Ricardo Vicente López – 22-4-15
La pregunta nos obliga a re-pensar de qué es lo que en realidad nos está preocupando. Un planteo claro y correcto da un paso muy grande hacia la verdad que estamos buscando. Entonces, arriesguemos una definición de ambos conceptos, dado que hoy se diluyen las importantes deferencias que contienen:
Se denomina comunicación a aquella relación dialógica (entre dos o más personas), en la que todos, se alternan en su papel de emisor y de receptor –es decir hablan y escuchan−. Subrayando que esta es la condición esencial de lo humano, sin ella no hubiera aparecido el hombre (el animal que habla). Por el contrario, cuando estamos frente a un tipo de comunicación caracterizada por ser unilineal y sin retorno, en la que sólo una o más personas emiten el mensaje – prensa, radio o televisión− y el o los receptores adoptan una actitud pasiva debemos hablar de información.
Además, la sociedad moderna introdujo en la comunicación humana la tecnología para salvar las distancias que fueron interfiriendo en la relación del cara a cara de la sociedad tradicional. Como resultado de la Revolución industrial se produjo un salto en el crecimiento poblacional urbano que fue sumiendo en el anonimato a esa cantidad de personas que habitaron las grandes ciudades, apareció un fenómeno nuevo: la sociedad de masas.
Entonces podemos comprender mejor la definición de los medios de comunicación y el por qué se les agrega la caracterización “de masas”. Se está definiendo, con toda claridad, su carácter de no ser ya comunicativos sino claramente informativos. Hay un emisor que se dirige al fenómeno moderno de un público masificado, término que alude a esa despersonalización del sujeto humano, convirtiéndolo en un receptor, más o menos pasivo de mensajes, preparados para ser recibidos por ese ser colectivizado y homogenizado.
Los estudios sobre el fenómeno de la comunicación han tenido una fuente casi excluyente durante gran parte del siglo XX: los Estados Unidos, cuna de este proceso. Por tal razón las definiciones que se han propuesto en el ámbito académico están signadas por ese origen. Veamos:
Investigadores de la Universidad de Yale lo definen:
Comunicación es el proceso por el cual un individuo (el comunicador) transmite estímulos (generalmente verbales), con el fin de modificar el comportamiento de otros individuos (la audiencia). En términos bastantes generales, la comunicación puede ser considerada como lenguaje escrito o vocal emitido por un individuo, que resulta en el establecimiento de nuevos mecanismos estímulo-respuesta en otro individuo, sea en la elección de mecanismos estímulo-respuesta que fueron previamente adquiridos.
Todo este tipo de definiciones provenientes de la escuela estadounidense tienden a ver la comunicación como un proceso sólo de “ida” que coloca el acento en el emisor. Esto se debe a que este tipo de investigador de los medios de comunicación extrae su experiencia de los medios masivos y de la publicidad. Por lo tanto, los intentos de modificaciones dirigidas al receptor están muy cerca de un concepto, que en aquel país ha sido muy estudiado, la persuasión.
Por ello, como reacción a ese modo, característico de la concepción del país del Norte, pretendidamente neutra de pensar las comunicaciones, han salido de América Latina definiciones que pretenden desnudar los mecanismos de este proceso:
La comunicación es el proceso de interacción social democrática que se basa en el intercambio de símbolos por los cuales los seres humanos comparten voluntariamente sus experiencias bajo condiciones de acceso libre e igualitario, diálogo y participación… Comunicación es la relación comunitaria humana consistente en la emisión-recepción de mensajes entre interlocutores en estado de total reciprocidad, siendo por ello un factor esencial de convivencia y un elemento determinante de las formas que asume la sociabilidad.
Se desnuda la acción de la como el proceso que tiende a petrificar, a cosificar, a la persona en su función pasiva de simple receptor y, por tanto, es una función utilitarista mercantilizada de la comunicación que no merece el nombre de tal. Ese tipo de comunicación pretende, con su eficacia, manipular los actos del otro, u otros.
De allí que la “libertad de información”, que tanto se pregona, esconde la verdad de que sólo es libertad para el emisor, ya que el receptor está negado en la posibilidad de actuar. Se debe percibir en estos modos de abordar el estudio de la comunicación una clara negación de los factores de poder que operan en dicho ámbito y un ocultamiento, consciente o no, de la verticalidad del proceso de comunicación de masas, por el cual una elite dispone de los medios para hacer llegar sus mensajes a las personas, convertidas en “masa”, que recibe pasiva y acríticamente esos mensajes.
El profesor y académico italiano Umberto Eco (1932) nos propone una definición más crítica de la comunicación “de masas”:
Hay comunicación de masas cuando la fuente es única, centralizada, estructurada según los modos de la organización industrial: el canal es un expediente tecnológico que ejerce una influencia sobre la misma señal; y los destinatarios son la totalidad (o bien un grandísimo número) de los seres humanos en diferentes partes del globo… El universo de la comunicación de masas está lleno de… interpretaciones discordantes; diría que la variabilidad de las interpretaciones es la ley constante de las comunicaciones de masas. Los mensajes parten de la fuente y llegan a situaciones sociológicas diferenciadas, donde actúan códigos diferentes.
