La concentración financiera IV

Termino acá la apasionante historia acerca de cómo se puede hacer dinero perdiendo dinero. Apasionante sí, pero trágica, ya que los que cargaremos con el “muerto” antes o después seremos nosotros, los de a pie. Como estamos continuamente bombardeados por las enseñanzas mediáticas de los garúes de la economía cabe preguntarse: ¿Y qué dicen los expertos?
«La respuesta de Stan O’Neal por cuenta de Merrill Lynch es, a primera vista, muy modesta y simple: se cometieron errores; errores de juicio. Artículos recientes, sin embargo, han provocado sospechas de que en Merrill no sólo tenían los rangos AAA porque pensaron que eran seguros contra pérdidas gracias a la sobre-colateralización, sino también estaban haciendo apuestas de cobertura contra la deuda de alto riesgo en sí que vendían a los clientes, en otras palabras, Enronómica: las cabezas que gano, son colas que tú pierdes». Resulta graciosa la invención de esta palabra: cruza de de Enron y economía. Es decir las triquiñuelas contables que logran demostrar que menos dos más menos dos da más cuatro.
Claro que el tiento se corta: «El peligro con los valores al estilo de Alicia en el País de las Maravillas urdidos por la mano invisible de una máquina apañada, es que todo lo que se necesita para iniciar un pánico es que algunos tipos de aspecto sobrio vestidos como eruditos se presenten en la plaza pública y griten “¡El emperador está desnudo!”. Es exactamente lo que pasó el 15 de febrero de 2007. Joseph R. Mason, profesor asociado de finanzas en el College of Business Le Bow de la Universidad Drexel, y el investigador Joshua Rosner, presentaron un trabajo en el Instituto Hudson que dejaba al descubierto la noción disparatada de que se podía ponerle indefinidamente lápiz labial a un cerdo y llamarlo un valor AAA».
Nos cuenta Martens que cuando el documento de trabajo llegó a manos de Gretchen Morgenson del New York Times, y su artículo apareció tres días después: «la fábrica de fuegos artificiales comenzó a arder en el sur de Manhattan, terminando por encender espectáculos pirotécnicos globales durante todo 2007. Hubo un pánico en un banco en Londres por primera vez en 140 años, fondos de inversión libre en bancarrota en Wall Street, prestamistas de hipotecas insolventes en todo EE. UU., rescates de fondos del mercado monetario por importantes instituciones financieras y más de medio billón de dólares de inyección de liquidez por parte del Banco Central Europeo. También hubo una ayuda sin precedentes de la Reserva Federal de EE. UU. en inyecciones de efectivo, y negociaciones secretas».
El castillo de naipes se desmoronó. Pero lo que está ahora en juego es la credibilidad de los operadores de la Bolsa de Nueva Cork, y aledaños, y en las consultoras calificadoras de riesgo. Entonces, a quien creer. Todo el sistema bursátil del mundo se basa en la fe. Dice Martens: «Pero, de lejos, el daño más serio es la persistente desconfianza en las mayores firmas de Wall Street que, por desgracia, también poseen bancos. Nadie confía en la solvencia del otro, de modo que los préstamos entre bancos se han paralizado».
Cita el pronunciamiento que califica de profético que Mason y Rosner hicieron en su trabajo: «La creciente aceptación por los inversionistas de estructuras de CDO ha sido apoyada por la disposición de las agencias de calificación de calificar esos activos. A diferencia de otros activos calificados por esas agencias, esos activos están sometidos a considerables riesgos en el mercado, un riesgo que según las agencias de calificación no pueden calificar efectivamente… ».
En fin, mientras nos preocupamos por los “motochorros” los chorros de magnitud dan clases en las “mejores universidades”, cobran por tergiversar la verdad y son premiados por las academias. Este es el mundo que debemos enfrentar y del cual nos debemos defender.
(Se puede leer el trabajo completo “Divertimento sobre temas de la economía” en “Trabajos académicos” de esta página)

La concentración financiera III

Sigamos esta investigación que tiene la ventaja de ser terriblemente grave e ingenua a la vez. ¿Cómo puede creer un operador experimentado de la Bolsa que juntando incobrables más incobrables se pueden lograr utilidades. Claro está que detrás de ellos hay contadores brillantes que hacen magia con los números. Recuerden lo que hacían los de Enron. Pero cuesta creer hasta dónde puede llegar la trampa.
Leamos a nuestro investigador: «Mientras se juntaban los paquetes, los segmentos permanecían en lo que Wall Street llama su operación de almacenamiento. Una vez que arman el CDO en la fuente de cerámica opaca, sólo se ve arriba la crema batida. Las agencias de calificación: Standard and Poor’s, Moody’s y Fitch otorgan al artilugio incomible una calificación AAA basada en la crema batida. Que la calificación haya sido solicitada y pagada por el emisor del CDO no carecía de importancia, como demostrarían los futuros eventos». Hemos aprendido algo más: Los mismos que nos calificaban como país de alto riesgo califican las deudas incobrables como AAA. Máxima calificación. Es decir, le ponían 10 a un examen de dos.
Recién en 2007, después de que los cráneos de las finanzas comenzaron a denunciar las mentiras y los mercados comenzaron a trabarse, las agencias de calificación empezaron a disminuir las calificaciones. «Pasaron cinco años en los que el así llamado “mercado eficiente” se tambaleaba en las tinieblas de las calificaciones de fantasía, sin ponderar las preguntas obvias sobre esos instrumentos AAA. Preguntas, como: ¿Cómo pudo un artilugio estratificado de pools de deuda cuestionable, muchas de origen dudoso, lograr el mismo equivalente de una calificación AAA que los valores del Tesoro de EE. UU.». Sigue con una reflexión de un ciudadano más: «A pesar de los granujas políticos que van y vienen en Washington, nosotros, el pueblo estadounidense, mostramos una disposición desmedida e histórica de aguantar a badulaques y a pesar de ello pagar nuestros impuestos a la renta por el bien de nuestros conciudadanos». Le faltó decir como Discépolo: “¡me cache en Dios qué gil!”.
Se pregunta: «¿Cómo podría ser suficientemente seguro un instrumento opaco compuesto frecuentemente de más de 100 partes difíciles de rastrear para los fondos de pensión, los fondos de las compañías de seguros y, disfrazado como efectos negociables, guardadas por la friolera de más de 50.000 millones de dólares en dinero de fondos de mercado con dinero de la gente de a pie? ¿Cómo se transformó un modelo de mercado “eficiente” de 200 años de antigüedad que fijaba los precios de sus valores sobre la base de la búsqueda regular de precio mediante el comercio transparente en un complejo opaco de fabricación y almacenaje de productos que no se comerciaban o eran raramente comerciados, que necesitaban precios basados en modelos estadísticos?».
Podríamos consolarlo contándole que nosotros creímos que habíamos entrado al primer mundo, que un dólar valía un peso. Y que, como afirmaba uno de sus alumnos más brillantes, el “pelador” Cavallo, habíamos entrado en una estabilidad que duraría sesenta años. Podríamos preguntar ¿cómo un pueblo culto, politizado, compró con tanta facilidad ese postre criollo? Si ya habíamos viajado a Miami a decir litúrgicamente “déme dos” casi veinte años antes. Sr. Martens “en todas partes se cuecen habas”. Sobre todo cuando éstas están promocionadas por los grandes medios. Nosotros hemos demostrado que tenemos más de un 60% de Homero Simpson en Buenos Aires que votó por un contrabandista de automóviles y un evasor compulsivo, y un 20% de ellos a nivel nacional que votó por una monja vendida totalmente al neoliberalismo.

La concentración financiera II

Continúo con los comentarios del analista Pam Martens sobre la situación de la Bolsa de New York, sostenido por la larga experiencia de este analista. Aparecen afirmaciones sorprendentes para alguien que, como yo, estoy lejos de entender los detalles de esos manejos. Por ejemplo, dice: «es muy poco característico que Wall Street pierda miles de millones de su propio dinero. Por regla general, saben mucho antes que el público inversor cuando viene una quiebra (porque son los que sembraron las semillas para esa quiebra) y descargan sus pérdidas sobre participantes en el mercado menos enterados, usualmente el pequeño inversionista. Como ahora ellos mismos tienen que cargar con mega pérdidas, ¿no significará que son los participantes en el mercado menos enterados?».
Los grandes operadores especulan con dinero ajeno y retienen parte de las utilidades del pequeño inversor. Pero cuando hay pérdidas estas son descargadas sobre el inversor. Negocio fantástico: son socios sólo en las ganancias. Parafraseando a Yupanqui el inversor podría cantar: “Las ganancias son ajenas, las pérdidas son de nosotros”. Uno, reflexionador de a pie, se pregunta ¿cómo hacen estas maniobras? Bueno es algo así: «los préstamos para coches, las tarjetas de crédito, las hipotecas; y las acciones de esas firmas son cargadas en planes 401 (k) [fondos de pensión]. La primera pista para esas mega-pérdidas es un acrónimo de tres letras: CDO. Significa Obligación de Deuda Colateralizada; un instrumento financiero tan enrevesado que incluso a veteranos escritores financieros les cuesta devanarse los sesos con el tema».
Para que nuestra autoestima no se vea deteriorada nos enteramos que no somos nosotros solos los que no entendemos. Entonces Martens, con algo de ironía nos propone una analogía: «para visualizar un CDO puede compararse con el episodio de la telenovela “Friends” en la que Rachel trata de hacer un bizcocho inglés. Coloca las capas requeridas de natilla y mermelada, pero cuando da vuelta la página del libro de cocina para seguir la receta para las capas, no se da cuenta de que las páginas están pegadas y completa el postre usando la receta de pastel de papas. El producto final es un artilugio incomible de múltiples capas de natilla, mermelada, carne molida, arvejas fritas y cebollas. Los bizcochos ingleses son servidos típicamente en una fuente de cristal transparente para que se vean las exquisitas capas. Wall Street prefiere usar cerámica opaca para sus CDO». Los más avisados se tragaron el anzuelo.
Sigue con la analogía: «Desde 2002 hasta 2006, grandes plantas manufactureras dirigidas por las mayores firmas de Wall Street, junto con otros actores menores, produjeron como salchichas bizcochos de CDO por más 1 billón de dólares, y la mitad la hizo en 2006. La receta era bastante flexible. Capas (llamadas paquetes en Wall Street) podían consistir de préstamos a estudiantes, cobraderos contra tarjetas de crédito, préstamos para coches, préstamos para propiedades comerciales o residenciales, hipotecas de alto riesgo o préstamos corporativos. Los paquetes también podían ser apuestas altamente apalancadas contra índices (CDO sintéticos) o segmentos de otros CDO (CDO cuadrados). Desde 2003, un porcentaje creciente de CDO fue formado por sólo una clase de activos: las hipotecas residenciales; utilizando frecuentemente hipotecas de alto riesgo y préstamos sobre la apreciación mobiliaria como el colateral predominante».
Hasta donde yo entiendo se podría sintetizar así: comenzaron a flexibilizar los créditos en la búsqueda de mayores rendimientos. Como nosotros ya sabemos por el odioso “riesgo país” a mayor riesgo de cobrabilidad mayor es la tasa de interés. Se va arriesgando cada vez un poco más y se va ocultando las quiebras por incobrabilidad que se van produciendo. Y “no hay tiento que no se corte ni plazo que no se cumpla”. Bien hasta aquí llegamos. Pero ¿cómo sigue?

La concentración financiera I

El tema de la concentración económica y sus repercusiones lo he venido exponiendo en las últimas notas. No escapa a ninguna persona que siga esta problemática que es imprescindible tenerla en cuenta cuando se habla de la economía nacional. Por ello ahora quiero abordar el tema financiero. Debo decir que estoy muy lejos de ser un especialista en la materia y que muchas veces me cuesta bastante entender qué es lo que pasa. Por tal razón me voy a apoyar en una nota de un investigador del tema, Pam Martens, quien trabajó 21 años en Wall Street, equivale a decir en las entrañas mismas del sistema. Esto es especialmente relevante en estos momentos en que la turbulencia, de difícil pronóstico, sacude como un tsunami las bolsas del planeta. Con el agravante de que gran parte de esta información es religiosamente ocultada por los grandes medios.
Nos dice Martens: «Con cada nueva revelación de pérdidas multimillonarias en dólares de las mayores firmas de Wall Street, aparece la fastidiosa pregunta de cómo sucedió que esos Amos del Universo tuvieran que cargar con el muerto en esos masivos ajustes. ¿No se supone que sea Wall Street quien ejecuta negocios para otros; no que acumule para sí inmensos inventarios de valores tóxicos, no comerciales? Ya que esos grandes actores de Wall Street ahora poseen algunos de nuestros mayores bancos de depósitos, asegurados por el contribuyente (por cortesía de un regalo legislativo del Congreso llamado la Ley Gramm-Leach-Bliley)». La lectura de esta información pareciera referirse a un país del tercer mundo, bananero como lo denominan con mucho desprecio. Sin embargo nos habla de los EE. UU.
Resulta, entonces, que: «la Reserva Federal vacía decenas de miles de millones de dólares nuestros en algunos inmensos agujeros negros, el sentido común podría sugerir que el Congreso realizara audiencias públicas. Esas audiencias podrían sacar a la luz cómo Wall Street ha mutado, bajo el manto de la oscuridad, de ser un centro comercial a fabricar y almacenar artilugios exóticos registrados en ultramar [léase bancos off-shore]». Este analista está proponiendo la intervención del poder político para investigar qué está haciendo la Reserva Federal con “miles de millones de dólares nuestros”, es decir del pueblo estadounidense, que se pierden en “inmensos agujeros negros”. Perdóneseme la repetición pero creo necesario subrayar lo que está afirmando: las pérdidas de las aventuras financieras particulares son cubiertas con dinero público. Uno se pregunta ¿qué pasaría si no lo hicieran? Sin comentarios. Y esto es lo grave, no se encuentran respuestas oficiales.
Este analista nos dice que: «El gobierno de Bush manipula el lío como si se tratara sólo de un problema de hipotecas de alto riesgo. No vaya a ser que el público se dé cuenta de que un mercado no regulado de un billón de dólares ha reventado ante las narices del mercado libre de este gobierno. La pérdida colectiva de 70.000 millones de dólares en cosa de meses, con proyecciones de continuas pérdidas, que pueden ascender a hasta 400.000 millones de dólares globalmente huele a serios problemas». Vuelvo a insistir en este comentario porque sospecho que para más de un lector esto puede sonar a idioma extra terrestre. No se puede pensar que un juego financiero de tan alto riesgo no repercuta en las finanzas mundiales. De allí la necesidad de tratar de entender como ciudadanos de este país para que no nos suceda como ya se dio en 1929.

La debilidad del Estado y la concentración económica II

Nos han acostumbrado desde hace mucho tiempo a hablar del mercado, de sus logros, de sus límites y de sus contraindicaciones. Esto tuvo su contraparte en las denuncias y críticas de la intromisión del mercado (por medio de las privatizaciones) en sectores sociales: salud, educación, pensiones, correos, comunicaciones, desarrollo económico, etc. Esto nos obliga a pensar que se debe replantear el libre mercado, tal cual se practica hoy, porque su lógica ha ido demasiado lejos, dado que se nos ha metido en todos los campos de la vida y ya podemos comprobar sus consecuencias. Hoy debemos llegar a la conclusión de que la defensa del neoliberalismo como doctrina y como proyecto, dice de Sebastián “es una cortina de humo para ocultar el avance de la planificación central”, que practican los grandes monopolios que resultan de las fusiones y adquisiciones de los últimos años.
Parece que hemos caído en el engaño que nos tendió el neoliberalismo. Al rescatar la vieja doctrina liberal de la defensa del individuo, que tuvo su razón de ser ante la omnipresencia arbitraria del estado absolutista de los siglos XVIII y XIX, creímos sumarnos a la defensa de las libertades individuales, que se expresaban, según la actualización de esta doctrina. La estrategia fue astuta: se defiende la eficiencia del mercado en la asignación de los recursos para dar la impresión que se lucha por la competencia, pero en realidad se trata de tapar el hecho de que se está reduciendo la competencia y destruyendo el mercado. El mercado y la competencia se están destruyendo en la medida en que se consolidan los enormes monopolios que están surgiendo ante nuestros ojos. Mientras discutimos con los apologistas del mercado, no nos ocupamos de quienes lo están destruyendo. El economista de Sebastián sintetiza en las siguientes tesis el estado actual del mercado internacional, escenario de la concentración del poder, en todas sus variantes, económico, político y su incidencia en lo social:
a) Las empresas que más tiran de la economía son empresas nuevas, en el sentido de que incorporan y se benefician de las nuevas tecnologías, los nuevos productos relacionados con las telecomunicaciones, la informática y la computación y sus aplicaciones a sectores tradicionales, como la industria, la banca y el comercio.
b) Estas empresas tienen muchas veces objetivos a corto plazo: aumentar el valor de las empresas, es decir su cotización en bolsa, lo cual les interesa más que generar beneficios normales y distribuir dividendos.
c) La fuente de capital financiero son los grandes fondos de pensiones, de seguros y de inversión, que no son manejados por sus propietarios sino por especialistas que detentan un poder enorme para bien o para mal de muchas economías, los nuevos gestores del poder mundializado.
d) La fusión de empresas, que lleva consigo la reducción del número de las que operan y compiten en un sector, esta ampliando el radio de acción de la planificación central en sectores cada vez mayores de la economía.
e) Se está transformando la forma de trabajar, el concepto de empleo permanente y estable se está sustituyendo por el de empleo flexible, es decir cambiante e inestable, a la par que cambian los conceptos de lealtad, fidelidad del personal y su compromiso con una determinada empresa.
Las relaciones de los conglomerados empresariales con los gobiernos y otras administraciones públicas están cambiando. Sobre todo en la cuestión de los impuestos, que se les sustrae a los estados a la vez que se echan nuevas cargas (los despidos masivos) sobre el sector público. Creo que debemos pensar desde este escenario de hoy el tipo, el momento y la cantidad de batallas a librar.

La concentración de la economía como limitación argentina I

Dije en otra nota que había llegado la hora del reclamo. Pero éste debe ser hecho comprendiendo las limitaciones que todo proceso tiene, para nuestro caso: la transformación de nuestra Patria. Por tal razón propongo una reflexión. Quien lea con atención las noticias económicas que nos ofrece la información pública podrá percibir el proceso de nuevas fusiones de empresas, que dan lugar a concentraciones de enormes masas de capital en los sectores claves de la economía. Esto parece confirmar una tendencia imparable hacia el gigantismo empresarial que comenzó hace más de una década. Estos hechos plantean a las sociedades nacionales graves problemas.
El primero, es la liquidación del mercado de libre competencia supuesto fundamental de la ortodoxia económica, por la desaparición de competidores, y la explotación de los consumidores y de los trabajadores que de ello se sigue. En la ciencia jurídica se habla de la lenta desaparición del contrato clásico, que supone la libre discusión de los términos. Éste ha sido reemplazado por lo que denominan “contrato de adhesión”, en el que la parte más débil acepta los términos que impone la parte que detenta el poder. Esto puede ser aplicado al precio de mercado como una forma general del contrato económico. Segundo, ésta es la consecuencia de la acumulación del poder social en unas pocas manos, las de los gestores de esos enormes conglomerados.
Debemos prestar atención a un tercer aspecto del proceso de concentración: el avance de la planificación central como forma de organizar sectores enteros de la economía, lo que representa una importante mutación del capitalismo del siglo XX. Para entender el alcance de esta afirmación hay que partir del hecho siguiente: dentro de una empresa no hay mercado. Dice el economista Luis de Sebastián: “Las decisiones de asignar recursos físicos y humanos a usos alternativos en una u otra sección, división o filial de una empresa no se hacen por medio de un mecanismo de oferta y demanda, sino por un proceso de planificación y ejecución de las órdenes de la oficina central. Naturalmente, para tomar estas decisiones la autoridad central de una empresa se guía por lo que hacen otras empresas, sobre todo las que compiten con ella, y tiene en cuenta lo que exigen los consumidores. En definitiva, la asignación de recursos dentro de una empresa es formalmente un proceso de decisión autoritario, como el de un régimen de planificación central”.
La idea no es nueva, aunque no ha sido tenida debidamente en cuenta. Ya había sido señalado este fenómeno por Ronald Coase, a quien le otorgaron el premio Nobel de economía cincuenta años después de haberla hecho pública en 1924. En esa oportunidad demostró que “la empresa substituye a las transacciones individuales del mercado cuando éstas se pueden organizar dentro de ella, para economizar costos de transacción”. Dice de Sebastián que Alfred Chandler en La mano visible describió el managerial capitalism “como un sistema en que la mano invisible del mercado ha sido sustituida por la visible de la planificación”, y John K. Galbraith en su libro El nuevo estado industrial habla de un “sistema de planificación” refiriéndose al sistema de gobierno de las empresas multinacionales.
Agrega de Sebastián: “Pero las mutaciones del capitalismo no se acaban con la increíble desigualdad que presenciamos. También se están dando cambios sustanciales en la organización interna de las empresas, en la manera como se asignan los recursos en una economía de mercado con grandes empresas que compiten encarnizadamente por la dominación de los mercados mundiales”.
Si he planteado este problema es para colocar la situación de nuestra Argentina dentro del cuadro mencionado. Las posibilidades de cualquier cambio en el camino de mejorar la distribución no pueden olvidar las restricciones mencionadas.

La democracia y la participación

Los últimos doscientos años de historia de las ideas políticas nos han acostumbrado a pensar al ciudadano como un sujeto de derechos, y se ha olvidado que es también, necesariamente un sujeto con obligaciones. Debemos señalar que la historia del sujeto de derechos nace en el liberalismo como una reacción contra la monarquía absoluta, por sus arbitrariedades. Esta defensa del ciudadano frente al avance del estado dio lugar a grandes debates que fueron sentando doctrina, cuyo resultado fue el enunciado de los derechos constitucionales. Cumplida esa primera etapa, en la cual el estado se fue reduciendo en sus funciones cediéndole el terreno al mercado, hubo necesidad de salir al cruce de la desprotección en que quedaba el ciudadano librado a la suerte de las leyes de ese mercado. Las prescripciones constitucionales y la ley de la oferta y la demanda se mueven en distintos planos.
La crisis de la década del treinta, mostró más crudamente que el problema a enfrentar no era ya la de un Estado avasallante, sino las fluctuaciones económicas. En ese entonces la ceguera del mercado había precipitado la economía por un tobogán. La solución se encontró por la vía de un estado protector que garantizara ciertas reglas y servicios básicos. A partir de allí una corriente de ideas, que fue ganando mucho apoyo, se centró en la necesidad de la existencia de ese estado como condición de la democracia moderna. Aquel ciudadano desprotegido que creyó encontrar en la defensa de sus derechos la garantía de una vida estable, experimentó después que no bastaban los derechos cuando el mercado los borraba en la práctica. Siente ahora, entonces, que el estado será la barrera contra los abusos.
Esto creó la conciencia de esperar que el Estado lo resuelva todo. Al mismo tiempo produjo un desentenderse de los mecanismos en que se debatían la relación entre estado y mercado. También posibilitó la aparición del político como profesional especializado depositario de esas funciones. La tarea política, base de la existencia de la ciudadanía como tal, se fue alejando del ámbito del ciudadano para quedar encerrada en los partidos políticos y en la participación de éstos en las funciones de gobierno. La democracia representativa fue deviniendo sólo democracia electiva. El ciudadano como sujeto político se recluyó en su función de elector, renunció a ser el custodio de la política para garantía del respeto ciudadano.
El último paso de esta historia se da en los ochenta, cuando una corriente de ideas, el neoliberalismo (que tenía de “neo” el abandonar las viejas banderas liberales en pos de un servilismo económico) comienza un ataque contra el Estado protector. Se desmorona la barrera de contención de los derechos del ciudadano y el mercado se convierte en el tribunal superior, sin posibilidad de apelaciones. Se vuelve dos siglos para atrás, con el agravante de que la política ha caído en el descrédito ante el ciudadano, en parte por el olvido de los políticos de su función representativa. Aparece, entonces, la necesidad de cubrir ese enorme espacio vacío con formas de organización de los ciudadanos, que habiendo experimentado los fracasos anteriores, decidan tomar, paulatinamente, en sus propias manos el poder de decisión sobre los destinos comunes.
El parlamento europeo define: «El voluntariado social acaba entendiéndose como un servicio gratuito y desinteresado que nace de la triple conquista de la ciudadanía: como un ejercicio de la autonomía individual, de la participación social y de la solidaridad para con los últimos». Esta red social distribuye el poder en la sociedad de un modo que reafirma el pluralismo político y salvaguarda las libertades de los ciudadanos. Las asociaciones de voluntarios actúan como intermediarias entre el Estado y la ciudadanía, ofreciendo un canal para la participación ciudadana. Ambos papeles (distribución del poder, promoción de la participación) hacen de dichas asociaciones uno de los mejores ejemplos del «principio de subsidiariedad».
La necesidad de una ciudadanía más amplia e inclusiva no es simplemente algo práctico. Implica un debate ideológico y político, al tiempo que un compromiso personal y una asunción de riesgos. En la búsqueda de una justicia comunitaria, se ha de implicar no sólo el/la voluntario/a, sino también su organización. La red de asociaciones de voluntarios tiene el irrenunciable deber de reflejar estas experiencias concretas, transmitirlas a la sociedad y pedir las medidas sociales y jurídicas que respondan a las necesidades de los más desfavorecidos. La acción voluntaria, si quiere ser ética, no sólo ha de caminar con las víctimas, sino que ha de tener a su favor la convicción de la necesidad de cambio. En nuestra sociedad, el compromiso con la justicia social es la piedra de toque de la credibilidad, tanto de las personas voluntarias como de sus instituciones.

Está bien, pero falta bastante

En esta página, en diversas oportunidades, he defendido a nuestra actual presidenta. Sobre todo cuando se ponía en duda su capacidad para gobernar. No porque yo tuviera certeza de que tiene una capacidad probada, sino porque me parecía percibir que se colaba en las críticas un aire machista muy bien encubierto. A esto debe agregarse un dato que me sorprendió, sobre todo por quienes hacían este análisis: se habló después de las elecciones de un voto “gorila”, palabra casi en desuso. Estos dos aspectos, de la realidad social y política de nuestro tiempo, merecen una reflexión más detenida que, por ahora, se la cedo al lector.
Yo me he dicho que los cuatro años anteriores tienen logros que no se pueden ocultar. Para quienes se resisten a ello los invito a hacer un ejercicio intelectual: colóquense mentalmente en el 2002 y traten de recordar los pronósticos que se hacían desde los distintos ámbitos del arco político. Luego compárese con el estado actual de cosas. Sé que van a aparecer los que digan que nos ha tocado una situación internacional muy ventajosa que ha favorecido el logro de esos resultados. Bien, aceptémoslo. Ahora hagamos un segundo ejercicio: coloquemos en la presidencia a cualquiera de los contendientes del 2003 e imaginemos los resultados que hoy veríamos. Si les da igual o mejor no sigan leyendo estas líneas, es muy poco de lo que podemos hablar. Esto no significa acreditar todos los méritos al presidente saliente, pero…
Llegados a este punto volvamos a la situación en que nos encontramos y a nuestra presidenta. Yo voy a decir, y me preparo para recibir tomates (a pesar del precio que tuvieron) más otras hortalizas por la cabeza, que valorando su capacidad intelectual y su formación hace décadas que no tenemos a alguien de este calibre sentado en el sillón presidencial. Lo demuestra en cada intervención que le toca hacer uso de la palabra, y ¡cómo la usa! No es sólo una cuestión de oratoria, también la exposición doctrinaria que hace de los temas que aborda, comenzando por su mensaje a la Asamblea. Todo ello está hablando de capacidad de estadista.
Claro, falta nada más que ponga en realizaciones todo lo que promete, ¡nada más y nada menos! Y entonces, estaremos allí con mejores elementos en la mano para completar el juicio. Debemos acordar que venimos “saliendo del infierno” y que un camino de esta naturaleza no es ni sencillo ni corto. Pero, en algún momento se tiene que acabar. Empezaremos a remontar la cuesta del crecimiento, que no debe ser entendido solamente como económico, es mucho más importante que recuperemos la honestidad, la responsabilidad, la solidaridad, la equidad, el asumir y cumplir nuestros deberes, y asentarnos sobre la defensa de nuestra cultura nacional. Y esto vale para todos los “hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino”. Porque sólo así tendremos el derecho de reclamar, denunciar, exigir que nuestros “representantes” cumplan con lo suyo.
Del camino del infierno todavía nos falta bastante. Porque hoy podemos oír a nuestros comerciantes contentos hablar de cómo ha aumentado el consumo, y esto es bueno, habla de un mayor poder adquisitivo. Pero, ¿para cuántos? Paralelamente al crecimiento de la producción y de las ventas ¿se sigue ampliando la brecha entre los que más tienen y los que menos tienen? Si es así ¿cómo se explica esto? Entonces, Sra. Presidenta a seguir avanzando, pero incluyendo a todos o, por lo menos por ahora, a muchos de los más necesitados. Todo ello ¡Por un mejor 2008!

Educación, responsabilidad de todos

En el curso de una semana apareció el tema e la educación con un subrayado interesante. Primero, la presidenta lo incluyó en su discurso de asunción del mando ante la Asamblea Legislativa. Allí hizo un señalamiento respecto de dónde había estudiado la pareja presidencial que puede ser considerada como una afirmación de principios: “somos hijos de trabajadores y él es Presidente y yo soy Presidenta; somos eso, producto de la educación pública”. De modo que coloca en un primer plano a este tipo de educación en tiempos en los que se habla tan mal de la función que se realiza. Pero agregó de inmediato: “Pero también quiero decir que aquella educación pública no es la de hoy. Yo me eduqué en una escuela donde había clases todos los días, donde los maestros sabían más que los alumnos, donde nosotros teníamos que estudiar todo el día para poder aprobar y pasar, porque creíamos en el esfuerzo, porque creíamos en el sacrificio”.
Esto debe ser tomado, en mi opinión, como un punto de partida para la discusión del problema educativo. Porque yo encuentro una recurrencia en afirmar que la educación es un problema de presupuesto, como si con más dinero solamente se resolviera el estado de la educación actual. “Porque no hay financiamiento estatal que valga. Podemos destinar no seis puntos del Producto Bruto, podemos destinar diez, pero si no hay capacitación y formación docente, si los alumnos no estudian, si la familia no se hace cargo, en fin si todos no trabajamos y nos esforzamos y cooperamos en lograr el bien común, va a ser muy difícil no solamente lograr una mejor calidad de educación sino también seguramente un mejor país”.
Me pareció un acto de sinceramiento del problema al colocar los factores intervinientes y las diferentes responsabilidades que se debe asumir. El Estado deberá poner el dinero necesario, los docentes deberán incorporar las capacitaciones necesarias que financiará el Estado, pero además, y esto lo digo como docente de treinta y cinco años de experiencia, también deberán recuperar una vocación que muchas veces no se la ve en ellos. Con gremios excesivamente sindicalizados, quiero decir que centra sus luchas en el tema salarial, que son necesarias pero no suficientes. Debieran encontrar otros modos de protesta que el simple paro que perjudica al alumno y convierte a los padres en rehenes. No aparecen de las organizaciones gremiales propuestas de cursos de capacitación, estudio, debate, etc.
Para ello “entonces todos los que formamos y forman parte de la escuela pública debemos encontrar formas dignas de lucha por los derechos que cada uno tiene pero esencialmente defendiendo con inteligencia a la escuela pública”. Porque los padres que tienen dinero resuelven por el lado de la escuela privada, pero ella no es mejor que la pública, sólo asegura más días de clases, pero ello no alcanza.
Preguntado el ministro de educación sobre las palabras de la presidenta que defendió la vieja escuela dijo: “Lo que ella quiso decir es que efectivamente el maestro no es lo mismo que el alumno. ¿Qué quiere decir hoy saber más? No es que sea el poseedor de la información, porque la información hoy se puede transmitir por muchas modalidades. Lo que el maestro tiene que saber más es en valores y tiene que transmitir algunos valores porque es el adulto y el alumno es el joven… El aprendizaje es asimétrico y esta verdad hay que sostenerla… Si queremos una sociedad justa tenemos entonces que traducir esta idea de justicia en términos concretos: tenemos que aprender a convivir con el otro, a resolver nuestros conflictos por vía no violenta, a respetar al diferente. Acá reside la diferencia con la escuela anterior”.
Si la presidenta y el ministro lo tienen claro, llegó la hora de las realizaciones. Pero la de todos: padres, hijos, maestros, funcionarios, dirigentes políticos, etc. Así será posible avanzar, caso contrario deberemos llorar sobre la leche derramada, pero asumir que hemos ayudado a derramarla.

Hablar no es fácil

Hace unos seis meses escribí una nota en la que llamaba la atención del “distinguido público” respecto a las reflexiones, notablemente “sesudas”, referidas a las capacidades que podría tener una mujer, y no cualquier mujer, para ejercer la Presidencia de la Nación. Si la persona que estuviera en cuestión fuera Valeria Mazza (con todo respeto, como se dice cuando uno va a faltarle el respeto a alguien), o lo mismo da Moria Casán, etc. el tema podría ser sometido a debate. Si Gran Hermano y Tinelli tienen el público que tienen, si Macri ganó en Buenos Aires, uno debería aceptar que “hay gusto para todo”, como afirma la sabiduría popular.
Decía yo, en aquella oportunidad, que un debate de tal calibre debería imponerse la totalidad de la ciudadanía cada vez que enfrentemos una elección presidencial, y ¿por qué no de las otras? Sin embargo, hemos tenido cada presidente que “supimos conseguir” que no da para hacernos los inteligentes y exquisitos. Pero si saqué a relucir la cuestión de género es porque la candidata de aquel entonces estaba recibiendo un trato que no se le había dispensado a otras que también lo fueron y hasta a algunas de ellas que fueron elegidas. Ruego hacer un ejercicio de memoria histórica y colocar a cada quien en su casillero. Entonces, el problema residía para mí en las condiciones de cualquier candidato, por ello escribía:
“Por lo que creo que deberíamos centrarnos en qué piensa, qué dice que va a hacer, qué propone. Y cuando se escribe, se habla por radio o televisión, tanto sobre este tema lo que no aparece es lo que voy a proponer: a) que se le revise el “currículum” (o como se deba llamar) a todo candidato a la presidencia, b) que se le tome luego un test de inteligencia y un examen de conocimientos generales, c) que redacte ante un jurado, debidamente seleccionado, una mínima monografía sobre por qué cree que tiene condiciones para ser presidente, y d) que se habilite a presentarse a elecciones a los que hayan aprobado. Y dejemos de lado si es hombre o es mujer”.
Ha pasado el tiempo y aquella candidata se ha sentado ahora en el Sillón de Rivadavia (con perdón de la palabra). No sólo se ha sentado, antes de ello, ha tenido el coraje de dirigirse a la Asamblea Legislativa sin un papel en la mano e improvisar su discurso de asunción del mando, como le dicen. Y, para colmo, tuvo la osadía de improvisar una pieza oratoria de calidad tal que si fuera condición para sumir el sillón hubiera quedado vacante muchísimas veces. Y, para completarla, esa pieza oratoria tocó temas cruciales con una profundidad doctrinaria digna de más de una cátedra.
¿Por qué vuelvo sobre el tema de esta mujer? Porque debo decir, como viejo docente, que en un final yo le hubiera puesto 10 (diez) Felicitado! No faltarán las voces de siempre que me dirán “hablar es fácil”, el problema es si es capaz de hacerlo. Primero, debo decir a tal opinador que hablar no es fácil, si no póngase Ud. a hablar 45 minutos, con coherencia, con conocimiento del tema, con la certeza que sólo da la convicción profunda y luego seguimos avanzando. Segundo, lo que sea capaz de hacer sólo depende de ella en parte, la otra depende de todos nosotros. Pero si Ud. es uno de esos que va a la cancha de fútbol a criticar como juega su equipo y Ud. nunca patió una pelota, y sin embargo, ello no lo inhibe para que arme y desarme el equipo varias veces proponiendo idealidades irrealizables, todo lo que pueda hacer le parecerá defectuoso. No estoy seguro de haber sido claro. Bien: llegó la hora de que ella cumpla con lo dicho.