Mirando al mundo LXXXII– De qué se trata la posverdad – 8-11-17

Volviendo al tema de la posverdad que no parece ser tomado en serio por parte de aquellos que pueden ser considerados sensatos. El problema es que este concepto, la posverdad, apareció en los medios de comunicación como referencia a un fenómeno que ellos parecen denunciar. En esos medios, como es obvio y evidente, no abundan investigadores académicos, pensadores prestigiosos, por el contrario se caracterizan por estar en manos de “gente superficial poco confiable”.

El novedosos concepto es muy poco consistente, evidentemente hipócrita, pero con pretensiones de alta filosofía para lo cual no reúne las condiciones necesarias. La escritora, periodista y política española, Irene Lozano parece haberlo comprendido de ese modo, por el tono de su comentario:

¡Qué concepto tan elegante. Nunca el ocultismo tuvo un nombre tan hermoso. Nunca soñó con ver edulcorada su naturaleza hasta hacerla respetable! Consagrada como palabra del año, sólo nos explica que el mundo se ha vuelto ininteligible.

¿Por qué dice esto? Porque la palabra fue elevada a “estrella” como “La palabra del año”, nada memos que por el Diccionario, que publica la prestigiosa Universidad de Oxford (Gran Bretaña). Acompañó la presentación con comentarios muy interesantes, así como sorprendentes. Respecto de este nuevo vocablo afirmó:

Con el neologismo post-truth se denomina en inglés lo relativo a las circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal, a la hora de modelar la opinión pública. Esto se verifica en los cambios del lenguaje público que muestran que la palabra pasó de ocupar un lugar periférico, en el uso cotidiano, a ser eje de los comentarios políticos. La importancia fundamental de ella no es lo que dice sino lo que denuncia, respecto de la condición corrompida y corruptora en la que se encuentra la opinión pública. A la vez, asume que la verdad ya no importa por lo que la comunicación, como consecuencia de ello, ha entrado en una era que comienza a definirse por haber dejado atrás el valor de la verdad política.

La traducción de la palabra inglesa por el vocablo castellano posverdad tuvo aceptación entre los especialistas que comentaron:

El prefijo post– forma numerosos derivados en los que no solo añade el significado de ‘detrás’ o ‘después de’, sino que aporta la idea de que lo que queda atrás está, de algún modo, superado o que deja de ser relevante.

Volvamos a la nota de Irene Lozano y a sus ironías:

Se diría que antes éramos Denis Diderot[1] (1713-1784) y ahora nos hemos convertido en Homero Simpson. Sospecho que la cosa es más complicada. La verdad y la mentira en todas sus formas han convivido a lo largo de la historia. Lo que caracteriza nuestro tiempo no es el triunfo de la mentira, sino el fin de la herencia ilustrada, acompañado de un profundo desprecio al logos, a las herramientas de la razón.

Si analizamos el ámbito en el cual este concepto comenzó a ser utilizado, Europa, se puede pensar que es la toma de conciencia de algo que se venía incubando desde hace décadas. Irene Lozano señala como una de las causas un fenómeno cultural de Occidente que surgió en esa región como respuesta a las consecuencias de la segunda posguerra: al desánimo, a las desilusiones, a la pérdida de confianza en la razón, y el desentendimiento del mundo, etc.

Entonces la cuestión no es solamente que la gente haya creído las mentiras del discurso de los medios. De hecho, creímos vivir en una democracia basada en la libertad de la opinión pública, la deliberación y el debate libre de ideas, para beneficio de todos. En esta democracia todo ello fue violado permanentemente. Hoy, por el contrario, la realidad que nos describen los medios se ha convertido en una lluvia de imágenes incoherentes. Esta falta de verdad revela la magnitud de la hipocresía del periodismo que no nos ayuda a entender nuestra época. Esto no es nuevo, pues ya ocurría antes de que se hablara de la posverdad.

Agrega nuestra escritora:

Si las noticias se han convertido en un magma sin significado, esto sólo puede querer decir que los medios están haciendo mal su trabajo. Así, cuando la lluvia de imágenes se disuelve, el ciudadano de a pie se queda sin un criterio ni una comprensión de la realidad, sino con un malestar difuso, una incertidumbre que constituye el campo abonado para la superstición y la mentira. Lo realmente alarmante es que muchos periodistas, científicos, académicos, parecen haber abandonado la idea de que exista una realidad que es posible contar o conocer. Por eso es urgente volcarse en el empeño, también enunciado por Orwell de “restaurar lo obvio”. Esa restauración, para tener éxito, habrá de empezar en el ámbito de la cultura.

[1] Fue una figura decisiva de la Ilustración como escritor, filósofo y enciclopedista francés.

Mirando al mundo LXXXII– De qué se trata la posverdad– 1-11-17

Como una prueba clara de posverdad periodística, retomaré los análisis que había comenzado en una columna anterior, a partir del libro del escritor estadounidense Darrell Huff (1913-2001) quien publicó un libro con un título sorprendente: Cómo mentir con estadísticas (1954). Y revisaré como se refleja lo que se podría definir como enseñanzas-denuncias que el autor desarrolla en sus páginas. Recurro a un artículo que publica el diario Clarín el 22-9-2017 con el título ¿Se compran menos fideos y más televisores? Que puede haber pasado desapercibido por aquel tipo de lectores que calificaré como ingenuos, en el sentido original de la palabra. Coloco aquí ese significado para evitar malas interpretaciones:

Ingenuidad se refiere a los rasgos nobles innatos de una persona; que es sincera, candorosa y sin doblez y actúa sin tener en cuenta la posible maldad de una persona o la complejidad de una situación.

Aclarado esto, debo decir que salvo aquellas personas que tienen algún entrenamiento en la utilización de una lectura crítica, la gran mayoría de los consumidores de información caben en la categoría descripta. El periodista comienza así:

«Empecemos con algunos datos duros de la consultora Kantar. En agosto, el consumo de la canasta de 140 productos, alimentos envasados, lácteos, productos de tocador y de limpieza, retrocedió 2%. ¿se debe esto a un problema de poder adquisitivo? Es difícil responderlo de manera directa… Porque están aumentando otros consumos, como autos, motos, electrodomésticos”, dice el consultor de consumo Guillermo Oliveto. Esta semana, la consultora Ecolatina difundió un estudio que demuestra que las ventas de electrodomésticos, crecieron 3,7% en el primer semestre. También crecen los viajes: 15% en pasajeros que gastan un  35%  más. ¿La gente compra televisores y deja de comprar fideos?».

Se le podría preguntar al señor Oliveto ¿cuál es “la gente” que compra fideos y cuál es “la gente” que compra televisores, viaja y gasta más? ¿No habrá que hacer allí una desagregación de sectores sociales tomando en cuenta sus ingresos, lo cual podría mostrar las posibilidades de compra determinadas por el poder adquisitivo? ¿Ese análisis no permitiría despejar la difícil incógnita planteada en el título? Ayudemos al redactor de la noticia tan desconcertante con esta propuesta: “Hay “gente” cuyos ingresos están cerca del límite de la canasta de pobreza y compra fideos y hay otra “gente” cuyos ingresos pueden estar por encima de los $ 50.000 y consumen lo que parece presentarse como un misterio.

Pero, claro, son modos de ver, se podría decir que hay matrices de pensamiento diversas. Para aportar una aclaración el señor Oliveto le presentó al periodista la explicación siguiente que él anota:

La síntesis del analista es la siguiente: “El consumidor está reacomodando su billetera y se están estableciendo nuevos  paradigmas”. Hubo un primer gran salto el año pasado, que fue la suba de tarifas, que melló la capacidad de compra y planteó nuevas prioridades. Pero en este 2017 hay otro eje nuevo que está moviendo el dial: el crédito hipotecario. “Está haciendo cambiar los plazos en los que se piensa -añade Oliveto-. Se pasa del presente al futuro, se mira más hacia adelante. Como si fuéramos ahora más sajones y menos latinos al comprar”.

Debo decir: ante el aporte epistemológico (parte de la filosofía que estudia los principios, fundamentos, extensión y métodos del conocimiento humano) que parece manejar el señor Oliveto, más el agregado de algunas definiciones de distintos perfiles de las culturas a las que hace referencia: sajones y latinos. Debo reconocer que las críticas que he escrito, más arriba, han sido muy miopes. No he sido capaz de introducir sus modos de análisis ni sus conocimientos de la antropología que él posee, que aportan un nivel de análisis mucho más profundo. Los pobres, por ser latinos, compran pensando en lo que puede comer cada  día: fideos. Los de más altos ingresos, con una mentalidad superior sajona, están pensando en el largo plazo.

Ahora estamos en condiciones de responder a lo que el señor Oliveto declaró como una imposibilidad de explicar por qué ¿Se compran menos fideos y más televisores?

 

 

 

Mirando al mundo LXXXI– De qué se trata la posverdad – 25-10-17

El tema del coaching, como toda palabra o concepto novedoso –la posverdad como ejemplo– que cae en manos de la fauna mediática comienza a utilizarse con una libertad interpretativa, que no es el resultado de la profundidad de los análisis realizados. Por el contrario, es esa liberalidad (o tal vez impunidad) la que parece autorizarlos a decir cualquier cosa, estrujando los conceptos, exprimiéndolos, hasta atribuirles significados de lo más variados. En otras palabras, hasta vaciarlos de todo contenido.  Dice la definición de wikipedia:

El coaching, anglicismo que procede del verbo inglés to coach, «entrenar») es un método que consiste en acompañar, instruir y entrenar a una persona o a un grupo de ellas, con el objetivo de conseguir cumplir metas o desarrollar habilidades específicas. Si bien el término coach tiene una procedencia directa desde el ámbito deportivo, es en el contexto empresarial y personal donde se conoce por coaching: el proceso interactivo y transparente mediante el cual el coach o entrenador y la persona o grupo implicados en dicho proceso buscan el camino más eficaz para alcanzar los objetivos fijados usando sus propios recursos y habilidades.

Lo que se desprende de esta definición es que se trata de una técnica mediante la cual se ofrece un acompañamiento profesional, una especie de pedagogía, entendida como: «Práctica educativa o método de enseñanza en un terreno determinado». Que puede ir acompañada por una  didáctica que aporta las técnicas y métodos pasibles de ser aplicados en cada caso específico.

Continúa wikipedia definiendo las personas dentro de la empresa que podrían comenzar este entrenamiento:

El entrenador (coach) se compromete con la persona a entrenar en un acuerdo de colaboración, estableciendo unos objetivos concretos y diseñando un plan de acción que les permita alcanzarlos dentro de los plazos establecidos. Este plan fijará una serie de encuentros entre los intervinientes que permitan conseguir la finalidad prevista, acompañado de otro conjunto de actividades destinadas a mejorar aspectos concretos de la persona en entrenamiento. Por lo tanto, para lograr el mejor resultado el entrenador debe tener un conocimiento profundo del puesto de trabajo desarrollado por el entrenado y de la forma en que este puesto se relaciona con los objetivos de la organización.

La página www.integridadpolitica.com avanza en la definición, dada la aplicación al mundo de la política, preguntándose: ¿Qué es el Coaching Político? Prestemos atención a las especificaciones con que precisa su posible aplicación a esta particular circunstancia:

El Coaching político es un entrenamiento personalizado y confidencial llevado a cabo por un asesor especializado (coach). El principal objetivo en este proceso de coaching es avanzar y conseguir aquello a lo que se aspira. Es una relación profesional con otra persona que aceptará sólo lo mejor de ella, le aconsejará, le guiará y estimulará para que vaya más allá de sus limitaciones para desarrollar el 100%  de su potencial.

Podemos ahora avanzar sobre lo que se podría titular: Las posibilidades de la corrupción o la malversación de la profesión del coach.

En la página www.compolitica.com (1-6-17) aparece una nota con un título llamativo y desconcertante: Políticos ¿Desechables? ¿Reutilizables? o ¿Personas? El autor inicia una reflexión sobre el coaching político partiendo de una referencia a una película Expertos en crisis. En ella la protagonista (Sandra Bullock) muestra su capacidad de mostrar su trabajo:

«Hacer ganar a su candidato cueste lo que cueste, a pesar de las dudas acerca de si el hombre para quien trabaja es realmente el mejor para ocupar el cargo».

Cita el autor de la nota una afirmación de la protagonista como ejemplo de:

La verdad es relativa. En política lo que se dice al electorado es la verdad y el que tiene más dinero es el que manda. Se cree, erróneamente, que para ser político el posible candidato debe ser de otra pasta, desarrollar otros valores, habilidades y competencias que hagan el camino más transitable. No es cierto. Cualquiera puede serlo si acepta nuestra conducción en la campaña.

Es una prueba clara de su cinismo. Expresa con claridad hasta dónde puede llegar la distorsión de los objetivos originarios del coaching cuando se interpone “el dinero que manda”.

Reflexión final: el riesgo no está en la herramienta sino en las manos de quien la utiliza. El origen del coaching pretendía ser una técnica reparadora, terapéutica, para ayudar a la realización personal dentro del ámbito empresarial: desarrollar lo que su perfil personal anuncia. Por el contrario, en su utilización política electoral el objetivo es: convertir a un candidato en un producto comercializable, cuyo packaging ofrezca más que su contenido.

 

Mirando al mundo LXXX– De qué se trata la posverdad  – 18-10-17

 El escritor estadounidense Darrell Huff (1913-2001) publicó un libro con un título sorprendente: Cómo mentir con estadísticas (1954), fue el más vendido sobre el tema en la segunda mitad del siglo XX. El autor comentaba en su introducción:

El lenguaje secreto de las estadísticas, tan atractivo en una cultura a la que le importan mucho los hechos, se emplea de manera sensacionalista, para exagerar, confundir y simplificar en exceso. Los métodos estadísticos y la terminología son necesarios para informar sobre los datos masivos de las tendencias sociales y económicas… Pero quienes las utilicen deben hacerlo con honradez y precisión, y los lectores deben saber lo que significan, sino el resultado no será más que puro palabrerío sin sentido alguno.

Respecto del libro decía la editorial en su lanzamiento:

Lo que estas páginas, escritas con ingenio y humor, nos ofrecen es, en realidad, un curso de sentido común para aprender a descubrir las artimañas con las que cada día pretenden engañarnos los medios de comunicación, los políticos, la publicidad, manipulando cifras y gráficas… Lo que aquí se nos cuenta resulta divertido; pero es bueno tomarlo en serio, porque, como nos dice el autor, “los desaprensivos ya conocen estos trucos; los hombres honrados deben aprenderlos en defensa propia”.

El problema del manejo de las estadísticas no es nuevo, sin embargo, tal vez nunca como  ahora se han manipulado tanto los datos para hacerles decir cosas increíbles e inaceptables. El Doctor Michael R. Krätke, Profesor de Política Económica y Derecho en la Universidad de Ámsterdam y Director del Instituto de Estudios Superiores de la Universidad de Lancaster (Reino Unido), hace una descripción de los posibles actores del juego del manejo estadístico:

“Un populista es quien cuenta a la gente lo que ésta quiere oír y despierta falsas esperanzas y juega sin escrúpulos con los miedos de otros. Un bobo peligroso es quien cree en las propias mentiras y toma por remedios las brujerías de los charlatanes. Un aguafiestas es quien llama mentira a la mentira. Un buen ciudadano es quien no se deja tomar el pelo por la prepotencia de algunos. ¿Cómo se miente con estadísticas? Un gran título para un curso que debería ser obligatorio para los economistas, los científicos sociales y los periodistas, pero no se imparte, por regla general, en las universidades”.

Desde siglos anteriores se han dicho cosas sobre las estadísticas: una definición famosa la expresó Benjamín Disraeli (1804-1881), fue dos veces primer ministro del Reino Unido, dijo: “se puede mentir afirmando cosas falsas o diciendo sólo una parte de la verdad, o estadísticamente”. Lo curioso es que esta cita aparece con frecuencia en los libros de estadística… Podemos decir, entonces, que la estadística, como toda herramienta, no comete errores por sí misma: los errores y las mentiras son responsabilidad de quienes las usan, o de quienes repiten, sin revisar críticamente esos resultados, lo que otros afirman. Afirma un especialista:

Hoy vivimos en un mundo saturado de estadísticas, ejércitos de investigadores se dedican a la recolección de datos y a sacar conclusiones de ellos… Debo agregar que, en tiempos de la posverdad, ya no importa si el resultado corresponde o no a una verdad, lo fundamental ahora es que sea útil para demostrar lo que se desea, sea lo que fuere.

Veamos esta información publicada por la Universidad de Carolina del Norte (EEUU) como promoción de la calidad de sus enseñanzas, decía así:

«Los estudiantes de Geografía de esta Universidad son los que logran el salario promedio más alto al licenciarse, muy por encima del que perciben los egresados de las otras facultades».

La afirmación estaba basada en el promedio de los ingresos de la totalidad de sus egresados, en sí misma era verdadera… pero cuando se analizaron los datos estadísticos con los cuales se realizó el estudio aparece algo que alteraba el resultado:

En ese centro de estudios se licenció en Geografía el basquetbolista de la NBA Michael Jordan, gracias a una beca deportiva. Obviamente, las cifras astronómicas que cobraba como jugador desvirtuaban la realidad de los salarios del resto de alumnos. «La mayoría ganaba 40.000 dólares al año, pero solo uno ganaba 500 millones».

La universidad no había mentido, el promedio era superior al resto de los egresados. El hecho de que Jordan hubiera egresado de allí enorgullecía a esa institución por ello no lo ocultaban, por el contrario, era un elemento publicitario excelente. Simplemente no habían hecho mención a la diferencia que significaba computar sus ingresos en el promedio. Mintieron diciendo la verdad.

Mirando al mundo LXXVIII– De qué se trata la posverdad –4-10-17

 Si tomamos la década de los cuarenta, cuando se estrenó la película El Ciudadano Kane (1941) en la que el actor estadounidense Orson Welles (1915-1985) interpreta a un personaje que, sin duda, hace referencia a William Randolph Hearst (1863-1951). ¿Quién era este personaje?:

Un periodista, editor, publicista, empresario, inversionista, político y magnate de la prensa y los medios estadounidenses, que emergió como uno de los más poderosos personajes de la escena política y empresarial de dicho país. Llegó a construir uno de los más grandes imperios empresariales de la historia, llegando a poseer en su punto más alto un total de 28 periódicos de circulación nacional, entre otros The Washington Times, The Washington Herald y su periódico principal The San Francisco Examiner, además de diversificarse con la posesión de empresas editoriales, compañías y emisoras radiales, así como revistas, tal es el caso de Cosmopolitan, Town and Country y Harper’s Bazaar, entre muchas otras. Ampliamente conocido por usar los medios como auténticos instrumentos políticos, además de ser el más afamado de los promotores de la prensa amarilla, se valió de generar escándalos y de la manipulación mediática, para lograr que sus intereses comerciales y políticos se viesen beneficiados.

Se puede afirmar sin el menor riesgo de error que las denunciadas realizadas contra las fake news, sólo es una nueva denominación para referirse a lo que son viejas técnicas de información manipulada para el logro de determonados objetivos. A eso se lo ha conocido como prensa amarilla que wikipedia la presenta como:

Prensa amarilla o prensa amarillista es un tipo de periodismo que presenta noticias con titulares llamativos, escandalosos o exagerados para tratar de aumentar sus ventas, aunque por lo general estas noticias no cuenten con ninguna evidencia (o escasas) y sin una investigación bien definida. Este tipo de prensa sensacionalista incluye titulares de catástrofes y gran número de fotografías con información detallada acerca de accidentes, crímenes, adulterios y enredos políticos. En caso de gráfica o en televisión, se caracteriza por usar colores extremadamente saturados, principalmente el rojo y tener su información desorganizada.

Algunos ejemplos de prensa amarillista pueden ser los tabloides ingleses o ejemplos concretos como Crónica​ en Argentina, el Diario Extra​ en Ecuador o La Cuarta en Chile. Todos ellos eran claramente identificados por el lector que no se equivocaba cuando los compraba, pues era precisamente lo que quería leer. Después del Proceso Cívico-militar en la Argentina la actitud de los conocidos hasta entonces como diarios serios, por su campaña de ocultamiento de las atrocidades que se perpetraban por las fuerzas militares, su credibilidad fue cayendo.

El tono general de los grandes medios (prensa escrita, radio, televisión) aliados con importantes grupos internacionales, cuando no socios directos, precipitaron su imagen al punto tal que es muy difícil hoy hacer una clara diferencia entre medios serios y los amarillos. Sus alianzas con los grupos económicos concentrados los han ubicado en defensores de los intereses de las grandes empresas, ocultando las consecuencias para grandes sectores de la población.

Robert Park (1864 –1944) fue un sociólogo urbano estadounidense, y uno de los principales fundadores de la Escuela de Sociología de Chicago explicó que las noticias falsas son un elemento intrínseco de cualquier intento de recuperar una información aceptable. Pablo Boczkowski – Profesor y Director de la Maestría en Ciencias en Liderazgo para Empresas Creativas en la Universidad Northwestern, afirma que:

Como resultado de sus investigaciones se debe aceptar que estamos frente a una transformación de la cultura de la información en la era digital. Lo que denuncia Orson Welles en su película, otros hicieron lo mismo, tanto los que los precedieron y como los que los sucedieron. Además de los empeños deliberados en distorsionar o desinformar, los errores no intencionales detectados por el público -y la sospecha de que podrían existir incluso otros no identificados- han reforzado una postura escéptica entre las audiencias sobre la presunta veracidad de las noticias. Las noticias falsas han existido durante tanto tiempo como las verdaderas… Pero un elemento diferenciador del momento contemporáneo es la existencia de una infraestructura de información con una escala, un alcance y una horizontalidad en los flujos informativos sin precedentes en la historia.

Entonces, vuelve a ser necesario recuperar las reflexiones que he propuesto en columnas anteriores, para proponernos actualizarlas a la luz de las informaciones que hemos publicado en columnas más recientes.

 

Mirando al mundo LXXVII– De qué se trata la posverdad – 27-9-17

 Propongo en esta columna abordar el tema de la construcción de un candidato consultando a profesionales que puedan mostrar un curriculum respetable. Ello quiere decir, en mi opinión, que su palabra esté avalada por sus estudios de formación en instituciones de prestigio y que su carrera profesional puede mostrar su capacidad de análisis y de propuestas.

Alguien que reúne estas condiciones es Ignacio Ramírez, Licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires; Diplomado en Estudios Avanzados en Comunicación, Política y Cultura por la Universidad Complutense de Madrid; Director del Posgrado en Opinión Pública y Comunicación Política en la Facultad Latinoamericana Ciencias Sociales; Analista de opinión pública y consultor político, actualmente Director de la Consultora Ibarómetro.

Consultado respecto de cómo definiría el perfil de un candidato, respondió:

Si bien las lealtades partidarias tradicionales se han debilitado lo cierto es que la escena política latinoamericana es un ámbito efervescente donde los protagonistas son los conflictos, las pasiones, los debates y los desacuerdos político-ideológicos. Es decir, más que de un fin de las ideologías deberíamos hablar de su regreso recargado. Por ello los candidatos y comunicadores deben atender las nuevas agendas y sensibilidades de la ciudadanía, especialmente entre los jóvenes cuyas vidas transcurren en ecosistema simbólicos y de comunicación muy distintos a los más grandes.

Su respuesta es la de un científico social. Se coloca en una actitud de rechazo a lo que yo definiría como liviandades de los consultores que hemos revisado en columnas anteriores, por los modos de abordar el análisis político. Ramírez muestra una actitud más profesional que se trasunta en su descripción sociológica que incluye una definición de la cultura actual. Subraya el universo de los jóvenes como un tema especial que merece un tratamiento diferenciado. Avanza con sus definiciones:

Los candidatos son el principal instrumento de campaña, el cuerpo en el cual se condensa todo un sistema de comunicación, un mensaje. Por lo tanto, es importante que los atributos de su posicionamiento sean coherentes con el conjunto de valores y posiciones que expresa. Hoy más que nunca la comunicación política tiene un desafío paradojal: que los candidatos sean auténticos y no luzcan manufacturados. La Comunicación Política debe potenciar sus virtudes, suavizar sus defectos pero nunca quitarles frescura, audacia.

Se diferencia de los consultores anteriores en que se coloca en una posición de respeto a dos dimensiones del tema:

1.- no menosprecia la calidad del público hacia el que se va a dirigir, lo estudia y diagnostica; 2.-  Define la personalidad del candidato como un punto de partida para el diseño de una campaña y, 3.- señala la paradoja entre la manufacturación de su perfil y la necesidad de que no afecte la “frescura y audacia”, equivale a decir que su presencia sea creíble.

Es decir, no rechaza la necesidad de diseñar un perfil del candidato pero esa tarea debe tener siempre presente su personalidad y las características del público que puede estar atento a su apariencia, ésta debe ser coherente con los valores que propone.

En la exposición de Ignacio Ramírez aparece un modo claro de pensar sostenido por la politología, lo cual evidencia el peso de su formación académica.

El otro consultor que deseo analizar, ofrece también buenos antecedentes, es Alfredo Dávalos, Licenciado en Publicidad graduado en el Instituto de Mercadotecnia y Publicidad en México; Diplomado en Comunicación y Gestión Política por la Universidad Complutense de Madrid,  y por el Centro Avanzado de Comunicación en México. Plante su concepto en estos términos:

Me parece que el trabajo debería de iniciar años antes de que inicie el proceso electoral. Si bien es cierto, no todos los políticos provienen del ámbito político, es importante señalar que muchos políticos vienen del ámbito empresarial, me parece que eso es clave: todo candidato que aspira a una campaña legislativa requiere investigar con tiempo su mercado electoral. Hoy deberíamos tener campañas mucho más ciudadanas, que estén basadas en la cotidianidad de la gente. Yo creo que hoy las campañas legislativas deberían apelar a todos aquellos aspectos que preocupan al ciudadano, que no parezca político y debería contar con un mensaje capaz de emocionar y llegar a tocar las fibras más sensibles de la gente.

Voy a señalar un primer aspecto que creo importante: se nota en este consultor que parte de un marco ideológico diferente. La formación recibida, publicidad y mercadotecnia, se demuestra en el vocabulario que utiliza, es desde dónde parte para pensar lo político reducido a mercado. En Dávalos aparece el concepto de “mercado electoral” y hace mención a que hay una cantidad importante de candidatos que provienen del “ámbito empresarial”.

Me parece importante señalar las diferencias entre ambos consultores, sin dejar de lado que son el producto de marcos culturales diferentes. Argentina tiene un pueblo con una marca de herencias europeas que se manifiestan en gustos y estilos de vida. Hay allí una diferencia respecto de México, y mayor aún con otros países caribeños. Ramírez tiene un mayor respeto por el elector del que han mostrado los anteriores consultores, que evidencian cierto menosprecio y predisposición a ser manipulados sin ocultar sus manejos.

Las formaciones de origen, más las culturas diversas de los públicos en los que han desarrollado sus experiencias definen con claridad los modos y concepciones de sus propuestas.

Esto es muy importante tenerlo en cuenta  dado que estamos recibiendo una importante intromisión de modelos culturales ajenos a nuestra idiosincrasia: la cultura política yanqui con agregados de lo que algunos, con menosprecio, hablan de la latino-americanización de concepciones y métodos de abordar el estudio de los públicos.

Mirando al mundo LXXVI– De qué se trata la posverdad –20-9-17

Como creo que el tema de la posible fabricación de presidentes sobresale en la prensa internacional, como un tema aceptado que no merece la menor crítica. Esto me obliga a decir algunas cosas más al respecto. Me parece inaceptable que un tema como éste, de una importancia mayúscula para vivir en una democracia que se precia de tal, no encuentre la repercusión que merece. Vimos, en columnas anteriores, la autorizada opinión del Doctor Buen Abad Domínguez preguntándose, y preguntándonos, si lo que tenemos se puede denominar democracia, y la respuesta es claramente “no”.

Vamos a remitirnos ahora a un artículo, cuyo título fue Cómo se fabrica un presidente en 1992, publicado en el importante periódico El País de España, hace ya unos veinticinco años. Su autor Antonio Caño (1957), actual Director del periódico, pero que entonces era uno de sus columnistas, trató el tema que nos preocupa. La publicación comienza haciendo referencia a una anécdota:

“Tengo una idea”, dijo de repente Craig Smith cuando los responsables de la campaña de Bill Clinton se estrujaban el cerebro el mes pasado para encontrar la forma de sacar rentabilidad electoral a la negativa de George Bush (padre) a participar en un debate televisivo en Michigan. La idea era sacar una persona disfrazada de gallina a la calle para hacer evidente el mensaje de que el presidente le tenía miedo de Clinton. “Como la cosa funcionó en Michigan”, recuerda hoy Smith, “en los días siguientes llenamos de gallinas todos los mítines republicanos a lo largo del país”.

Queda bien claro que en la utilización de argumentos pre-electorales no se tenía el más mínimo escrúpulo para utilizar lo que fuera tras el objetivo de ganar las elecciones. Debo señalar, y esto no es un simple detalle, que el periodista narra los hechos sin demostrar la más mínima sorpresa: no hace comentario alguno respecto de lo que estaba escribiendo.

Es interesante decir quién es el mencionado Craig Smith: Licenciado en Ciencias de la Universidad Brigham, MBA de la Universidad de Toronto; Presidente y Director Gerente de Marriott International; Responsable de Desarrollo Liderazgo Estratégico de todas las funciones operativas.

El periodista comenta a continuación de la cita anterior:

Craig Smith, director de planificación de la campaña demócrata, confiesa que ése es sólo un ejemplo del enorme esfuerzo de originalidad y organización que hay que hacer para ganar votos en Estados Unidos. En su laboratorio se analiza hasta el último detalle de la fórmula que debe convertir al gobernador de Arkansas, Bill Clinton, en el próximo presidente de Estados Unidos. La fórmula -o lo que se conoce de ella, porque  se mantiene parcialmente bajo secreto- es una cuidadosa- combinación de profesionalidad, entusiasmo, audacia y recursos tecnológicos. Hace tres meses, ninguno de los que la elaboraban, esperaba que los  resultados tuvieran tanto éxito, pero hoy todos hablan con orgullo de cómo han hecho para convertir a un político desconocido en un símbolo de la esperanza.

La admiración del periodista se centra en la capacidad creativa en la campaña que no descarta ningún argumento o maniobra publicitaria para el logro del triunfo. Ganar de cualquier modo es una característica de ese tipo de campaña. Si se llega mediante esos métodos no puede sorprender las cosas que se pueden hacer desde el poder. Continúa el periodista:

Montada la estructura, se trata de “dominar los medios de comunicación”, prosigue Craig Smith. “Nuestro mayor éxito en esta campaña ha sido controlar los informativos locales de televisión que tiene cada ciudad de este país. Para ello tratábamos siempre de crear noticias locales o de desviar nuestro programa político nacional a los intereses precisos de una ciudad concreta. Hemos celebrado cientos de conferencias de prensa para explicar, por ejemplo, nuestra posición sobre el desempleo en Ohio, lo que nos daba el titular del día en Ohio. Cuando queríamos un titular a escala nacional, hablábamos durante días de un tema con todos los periodistas hasta convertirlo en noticia. Una vez que poníamos un tema de moda, bien a nivel local o nacional, hacíamos una encuesta para medir su repercusión; si funcionaba, seguíamos con él; si no, lo retirábamos“.

Si el Jefe de Campaña confiesa que durante su desarrollo se dominaba los medios de comunicación ¿qué no se puede hacer cuando ya se es presidente? De eso se trata la democracia que tenemos, siguiendo el ejemplo del modelo estadounidense.

Mirando al mundo LXXV– De qué se trata la posverdad  –6-9-17

 El análisis del Doctor Buen Abad Domínguez nos obliga a ser más perspicaces en nuestros razonamientos. No dejar que nos arrastre la charlatanería – pido al amigo lector que no se asuste por la terminología— aun aquella que ha sido elaborada en prestigiosos centros académicos del Primer Mundo. Los Think tank son los laboratorios de ideologías que trabajan para alimentar las prédicas para una gran cantidad de escribientes a sueldo. Son estos luego los que se encargan de distribuir por el mundo ese arsenal ideológico. La palabra no es excesiva puesto que se trata de armas de destrucción de las mentes globales. Todo ello tiene un solo propósito: encharcar y enlodar la conciencia colectiva con palabras que aparecen sustentadas por “honorables académicos”, todos muy bien pagos y con puestos relevantes en las universidades y academias del Norte. Esa prédica justifica el orden existente.

Aquellos ciudadanos de a pie que se dejan encandilar con los fuegos de artificios de ese arsenal caen en la trampa tendida. Por tal razón sostiene nuestro filósofo:

Contra la democracia la “novedad” es una “quinta columna” mass media que afinó métodos y tecnologías para taladrar los núcleos más profundos de la voluntad de los pueblos. A partir de allí operar con los dispositivos de guerra psicológica capaces de obligar a las víctimas del capitalismo neoliberal a votar por sus verdugos. Parte de su mejor conquista es convencernos de que esa guerra no existe. Si se la descubre, mostrar sus camuflajes de “entretenimiento” para hacernos creer que es inocua, superflua, divertida e indispensable. ¿Qué democracia es esa que no sanciona a los traidores del pueblo?

Lo que queda dicho nos permite comprender por qué los informativos o noticiosos (use el nombre que más le guste) han ido girando lentamente, en las últimas décadas, desde la seriedad informativa de décadas atrás hacia el infoentertainment – que ha apocopado dos palabras: informativo y entretenimiento–:

A modos novedosos del “show bussines”. Operan como una forma mutante de la farándula. Acuden a todos los recursos atesorados por el show y juegan con ese tipo de “fama” que crea predilecciones -espejismo- más por las fachadas que por las ideas políticas. Crean la política de la anti-política. Política del des-entendimiento, la indiferencia, la abulia y el abandono de toda responsabilidad social a cambio de designar, de la manera más aséptica posible, un “representante” de “buena apariencia” que haga el trabajo sucio necesario para no perder beneficios. Incluso si todo eso no importa, se ignora y aburre. Chantaje de urnas.

Es importante prestar atención al lenguaje y a la aparición de palabras vacías de contenido que funcionan como eslogan: la felicidad, cambio, consenso. Alardean sobre la “honestidad” y la “abundancia”. Todas ellas funcionan  como cuentas de vidrio a cambio de votos:

Engañan de manera profesional e impune. Prometen lo mejor del “bien” amorfo y van por el mundo como paladines del “trabajo eficiente” vendiendo planes de “reforma” (reformismo), “ahorro” (ajuste), “productividad” (reforma laboral) y “educación” como panacea mitológica para conjurar todos los males de todos los tiempos. Eso relatado con televisoras, diarios, radiodifusoras, cines, muros, volantes y “actos públicos”. Dicen que no les gusta la “confrontación”, que “ya basta de peleas” entre políticos, que todo lo pasado ya pasó y que el único futuro son ellos.

Amigo lector, si le sorprende que nuestro filósofo utilice palabras que Ud. está oyendo o leyendo cotidianamente, es porque esas mismas palabras, con las mismas intenciones, son utilizadas en otros tantos países con medios de comunicación, pertenecientes a las mismas cadenas. Su objetivo es enredarlos en una tela de araña que los atrapa–. La debilidad de nuestras democracias, porosas y poco rigurosas, han sido diseñadas para evitar que queden en manos de los pueblos:

Logran una democracia saturada de dinero lavado con intereses sucios, de líderes sospechosos y de ausencia de pueblo. Hay que ver las cifras del ausentismo en las elecciones. Una democracia que sólo se presenta ceremonialmente como trance circense que lo “cambia todo para que nada cambie”. Le llaman “alternancia” pero son los mismos. Siempre los mismos. ¿Qué democracia es esa que se intercambia por bolsas de comida y materiales de construcción?

Si los pueblos viven bajo amenazas explícitas o implícitas; si la extorsión -directa o indirecta- es preámbulo o acompañamiento de la vida diaria; si para emitir sufragios se ha de sufrir todo tipo de ignorancia, desinformación, engaños, demagogias y falacias; si hay acoso, presiones o compra-venta de votos. Si hay cataratas de promesas incumplidas -e incumplibles- a costos de campañas políticas costosísimas… El costo promedio de los votos es un dineral presupuestario sin freno. ¿Qué democracia es esa?

Mirando al mundo LXXIV– De qué se trata la posverdad –6-9-17

Estamos analizando las diversas versiones políticas que se pueden encontrar hoy en el mundo de la posverdad. Ya, en una columna anterior nos preguntamos por el valor del concepto democracia: en su origen etimológico: gobierno o poder del pueblo. Si recordamos la famosa expresión del presidente estadounidense Abraham Lincoln (1809-1865) «El gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo» deberemos volver a preguntarnos ¿qué quedó de todo ello? Es muy difícil hoy, si se es lo suficiente reflexivo, poder utilizar esa palabra para hacer referencia a las formas de gobierno actuales.

Y, lo más grave, es que en el escenario internacional no se ve, con muy pocas excepciones, un país, al que se le pueda asignar ese concepto con algún grado de aproximación. El modelo que vendió Estados Unidos al mundo, reforzado por la publicidad de Hollywood, hizo soñar a mucha gente con irse a vivir a ese país. Hoy, al recordar que después del Atentado a las Torres Gemelas (2001) ambas Cámaras del Congreso votaron la aprobación del Acta patriótica, dice wikipedia:

La Ley Patriota (en inglés PATRIOT Act), es una ley federal de Estados Unidos. Fue aprobada por una abrumadora mayoría tanto por la Cámara de Representantes como por el Senado estadounidense, el presidente de los Estados Unidos George W. Bush la promulgó el 26-8-2001. El objetivo de esta ley es ampliar la capacidad de control del Estado en aras de combatir el terrorismo, mejorando la capacidad de las distintas agencias de seguridad estadounidenses al coordinarlas y dotarlas de mayores poderes de vigilancia contra los delitos de terrorismo. Asimismo la ley también promulgó nuevos delitos y endureció las penas por delitos de terrorismo. Esta ley ha sido fundada en el argumento básico, de que, después de los atentados el pueblo norteamericano debía elegir entre su seguridad y sus derechos constitucionales, optando por restringir estos últimos para garantizar aquella.

Hubo innumerables manifestaciones, dentro y fuera del país, que argumentaron contra su sanción y, después, haber superado su fecha de vigencia el 31-12-2005., condición que no se Fue prorrogada varias veces, estando todavía en vigencia. Entonces, un país que tiene la Constitución nacional suspendida ¿es una democracia?

El Doctor en Filosofía, Fernando Buen Abad Domínguez (1956), Licenciado en Ciencias de la Comunicación, Máster en Filosofía Política y, Rector-fundador de la Universidad de la Filosofía – cito algunos de sus antecedentes para avalar sus afirmaciones–, publicó una artículo que tituló Amenazas de la democracia, democracia de las amenazas – Hay países enteros “secuestrados” por los monopolios mediáticos (1-9-17). Nos invita a reflexionar:

Aunque fueron derrotadas las “dictaduras militares”, operan hoy por adentro de las democracias las tendencias más anti-democráticas. Han logrado imponerse todas las formas del engaño que encontraron ahí terreno fértil para su irresponsabilidad premeditada. Nada hay nada que los obligue a cumplir lo que prometen, nada hay que les limite el exhibirse impúdicamente con sus prontuarios delincuenciales más aberrantes. Nada hay que garantice algún mérito para servir en la solución de los problemas sociales concretos. Por eso, cualquier “inútil”, sin antecedentes puede llegar a las cumbres de la “fama” inflada con artificios de propaganda. ¿Qué democracia es esa que se sustenta en amenazas y golpes de estado contra los pueblos?

En columnas anteriores hemos citado a importantes personajes del mundo del marketing político, en las cuales pudimos ver la desvergüenza de sus afirmaciones, el aire académico con el cual intentaban adornar sus ridículos argumentos y, lo que es mucho peor, el embozado desprecio por la gente común, los ciudadanos de a pié a quienes intentan seducir con sus juegos perversos.

Mirando al mundo LXXIII– De qué se trata la posverdad –30-8-17

La periodista Tania L. Montalvo, para avanzar en su investigación sobre la construcción de un candidato entrevistó otro consultor, especializado en el tema, Carlos Castañeda de la de Central de Estrategias Políticas, quien sostiene que el tema exige una capacitación especializada y una larga experiencia en la materia:

 “Todos nos sentimos con la capacidad de evaluar la personalidad de alguien, decidir si nos cae bien o no o si de vista confiamos. En cambio, no todos somos capaces de decidir sobre políticas públicas en materia de economía”.

Su modo de exponer se basa en ejemplos sencillos:

La base de la comunicación política se puede entender con un principio básico de las bienes raíces: Si quieres comprar una casa te van a preguntar: ¿dónde la querés? Lo más importante es el lugar, pues de eso depende el precio, el tipo de casa, con qué características. Lo mismo ocurre con un candidato: dime en qué lugar va a competir, con quiénes va a interactuar y te digo qué características debe tener”.

La investigación sobre quién va a votar es el primer y el más importante momento de la metodología para construir a un candidato, pero los consultores coinciden en que armar una estrategia requiere de mucho más. Denominan a esta tarea “Pulir el diamante”.

Continúa con la etapa de diseño de la estrategia en la que se decidirán desde los slogans hasta las claves para una sesión de preguntas y respuestas, otra de producción y la final, de evaluación, para determinar si hay algo que cambiar durante la campaña política en curso. Pero, además, dentro de la metodología se trabaja con los candidatos en cinco áreas: la psicológica, social, física, mediática y relacional. El objetivo es identificar quién es la persona detrás del candidato, tener un perfil que incluya sus ideales, costumbres, formación, habilidades, capacidades, debilidades; pero también conocer en profundidad con quién se relaciona: nexos familiares, amistades, y hasta su pasado incómodo.

Alfredo Paredes, CEO de Capitol Consulting & Communication, ha asesorado a más de 400 candidatos en los últimos 15 años, agrega otros pasos al proceso de construcción:

“Es necesario saber ¡quiénes fueron sus exnovias! y para eso debemos hacer una investigación privada. El candidato no puede sorprendernos, debemos conocerlo todo sobre él. En esta parte de conocer al candidato es donde entra la cuestión ética de cada una de las empresas y consultores de imagen pública. Suele haber tres causales de negativa a trabajar con un candidato, a las cuáles se llega tras este análisis de perfil: vínculos con la delincuencia, un tema de adicciones o inestabilidad psicológica y corrupción”.

En el análisis de quién es un candidato incluye también el cómo se ve y cuánto afectará en la percepción del electorado que sea de determinadas características físicas, que se vista de una manera o que traspire cuando habla en público. Mucha gente puede considerar que esta parte del trabajo es dónde aparece lo frívolo del marketing político, Carlos Castañeda lo defiende con estas palabras:

“No hay nada superficial en el trabajo de construcción de un candidato, todo cuenta a la hora que un elector decide. Si va a decidir en función de que el candidato es más cercano o no, ¡tenemos que hacerlo cercano! Si va a mítines en comunidades indígenas de corbata, no va a tener nada de cercano. Entonces deja de ser superficial cambiarle el traje o la ropa porque es necesario construir una relación con el elector y al construirla tiene que acercarse a él de una forma que incluye el cómo se ve y qué viste. La gente mira la imagen. ¿Cómo se ve? ¿si está cansado? Pues eso es fundamental para elegirlo”.

Todos estos aspectos pesan en la elección de un candidato aunque parezca un poco simplista pues la estrategia de imagen pública para estar bien hecha y que rinda frutos debe ir mucho más allá.

Si sólo hay forma y no fondo, se trata de engañar y puedes engañar a través de la construcción de un candidato, sí. Pero va a carecer de sustento y cuando la gente se dé cuenta de que no es cierto, ese candidato se va a caer”.

Los consultores afirman que mucho de lo que vemos como electorado no es lo que parece, aseguran que se enfrentan al problema que el 95% no conoce la plataforma del partido, cuándo se fundó o cuáles son sus propuestas.

Entonces aparece la pregunta ¿Y cuánto cuesta todo esto? El consultor Álvaro Gordoa explica:

Nunca será lo mismo diseñar una estrategia de imagen pública para un candidato presidencial que para un diputado federal o un alcalde. Cada una requerirá un número distinto de horas de trabajo y de equipo humano. En una campaña política se necesita un consultor, que es el que actúa como el director de orquesta, pero también otros consultores de apoyo entre juniors y masters. El consultor junior está entre los 20 y 50 dólares por hora. Un máster, que ya tiene experiencia comprobada y grado de maestría, entre 50 y 100 dólares y un consultor senior, que va a tener mínimo 10 años de experiencia comprobada, debe recibir entre 250 y hasta 1,000 dólares la hora”.