Mirando al mundo XXXV– Política y marketing – columna Nº 84 – 30-11-16  

Propongo un alto en el camino para detenernos a reflexionar sobre el tema que encabeza toda esta larga serie de columnas: la relación entre la política y el marketing. Las elecciones recientes de los EEUU nos dan bastante material para esta tarea. Lo primero que se podría afirmar es que las dos personas que se enfrentaron en la contienda siguen siendo dos desconocidos, para una parte importante de los seguidores de las informaciones que nos han ofrecido los medios concentrados.  Esto puede aparecer como una afirmación poco seria: ¿cómo es posible que el bombardeo de informaciones, casi las 24 horas de cada día que duró casi un año, desde las primarias hasta la elección final, no nos haya provisto suficientemente respecto de los dos candidatos?

Podríamos hacer un ejercicio como el siguiente: preguntarnos ¿quién es Hillary Clinton? O ¿quién es Donald Trump? ¿qué sabemos con certeza de ellos? ¿hay algo más que no sea los que la prensa internacional y la nuestra han dicho, y siguen diciendo, de ellos? Creo que no, lo que sabemos sobre ambos es lo que nos dijeron esos medios. Sin embargo, parece que millones de  electores estadounidenses, según los resultados finales, tuvieron una imagen de ellos que nos cuesta mucho aceptar.

La “buena” para nosotros era la señora Clinton, que representaba el respeto por la democracia y los modos y modales políticos que corresponden a un futuro presidente de la potencia más   grande del mundo. Por el contrario, el señor Trump nos merecía mucho rechazo, por sus modales propios de un pandillero neoyorkino, tal como nos lo presenta Hollywood: bravucón, desbocado, misógino, racista, mentiroso, provocador. Entonces  el votante medio estadounidense ¿es mucho menos inteligente que nosotros y no pudo ver, quién era el mejor candidato, de acuerdo a nuestros criterios?

Lo que es muy interesante para avanzar en esta reflexión, y esto es propio de las democracias representativas de las últimas décadas, es que interponen entre la realidad de los candidatos y los electores un enorme aparato publicitario, con inversiones de miles de millones de dólares, sólo al alcance de aquellos que los pueden conseguir. La última campaña exigió una inversión de u$s 6.000 millones. Con esa cifra ¿qué se puede hacer? En el prestigioso sitio www.tomdispatch.com se publicó a comienzos de este año un artículo cuyo título parecía un oxímoron La democracia de los multimillonarios, en él se afirmaba:

En esta contienda electoral, está claro que las escaramuzas en las que están implicados los ultra-adinerados y sus montones de dinero en metálico están transformando la política moderna de Estados Unidos en una especie de representación teatral. Y aparentemente la correlación entre el gran dinero y la gran obra dramática no hará otra cosa que crecer. Lo medios necesitan hacer la mejor caja posible entre hoy y el día de las elecciones; para ellos, la competencia entre los multimillonarios se parece mucho a las apuestas en las carreras de caballos. Hoy en día, los programas políticos, tal como son, han quedado reducidos a algunas palabras de moda y frases hechas, mientras el dinero y su oropel son los principales valores que llaman la atención.

Pareciera que el “espectáculo político”, tal como queda evidenciado, necesita de un público que crea en la obra teatral, se la tome en serio. Y terminaba con esta reflexión:

Y para plantear una pregunta que muy pocos harían: ¿Qué es lo que el pueblo estadounidense –y nuestra antigua república democrática– puede perder (o ganar) con este espectáculo? Todo esto (y más y más dinero) se revelará más tarde este año.

Hoy ya tenemos una respuesta: ganó uno de los multimillonarios. Sin embargo, pareciera que si sigue adelante con algunas de sus promesas de campaña, la “antigua república democrática” como la denominó el artículo, no seguirá siendo la misma. ¿Quiénes ganan y quiénes pierden? Todavía es muy temprano para saberlo… pero no deja de ser interesante.

III.- Reflexiones sobre la política – Formas organizativas de la polis -LU3 -29-11-16

En el libro La Política Aristóteles expone una investigación sobre las formas políticas que han adoptado las diferentes ciudades del mundo antiguo. Cada una de ellas respondió a la necesidad de organizar las diversas prácticas sociales, convertidas en formas institucionales, acordes a sus respectivas tradiciones y culturas. Mediante esas formas institucionales fueron regulando las prácticas políticas en cada polis.

Recorriendo las páginas de varios manuales podemos hacer la siguiente síntesis:

Desde el punto de vista predominante, la democracia es considerada hoy día como la forma más perfecta de gobierno, aquella que habría alcanzado la humanidad como una suerte de «destino manifiesto» en su camino al «Fin de la Historia». De tal suerte que no ser considerado demócrata o pertenecer a una sociedad no democrática es tanto como haber perdido la condición de hombre por vivir en una sociedad «degenerada», que sólo adoptando la forma democrática podría regenerarse. Sin embargo, la problemática de la democracia dista mucho de resolverse con una concepción tan simple y es necesario plantear a fondo el origen y desarrollo del término democracia, así como su lugar respecto a otras formas de gobierno históricamente dadas.

Esta afirmación nos remite a la necesidad de revisar el concepto democracia, recorrer los significados que la historia de la filosofía política nos ofrece, para reflexionar detenidamente sobre un tema que no es tan sencillo y simple, como parece presentarse al investigador de estos tiempos.

Pericles (495-429 a.C.) es considerado como el paradigma de hombre democrático auténtico, guía de la denominada «democracia ateniense» del siglo V a. C., define la democracia, un siglo antes de Aristóteles, en su famoso discurso fúnebre de la siguiente manera:

Tenemos un régimen político que no emula las leyes de otros pueblos, y más que imitadores de los demás, somos un modelo a seguir. Su nombre, debido a que el gobierno no depende de unos pocos sino de la mayoría, es democracia. En lo que concierne a los asuntos privados, la igualdad, conforme a nuestras leyes, alcanza a todo el mundo, mientras que en la elección de los cargos públicos no anteponemos las razones de clase al mérito personal, conforme al prestigio de que goza cada ciudadano en su actividad; y tampoco nadie, en razón de su pobreza, encuentra obstáculos debido a la oscuridad de su condición social si está en condiciones de prestar un servicio a la ciudad.

Le debemos al gran filósofo de Atenas, la primera clasificación de las formas de gobierno, en función del número de sus gobernantes. Partiendo de ese criterio definía

1.- la monarquía (del griego: mono=uno solo y arche=el que manda) el gobierno de un solo ciudadano;

2.- la aristocracia el gobierno de unos pocos: (del griego: aristos=los mejores y cratos=gobierno);

3.- la democracia  el gobierno de la mayoría: Del griego: demos=pueblo y cratos=gobierno). Es necesario aclarar que el concepto pueblo no corresponde a lo que hoy entendemos por él. La población de Atenas se estima en unos 300.000 habitantes, de los cuales, los libres en condición de votar eran menos de 30.000. Dice Wikipedia:

Solamente los varones adultos que fuesen ciudadanos y atenienses, y que hubiesen terminado su entrenamiento militar tenían derecho a votar en Atenas. Esto excluía a una mayoría de la población, a saber: esclavos, niños, mujeres y metecos; también a los ciudadanos que tuvieran deudas con la ciudad.

Según Aristóteles, cada una de estas formas políticas podían degenerar en formas políticas anómalas: la monarquía y la aristocracia en oligarquía oligarquía (del griego: oligo= unos pocos privilegiados); y la democracia en demagogia (del griego: os=pueblo y ago= conducción engañosa, por las intenciones de una élite que manejaba a la gente según sus intereses).

Leamos sus propias palabras en el libro La Política:

«De los gobiernos unipersonales solemos llamar monarquía al que vela por el bien común; al gobierno de pocos, pero de más de uno, aristocracia (porque gobiernan los mejores (áristoi) o bien porque lo hacen atendiendo a lo mejor (áriston) para la ciudad y para los que forman su comunidad; y cuando la mayoría gobierna mirando por el bien común, recibe el nombre común a todos los regímenes políticos: república (politeía) […]. Las desviaciones de los citados son: la tiranía, de la monarquía; la oligarquía, de la aristocracia y la democracia, de la república. La tiranía, en efecto, es una monarquía orientada al interés del monarca, la oligarquía, al de los ricos y la democracia, al interés de los pobres. Pero ninguna de ellas presta atención a lo que conviene a toda la comunidad».

Es evidente que lo que hoy le exigiríamos a un científico: precisión y claridad, no eran preocupación de  Aristóteles dado que a él le interesaba poder tener un criterio clasificatorio simple para diferenciar las diversas constituciones que estaba estudiando, pertenecientes a los pueblos que tenía a su alcance, llamados por los griegos los bárbaros. De todos modos él mismo reconoció la ambigüedad de su clasificación al observar que en la realidad histórica no se encontraban esas formas puras de gobierno sino una mezcla poco homogénea de las tres posibilidades lógicas. Sin embargo, es rescatable que en la clasificación Aristóteles queda muy claro que las formas correctas de gobierno lo son siempre en torno al bien común, y degeneran cuando sólo salvaguardan los intereses de una parte de la sociedad política.

Es otro trabajo la Ética a Nicómaco reflexiona, desde la filosofía política, sobre las bondades y defectos de las constituciones que está estudiando, para deducir de todo ello la mejor constitución para Atenas. La ética, afirma, es el sostén necesario de la política, y por ello las dos obras son consideradas como partes de un tratado más amplio, que trata sobre la «filosofía de los asuntos humanos».

Mirando al mundo XXXIV – Política y marketing – Columna Nº 83 – 23-11-16

Para cerrar con esta columna los comentarios sobre la elección presidencial de los Estado Unidos, vamos a revisar algunos comentarios publicados, por personas que merecen se les preste atención. Comienzo por Cristina Kirchner, quien ha dado muestras sobradas de una formación intelectual seria, criterio de análisis profundo, como dio prueba de ello en foros internacionales; una inteligencia que sobresale de la media y que ha sido comentada en sus participaciones en universidades de primera línea. Dijo sobre el tema:

“Que nadie se confunda. En Estados Unidos no ganó el Partido Republicano. Ganó alguien que  emergió de la crisis de representación política desatada a partir de la aplicación de las políticas económicas neoliberales del Consenso de Washington… No hubo un voto racista, no caigamos en los estereotipos… sino que los americanos votaron principalmente romper con un modelo económico que les quitó el trabajo y la casa”.

Es decir, quienes no quisieron hacerse cargo de la situación social anterior, no vieron venir el reclamo de una parte importante del votante estadounidense. El periodista, escritor e investigador uruguayo Raúl Zibechi, agrega en esta misma línea de análisis:

Trump es consecuencia de la crisis del 2008 y de dos décadas de globalización. Ambos hechos crearon un empobrecimiento de los trabajadores y de la mayoría de la población de los Estados Unidos. La globalización promovió que muchas fábricas cerraran y fueran a instalarse en China, o en México, o en otros países de Asia donde hay salarios más baratos. Y todo el cinturón industrial de Estados Unidos se vino abajo. Y la crisis de 2008 provocó que millones de personas se quedaran  sin casa, sin infraestructura digna, con un fuerte deterioro de los servicios educativos y de salud; de las carreteras, de las calles. Y la brecha de ingresos entre los más pobres, las clases medias y los más ricos, creció. El telón de fondo de este proceso es el declive de los Estados Unidos como potencia hegemónica. En el 45, cuando termina la Segunda Guerra Mundial, el 50% de todo lo que se producía en el mundo venía de Estados Unidos: coches, heladeras, electrodomésticos, todo. Hoy es menos del 20%, ha sido superado en todos los sectores productivos por otros países, como China. Incluso en las tecnologías de punta. Ya se venía venir una profunda rabia de los estadounidenses contra el 1%, que es el sector financiero y Wall Street.

Agrega Zibechi una apreciación sobre el tipo de votante que llevó a la presidencia a Trump:

Es un votante nostálgico de los buenos tiempos de Estados Unidos. También hay gente que rechaza el sistema, quizá desde una posición conservadora. Pero hay gente común también que no quiere que Wall Street siga mandando en Estados Unidos. Que no prevalezcan más las élites yanquis para poder lograr mejores servicios de salud y educación. Hoy Estados Unidos está en el lugar 38 en cuanto a  esperanza de vida. Es un país que se parece más, desde el punto de vista social, a los países que están mejor de América Latina. ¿Por qué? Porque se gasta mucho en sostener las 850 bases militares que hay en el mundo; los 11 portaaviones; ese ejército brutal que interviene en todo el planeta. A los votantes no los indignó que fuera machista, misógino, racista: lo que les interesó es que Trump quiere hacer las paces con Rusia, quiere dedicar menos dinero a la intervención en el mundo y más dinero a resolver los problemas internos.

Y cierro con el comentario que la conocida periodista canadiense Naomi Klein, la autora de La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre (2007), publicó en  The Guardian, de Londres (10/11/2016), dice:

Aquí está lo que necesitamos entender: hay un infierno lleno de gente que está sufriendo. Bajo las políticas neoliberales de desregularización, privatización, austeridad y acuerdos corporativos, su nivel de vida ha caído en picada. Han perdido sus trabajos. Han perdido sus pensiones. Han perdido gran parte de la red de protección que solían utilizar para hacer que esas pérdidas fueran menos aterradoras. Ven un futuro para sus hijos incluso peor que su precario presente.

Debemos preguntarnos ¿era tan imprevisible que el pueblo de los Estados Unidos votaran como lo hicieron? Tal vez, allá como acá, los medios ocultan todo aquellos que desnude las consecuencias del neoliberalismo. Se puede ocultar algún tiempo… pero no siempre. Miremos Europa y podremos comprender mejor, a partir de esta lección, que puede suceder.

II.- Reflexiones sobre la política – La política y la economía – LU3 – 22-11-16

El paso siguiente que tenemos que dar, para entrar en materia en el tema propuesto, después de haber indagado por el preguntar y su necesidad, es preguntarnos qué es la política. Para ello, una vez más deberemos volver a los griegos clásicos, en este caso a Aristóteles, ya mencionado, pero ahora nos dirigimos a su libro la Política. En la primera parte del  libro Aristóteles habla de la ciudad (polis) o “comunidad política” que la diferencia de otros tipos de comunidades y asociaciones tales como la familia y el pueblo. Para precisar la diferencia entre las formas orgánicas mencionadas y la polis define quién debe ser considerado como ciudadano.

Entonces dice algo que algunos teóricos del liberalismo han olvidado: la teoría de la “sociabilidad natural” del hombre. El hombre es un animal social (zóon politikon), es decir, un ser que necesita de los otros de su especie para sobrevivir. No es posible pensar que el individuo sea anterior a la sociedad, que la sociedad sea el resultado de una convención establecida entre individuos que vivían independientemente unos de otros en estado natural. Es la condición de animal político lo que coloca el gran griego como base de la política, que por ello es la tarea humana por excelencia. Entonces, se puede entender, que la política sea la ocupación más importante de los ciudadanos, dado que la ciudad en la Grecia clásica era la unidad estatal existente, su organización superior.

De este modo, todos los asuntos del Estado eran asuntos de todos los ciudadanos, es decir, de los habitantes de la ciudad con poder civil. Los griegos empezaron a llamar a estos temas “politikoí”, en oposición a aquellos personales e intereses privados de los ciudadanos llamados “idiotikós” o “privados”. De allí que a los hombres que no se preocuparan de los temas concernientes a la “pólis”, los asuntos políticos, los llamarían “idiotes” (idiotas), que significaba “ciudadanos incultos” o “no conocedores de las artes del gobierno”. Recordemos que Bertolt Brecht afirmó:

“El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos… No sabe que el costo de la vida… depende de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto…

Hoy en día el concepto “político”, como persona dedicado a vivir de la política, se encuentra bastante cuestionado. Por haber padecido una clase de personas que hacen de esa actividad una profesión o carrera, es decir que se sirven de ella en lugar de servir a la comunidad. Sin embargo, volviendo al significado original, se puede afirmar que los que se autodenominan “políticos” no son más que “idiotas”, ya que no responden a lo que le concierne al Estado o ciudad, sino que sólo velan por sus propios intereses. Sin perder de vista que el neoliberalismo ha hecho campaña desprestigiando la actividad política como una vocación perversa.

Un importante pensador como el sociólogo alemán Max Weber (1864-1920), escribió La Política como vocación (1919), allí sostiene:

Por política entenderemos solamente la dirección o la influencia sobre la dirección de una asociación política, es decir, en nuestro tiempo, de un Estado… tendremos que decir que Estado es aquella comunidad humana que, dentro de un determinado territorio (el territorio es el elemento distintivo), reclama (con éxito) para sí el monopolio de la violencia física legítima… Quien hace política aspira al poder; al poder como medio para la consecución de otros fines (idealistas o egoístas) o al poder “por el poder”, para gozar del sentimiento de prestigio que él confiere. Ahora bien, en el curso de este proceso político de expropiación que, con éxito mudable, se desarrolló en todos los países del globo, han aparecido, inicialmente como servidores del príncipe, las primeras categorías de “políticos profesionales” en un segundo sentido, de gentes que no querían gobernar por sí mismas, como los caudillos carismáticos, sino que actuaban al servicio de jefes políticos… Se puede hacer “política” (es decir, tratar de influir sobre la distribución del poder entre las distintas configuraciones políticas y dentro de cada una de ellas), como político “ocasional”, como profesión secundaria o como profesión principal… Hay dos formas de hacer de la política una profesión: se vive “para” la política o se vive “de” la política… Por esto el político tiene que vencer cada día y cada hora a un enemigo muy trivial y demasiado humano, la muy común vanidad, enemiga mortal de toda entrega a una causa y de toda mesura, en este caso de la mesura frente a sí mismo… La política consiste en una dura y prolongada penetración a través de tenaces resistencias, para la que se requiere, al mismo tiempo, pasión y mesura.

Esta brillante síntesis nos habla de la multiplicidad de facetas que tiene la actividad política. Como toda actividad humana tiene una cara angelical y una cara diabólica. Sin embargo ello no debe llevarnos a descartar el camino único de transformar la realidad.

Otra dimensión social, estrechamente ligada a la política es la economía. Etimológicamente, proviene del griego oikonomia, cuya creación se atribuye al historiador, filósofo y militar Jenofonte (431-354 a C), quien además fue discípulo de Sócrates. Oikos significa casa-hogar y nomos quiere decir ley-norma, se puede definir como la ciencia para la administración de la casa. Necesaria para su buen funcionamiento y para que el ciudadano ateniense pudiera vivir desentendiéndose de esos menesteres, de manera tal que se pudiera dedicar exclusivamente a la política (actividad de hombres libres y ricos). Se infiere de esto que la economía ocupaba un espacio secundario en el pensamiento de Aristóteles. Teniendo especialmente en cuenta que la casa, en la polis riega, no era solamente el lugar que se habitaba sino también el lugar de producción de los alimentos, y el lugar donde se encontraban los esclavos.

El concepto administrar viene del latín “administratione” está compuesto por dos vocablos: ad y ministrare, que significa conjuntamente “servir”, entendiéndolo en forma implícita en el sentido de que es necesariamente una actividad cooperativa que tiene el propósito de servir. Se destaca en su mismo origen etimológico que expresa ambos significados: cooperación y servicio para el logro de los objetivos.

Esto debe unirse a lo dicho de la vocación política, dado que un político era, por su misma actividad, un administrador de las cosas públicas. Ella agrega a la definición de la política el sentido necesario fundamental de servir a su comunidad y no, como advierte Weber su corrupción de servirse de su actividad.

I.- Reflexiones sobre la política – ¿Qué es eso que se llama reflexionar? – LU 3 – 15-11-16

Parte I

Comenzaremos por preguntarnos qué cosa es reflexionar – según RAE: «considerar nuevamente algo, pensar con cuidado, atenta y detenidamente sobre algo» ─  nos enfrenta, de inmediato, ante una pregunta nada sencilla de responder. Puesto que para responderla, dicen los que saben, es necesario partir de alguna base que es necesariamente filosófica. Pareciera, entonces, que para reflexionar se debe preguntar y el preguntar es una actividad filosófica. ¿Es necesario entonces ser filósofo? Efectivamente se debe ser filósofo. Pero no debemos desesperar: filósofo somos todos cuando nos detenemos a pensar sobre algo.

Recuerden a Discepolín que decía del Cafetín: «En tu mezcla milagrosa de sabiondos y suicidas yo aprendí filosofía…» esa es una filosofía de la vida, de nuestras vida cotidianas. Todas las preguntas que a diario formulamos, y nos formulamos, en alguna medida, pertenecen al reino de la filosofía. No la que ciertos señores serios con gruesos anteojos cultivan, sino la que circula por las calles del barrio.

Entonces acerquémonos, nosotros los ignorantes – según dice el diccionario: personas que no saben− y en eso de ignorar todos tenemos mucho ignorado. Bien, asumiendo esa condición, deberemos aclarar que no somos ignorantes absolutos, sino en algunos temas, en este caso ¿sabemos, qué es reflexionar, aunque utilicemos esa palabra muchas veces?. Partiendo de aceptar que reflexionar y filosofar son primos muy cercanos. Dirijámonos a esos que dicen que saben y veamos qué son capaces de ofrecernos.

Por ejemplo podemos leer que «La filosofía es un conocimiento, un saber, de los tantos que posee el  hombre, que resulta de una actividad que se llama filosofar». Equivale a decir: «hablar es lo que hacen aquellos que hablan», pero esto no nos permite avanzar ni un milímetro.

Veamos a “otro de los que saben” que nos dice: «Hay algunos que sostienen que no se puede enseñar  filosofía, pero sí a filosofar». ¡Interesante! Podríamos entenderlo comparando el filosofar con el aprender a andar en bicicleta: se aprende intentado subirse a la bicicleta y pedalear. Pero ¿eso nos pone en el riesgo de darnos un golpe? Y “otro de los que saben” nos responde:

«El hombre comienza a filosofar cuando pierde todas las certezas que tenía, cuando todo a su alrededor se tambalea y no tiene de dónde agarrarse para no caer. Esto es así porque la filosofía pretende ser un saber sin supuestos; es decir, que no parte de nada anterior a sí mismo».

De esta afirmación se desprende, entonces, que los que están seguros de saber todo lo necesario no están en condiciones de filosofar, por lo tanto de poder saber qué es la filosofía. La humildad es, entonces, una condición del filósofo. Cuenta la tradición que uno de los mejores amigos de Sócrates (470-399 a. C.), le preguntó al oráculo de Delfos si había alguien más sabio que Sócrates, y la Pitonisa (adivina o hechicera) le contestó que no había ningún griego más sabio que él:

«Al escuchar lo sucedido, Sócrates dudó del oráculo, y comenzó a buscar alguien más sabio que él entre los personajes más renombrados de su época, pero se dio cuenta de que creían saber más de lo que realmente sabían, en cambio él era consciente tanto de la ignorancia que le rodeaba como de la suya propia. De allí sale su afirmación: “Solo sé que no sé nada”».

Ahora, creo, que hemos descubierto algo: si preguntamos ¿Qué es eso que se llama filosofía? es porque no lo sabemos y, además, hemos descubierto que no lo sabemos. Entonces también tomamos conciencia de que estamos ignorando, que no tenemos certezas o que las hemos perdido. De cualquier modo entramos en un estado de necesidad de saber, que nos aguijonea y nos remite, por lo tanto, a comenzar a preguntar.

Y el tema sobre el nos vamos a preguntar en estas reflexiones es ¿Qué es la política? Deberemos diferenciar esta palabra de algunas que dan vueltas alrededor de ella.

Parte II

Por lo que hemos visto hasta ahora es que: sólo aquella persona que reconoce su ignorancia está abierta al conocimiento, en otras palabras de comenzar a filosofar. Podemos anotar, como un primer paso: el reconocimiento de que algo nos falta es la condición necesaria que nos lleva a la pregunta ¿qué nos falta? y ¿por qué nos falta? Creo que hay aquí algo que debemos guardar dentro de nosotros, como un primer aprendizaje: el humilde que pregunta está en el camino de aprender.

«El acto de preguntar, es único y específico del ser humano. Expresa la curiosidad por conocer, por trascender más allá de la experiencia inmediata de las cosas. La pregunta nace de la capacidad de descubrimiento, del asombro, y por ello la pregunta implica el reconocimiento de una carencia. El preguntar está íntimamente relacionado con la curiosidad».

La afirmación: «La filosofía comienza por el asombro» aparece al principio del libro de Aristóteles (384-322 a. C) Metafísica  (del griego meta = lo que está más allá; phisika = el orden natural; “lo que está más allá de la naturaleza”). Esa frase ha logrado una aceptación universal. Asombrar significa, de acuerdo a su  etimología, sacar a alguien de las sombras, alguien que está en la oscuridad, y se lo lleva hacia la claridad, hacia la luz que simboliza la verdad.

«El asombro es un estado o sentimiento que normalmente afecta a las personas cuando se descubre, se manifiesta algo totalmente fuera de lo habitual, algo inesperado que no encuentra una explicación inmediata».

Por ello sin asombro, sin aquello que nos sorprende, que nos inquieta, que nos deslumbra y hasta podríamos decir nos encandila −esta palabra nos habla de una cantidad muy intensa de luz por la cual nos impide ver bien−. El problema se presenta cuando no hay pregunta posible porque todo se nos presenta bajo una manto de lo ya conocido o sabido. Podría decir se vuelve de un color gris homogéneo. Cuando algo sobresale sobre lo cotidiano, lo habitual, algo que se destaca dentro de ese paisaje, algo que, aunque lo hayamos visto antes no habíamos reparado en ello, porque habíamos visto pero no mirado con atención, especialmente, se nos impone preguntar: ¿qué es eso? En busca de una respuesta, una explicación por la necesidad humana de saber y comprender.

Sin asombro, entonces, pareciera que no se llegará a parte alguna en el camino de saber más, que parece ser otra forma del filosofar. Sin la pregunta que busca una respuesta que satisfaga a la mirada inquisitiva, se estará a expensas de lo que otros nos cuenten, de los asombros de aquellos que encontraron una respuesta para ellos, y por tal razón, por nuestra falta de curiosidad, nos quedaremos sin construir por nosotros mismos una verdad propia, nuestra perspectiva dentro del mundo compartido. Esta verdad la iremos corroborando en la medida en que la crucemos con otras verdades que la pongan a prueba. El filosofar obliga a confrontar nuestras verdades  con las verdades de los demás.

Ser entonces pequeños filósofos de la vida, porque somos parte integrante del grupo de los asombrados, es lo que nos habilita a no eludir el ser protagonistas de nuestro mundo.  De todo ello podemos concluir que el preguntar es el instrumento de la construcción de un conocimiento, tarea de la que hemos sido parte.

Hay una muy interesante anécdota que debemos incluir acá porque encierra una importante enseñanza: es la que cuenta el Doctor en Física, Arno Penzias, Premio Nobel de Física (1978):

«¿Cuál fue tu mejor pregunta hoy? Con este saludo recibía Jennie Teig Rabi a su hijo Isaac, cuando este regresaba de la escuela. El pequeño Isaac Isador Rabi creció y llegó a ser uno de los más distinguidos físicos del siglo veinte. Por ello recibió también el Premio Nobel en física (1944)».

Un ejemplo del asombro:

«Siempre vi que el sol salía por el este y se ponía por el oeste, pero hoy ese hecho me produce admiración y me pregunto: ¿por qué el sol sale por el este y se pone por el oeste? Como dice Aristóteles, éste es un saber sin utilidad, porque independientemente de lo que yo concluya, el sol seguirá haciendo lo que venía haciendo. Es un saber por el puro gusto de saber».

Estamos comenzando a filosofar.

Mirando al mundo XXXIII – Política y marketing columna Nº 82 – 16-11-16  

El hecho político de estos meses de fin de año es, sin ninguna duda, el triunfo en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos del candidato Donald Trump. Fenómeno que aparece como una gran sorpresa calificación que debe ser matizada un poco, para salirnos del escenario montado por los medios internacionales. Esto debe ser extensivo a los nacionales que funcionan como un espejo. De allí la sensación, que está presente en estos medios, de catástrofe que tomó desprevenida a la gran mayoría de la población del mundo. Parto de la afirmación que no podemos ignorar que esa sensación ha sido trabajada prolijamente por la prensa internacional.

Voy a comenzar a poner paños fríos sobre la conciencia occidental, para ello trataré de bosquejar un diagnóstico de la situación socio-política del gran país del norte, puesto que el resultado no fue, en primer lugar, tan sorpresivo, salvo para quienes o no pudieron ver, o no supieron ver, y, segundo, se ignoró el proceso que se venía acumulando en las últimas décadas en aquel país. Un poco de historia.

Los Estados Unidos habían comenzado un giro político hacia la derecha conservadora a partir del gobierno de Ronald Reagan (1981-1989) siguiendo los pasos de la primera ministra del Reino Unido Margaret Thatcher (1979-1990).  Con ese eje que cruzaba el Atlántico bajo el nombre de la Revolución Conservadora, se fue creando un “sentido común”, acompañado por el consenso de los “políticos y economistas serios”, a lo que se agregaba el coro de los “académicos serios”.

 Este consenso quedó plasmado en un documento en el que se institucionalizaba el clima ideológico hegemónico. En grado ya de verdad revelada, se lanzó el TINA (There is no alternative –en español «No hay alternativa o No hay elección posible»), pronunciado por la ministra británica. El derrumbe de la Unión Soviética (1989/91) exacerbó ese exitismo. El Consenso de Washington (1989) fue propuesto por el  economista John Williamson (1937):

«Su objetivo era describir un conjunto de diez fórmulas relativamente específicas que constituía el paquete de reformas “estándar” para los países en crisis. Firmado por una gran mayoría de países  pasaron a quedar bajo la vigilancia del Fondo Monetario Internacional (FMI), del Banco Mundial (BM) y del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos».

La Organización Mundial del Comercio (OMC), fundada el 1995 quedó encargada de garantizar la aplicación de ese plan:

1.- limitación rigurosa del poder del Estado nacional para intervenir en la economía, salvo la Unión Europea que estaría reguladas por Bruselas;

2.- el elemento clave para el óptimo mecanismo de asignación de inversiones le correspondió a los mercados financieros;

3.- sólo quedaba fuera de ese control la industria militar.

Todo ello pasó a conformar una especie de “sentido común” que evitaba e impedía entrar en “polémicas absurdas” dada la claridad e irrefutabilidad de verdades que se imponían por su propio peso.

Como un aporte al diagnóstico de los Estados Unidos, resultado de la aplicación de esa política, el diario La Jornada, editado por la Universidad Autónoma de México informa:

En Estados Unidos cerca de 37 millones de personas, 12.6 por ciento del conjunto de la población, están considerados como pobres, y según cifras oficiales de los centros de estadística 46,6 millones viven sin ningún tipo de seguro médico. Registra las tasas de pobreza infantil más elevadas, por encima del 20 por ciento. El déficit fiscal estadounidense reapareció en el primer gobierno de George W. Bush, por dos razones: 1.- el aumento del gasto bélico, que pasó de 371 a 735 mil millones entre 2000 y 2008, y, 2.- las reducciones de impuestos a los más adinerados. Pero mucho más lo aumentaron los dos planes de rescate, el de Bush y el de Obama, por 700 y 900 mil millones de dólares, respectivamente, para salvar las quiebras de los bancos y las empresas en problemas. El desempleo supera un nivel muy alto para un país con baja protección social, y unas 200.000 familias por mes pierden sus viviendas, a causa de sus hipotecas impagas. Los  continuos  déficits se acumularon y aumentaron la deuda pública, que superó el máximo autorizado por el Congreso, 14,3 billones de dólares, equivalente al producto bruto estadounidense

El prestigioso blog http: www.sinpermiso.info publica una nota de Gregory Elich miembro de la Junta Directiva del Jasenovac Research Institute ─ una organización de derechos humanos ─ que lleva por título La desigual batalla en EEUU: una implacable guerra de clases desde arriba, en la que se puede leer:

Uno nunca puede tener demasiado dinero. En los EE.UU., el uno por ciento de la población recauda casi un cuarto del ingreso nacional y goza de un 40 por ciento de la riqueza. Para esa clase, el problema es que con eso no basta. Para los trabajadores comunes, la recesión sólo trajo dificultades económicas. Sin embargo, para las corporaciones norteamericanas, significó otra cosa: una oportunidad. Para ellas, fue la oportunidad de moldear de forma permanente la economía en algo que se aproxima al modelo del tercer mundo: una enorme riqueza y privilegios para los más ricos y desempleo, caída de los salarios y servicios sociales inadecuados o inexistentes para el resto de la sociedad.

reo que este diagnóstico dice bastante de los electores de los Estados Unidos que se presentaron a votar y habla de por qué votaron como lo hicieron. Un buen relato respecto de este tema puede verse en el documental de Noam Chomsky:

 

 

Mirando al mundo XXXII – Política y marketing – columna Nº 81 – 9-11-16

La deuda que contrajo el proceso cívico militar aumentó exponencialmente: en 1975 registraba una cifra 7.300 millones de dólares; al dejar el gobierno en 1983 había ascendido a 49.000 millones. Ese incremento de la deuda no tuvo como resultado el crecimiento económico ni grandes mejoras infraestructurales para el desarrollo del país. Gran parte de ella se dilapidó en la llamada “bicicleta financiera” que en estos días ha vuelto a aparecer. Veamos esto.

Los Calcagno, padre e hijo, en el trabajo citado en la columna anterior, avanzan sobre la deuda de Proceso, y las causas de su excesivo crecimiento. El mecanismo era sencillo, aunque de consecuencias terribles. La que fue tristemente conocida como la tablita cambiaria, por la cual Martínez de Hoz le aseguraba a los empresarios el valor del dólar futuro en el momento de la recompra, sostenido por el Estado. Lo cual garantizaba que la conversión de pesos a dólar estuviera asegurada para el momento de  llevárselos del país. Lo describen así:

Tras la liberalización financiera y la política de atraso cambiario dispuestas por Martínez de Hoz, las tasas de interés internas se volvieron mucho más elevadas que las externas. Para las empresas grandes y los bancos locales era buen negocio endeudarse en el exterior para colocar ese dinero en activos financieros internos. Cuando se hicieron evidentes los riesgos de devaluación, los capitalistas depositaron sus fondos, en bancos del extranjero, aumentados por las altas tasas de interés. Fue lo que en esa época se llamó la “bicicleta financiera”, gracias a la cual esos agentes privados, mediante la fuga de capitales, constituyeron importantes saldos en el exterior. Las  contrapartidas de esa “plata dulce” fueron la disminución de las reservas internacionales y el fuerte endeudamiento del Estado.

Aquellos que estén siguiendo estas líneas podrán sorprenderse al ver como la historia se repite: hoy esas condiciones de ventajas para los que traen dólares al país y los invierten en las Lebacs (Letras del Banco Central que emite semanalmente el Banco) para financiarse en pesos en el corto plazo. Se logra así un mayor atractivo al ofrecer intereses, muy por encima de la inflación esperada y de los habituales de los bancos. Siguen los autores:

La guinda de la torta es la estatización de la deuda privada. Los teóricos de las privatizaciones hicieron que el Banco Central pagase las deudas privadas, a través de un sistema de seguros de cambio que al final transformó la deuda privada en deuda pública. El festival le costó al Estado argentino 14.500 millones de dólares entre 1981 y 1983. Lo que lo hace aún más escandaloso es que la mayor parte de los seguros generosamente otorgados (siempre con costos muy bajos y en algunos casos de manera retroactiva) eran innecesarios, ya que las empresas y capitalistas que declaraban deudas tenían también grandes saldos de activos financieros en el exterior (es decir que en términos netos no estaban endeudados en dólares).

La fundamentación que ofreció el Ministro Martínez de Hoz estaba basada en el supuesto de que una parte importante de aumento de los precios se debía a «factores psicológicos». Para contrarrestar esta influencia, les aseguró el porcentaje de devaluación y lo hizo fijando la variación de la pauta cambiaria, es decir, cuál sería la relación entre el peso y el dólar para cada día de los siguientes ocho meses, de enero a agosto de 1979.

Esta vez, en lugar de establecerse como precio del dólar una suma fija, a lo largo de esos ocho meses cada dólar iba a costar una cantidad creciente de pesos fijada con anticipación. De este modo, quedó establecido en un instrumento, ya mencionado como La Tablita, cuál iba a ser, en ese lapso, el porcentaje de la devaluación de la moneda argentina. Sin embargo, y esto no estaba en sus previsiones, en ese período la inflación aumentó mucho más que la devaluación programada, de modo que el peso siguió sobrevaluado y el retraso de la paridad cambiaria afectó al sector exportador. Apareció, entonces, el famoso dólar paralelo.

Consulté http://www.alconet.com.ar/varios/dolar_historico.html para ver el valor en pesos del dólar para el periodo 1976-1981. La inflación real, reflejada en esa relación, fue de un 635%. Esto obligó al Banco central a cubrir una enorme cifra en dólares para cubrir la diferencia entre el valor del “dólar real” y el que estipulaba la tablita.

Mirando al mundo XXXI – Política y marketing – Columna Nº 80 – 2-11-16

Hemos vuelto la mirada hacia historias viejas, revisando el famoso empréstito de la Baring Brothers (1824) y el tratado Roca-Runciman (1933) con la intención de detectar modelos de comportamiento de los gobiernos conservadores en sus relaciones con los poderes internacionales. Esto adquiere mayor relevancia hoy cuando estamos siendo testigos de un nuevo endeudamiento, que crece de forma alarmante, cuya cifra final todavía es incierta.

Ahora nos remitiremos a historias más recientes y aceptaremos como fecha de inicio de esta nueva etapa, la que coinciden muchos investigadores en marcar: 1976, el golpe cívico-militar denominado Proceso de Reorganización Nacional. Bien mirado, ahora desde sus terribles consecuencias, fue realmente lo que su título anunció: una reorganización política, económica y financiera para poner los bienes públicos al servicio de las empresas privadas, nacionales e internacionales.
El historiador Norberto Galasso, en sus investigaciones sobre el proceso de la deuda externa, publicadas en el 2003 en el libro De la Banca Baring al FMI. Historia de la deuda externa argentina (1824 – 2001) afirma:

Encuentro un patrón de conducta: siempre la negocian los mismos, el que la toma es empleado del que presta y se descontrola en dictaduras. El resultado es el gran peso que comprometerá a varias generaciones. Antes del golpe de Estado de 1976, el estudio jurídico de Guillermo Walter Klein era apoderado en la Argentina de dos bancos extranjeros. El número de clientes creció a más de veinte cuando Klein se convirtió en la mano derecha de José Alfredo Martínez de Hoz en el Ministerio de Economía. Desde ese puesto, tomaba créditos para el país con los mismos bancos a los que representaba. Fue una de las tantas veces en que el gobernante y el prestamista estuvieron sentados del mismo lado de la mesa, enfrentados a los intereses del país.

Alfredo Eric Calcagno – Ex funcionario de la Naciones Unidas y de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), y su hijo Eric Calcagno – Graduado en la Universidad de París (Francia) son autores de un libro La deuda externa explicada a todos (2000) en el que ofrecen, de un modo sencillo, comprender un tema técnico fuera del alcance de la mayoría de nosotros. Comienzan definiendo qué es la deuda externa para la Argentina hasta la época de su publicación:

El endeudamiento argentino tiene una larga historia y una lógica interna funcional a un proyecto de profunda transformación económica del país, que conduce “naturalmente” al achicamiento del Estado, desregulación, caída del salario, desnacionalización -privatizaciones mediante- y fuga de capitales, cuyo inexorable desenlace sería la dolarización, que algunos sectores ya anuncian. La Argentina actual se encuentra sumergida en un modelo que comienza en 1976 con la dictadura militar y culmina en la década de 1990

Presentan una diferenciación de endeudamientos y actores para analizar sus particularidades:
Para recordar qué es y qué no es la deuda resulta provechoso situar el problema del endeudamiento en su contexto actual, que remonta a las épocas del ministro de Economía de la dictadura (1976/83), José A. Martínez de Hoz. Llamamos “deuda vieja” a los compromisos contraídos en ese período. También es necesario analizar el boom del endeudamiento desde 1991 y sus lazos con la convertibilidad para tener una visión de la “deuda nueva”.
La deuda vieja tiene su origen en una etapa, que ya analizamos en columnas anteriores, relacionada con el exceso de petrodólares ─como se los denominó en aquel tiempo─ que los principales bancos internacionales acumulaban y que estaban urgidos de prestar. Es decir, fue un negocio para la banca externa y no una necesidad de nuestro país. La deuda nueva comienza en 1991 con lo que se denominó la dolarización de la economía por la paridad ($1 = u$s 1).

Mirando al mundo XXX – Política y marketing – columna Nº 79 – 26-10-16

Las consecuencias del pacto Roca-Runciman fueron graves para la economía argentina, dadas la cantidad de cláusulas que comprometían institucional, financiera y económicamente el futuro. Nuestro país entregaba muchísimos más de lo que recibía: Inglaterra sólo se comprometía a seguir comprando carnes argentinas siempre y cuando su precio fuera menor al de los demás proveedores de sus colonias. El vicepresidente Julio A. Roca (hijo), en un gesto de genuflexión para llegar a ese acuerdo, y sin el menor pudor afirmó que:
La Argentina debía ser considerada, desde el punto de vista económico, una parte integrante del imperio británico. Otro miembro de la delegación sostuvo a su turno que “la Argentina es una de las joyas más preciadas de su graciosa majestad”.
El senado fue una caja de resonancia de los intensos y acalorados debates que se dieron por las denuncias que se presentaron. El sector de los ganaderos pequeños y medianos, mayoritario, pero no el más fuerte no recibió casi nada de ese tratado. Eso se tradujo en un gran desconcierto. Sin la menor duda los intereses británicos habían sido largamente los más beneficiados. El senador Lisandro de la Torre, en representación de los ganaderos del interior, acusó al gobierno y a los grupos económicos de haberse sometido a los intereses contrarios a la Argentina, sostuvo en junio de 1935:

La industria más genuina del suelo argentino, la ganadería, se encuentra en ruinas por obra de dos factores principales: la acción extorsiva de un monopolio extranjero y la complicidad de un gobierno que unas veces la deja hacer y otras la protege directamente.

Continuaba el senador de la Torre:

El gobierno inglés le dice al gobierno argentino “no le permito que fomente la organización de compañías que le hagan competencia a los frigoríficos extranjeros”. En esas condiciones no podría decirse que la Argentina se haya convertido en un dominio británico, porque Inglaterra no se toma la libertad de imponer a los dominios británicos semejantes humillaciones. Los dominios británicos tiene cada uno su cuota de importación de carnes y la administran ellos. La Argentina es la que no podrá administrar su cuota. No sé si después de esto podremos seguir diciendo: “al gran pueblo argentino salud”.

Tiempo después el legislador santafesino acusó por fraude y evasión impositiva a los frigoríficos Anglo, Armour y Swift. Aportó pruebas que comprometían directamente a dos ministros de Justo: Federico Pinedo de Economía y Luis Duhau de Hacienda, en las que se demostraba claramente el trato preferencial que recibían estas empresas que prácticamente no pagaban impuestos y a las que nunca se las inspeccionaba. Mientras que los pequeños y medianos frigoríficos nacionales eran abrumados por continuas visitas de inspectores impositivos. De la Torre probó cómo se ocultaba información contable en cajas selladas por el ministerio de Hacienda y demostró hasta dónde llegaba la impunidad de los frigoríficos ingleses.

En septiembre de 1934, el senador de la Torre ya había denunciado en el parlamento:

El ministro argentino, señor Duhau, parece el ministro de algunos de los dominios británicos. El ministro de Agricultura sabe perfectamente que los frigoríficos constituyen un monopolio escandaloso; el ministro de Agricultura sabe perfectamente que realizan ganancias ilícitas; el ministro de Agricultura sabe mejor que yo que se quedan con la mitad de los cambios. Esta es obra del monopolio.

En julio de 1935, el senador santafesino por el Partido Demócrata Progresista, Enzo Bordabehere, ante el ataque de un matón cubrió el cuerpo del senador de la Torre. Fue asesinado en la Cámara Alta de la Nación, por el ex comisario Ramón Valdez Cora, matón a sueldo del ministro Pinedo.
La película Asesinato en el senado de la Nación narra con fidelidad histórica esta época.

Mirando al mundo XXIX – Política y marketing columna Nº 78 – 19-10-16

Como un modelo del tipo de negociaciones que han entablado gobiernos conservadores con potencias extranjeras, que revelan el servilismo que han demostrado, y cuyas consecuencias han sido siempre perjudiciales para la Argentina, voy a analizar el acuerdo firmado en 1933, de triste fama, conocido como el Pacto Roca-Runciman. Veamos su historia.

Como producto de la Crisis financiera mundial de 1930, Gran Bretaña, que era en aquella época el principal socio económico de la Argentina, tomó medidas tendientes a proteger el reducido mercado de carnes con la Commonwealth ─  la comunidad de naciones que conformaba con sus colonias y semicolonias─. En la reunión de Ottawa (Canadá), de un año antes, se decidió que sólo se compraría carnes a los países que conformaban esa comunidad: Canadá, Australia y Sudáfrica entre otras. Esto excluía a la Argentina que era su mayor proveedor, lo cual generaría enormes pérdidas a los exportadores de este país.

Un tema que no se hizo público en aquel momento, pero de indudable importancia para la época, era las diferencias de calidades entre la carne de nuestras pampas y la que podían aportar las colonias. A ello se agregaba las diferencias de distancias entre Londres y Buenos Aires de la que había entre esa metrópoli y las colonias, principalmente Australia. Esa diferencia hacía que las carnes de la Argentina se exportaban enfriadas, lo cual mantenían su sabor, mientras que las otras debían ser congeladas dado las distancias  mayores de viaje. El paladar del consumidor inglés estaba acostumbrado a nuestras carnes. Esto hacía que la amenaza de no comprar más tenía el carácter de una amenaza difícil de cumplir. Sin embargo, un argumento de tanto peso no fue utilizado por la delegación argentina que se sometió a las imposiciones británicas.

El acuerdo fue firmado entre la República Argentina y el Reino Unido en 1933. Se argumentó que el acuerdo comercial tendía a evitar en la Argentina los efectos de una política comercial británica favorable a los países de la Commonwealth. Como contrapartida, Argentina aceptó:

1.- La liberación de impuestos para productos británicos; 2.- tomó el compromiso de no habilitar frigoríficos de capitales nacionales; 3.- Paralelamente se creó el Banco Central de la República Argentina con competencia para emitir billetes y regular las tasas de interés: la constitución de su directorio iba a tener una mayoría de funcionarios del Imperio Británico; 4.- Se le adjudicó además al Reino Unido el monopolio de los transportes de Buenos Aires; 5.- El 85% de las exportaciones a este país debían realizarse a través de frigoríficos y barcos extranjeros; 6.- El Reino Unido se comprometía a dejar una participación de un 15% para frigoríficos argentinos.

Además la Argentina dispensaría a las empresas británicas “un tratamiento benévolo que tienda a asegurar el mayor desarrollo económico de ese país y la debida y legítima protección de los  intereses ligados a tales empresas”.

La Argentina mantendría libres de aranceles el carbón y demás mercaderías que se importaban en ese momento, exentas de impuestos, comprometiéndose a comprar en Gran Bretaña el total del carbón que consumía. Por otra parte Argentina se comprometía a no aumentar los aranceles aduaneros.