12 marzo, 2026

Parte I.- Los orígenes del “concepto moderno de capital”

Ricardo Vicente López

Parte I.- camino hacia la sociedad de masas 

El camino que une los orígenes de la democracia ateniense con la sociedad política, moderna, más las formas que fue adquiriendo en ese recorrido, hasta llegar a un sistema profundamente inhumano: el capitalismo salvaje. Un modelo  una limitada capacidad de hospedaje, exclusivo para unas pocas grandes fortunas. Este “problema social” merece ser analizado con el mayor detalle posible. Por tal razón, es necesario dejar de lado muchas de las formas históricas, que harían imposible su lectura total; sólo me detendré en algunos episodios en los cuales se pueden encontrar sus formas condensadas y, al mismo tiempo, más transparentes, a pesar de su complejidad. En un trabajo mío, de hace unas décadas [[1]], que utilicé en mis clases universitarias, bosquejé lo que ahora quiero exponer con un poco de más detalle.

Tomo, arbitrariamente, como referencia de origen, un polo originario de este proceso socio-político: la tan conocida democracia aristotélica para desembocar, casi 30 siglos después, en este mundo globalizador y manipulador, en el cual nos encontramos inmersos hoy.

Yo le propongo, amigo lector, un intento sencillo y accesible de búsqueda de las razones por las cuales hemos arribado a este presente que desprecia lo humano. Ello nos exigirá abrir nuestras mentes para superar la mentalidad que hemos recibido de él, mediante la complicidad, consciente o no, del sistema educativo, consolidado por el “complejo empresarial” que maneja la casi totalidad de la información pública global  desde hace, por lo menos, más de un siglo. Deberemos prepararnos para recorrer un camino que no siempre será amable, cuyas rutas disponibles nos enfrentan a una incomprensión-desinformada  [[2]] que es común a gran parte de los ciudadanos de a pie. Ellos, y si no nos esforzamos, nosotros también, estamos sumidos en una densa niebla que deforma la realidad y oculta su verdad opresora.

Es un hecho extraordinario la detección temprana de este fenómeno social debido a la agudeza del pensamiento de uno de los Padres de la filosofía occidental: el ateniense Platón (427 – 347 a. C.), en su obra República (res=cosa y pública=abierta para todos). Se puede consultar una síntesis en mi trabajo De la caverna platónica a la globalización mediatizada [[3]].

Parte II.- Antecedentes ideológicos que justificaron la expansión y el dominio

Los cristianos puritanos que llegaron a tierras de América del Norte, en el siglo XVII, eran parte de una secta disidente de la Iglesia anglicana, que adoptaba formas más radicales de la rígida moral de los calvinistas. El dogma central del puritanismo era la autoridad  suprema de Dios interviniendo sobre los asuntos de la Tierra. Esa doctrina se expresaba en dos dogmas: el de la Predestinación — La voluntad divina, desde la eternidad tiene elegidos a quienes por medio de la gracia han de lograr la gloria; y la Doctrina de los Elegidos, interpretados y enseñados por el teólogo francés Jean Calvino (1509-1564): consolidaba este concepto: «Desde el principio de la Creación Dios ha predeterminado el destino de todos los humanos disponiendo quién se salva y quién será condenado».

Unos 100 pasajeros que se embarcaron en 1620 en el buque Mayflower (Flor de mayo) que transportó a los llamados Padres Peregrinos, expulsados de Inglaterra, hasta las tierras que serían luego los Estados Unidos de América. Ellos sostenidos por una sólida fe, ciega e inconmovible, vivieron aferrados con una gran rigidez moral. Esa convicción, fundada en el convencimiento de que ellos estaban elegidos por Dios y que habían sido enviados a las tierras de América para construir una Nueva Jerusalén. Esa nueva ciudad celeste sería el centro de la purificación de la tierra y la construcción de un mundo santo.

Sobre la base de esa sólida y temible creencia los colonos se fueron convenciendo de que su destino era expandirse hacia el Oeste de América del Norte, hasta alcanzar el Pacífico. Hollywood se encargó, tiempo después, de narrar esa epopeya en muchísimas películas bajo el concepto de la Conquista del Oeste. En ellas se justificaban las matanzas que los “blancos buenos y santos  hacían sobre los “salvajes malos”. Se fue construyendo paralelamente una ideología justificatoria con graves consecuencias históricas. Hasta que en el siglo XIX se formuló la “Doctrina del Destino manifiesto”, que expresaba los fundamentos ideológicos de la misión que los Estados Unidos de América habían asumido sostenidos por los designios de Dios (el Dios calvinista).

La conquista territorial, abarcaba todas las tierras, desde las costas del Atlántico hasta las del Pacífico. Esta doctrina justificaba la conquista territorial definiendo y defendiendo la expansión: ellos eran los “enviados del Señor”, que respondían a un mandato divino de  una fuerza superior, incognoscible. Palabra que utiliza para describir conceptos, misterios o realidades que están fuera del alcance del conocimiento humano y sólo la revelación muestra. Y era manifiesta (descubierta, clara y patente), por personas iluminadas. Más tarde fue sintetizada en la Doctrina Monroe: «América para los americanos» (1823).

El tema que estoy exponiendo tiene como base el estudio del investigador alemán Max Weber (1864-1920), filósofo, economista, historiador, politólogo y sociólogo, que publicó su tesis respecto de las consecuencias de la Reforma eclesial del siglo XVI en su libro La ética protestante y el «espíritu» del capitalismo (1905). Este trabajo es un estudio detallado, serio, bien documentado, de las consecuencias del modo de vida protestante para la cultura moderna y en especial de cómo influyó en la constitución del “espíritu capitalista”. Esto facilita la comprensión de un tema nada sencillo.

El historiador estadounidense Frederick Merk (1887-1977), profesor de la Universidad de Harvard confirmó, en sus investigaciones, que el concepto Destino manifiesto había nacido de la tradición puritana:

«Un sentido de la misión de redimir al Viejo Mundo con un alto ejemplo que desarrolla las potencialidades de una nueva tierra para la construcción de un nuevo cielo».

El origen de este concepto, señalado por el profesor Merk, se encuentra sustentado en la tesis de un ministro puritano, de nombre John Cotton (1585-1652), quien escribió en 1630:

«Ninguna nación tiene el derecho de expulsar a otra, si no es por un designio especial del cielo como el que tuvieron los israelitas, a menos que los nativos obraran injustamente con ella. En este caso tendrán derecho a entablar, legalmente, una guerra con ellos para someterlos».

Basado en las palabras del Reverendo Cotton el periodista estadounidense John L. O’Sullivan (1813-1895) intervino en el debate sobre la apropiación territorial afirmando que es necesaria en cumplimiento del Destino manifiesto. Fue publicado en la revista Democratic Review de Nueva York, en julio de 1845, en la cual sostenía:

«Todo el continente nos ha sido asignado por la Divina Providencia, para el desarrollo del gran experimento de libertad y autogobierno. Es un derecho como el que tiene un árbol de obtener el aire y la tierra necesarios para el desarrollo pleno de sus capacidades y el crecimiento que tiene como destino. No es una opción para los norteamericanos, sino un destino al que éstos no pueden renunciar porque estarían rechazando la voluntad de Dios. Los norteamericanos tienen una misión que cumplir: extender la libertad y la democracia, y ayudar a las razas inferioresLa nación americana ha recibido de la Providencia divina el destino manifiesto de apoderarse de todo el continente americano a fin de iniciar y desarrollar la libertad y la democracia. Luego, debe llevar la luz del progreso al resto del mundo y garantizar su liderazgo, dado que es la única nación libre en la Tierra».

En cumplimiento de ese designio, los blancos elegidos, invaden Florida en 1818 y compran ese  territorio a España. Extienden la expansión por todo el Oeste, desde el Río Bravo hasta Canadá. Ocupan Hawái, intentan invadir Cuba en 1841 y aplican, desde 1823, la expuesta Doctrina Monroe, por medio de la cual «ningún territorio del continente americano podía ser ocupado por potencias europeas», aunque en la práctica no se aplicaba a las colonias francesas, inglesas, holandesas o danesas existentes.

A partir de esa convicción de ser los mejores y, por ello, los elegidos para salvar a la humanidad los Estados Unidos avanzaron en las conquistas territoriales: anexaron los territorios de Texas (1845), e invaden México (1846), en lo que sería la guerra México-Estados Unidos, cuyo resultado es la anexión de California (1848). Siguen luego con la incorporación de Colorado, Arizona, Nuevo México, Nevada, Utah y partes de Wyoming, Kansas y Oklahoma. En total dos millones cien mil kilómetros cuadrados –el 55 % del territorio mexicano de entonces– lo que se dio en llamar «la Cesión Mexicana». A cambio, los Estados Unidos se comprometieron a pagar 15 millones de dólares.

El concepto, Destino manifiesto, reapareció en la década de 1890, principalmente usada por los Republicanos, como una justificación teórica para la expansión estadounidense  fuera de América del Norte. También fue utilizado por los encargados de la política exterior de EEUU en los inicios del siglo XX. Algunos comentaristas consideran que determinados aspectos de la Doctrina, particularmente la creencia en una «misión» estadounidense para promover y defender la democracia a lo largo del mundo, continúa teniendo una fuerte influencia en la ideología política estadounidense.

Uno de los ejemplos más claros de la influencia del concepto de Destino Manifiesto se puede apreciar en la declaración del presidente Theodore Roosevelt (1901-1909) en su mensaje anual de 1904:

«Si una nación demuestra que sabe actuar con una eficacia razonable y con el sentido de las conveniencias en materia social y política, si mantiene el orden y respeta sus obligaciones, no tiene por qué temer una intervención de los Estados Unidos. La injusticia crónica o la importancia que resultan de un relajamiento general de las reglas de una sociedad civilizada pueden exigir que, en consecuencia, en América o fuera de ella, la intervención de una nación civilizada y la adhesión de los Estados Unidos a la Doctrina Monroe (basada en la frase «América para los americanos») puede obligar a los Estados Unidos, aunque en contra de sus deseos, en casos flagrantes de injusticia o de impotencia, a ejercer un poder de policía internacional».

El presidente Woodrow Wilson (1913-1921) continuó la política de intervencionismo de EEUU en América, e intentó redefinir el Destino Manifiesto con una perspectiva mundial. Wilson llevó los Estados Unidos a la Primera Guerra Mundial con el argumento de que «El mundo debe hacerse seguro para la democracia». En 1920 en su mensaje al Congreso, después de la guerra, Wilson declaró:

«Yo pienso que todos nosotros comprendemos que ha llegado el día en que la Democracia está sufriendo su última prueba. El Viejo Mundo simplemente está sufriendo ahora un rechazo obsceno del principio de democracia (…). Éste es un tiempo en el que la Democracia debe demostrar su pureza y su poder espiritual para prevalecer. Es ciertamente, por el destino manifiesto de los Estados Unidos, que estamos obligados a realizar el esfuerzo por hacer que este espíritu prevalezca».

La versión de Wilson del Destino Manifiesto era una propuesta de poner fin al expansionismo, un apoyo al principio de libre determinación, sin abandonar la idea de que Estados Unidos tenía como misión ser un líder mundial para la causa de la democracia. Esta visión estadounidense de sí mismo como el líder del mundo libre crecería más fuerte en el siglo XX después de la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, Hiroshima y Nagasaki, la guerra de Vietnam, entre otras misiones de ayuda a los pueblos de la periferia, puso en dudas la idea de ser los estadounidenses un pueblo diferente a los demás y perseguir unos ideales más elevados que la mera codicia o expansión demográfica. Se vio seriamente dañada por el hecho de apoyar a gobiernos dictatoriales, con generales que llegan a proclamar en público su admiración por Hitler, realizar bombardeos masivos o cometer matanzas contra la población civil indefensa.


[1] Lleva por título De la caverna platónica a la globalización mediatizada – disponible en la página www.ricardovicentelopez.com.ar.

[2] Expresión que intenta calificar la información manipulada de los grandes medios de información.

[3] En la página www.ricardovivicentelopez.com.ar.