Mirando al mundo XLVI– De qué se trata la posverdad – columna Nº 96 –22-2-17

Otro aspecto del tema de la posverdad, que no puede ser ignorado, es el grado de hipocresía que contiene la mayor parte de los comentarios en torno a ella, que ya he analizado en columnas anteriores. O, para ser un poco más piadoso, la ignorancia que demuestran esa cantidad de opinólogos, aparentemente bien rentados, que ha invadido el espacio virtual de la información. En muchos de ellos se perciben las limitaciones cuando hablan o escriben, los otros por responder a intereses de todo tipo. Tanto unos como los otros tienen son responsables por peso enorme que todo ello ejerce sobre la conciencia de los receptores de esos mensajes.

Lo fundamental y necesario en este caso es atreverse a dar una explicación o una respuesta verosímil respecto de las posibles causas que han dado lugar a todo este proceso. Haciendo una debida aclaración: los intentos que propongo son una propuesta de aproximación a un tema que viene de muy atrás de la Historia, que es extremadamente complejo por la gran variedad de causas que desembocan en esta realidad de hoy. Sólo unos ejemplos: desde la incorporación del derecho a la propiedad privada hace unos seis o siete mil años  ─ sobre el cual se privó a las mayorías del acceso a los bienes sociales─ hasta la instauración de un orden capitalista, siglo XVIII, convertido en globalización financiera a mediados del siglo XX, por el cual tenemos ahora un 1% de personas que tiene tanto como el resto el resto de los humanos.

Se me objetará que estos ejemplos parecen muy alejados de nuestro tema. Debo contestar: no, sin esos capítulos previos de la historia difícilmente estaríamos ahora pensado la aparición de la gran cantidad de comentarios en la prensa internacional. Por ello, más arriba, hablé de hipocresías y/o ignorancias. Se desvaloriza la verdad para que todo sea aceptable.

Abordar las complejidades del mundo de hoy, quedándonos en la descripción de lo que aparece en la superficie, sin buscar las causas que subyacen nos convierte en espectadores pasivos y consumidores de la posverdad. Como tales sólo nos queda aplaudir o quejarnos sin mayores posibilidades de lograr, por lo menos, comprender.

 Volvamos a nuestro tema. La palabra posverdad ha sido utilizada, abusada, tergiversada, manoseada, sin pudor, con el resultado claro de no buscar una explicación. Todo ello, por el esfuerzo que se requiere para profundizar en el tema. El problema no es sencillo, como ya dije, y no es de fácil comprensión. Sin embargo ello no debe permitir aceptar la superficialidad de despacharlo con una simple palabrita compuesta, como ya vimos: lo pos de  la Modernidad.

Javier Martín, periodista español, Licenciado en Filología Árabe y Filología Hebrea, vive de forma permanente en Oriente Medio, escribió un artículo, avalado por su formación académica, titulado Mentira, post-verdad, posverdad, en él reflexiona:

Antaño, la mentira era uno de los siete pecados capitales, lo decía la Iglesia Católica. El diccionario de la Academia, sin entrar en juicios morales, despacha una definición de forma rápida y eficaz: «Mentira: Expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se piensa o se siente». Pero los tiempos cambian de modo que asustan. El diccionario Oxford ha elegido como palabra del año 2016 el neologismo post-truth, y lo define con esta lindeza retórica, una joya digna de ser preservada: «lo relativo a las circunstancias en las cuales los hechos objetivos influyen cada vez menos con relación a la emoción y a la creencia personal».

Comenta con un cierto humorismo sarcástico que:

Estas acciones académicas dan el espaldarazo a un nuevo eufemismo que permite en determinadas circunstancias dejar de llamar mentira a la mentira. Resulta perversamente estimulante comprobar cómo la sociedad es capaz de asimilarlo todo. El sencillo método de otorgar nombres honorables a realidades despreciables, obra el milagro de convertir la mentira en algo aceptable, digerible, explicable, disculpable y hasta más creíble y verosímil que la menesterosa, anticuada, triste y amarga verdad.

Y cierra sus comentarios con una jocosa frase, si es que uno ya no tiene capacidad de indignarse:

Desengáñense, o mejor dicho, engañen y engáñense sin miedo, estamos instalados en la posverdad. ¡Viva la posverdad, abajo la mentira!, lo ha dicho Oxford, nada menos. Mientan cuanto puedan, ya no es pecado. Además, el infierno no existe, lo dijo el Papa.

XI.- Reflexiones sobre la política – Los orígenes del Imperio – LU3 – 21-2-17

Vamos a analizar la segunda parte del importante discurso de 1961 del General Dwight D. Eisenhower. Intento llamar la atención del lector por las sorprendentes afirmaciones y definiciones políticas que hizo públicas. Debemos tener presente que, como ya dije, parecen contener algo que se podría pensar como consejos o advertencias, según se lo interprete. También es necesario subrayar que el presidente que lo sucedía, John F. Kennedy, era un joven político demócrata de 43 años, perteneciente a una familia tradicional adinerada y de poca experiencia en los temas militares, salvo su participación en la Segunda Guerra. El asesinato posterior, en noviembre de 1963, casi tres años después de haber asumido, se presenta como el cumplimiento de una profecía.

Recomiendo ver (o volver a ver) la película de Oliver Stone JFK que puede ser calificada como un verdadero documento histórico https://www.youtube.com/watch?v=LK38dje5_j0. En ella se examinan los eventos que llevaron al asesinato del presidente John F. Kennedy y el presunto subsecuente encubrimiento. Las razones que llevaron a semejante acto todavía no están claras.

La película comienza con secuencias de noticias, incluido el discurso de despedida en 1961 del saliente presidente Dwight D. Eisenhower, en el que éste advierte acerca del fortalecimiento del complejo industrial-militar. A esto le sigue algunos eventos que, en la tesis de Stone, llevarían  a su asesinato. El Fiscal de Distrito de Nueva Orleans, Jim Garrison, posteriormente descubre los posibles lazos que rodean el asesinato en Nueva Orleans. Él y su equipo investigan a varios probables conspiradores, pero son forzados a dejarlos dado que la investigación es reprendida públicamente por el gobierno federal.

La investigación sobre el asesinato se abre nuevamente a fines de 1966, luego de que Garrison lee el Informe Warren y notifica que él cree que hay numerosas inexactitudes y contradicciones. Garrison y su personal interrogan a varios testigos del asesinato de Kennedy, y a otros que estuvieron involucrados. En Dallas aparecen otras personas, como Jean Hill, quien les dice a los investigadores que ella observó disparos que provenían del montículo de hierba y escuchó que se lanzaron de cuatro a seis disparos en total, por lo que el Servicio Secreto la amenazó para que dijera que sólo hubo tres disparos desde el depositario de libros. Ambos concluyen que Oswald era un tirador muy inexperto para realizar los disparos con tanta precisión.

Todos estos hechos parecen otorgar un valor innegable a las palabras del discurso de Eisenhower:

Similar, y en gran medida responsable por los profundos cambios de nuestra situación industrial y militar, ha sido la revolución tecnológica durante las décadas recientes. En esta revolución, la investigación ha tenido un papel central; también se vuelve más formalizada, compleja, y cara. Una proporción creciente de la misma pasa a depender del Gobierno Federal… De la misma manera, la universidad libre, la fuente histórica de las ideas libres y del descubrimiento científico, ha experimentado una revolución en la manera de llevar a cabo la investigación. En parte por las enormes cantidades que conlleva, un contrato con el gobierno se vuelve virtualmente el sustituto de la curiosidad intelectual… La perspectiva de que los académicos de la Nación puedan llegar a estar  dominados por el Gobierno federal, por la concesión de proyectos y por el poder del dinero, está más que nunca ante nosotros, y es un riesgo que debe considerarse muy seriamente… debemos estar alerta ante el peligro contrario e igualmente serio de que la política que ha de velar por el interés público se vuelva cautiva de una élite científico-tecnológica.

Se puede sospechar, sobre todo ante las consecuencias posteriores del desarrollo de la política de los gobiernos sucesivos, de la honestidad de ciertos modos de plantear algunos temas. Se puede, tal vez, suponer cierta ingenuidad en la expresión de sus deseos. Lo que tenemos ante nosotros son sus palabras y las interpretaciones corren por cuenta de quienes las leen. Sigue Eisenhower:

Por el largo camino de la historia que aún se ha de escribir, Norteamérica sabe que este mundo nuestro, que cada vez se vuelve más pequeño, debe evitar convertirse en una comunidad de  horribles temores y odio, y ser, en cambio, una orgullosa alianza de confianza y respeto mutuo. Una alianza tal ha de ser entre iguales. Los más débiles deben venir a la mesa de conferencias con la misma confianza que nosotros, protegidos como estamos por nuestra fuerza moral, económica, y militar. Esa mesa, aunque marcada por las cicatrices de muchas frustraciones pasadas, no puede abandonarse en favor de la agonía segura del campo de batalla.

Un aspecto insoslayable que debe considerarse, como marco político internacional, es la conciencia de que la aparición de las armas nucleares tornaba prácticamente imposible una Tercera Guerra Mundial. Debemos recordar las palabras de entonces de Albert Einstein: «No sé cómo será la Tercera Guerra Mundial, sólo sé que la Cuarta será con piedras y lanzas», con las que expresaba las terribles consecuencias de una guerra con armas nucleares. Dentro de ese marco cultural y político dijo:

Precisamente porque esta necesidad es tan vital y evidente, confieso que abandono mis responsabilidades oficiales en este campo con un claro sentimiento de decepción. Como alguien que ha sido testigo del horror y la tristeza que deja la guerra — como alguien que sabe que otra guerra podría destruir totalmente esta civilización que se ha construido tan lentamente y con tantos sacrificios a lo largo de miles de años — desearía poder decir esta noche que hay una paz duradera a la vista.

Mirando al mundo XLV– De qué se trata la posverdad –Columna Nº 95 – 15-2-17

Avancemos un poco más sobre este tema de la posverdad. Dadas las repercusiones que produjo la elección de esa palabra por el diccionario de la Universidad de Oxford aparecieron algunos comentarios muy interesantes, así como sorprendentes, respecto de este nuevo vocablo ofreció. Sintetizo algunos de ellos:

Con el neologismo post-truth se denomina en inglés lo relativo a las circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal, a la hora de modelar la opinión pública. Esto se verifica en los cambios del lenguaje público que muestran que la palabra pasó de ocupar un lugar periférico, en el uso cotidiano, a ser eje de los comentarios políticos. La importancia fundamental de ella no es lo que dice sino lo que denuncia, respecto de la condición corrompida y corruptora en la que se encuentra la opinión pública. A la vez, asume que la verdad ya no importa por lo que la comunicación, como consecuencia de ello, ha entrado en una era que comienza a definirse por haber dejado atrás el valor de la verdad política.

La traducción de la palabra inglesa por el vocablo castellano posverdad tuvo aceptación de los especialistas, ya que consideraron válido que:

El prefijo post– forma numerosos derivados en los que no solo añade el significado de ‘detrás’ o ‘después de’, sino que aporta la idea de que lo que queda atrás está, de algún modo, superado o que deja de ser relevante.

Estos comentarios olvidan que este prefijo pos adquirió, a partir de la Segunda Guerra una vigencia que sólo ahora se percibe: se habló de posguerra, como también en los años ochenta, la Tercera Revolución industrial dio lugar a una era posindustrial; también en la década de los noventa se dijo que comenzaba la etapa pospolítica y poco después se la denominó posideológica. Entonces lo pos no es una novedad, lo nuevo es confesar lo que he citado más arriba.

En la columna anterior cité a la escritora Irene Lozano que, con un dejo de amarga ironía, se  queja del estado cultural europeo, cuna de todo esto, que muestra un grado de descomposición importante, caracterizado por el escepticismo, el nihilismo, la sinrazón de la vida, la pérdida de un horizonte que oriente hacia dónde se va, etc. Esta etapa que comienza posiblemente en las décadas denominadas de posguerra, abrieron un camino en el que se comenzó a hablar en la década de los ochenta de la posmodernidad (otro pos), un concepto más abarcador e inclusivo. Con él apareció una especie de paragua bajo el cual todo lo que había sucedido podía ser explicado.

El sociólogo Diego E. Litvinoff lo plantea así:

Pero como sucede ante la aparición de todo neologismo, conviene preguntarse hasta qué punto responde a una necesidad de la lengua que no encuentra otra palabra en los conceptos preexistentes. Esto último fue lo que sucedió cuando las contradicciones de la modernidad, que el neoliberalismo exacerbó a fines del siglo pasado: la posmoderna, no sorprenderá encontrar la misma estrechez de miras en quienes también anteponen el prefijo “pos” al concepto de verdad para indicar su supuesta superación.

Que el origen de todo esto sea Europa no debería sorprendernos ¿qué está sucediendo para que la cuna de la cultura occidental moderna esté terminando así? Podríamos decir con Discepolín: «Nunca soñé que la vería en un requiescat in pace[1] tan cruel como el de hoy».

[1] La traducción del latín es: “que descanse en paz”, una frase de la liturgia católica para alguien fallecido.

X.- Reflexiones sobre la política – Los orígenes del Imperio – LU3 – 14-2-17

Debemos continuar con el análisis del entrelazamiento de la política con la guerra para entender mejor cómo funciona todo lo político. Un famoso teórico de la ciencia militar moderna, el militar prusiano, Carl von Clausewitz (1780-1831) afirmó respecto de la relación mencionada: «La guerra es la continuación de la política por otros medios». Por lo tanto es un poco ingenuo, cuando no hipócrita, dejar de lado en los análisis teóricos o históricos de esta relación.

El final de la Segunda Guerra mundial, como ya hemos comentado, mostró un escenario internacional que no había sido previsto y que contradecía lo planificado. Los Servicios de Inteligencia de Gran Bretaña y de los EEUU sostenían, antes de la guerra la imposibilidad de que la URSS pudiera resistir la invasión germana: la fuerza militar más poderosa hasta entonces. Sin embargo, la batalla de Stalingrado (1942-43) le impuso una derrota insospechada que cambió definitivamente el curso de la guerra. El escenario internacional de posguerra podía ignorar la presencia insoslayable de la URSS como un poderoso actor.

El transitorio desequilibrio que había impuesto las dos bombas nucleares, en Hiroshima y Nagasaky (1945), fue reemplazado por el equilibrio que impuso la primera explosión nuclear de la URSS (1949). Se abría el juego de un mundo bipolar. El escenario posterior dio lugar a lo que se conoció como la Guerra Fría, definida como: «Una lucha entre naciones que no llega al  enfrentamiento armado, aunque puede dar lugar a actos violentos». Está actitud prudente la imponía la imposibilidad del uso del armamento nuclear por sus impensables consecuencias.

Sobre el comienzo de los sesenta se produce el traspaso del Gobierno de los EEUU: el General Dwight D. Eisenhower, victorioso comandante supremo de las  fuerzas aliadas, luego presidente de los Estados Unidos (1953-1961), entregaba el mando al nuevo presidente J. F. Kennedy (asesinado en 1963). En el discurso pronunciado en ese acto el viejo general, veterano de la Segunda Guerra, invita a lo que podría parecer una especie de sorprendente confesión y advertencia. Si bien no fue del todo sincero en lo que dijo, una parte de él funcionó como una consejo fraterno al nuevo Presidente y al pueblo todo: El viejo General republicano le decía a un joven político demócrata, algunas cosas que no debían ser olvidadas:

Hasta el último de nuestros conflictos mundiales, los Estados Unidos no tenían industria armamentística. Los fabricantes norteamericanos de arados podían, con tiempo y según necesidad, fabricar también espadas (1). Pero ahora ya no nos podemos arriesgar a una improvisación de emergencia de la defensa nacional; nos hemos visto obligados a crear una industria de armamentos permanente, de grandes proporciones. Añadido a esto, tres millones y medio de hombres y mujeres están directamente implicados en el sistema de defensa. Gastamos anualmente en seguridad militar más que los ingresos netos de todas las empresas de Estados Unidos. Esta conjunción de un inmenso sistema militar y una gran industria armamentística es algo nuevo para la experiencia norteamericana. Su influencia total (económica, política, incluso espiritual) es palpable en cada ciudad, cada parlamento estatal y cada departamento del gobierno federal.

Reconocemos la necesidad imperativa de esta nueva evolución de las cosas. Pero debemos estar bien seguros de que comprendemos sus graves consecuencias. Nuestros esfuerzos, nuestros recursos y nuestros trabajos están implicados en ella; también la estructura misma de nuestra sociedad. En los consejos de gobierno debemos estar alerta contra el desarrollo de influencias indebidas, sean buscadas o no, del complejo militar-industrial (2). Existe y existirán circunstancias que harán posible que surjan poderes en lugares indebidos, con efectos desastrosos. Nunca debemos permitir que el peso de esta combinación ponga en peligro nuestras libertades ni nuestros procesos democráticos (3).

Algunos comentarios:

(1) La Armada de los EEUU fue modernizada en 1890 cuando se incorporaron modernos buques de acero, al nivel de las armadas de Gran Bretaña y Alemania. En 1907, la Armada, con varios buques de apoyo, realizó una vuelta al mundo en 14 meses, en una demostración de la capacidad que tenía para abarcar el teatro mundial. En 1918 invadió Europa con un ejército de más de un millón de soldados.

(2) Es la primera vez que aparece mencionado públicamente este concepto, en los EEUU y en el mundo occidental;

(3) Más sorprendente aún es su utilización para advertir las posibilidades de consecuencias indeseables para la democracia.

El sociólogo estadounidense Charles Wright Mills (1916-1962), en su libro “La elite del poder”, documentó en 1956 cómo la Segunda Guerra Mundial solidificó una trinidad de poder en EEUU, en la que las corporaciones, el aparato militar y el gobierno integraban una estructura centralizada que trabaja coordinadamente a través de los “más altos círculos” de contacto y decisiones.

Mirando al mundo XLIV– De qué se trata la posverdad – columna Nº 94 – 8-2-17

El tema de la posverdad no pareciera ser tomado en serio por parte de aquellos que pueden ser considerados serios. El problema es que este concepto, la posverdad, apareció en los medios de comunicación como referencia a un fenómeno que ellos parecen padecer. En esos medios no abundan los investigadores académicos, pensadores prestigiosos, por el contrario se caracterizan por estar en manos de “gente poco confiable”.

El novedosos concepto es muy poco consistente, evidentemente hipócrita, pero con pretensiones de alta filosofía para lo cual no reúne las condiciones necesarias. La escritora, periodista y política española, Irene Lozano (1971) parece haberlo comprendido de ese modo, por el tono de su comentario:

¡Qué concepto tan elegante. Nunca el ocultismo tuvo un nombre tan hermoso. Nunca soñó con ver edulcorada su naturaleza hasta hacerla respetable! Consagrada como palabra del año, sólo nos explica que el mundo se ha vuelto ininteligible.

¿Por qué dice esto? Porque la palabra fue elevada a “estrella” como “La palabra del año”, nada memos que por el Diccionario Oxford, que publica la prestigiosa Universidad de Oxford (Gran Bretaña). Lo ha hecho por haber constatado un llamativo incremento en su uso, hasta convertirse en un término habitual en los análisis políticos. Sigue, entonces, nuestra escritora:

Se diría que antes éramos Denis Diderot [1] (1713-1784) y ahora nos hemos convertido en Homero Simpson. Sospecho que la cosa es más complicada. La verdad y la mentira en todas sus formas han convivido a lo largo de la historia. Lo que caracteriza nuestro tiempo no es el triunfo de la mentira, sino el fin de la herencia ilustrada, acompañado de un profundo desprecio al logos, a las herramientas de la razón.

Analizando el ámbito en el cual este concepto comenzó a ser utilizado, Europa, se puede pensar que es la toma de conciencia de algo que se venía incubando desde hace décadas. Irene Lozano rescata una declaración de un ex ministro británico Michael Gove, quien dijo: “Este país está harto de expertos”, podría yo agregar gran parte del mundo lo está. La escritora señala como antecedente un fenómeno cultural de Occidente que surgió en Europa como respuesta a las consecuencias de la segunda posguerra: al desánimo, a las desilusiones, a la pérdida de confianza en la razón, etc.

Es un estado de la conciencia colectiva, una mutación en la cultura, que descree ahora de los valores de la Modernidad, constituida sobre el valor de la racionalidad. La confianza en que la razón era el instrumento que aseguraba el orden social se desplomó cuando Europa se tuvo que hacer cargo de la barbarie que había protagonizado en las grandes guerras. Las décadas posteriores mostraron el espejismo de un crecimiento económico que parecía augurar un mundo mejor pero fue la etapa de la peor distribución de la riqueza. La acumulación en el polo dominante y la pobreza indigna para las grandes mayorías del planeta fue un resultado insultante.

Entonces la cuestión no es solamente que la gente haya creído las mentiras del discurso de los medios. De hecho, creímos vivir en una democracia basada en la libertad de la opinión pública, la deliberación y el debate libre de ideas, para beneficio de todos. En esta democracia todo ello fue violado permanentemente. Hoy, por el contrario, la realidad que nos describen los medios se han convertido en una lluvia de imágenes incoherentes. Esta falta de realidad revela la magnitud de la hipocresía del periodismo que no nos ayudar a entender nuestra época. Esto no es nuevo, pues ya ocurría antes de que se hablara de la posverdad.

Agrega nuestra escritora:

Si las noticias se han convertido en un magma sin significado, esto sólo puede querer decir que los medios están haciendo mal su trabajo. Así, cuando la lluvia de imágenes se disuelve, el ciudadano de a pie se queda sin un criterio ni una comprensión de la realidad, sino con un malestar difuso, una incertidumbre que constituye el campo abonado para la superstición y la mentira. Lo realmente alarmante es que muchos periodistas, científicos, académicos, parecen haber abandonado la idea de que exista una realidad que es posible contar o conocer. Por eso es urgente volcarse en el empeño, también enunciado por Orwell de “restaurar lo obvio”. Esa restauración, para tener éxito, habrá de empezar en el ámbito de la cultura.

Continuaré en la próxima columna.

[1] Fue una figura decisiva de la Ilustración como escritor, filósofo y enciclopedista francés.

Mirando al mundo XLIII– Política y marketing – columna Nº 93 –1-2-17

Siguiendo la línea de las últimas columnas, con el propósito de agregar algo de luz al tema del marketing político, sigo aportando citas de notables investigadores y académicos estudiosos del tema.

El investigador alemán Hans Magnus Enzensberg (1929) intelectual crítico, periodista sagaz y ensayista, ha recorrido el mundo como un ejercicio permanente para el análisis de la realidad y el desarrollo de una conciencia crítica. Propuso la utilización de un nuevo concepto para abordar el estudio de los medios de comunicación política: la industria de la conciencia:

Para la propaganda, incluso la verdad se convierte en un simple medio más para conquistar adherentes; la propaganda altera la verdad en el mismo acto de formularla… La advertencia contra la publicidad comercial, en el sentido de que ninguna firma da nada por nada, vale en todos los campos, y tras la moderna fusión de los negocios y la política, vale sobre todo respecto de la propaganda política.

El Dr. Adrián Huici Módenes, egresado de la Universidad Nacional del Sur y actual profesor en la Universidad de Sevilla, en la cátedra de Comunicación Audiovisual, Publicidad y Literatura, en una nota publicada en 1994, nos orienta en esta búsqueda:

Podemos decir que la actividad política, tal como está planteada en la presente posmodernidad –donde los productos light que circulan en el mercado tienen su paralelo en el pensamiento débil o en la proclamada muerte de las ideologías- representa uno de esos momentos en que el poder económico, el político y el informativo se confunden. Ello se traduce no sólo en banqueros o dueños de medios masivos que aspiran a gobernar países, sino también en el mundo de la publicidad. En  efecto, qué otro caso son las famosas “operaciones de imagen” a las que se someten los políticos sino maniobras de corte eminentemente publicitario… La publicidad política se ha apropiado de los métodos desarrollados y perfeccionados por la publicidad comercial.

La desvalorización de los contenidos estrictamente políticos e ideológicos de los mensajes por su nueva forma condicionada por el marketing. El profesor estadounidense Terence Qualter  (1932-2008) afirma en un artículo de 1994:

El marketing de la política significa, naturalmente, la reducción de los políticos a imágenes de mercado. Si la imagen vende automóviles, vinos o perfumes, parece de sentido común que venderá también candidatos políticos. Las formas de crear una opinión política y las formas de los anuncios comerciales se parecen cada vez más unas a otras… como en las ventas, todo es asunto de encontrar lo que la opinión pública quiere y entonces proporcionárselo. Esto aleja la política de consideraciones de lo que es “correcto” o “necesario” hacia la búsqueda de estrategias para vencer.

El científico alemán especializado en la comunicación Dr. Winfried Schulz (1938), profesor de periodismo en  las Universidades de Mainz y en la Universidad de California en Berkeley, sostiene en una nota de 1997 que los sistemas de comunicación electrónicos y, especialmente, la televisión han introducido nuevas reglas:

No sólo cambia la imagen públicamente visible de la política, sino también la actuación de los actores políticos. Lo que alteró significativamente las reglas del juego político fue la imagen televisada. Ahora hay una sensación de intimidad que la produce el rostro del candidato en un primer plano. Esta dura prueba produjo una barrera a salvar para quienes se preparaban para esa “batalla”, que supone enfrentar las cámaras.

El Profesor alemán Dr. Ulrich Sarcinelli (1946) de la Universidad de Koblenz-Landau y de la Universidad de Mainz, especializado en ciencias políticas, señala que eso que llaman los “efectos recíprocos”. Este concepto lo expresó en 1995:

Se observa en la entrega de información política por televisión: determinadas conductas de los políticos se producen recién por el hecho de estar ante cámaras, este efecto puede observarse en los debates del parlamento, en discusiones televisadas y entrevistas de políticos. Cuando los actores puestos en escena perciben las cámaras después del inicio de las tomas o cuando las suponen desconectadas, podrá observarse el cambio brusco en su comportamiento, se ha producido un cambio de roles.

Mirando al mundo XLII– Política y marketing – columna Nº 92 – 25-1-17

Hemos analizado, en columnas anteriores, las consecuencias que el sistema escolar ha generado sobre un público educado: el que ha pasado por la experiencia de las aulas, en las cuales la memorización se ha impuesto sobre el modo del pensar crítico y, en otra posterior vimos el martilleo de la publicidad con sus mensajes engañosos: el resultado de todo ello ha sido, por regla general, un adulto sumiso. Pasemos a revisar cómo esto ha sido aprovechado por la derecha con sus técnicas de marketing político.

Las sociólogas Mariela Pinza y Gisela Brito, del Grupo de Estudios sobre Centroamérica de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, desarrollaron una investigación sobre la aplicación de las conocidas viejas técnicas del marketing a las campañas políticas. Dicho de otro modo, publicitar a los candidatos del mismo modo que se vende cualquier otra mercancía; reducirlos al nivel de cualquier otro producto que se intenta vender. Un público habituado a las técnicas publicitarias aceptó mansamente que eso fuera trasladado a las campañas políticas.

El análisis de todo ello fue publicado por la Licenciada y Profesora en Ciencias Antropológicas, de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, Sabrina Flax, bajo el título siguiente: Marketing político. Durán Barba y JJ Rendón, radiografía de dos asesores claves en la construcción de los liderazgos de las derechas del siglo XXI[1]. ¿Quiénes son  estos dos profesionales del título? El primero, Jaime R. Durán Barba (1947) es un consultor de imagen y asesor político ecuatoriano, muy conocido entre nosotros por ser el artífice de las campañas políticas de Mauricio Macri; el segundo, Juan José Rendón (venezolano – 1964), es un estratega político, publicista venezolano, profesor del Centro Interamericano de Gerencia Política.

Las investigadoras sostienen en la introducción de su trabajo:

“Detrás de los líderes de las nuevas derechas hay muy buenos asesores”. Esta afirmación tiene su fundamento en el entramado que, dependiendo del estilo, carácter y temperamento de quien asesore, se vuelve más o menos evidente. La construcción de estos nuevos liderazgos de los sectores conservadores en el plano de la política electoral conlleva equipos de trabajo que diagraman cada paso, cada sonrisa y cada silencio en los discursos y estrategias de difusión de los candidatos.

Deberíamos preguntarnos al leer esta afirmación ¿a qué se debe esta necesidad de tener asesores? Es algo que ya quedó dicho y que ahora podríamos enunciarlo así:

La construcción de candidatos políticos de las derechas latinoamericanas es necesaria porque ellos no pueden manifestar cuáles son sus verdaderos objetivos (favorecer a los ricos a quienes representan), por tal razón, para ganar la adhesión mayoritaria de los votantes tienen que ocultar lo que van a hacer y aparecer como los “salvadores de la patria”. Para ello recurren a las mismas técnicas mentirosas con las cuales se venden los demás productos en el mercado.

Entonces convocan a:

Hombres y mujeres con trayectoria en el marketing político que les ofrecen una estrategia a sus clientes, ya sean partidos políticos, hombres o mujeres del ámbito empresarial, o todo aquel o aquella que se sienta con capacidad y con la ambición necesaria para asumir la representación de los intereses de los actores que conforman esa nueva derecha. Estos equipos tienen como principal objetivo asegurarles el triunfo. Ahora bien, ¿Quiénes son? ¿Qué rol cumplen en el ejercicio de la política? ¿A quiénes asesoran? ¿Qué tipo de estrategias desarrollan?

Dar respuestas a esas preguntas es la tarea de la investigación desarrollada que las investigadoras presentan con estas palabras:

En este documento nos proponemos abordar las estrategias de algunos de los asesores más reconocidos con una fuerte influencia en las campañas políticas de algunos de los líderes de las derechas en la región, quienes han alcanzado cierto éxito en las disputas electorales en las que participaron. Focalizamos la atención en Jaime Durán Barba y Juan José Rendón, quienes cuentan con un gran peso político en la construcción de los nuevos liderazgos de derecha, a la vez que marcan estilos diferenciados en la estrategia electoral y cuentan en su trayectoria una larga lista de clientes/políticos situados en la primera plana de la derecha regional.

 [1] El documento completo se puede consultar en: http://www.celag.org/marketing-politico-duran-barba-y-jj-rendon-radiografia-de-dos-asesores-clave-en-la-construccion-de-los-liderazgos-de-las-derechas-del-siglo-xxi-por-mariela-pinza-y-sabrina-flax/

Mirando al mundo XLI– Política y marketing – columna Nº 91 – 18-1-17

Siguiendo la línea de lo que vengo exponiendo aparece un aspecto que, creo, costará hacerlo convincente para un público no habituado a la investigación periodística. Con esto quiero decir, que el receptor de información pública a través de los grandes medios concentrados acepta la noticia con una cierta dosis de ingenuidad o, tal vez, no le preocupe mucho la veracidad de lo que recibe. Este es un tema de investigaciones en los países centrales, especialmente los Estados Unidos, donde el estudio del comportamiento de los públicos masificados se viene desarrollando desde comienzos del siglo XX. Las universidades de Missouri y Columbia, fueron las primeras en crear la carrera de periodismo, dándole el prestigio y la seriedad de los estudios universitarios, por lo cual la investigación fue una de sus tareas más cuidadas y desarrolladas.

Un tema de la mayor atención fue el comportamiento de los públicos masificados y quien se destacó en ello fue un muy importante intelectual estadounidense, Walter Lippmann (1889–1974), periodista, comentarista político, crítico de medios y filósofo. Su propuesta fue reconciliar la tensión existente entre libertad y democracia en el complejo mundo moderno, dentro del cual la información desempeña un papel fundamental. Veía el propósito del periodismo como “trabajo de inteligencia” (intelligence work) ─reunión de información, de modo similar a la de la inteligencia militar─. Concebía la tarea periodística como el enlace entre el sistema político y el público:

Un periodista busca hechos en los dirigentes políticos, los transmite a los ciudadanos y estos forman una opinión pública. En este modelo, la información puede usarse para mantener la responsabilidad de los dirigentes políticos frente a los ciudadanos.

Sin embargo, en su función de periodista, no consideraba sinónimos la verdad y la noticia:

La función de la noticia es señalar un hecho, la función de la verdad es traer a la luz los hechos ocultos, ponerlos en relación uno con otro, y hacer un cuadro de la realidad sobre el que los hombres puedan actuar. La versión de la verdad de un periodista es subjetiva y limitada a según cómo él construye su realidad. Las noticias, por tanto, son imperfectamente registradas y demasiado frágiles para soportar la carga de ser un órgano de democracia directa.

Lippmann sostiene que no puede dejarse librado al azar el juego dentro del sistema democrático por las derivaciones que pueden producirse, teniendo en cuenta la pluralidad de sus componentes:

En una democracia con un funcionamiento adecuado hay distintas clases de ciudadanos. En primer lugar, los ciudadanos que asumen algún papel activo en cuestiones generales de gobierno y  administración. Es la clase especializada, formada por personas que analizan, toman decisiones, ejecutan, controlan y dirigen los procesos que se dan en los sistemas ideológicos, económicos y políticos, y que constituyen, asimismo, un porcentaje pequeño de la población total.

Esta definición nos pone en camino de comenzar a entender. Como decía George Orwell (1903-1950) en Rebelión en la granja: «Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros». Hay un sector pequeño de gente pensante que es la clase que se encarga de los temas del poder: piensa y decide. El resto, la gran mayoría, deben ser manejados manteniéndolos ocupados y entretenidos para que no generen conflictos:

Qué hacer con aquellos otros, quienes, fuera del grupo pequeño y siendo la mayoría de la población, constituyen lo que se debería llamarse el rebaño desconcertado. Debemos protegernos de este rebaño desconcertado cuando brama y pisotea. Así pues, en una democracia se dan dos funciones: por un lado, la clase especializada que ejerce la función ejecutiva, lo que significa que piensan, entienden y planifican los intereses comunes; por el otro, el rebaño desconcertado también con una función en la democracia, que consiste en ser espectadores en vez de miembros participantes de forma activa. Esto es lo que ocurre en una democracia que funciona como Dios manda.

Y esto de ningún modo debe ser pensado como un tema ideológico. Para sorpresa de muchos Lippmann era un demócrata convencido, pero sintió el peso de la responsabilidad que les correspondía a los “pensantes”: velar por la paz y el buen funcionamiento del sistema. Por ello, la verdad que sostenía fundamentaba todo eso: es el diagnóstico claro y despiadado que no puede ignorarse:

Hay incluso un principio moral del todo convincente: la gente es simplemente demasiado estúpida para comprender las cosas. Si los individuos trataran de participar en la gestión de los asuntos que les afectan o interesan, lo único que harían sería solo provocar líos, por lo que resultaría impropio e inmoral permitir que lo hicieran. Hay que domesticar al rebaño desconcertado, y no dejarle que brame y pisotee y destruya las cosas. Por lo mismo, no se debe dar ninguna facilidad para que los individuos del rebaño desconcertado participen en la acción; solo causarían problemas.

Para nosotros, argentinos que tenemos una historia y un concepto de democracia más europeo, puede escandalizarnos las cosas que dice. Sin embargo, lo importante es que este modo de pensar se fue globalizando e imponiendo tanto en Europa como en América en las élites políticas. Esto nos remite al tema de la próxima columna.

Mirando al mundo XL– Política y marketing – columna Nº 90 – 11-1-17

La formidable posibilidad que tiene la tecnología publicitaria de manejar el pensamiento de un público, compuesto en general por personas sometidas a una vida rutinaria, escapa al conocimiento del ciudadano de a pie. Esto debe ser pensado en el sentido de tomar conciencia de las derivaciones que ello impone a las sociedades modernas. La dificultad de acceder a ese conocimiento, por lo oculto que se lo mantiene, me obliga a citar a personalidades científicas de renombre internacional para que podamos acercarnos a este problema.

Dos investigadores, Matiana González y Álvar Martínez, del Centro de Historia de la Ciencia de la Universidad Autónoma de Barcelona, publicaron un artículo cuyo título nos pone en tema: Persuadir y dominar – Ciencia, publicidad y propaganda (2009), en el que plantearon lo siguiente:

Durante la primera mitad del siglo XX, en el marco de la sociedad industrial, los poderes políticos y militares –fascistas o comunistas, totalitarios, democráticos o capitalistas, etc. – incorporaron, dentro  de sus estrategias de dominación, la propaganda para persuadir a la población de la bondad inherente a sus propuestas. En el contexto de las dos guerras mundiales, la palabra propaganda pasó a ser sinónimo de manipulación informativa y también de direccionar la opinión pública hacia ciertos intereses. La publicidad, por su parte, se masificó a finales del siglo XIX, con el boom de publicaciones periódicas que inundaron las ciudades europeas y que dedicaban hasta una cuarta parte de su espacio a los anuncios comerciales.

Este tema atrajo la atención de diversos científicos. Quiero llamar la atención sobre la fecha de publicación de los textos que citaré que demuestra que estamos frente a conocimientos nada novedosos. Son temas que los países centrales vienen estudiando desde comienzos del siglo XX.

El reconocido psiquiatra español Juan José López Ibor (1941-2015), Profesor Emérito del Departamento de Psiquiatría de la Universidad Complutense de Madrid, ha investigado las consecuencias de las campañas publicitarias. Escribió un libro cuyo título dice mucho: Publicidad y persuasión oculta, (1966), allí sostiene:

La televisión, la prensa, el cine, la radio y en general todos los medios de comunicación social, se pueden considerar como potentes recursos para persuadir a las masas. Los publicistas han comprobado en la práctica, que se puede ejercer influencia sobre las personas para conducirlas a comprar un determinado producto. Decir que todos los individuos son consumidores es algo evidente, de modo que siempre se tendrá a un público importante a quien persuadir.

El psiquiatra escocés James A. C. Brown (1911-1964) estudió el tema en el libro Las principales técnicas de persuasión – de la propaganda al lavado de cerebro (1978):

El hombre es un animal racional… Para ser irracional hace falta un grado considerable de sofisticación. Ningún animal podría desarrollar las fantasías sistemáticas del loco, ni tampoco son los animales presa fácil de anunciantes o de propagandistas. En nuestros días es posible impedir que un hombre piense en lo que quiera, o por decirlo de otro modo, se puede conseguir que un hombre quiera pensar en algo prefijado de antemano. Para lograrlo, bastarían tres condiciones que el médico y psicoanalista Joaquín Navarro Valls en su libro La manipulación publicitaria (1971) detalla: “a): Poseer un buen conocimiento de la psicología, b) Dominar con soltura alguna de las técnicas modernas de persuasión y c) Tener enfrente a un individuo de escasa capacidad crítica y alto nivel emocional. Estas tres condiciones se dan juntas en el mercado consumidor”.

IX.- Reflexiones sobre la política – Los orígenes del Imperio – LU3 -10-1-17

 Comencemos con algunas aclaraciones necesarias. El Doctor Álvaro Cuadra, pensador, ensayista y académico, afirma algo que debe estar siempre presente en nuestras reflexiones sobre la historia y, por tanto, en la política. Debemos tener en cuenta que hoy esto es extensivo al mundo actual que vive en un estado casi permanente de guerra:

Lo primero que muere en una guerra es cualquier noción de “verdad”. Esto es así porque los estados convierten a sus medios de comunicación en instrumentos de propaganda y desinformación. En la hora presente, era de la Híper Industria Cultural, los medios han adquirido la capacidad de “fabricar el presente” en tiempo real. Las imágenes y el sonido “en directo” construyen un cuadro verosímil que se escenifica en las pantallas digitales, cumpliendo con ello su propósito fundamental: “make believe”─ en español se podría decir: hacer creíble─.

El prestigioso historiador británico Eric Hobsbawn (1917-2012) nos advierte:

Hoy la historia es más que nunca revisada o incluso inventada por personas que no desean conocer el verdadero pasado, sino solamente un pasado que esté de acuerdo con sus intereses. Nuestra época es la época de la gran mitología histórica… En el arsenal de las grandes potencias, junto a los misiles y aviones supersónicos, se encuentran, de manera preponderante, las agencias informativas y las grandes cadenas de televisión que cubren el planeta entero en todos los idiomas. La guerra simbólica precede y acompaña las campañas militares.

Esto es válido para todo lo que estudiemos, en nuestro caso del siglo XX en adelante. Es una  prueba clara de las dificultades que se cruzan en las investigaciones que estamos exponiendo. Por ello, como ya quedó dicho en la columna anterior, las reflexiones exigen apoyarse en un suelo sólido, para construir sobre él narraciones verosímiles. Esto impone enfrentar y superar el muro de mentiras y de ocultamientos, analizar con espíritu crítico cada información y, con todo eso, sólo podremos ofrecer una versión creíble, lo más cercana posible a la verdad. Volvamos a nuestra historia.

El historiador ruso, especialista en la Segunda Guerra Mundial, Valentín Falin, escribió un artículo: Reflexiones sobre la II Guerra Mundial donde sostiene una hipótesis necesaria para la comprensión del tiempo que abarcaron las dos grandes guerras:

La iniciativa del llamado Plan de Paz, entregada a la delegación estadounidense en la conferencia de Versalles celebrada en 1919, ponía oficialmente fin a la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, se debe aclarar que la Primera y la Segunda Guerra están vinculadas entre sí, por un núcleo común no confesado: la rusofobia. En  realidad, la II Guerra Mundial empezó mucho antes de su inicio oficial, cuando la Alemania nazi invadió Polonia en 1939. Todo lo que precedió a esa operación fue pasado por alto y no fue considerado como casus belli. Quizás porque durante esos años todas las agresiones directas o indirectas en el marco internacional habían sido llevadas a cabo según planes conjuntos de los países llamados democráticos.

Miguel Urbano Rodrigues – escritor, periodista y pensador portugués, escribió una reflexión que es útil recodar en estas columnas, que tituló Del Final de la II Guerra a la crisis de Civilización:

Existen muchas obras serias sobre la II Guerra Mundial que permiten acompañar su desarrollo. Los hechos no pueden ser ocultados. A pesar de ello, para la gran mayoría de la humanidad, transcurridos poco más de 60 años, es difícil hoy escapar a los efectos de la máquina de desinformación que presenta esa guerra bajo perspectivas que la deforman intencionalmente. Un sistema mediático perverso proyecta de ella una imagen falsa, concebida con objetivos políticos para provocar la adhesión al proyecto de sociedad que el engranaje de la globalización neoliberal intenta imponer a la humanidad.

Los historiadores serios de los EEUU, como Howard Zinn (1922-2010), son los primeros en reconocer que la decisión de Washington de utilizar el arma nuclear contra Japón, un país ya entonces militarmente derrotado, dado que ya se había firmado la paz entre los aliados y los alemanes el 22-6-1945. La bomba en Hiroshima se arrojó el 6-8-1945, más de un mes después.   Fue el primer acto de una larga guerra no declarada contra la Unión Soviética. Esa acción se insertó en el desarrollo de una estrategia que empezó a esbozarse poco después de la Revolución Rusa de Octubre de 1917. Dice Zinn:

El resultado de la Primera Guerra Mundial era aún una incógnita, pero la hostilidad de Inglaterra y de Francia a la joven revolución socialista fue inmediata. Los Estados Unidos asumieron una actitud idéntica y, después de la derrota del Imperio Alemán y antes de firmar la Paz, participaron activamente, en el Ártico y en el Extremo Oriente de operaciones militares cuyo objetivo declarado era el aplastamiento de la revolución bolchevique.

El final de la Primera Guerra Mundial (1918), mostró un panorama totalmente distinto como consecuencia de su resultado: el triunfo de los aliados (Gran Bretaña, Francia, Rusia, y los EEUU);  frente a los grandes derrotados: los Imperios del Centro (Alemania, Austria y Hungría). La novedad de ese cuadro político-militar fue una nueva presencia, un actor inesperado: la Rusia que iniciaba su camino socialista. Esta situación era inaceptable para los triunfadores, por tal razón fue, para muchos investigadores, una causa importante para la prolongación del conflicto en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Al término de ésta, con el triunfo de los aliados (Gran Bretaña, Francia, EEUU y la URSS) la situación no había cambiado. Lo inaceptable para el mundo occidental era la sobrevivencia de la URSS (el peligro rojo).

Siguiendo el consejo de importantes Maestros de la historia, pasaremos a revisar algunos de los acontecimientos más importantes de la Segunda Guerra Mundial que, a la luz de esta nueva óptica, nos ampliará la idea que tenemos de esa historia.