacionado con la eventualidad de que un estado soberano se vea imposibilitado o incapacitado de cumplir con sus obligaciones con algún agente extranjero, por razones fuera de los riesgos usuales que surgen de cualquier relación crediticia».
El otro concepto acuñado es un estado soberano, primo hermano del cierto país:
«Es una medida estimada del riesgo de impago de deudas, que se aplica a individuos, empresas y administraciones públicas, situadas en un cierto país; dicha medida es estimada por una agencia de calificación, a partir de los datos sobre capacidad de repago de los agentes económicos. Las entidades financieras y los inversores necesitan saber, antes de prestar o invertir su dinero, cuáles son las probabilidades de recuperar esos recursos».
Cada deuda, de acuerdo con la forma en la que se acabe cumpliendo con los vencimientos de dineros ya tomados en préstamo, es calificada, y el deudor también lo es. Según este criterio, resulta que cuanto mejor pagador es un deudor, mejor calificación obtiene, es decir, una obviedad, aunque así lo definen:
«La calificación les indica a los potenciales prestamistas o inversores el nivel de riesgo que corren al entregar sus recursos a un determinado potencial deudor».
Lo que no aparece en estas definiciones, a pesar de haber quedado descubierto después del estallido de la burbuja inmobiliaria (2008), que las calificadoras de riesgo, los grupos financieros y los grandes bancos son primos hermanos, son parte interesada del mismo negocio: la explotación despiadada de los países periféricos. Hoy Grecia está en esa situación.
