IX.- Reflexiones sobre la política – Los orígenes del Imperio – LU3 -10-1-17

 Comencemos con algunas aclaraciones necesarias. El Doctor Álvaro Cuadra, pensador, ensayista y académico, afirma algo que debe estar siempre presente en nuestras reflexiones sobre la historia y, por tanto, en la política. Debemos tener en cuenta que hoy esto es extensivo al mundo actual que vive en un estado casi permanente de guerra:

Lo primero que muere en una guerra es cualquier noción de “verdad”. Esto es así porque los estados convierten a sus medios de comunicación en instrumentos de propaganda y desinformación. En la hora presente, era de la Híper Industria Cultural, los medios han adquirido la capacidad de “fabricar el presente” en tiempo real. Las imágenes y el sonido “en directo” construyen un cuadro verosímil que se escenifica en las pantallas digitales, cumpliendo con ello su propósito fundamental: “make believe”─ en español se podría decir: hacer creíble─.

El prestigioso historiador británico Eric Hobsbawn (1917-2012) nos advierte:

Hoy la historia es más que nunca revisada o incluso inventada por personas que no desean conocer el verdadero pasado, sino solamente un pasado que esté de acuerdo con sus intereses. Nuestra época es la época de la gran mitología histórica… En el arsenal de las grandes potencias, junto a los misiles y aviones supersónicos, se encuentran, de manera preponderante, las agencias informativas y las grandes cadenas de televisión que cubren el planeta entero en todos los idiomas. La guerra simbólica precede y acompaña las campañas militares.

Esto es válido para todo lo que estudiemos, en nuestro caso del siglo XX en adelante. Es una  prueba clara de las dificultades que se cruzan en las investigaciones que estamos exponiendo. Por ello, como ya quedó dicho en la columna anterior, las reflexiones exigen apoyarse en un suelo sólido, para construir sobre él narraciones verosímiles. Esto impone enfrentar y superar el muro de mentiras y de ocultamientos, analizar con espíritu crítico cada información y, con todo eso, sólo podremos ofrecer una versión creíble, lo más cercana posible a la verdad. Volvamos a nuestra historia.

El historiador ruso, especialista en la Segunda Guerra Mundial, Valentín Falin, escribió un artículo: Reflexiones sobre la II Guerra Mundial donde sostiene una hipótesis necesaria para la comprensión del tiempo que abarcaron las dos grandes guerras:

La iniciativa del llamado Plan de Paz, entregada a la delegación estadounidense en la conferencia de Versalles celebrada en 1919, ponía oficialmente fin a la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, se debe aclarar que la Primera y la Segunda Guerra están vinculadas entre sí, por un núcleo común no confesado: la rusofobia. En  realidad, la II Guerra Mundial empezó mucho antes de su inicio oficial, cuando la Alemania nazi invadió Polonia en 1939. Todo lo que precedió a esa operación fue pasado por alto y no fue considerado como casus belli. Quizás porque durante esos años todas las agresiones directas o indirectas en el marco internacional habían sido llevadas a cabo según planes conjuntos de los países llamados democráticos.

Miguel Urbano Rodrigues – escritor, periodista y pensador portugués, escribió una reflexión que es útil recodar en estas columnas, que tituló Del Final de la II Guerra a la crisis de Civilización:

Existen muchas obras serias sobre la II Guerra Mundial que permiten acompañar su desarrollo. Los hechos no pueden ser ocultados. A pesar de ello, para la gran mayoría de la humanidad, transcurridos poco más de 60 años, es difícil hoy escapar a los efectos de la máquina de desinformación que presenta esa guerra bajo perspectivas que la deforman intencionalmente. Un sistema mediático perverso proyecta de ella una imagen falsa, concebida con objetivos políticos para provocar la adhesión al proyecto de sociedad que el engranaje de la globalización neoliberal intenta imponer a la humanidad.

Los historiadores serios de los EEUU, como Howard Zinn (1922-2010), son los primeros en reconocer que la decisión de Washington de utilizar el arma nuclear contra Japón, un país ya entonces militarmente derrotado, dado que ya se había firmado la paz entre los aliados y los alemanes el 22-6-1945. La bomba en Hiroshima se arrojó el 6-8-1945, más de un mes después.   Fue el primer acto de una larga guerra no declarada contra la Unión Soviética. Esa acción se insertó en el desarrollo de una estrategia que empezó a esbozarse poco después de la Revolución Rusa de Octubre de 1917. Dice Zinn:

El resultado de la Primera Guerra Mundial era aún una incógnita, pero la hostilidad de Inglaterra y de Francia a la joven revolución socialista fue inmediata. Los Estados Unidos asumieron una actitud idéntica y, después de la derrota del Imperio Alemán y antes de firmar la Paz, participaron activamente, en el Ártico y en el Extremo Oriente de operaciones militares cuyo objetivo declarado era el aplastamiento de la revolución bolchevique.

El final de la Primera Guerra Mundial (1918), mostró un panorama totalmente distinto como consecuencia de su resultado: el triunfo de los aliados (Gran Bretaña, Francia, Rusia, y los EEUU);  frente a los grandes derrotados: los Imperios del Centro (Alemania, Austria y Hungría). La novedad de ese cuadro político-militar fue una nueva presencia, un actor inesperado: la Rusia que iniciaba su camino socialista. Esta situación era inaceptable para los triunfadores, por tal razón fue, para muchos investigadores, una causa importante para la prolongación del conflicto en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Al término de ésta, con el triunfo de los aliados (Gran Bretaña, Francia, EEUU y la URSS) la situación no había cambiado. Lo inaceptable para el mundo occidental era la sobrevivencia de la URSS (el peligro rojo).

Siguiendo el consejo de importantes Maestros de la historia, pasaremos a revisar algunos de los acontecimientos más importantes de la Segunda Guerra Mundial que, a la luz de esta nueva óptica, nos ampliará la idea que tenemos de esa historia.

Mirando al mundo XXXIX– Política y marketing – columna Nº 89 – 4-1-17

El problema del mundo de posguerra es la omnipresencia de lo publicitario. Una frase que encierra una verdad profunda, aunque pueda parecer oscura, la escribió el filósofo argentino Enrique Dussel:

Es siempre así, y ha sido siempre así, lo más habitual, lo que “llevamos puesto”, por ser cotidiano y vulgar, no llega nunca a ser objeto de nuestra preocupación, de nuestra ocupación. Es todo aquello que por aceptarlo todos pareciera no existir; a tal grado es evidente que por ello mismo se oculta.

El lenguaje coloquial tiene una expresión que parece encerrar un significado similar: obvio. La Academia de la lengua dice: «Que se encuentra o pone delante de los ojos. Muy claro o que no tiene dificultad». Cuando algo desaparece para nuestra mirada, aunque esté presente ante nuestros  ojos, se dice que se naturalizó, que pasó a ser parte de eso cotidiano que damos por supuesto, por lo tanto no pensamos en ello.

Se podría decir a muchas personas que la publicidad miente y no tendrían dificultades en aceptarlo. Podemos encontrar en páginas especializadas, por ejemplo, www.artedinamico.com, afirmaciones de este tipo:

No hay la más mínima duda que anunciarse en medios masivos hace que el nombre de su producto o empresa se reconozca y recuerde. La publicidad da credibilidad a sus productos y allana el camino para los vendedores.

Esto es también evidente para cualquier consumidor. ¿No son actitudes contradictorias? Sigamos, en la página www.enlaescuela.elnortedecastilla.es se afirma:

Todos sabemos que nuestro mundo está manipulado por la publicidad. Nos pasan desapercibidas muchas de sus actuaciones. Es obvio que los publicistas trabajan observándonos y estudiando  nuestros comportamientos. Lo importante, desde jóvenes a mayores, es que no nos dejemos influir por la publicidad engañosa sino por nuestras propias necesidades.

Podemos acordar con lo dicho y al mismo tiempo preguntarnos: si todos sabemos que nos manipulan y al mismo tiempo se reconoce que los profesionales nos están estudiando para lograr vendernos lo que publicitan, ¿qué significa que no debemos dejarnos engañar por la publicidad? Se me ocurren dos actitudes: a.- si toda la publicidad miente no comprar nada de aquello que se publicita ─parece un imposible─; b.- si no debería haber un estricto control estatal para castigar a aquellos que intentan engañarnos ─ poco creíble ¿no? ─.

Los investigadores definen para que nosotros sepamos:

La publicidad engañosa es aquella que, de cualquier forma (incluida su presentación), puede inducir a error a sus destinatarios o afectar su comportamiento económico. Para los autores O’Guinn, Allen y Semenik, la publicidad engañosa es aquella cuyas características de un anuncio son distintas a las afirmaciones del desempeño de la marca. También se entiende por engañosa la publicidad que silencia datos fundamentales de los bienes, actividades, o servicios, siempre que dicha omisión induzca a error a los destinatarios.

¿No es sorprendente que un investigador diga cosas tan obvias, según la acepción de la palabra que define la Academia? Dicen: la mentira es todo aquello que no es verdad. ¿cuál es la novedad?

La palabra publicidad  alude al conjunto de procedimientos desplegados para favorecer la venta y el consumo de un producto previamente elaborado introduciéndolo en el mercado; en cambio, el término propaganda alude a la difusión de mensajes para embellecer, a menudo de una manera falaz, determinadas ideas, o programas de diversos contenidos, para hacerlos aceptables para los ojos del público en general. En el lenguaje popular, sin embargo, publicidad y propaganda son términos empleados a veces indistintamente. En esta confusión en el uso y comprensión de las palabras se filtran propósitos inconfesables.

El capitalismo desarrolla una especialidad en la materia, aparecen carreras terciarias y universitarias que se especializarán en investigaciones sociológicas, psicológicas, antropológicas, que aportarán todo un arsenal de técnicas y procedimientos para manipular ─sí, con toda la dureza del concepto─  la conciencia de ese nuevo sujeto social: el consumidor.

La página de la Universidad de Palermo www.palermo.edu informa sobre el tema de la publicidad:

A partir de las últimas dos décadas puede observarse que la actividad publicitaria se encuentra atravesando un período de crisis y redefinición… Así, las agencias intentan redefinir su lugar dentro del proceso publicitario y para ello deben atender también a los nuevos roles que ocupan ahora los anunciantes, los medios de comunicación, y las diversificaciones de la actividad… el nuevo rol del consumidor como generador de sus propios contenidos –personales y comerciales–…

No dice ni una palabra sobre el engaño sobre el cual se desarrolla la profesión.

Por su parte, el proceso de enseñanza de la publicidad ha ido cambiando en una suerte de propuesta y adaptación a los requerimientos que se plantean desde el mercado en base al perfil profesional buscado.

Quien define los contenidos de la formación es el mercado: es decir las empresas vendedoras.

Con la complejidad y el lugar que comenzó a ocupar la publicidad en el ámbito de las ciencias sociales en general y las de la comunicación en particular, trajo aparejado un profundo debate; debate que se ve reflejado en las variaciones que se realizan sobre los planes de estudio y sobre la ubicación de la publicidad en el mapa de las disciplinas universitarias.

Las universidades han renunciado a pensar los valores, la ética, el compromiso con la comunidad, de una carrera que forma profesionales en el triste arte de saber mentir.

Recomiendo, para tener una mirada más detallada de este negocio, ver la serie de televisión estadounidense Mad Men (es un término del argot neoyorkino, acuñado en la década de 1950, por los publicistas que trabajan en Madison Avenue para referirse a sí mismos). La traducción más adecuada del título podría ser Hombres desquiciados, pero al mismo tiempo juega con la idea de  ser Los hombres de Madison. La trama se centra en el negocio de las agencias.

www.google.com.ar/?gws_rd=ssl#q=mad+men+temporada+1

VIII.- Reflexiones sobre la política – Los orígenes del Imperio – LU3– 3-1-17

Podemos preguntarnos llegados a este punto: ¿por qué las reflexiones sobre la política, que promete el título, se van desarrollando tomando a los EEUU como centro o modelo? Una respuesta posible, y necesaria, es que la historia de ese país ─ y de gran parte del mundo─ ha sido contada por ellos mismos, y su enorme aparato propagandístico ─ incluido Hollywood ─. Por tal razón nos ha llegado una versión altamente sesgada e interesada de la cual se han hecho eco, y fuentes de referencia, las universidades y academias del mundo occidental. Un ejemplo es la versión de la historia de la Segunda Guerra mundial y su final triunfante gracias al desembarco de Normandía (6-6-1944), desconociendo la importancia de la derrota nazi en la batalla de Stalingrado (1942-43). Sobre esto volveré en otra columna.

Reflexionar sobre la política requiere una versión de la historia lo más próxima a los hechos reales, en la medida de lo posible. La ciencia política gusta, en cambio, pensar modelos teóricos.

Veamos algunos hechos, previos y posteriores, que los libros no han relatado con apego a los hechos reales. Después de lo que ya vimos, en la columna anterior, como manejos previos a la participación en la Primera guerra mundial, se produce una situación similar ante la Segunda Guerra.

Cuando Roosevelt fue investido en marzo de 1933, los Estados Unidos estaban atravesando la  peor depresión de su historia, como consecuencia del estallido de la Bolsa de Nueva York (1929). Unos 13 millones de trabajadores, un 33% del total, se encontraba desempleado. La producción industrial había caído a la mitad del nivel de 1929. En un país con muy pocos servicios sociales del gobierno, millones vivían al límite del hambre, y 2 millones estaban sin hogar. El sistema bancario parecía estar al límite del colapso.

La posibilidad de una nueva guerra estaba latente desde la firma misma del Tratado de Versalles (28-6-1919), corolario del armisticio de 1918. Franklin Roosevelt no sólo involucró criminalmente a los Estados Unidos en una guerra que ya había devorado a Europa; tuvo graves responsabilidades por sus manejos en la historia previa. Se ha encontrado una colección poco conocida de documentos secretos polacos, que cayeron en manos alemanas cuando Varsovia fue capturada en septiembre de 1939.

Estos documentos establecen claramente el papel crucial de Roosevelt en la preparación y en el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Esta historia es muy poco conocida. En la página www.lagazeta.com.ar está publicada la investigación de esa campaña secreta para provocar la guerra desde 1938. Se trata en particular de sus esfuerzos para presionar a Gran Bretaña, Francia y Polonia de ir a la guerra contra Alemania.

Debemos tener en cuenta los límites que le imponían al presidente las firmas de Tratados de no Intervención; éstos no le permitían actuar libremente. Un buen ejemplo de esas maniobras para ingresar en el conflicto lo muestra el ensayista e historiador alemán Hellmuth G. Dahms, especializado en la historia de la Segunda Guerra, en su libro La Segunda Guerra Mundial (1966), allí afirma:

La decisión del Japón de atacar ha estado precedida por indisimulables esfuerzos de parte del gobierno de los EE.UU. para provocarlo constantemente, como excusa para poder así involucrarse activamente en la guerra contra las potencias del eje, quebrantando la mayoritaria posición de neutralidad de los estadounidenses. El Gabinete de Roosevelt discutió la posibilidad de si los Estados Unidos estaban en condiciones de hacerle la guerra al Japón. El presidente preguntó el parecer de la opinión pública, y Cordell Hull [Secretario de Estado entre 1933 y 1944] contestó que los ciudadanos tenían poca comprensión por los asuntos exteriores. El Congreso sólo se decidiría por una declaración de guerra después de muchos meses de discusión. Roosevelt se encontraba ante las barreras constitucionales. No podía tomar la ofensiva, era necesario que el adversario la provocara. Por otro lado, todas las posibilidades de intervenir en los acontecimientos mundiales sin hacer entrar en combate las fuerzas armadas americanas, habían sido agotadas.

Había ya agotado los medios de presión. La política exterior estadounidense había quedado detenida. Dice el analista e investigador Manuel Yepes en una nota titulada: El Ataque Japonés a Pearl Harbor – ¿Fue una trampa tendida por Roosevelt?:

En 1941 la situación era insoportable para el Japón que sufría un embargo económico al que no podía hacer frente mientras la administración Roosevelt daba cada día una vuelta más de tuerca. El 7 de diciembre de 1941, un sorpresivo ataque efectuado por la aviación japonesa destruyó la escuadra norteamericana del Pacífico, en su base de Pearl Harbor. La facilidad con que logró el éxito hizo surgir una duda: ¿Roosevelt habría dejado deliberadamente el camino libre a los japoneses a fin de vencer las reticencias de los norteamericanos a entrar en la guerra?  Roosevelt deseaba la guerra y nada iba a impedírselo. La diplomacia japonesa, alentada por la Marina, trató desesperadamente de buscar una solución de compromiso, pero la administración norteamericana se negó a tratar ningún acuerdo y dio un ultimátum al gobierno japonés: o Japón se retiraba de China o continuaría el embargo económico.

El resultado de la batalla bajas japonesas: 29 aviones, 55 pilotos, 5 minisubmarinos, 9 marinos. Bajas estadounidenses: 3.403 muertos, 5 acorazados, 2 acorazados dañados, 3 cruceros, 3 destructores, 188 aviones. 155 aviones dañados. Para comprender el resultado del ataque hay que agregar algunas cosas, ocultadas por los investigadores estadounidenses. Dice Yepes, por ejemplo:

A pesar del garrotazo que la acción japonesa supuso, considero que el ataque japonés fue un fracaso y lo fue porque antes del ataque, más de 30 buques -además de los auxiliares correspondientes- estaban fuera de Pearl Harbor y casualmente alejados de la ruta seguida por la  fuerza japonesa. En la Isla, lo que había quedado era sólo la chatarra de la US Navy.

La estrategia de provocar a aquellos a quienes los EEUU necesitaban que los atacaran para lograr segundos propósitos no era nueva. Ya se había utilizado en la frontera mexicana para comenzar la conquista de esos territorios; también en la voladura del acorazado Maine (1898) en el puerto de La Habana, que dio inició a la guerra contra España. Respecto de Pearl Harbor Roosevelt tenía información cierta sobre los planes del Japón, dado que la Marina de los EEUU había descifrado el código secreto de la diplomacia nipona. En todos estos casos el victimario se disfrazó de víctima. Veremos cómo se repite esa misma táctica.

Mirando al mundo XXXVIII– Política y ciudadanía-columna Nº 88 – 28-12-16

Habiendo analizado el proceso de conversión del ciudadano en un hombre masa, proceso que duró más de un siglo, veamos ahora cómo se aprovecharon las consecuencias producidas.

El sociólogo, filósofo e investigador Maurizio Lazzarato[1], ha estudiado en detalle todo ese fenómeno, denominado por él como las transformaciones de la subjetividad en el hombre del capitalismo. Nos propone analizar este mismo fenómeno social desde el ángulo de las transformaciones padecidas en su conciencia ─subjetividad─ por ese hombre común. Se centró  en la observación de los cambios que se fueron dando en el transcurso de la transformación de los procesos industriales, fundamentalmente en la etapa posfordista. Esta etapa adquiere características propias. El fordismo fue sistema de producción usado en las plantas automotrices de Henry Ford, en las que los trabajadores se encontraban en una estructura de producción en línea, y realizaban tareas repetitivas especializadas: el hombre masificado.

En cambio el posfordismo avanza agregando algunos aspectos fundamentales que fueron incidiendo en su subjetividad. El sistema de producción se presenta como una evolución con la utilización de nuevas tecnologías de información; el centro ya no es el trabajador sino los diversos tipos de consumidor, ya no se habla de clases sociales sino de consumidores; aparece la importancia del trabajador de servicios con lo que se va a ir conformando una clase media que atraerá la atención de los estudios sociales. Wikipedia lo define así:

El término trabajador de cuello blanco es la traducción literal de la expresión estadounidense “white-collar worker”. Se refiere a un profesional asalariado o a un trabajador con un mínimo de estudios que realiza tareas semi-profesionales o profesionales de oficina, administración y coordinación de ventas. Se establece un contraste con el trabajador de cuello azul, cuya profesión requiere trabajo manual y se aplica a los trabajos desempeñados por obreros en fábricas y talleres.

Lazzarato recupera las investigaciones desarrolladas en Estados Unidos en la segunda década del siglo XX. Define el tema con estas palabras:

Esto empezó en Estados Unidos, y uno de los que introdujeron esta concepción del marketing en los análisis sociales fue Edward Bernays, sobrino de Freud[2]. Es sintomático que haya sido el sobrino de Freud, fundador de la noción de deseo inconsciente, quien introdujo este concepto en el capitalismo: construir el objeto como valor de deseo. Deseo masivo: es necesario que se lo muestre en la tele, que sea testeado por consumidores. Hace un siglo, esto no se planteaba, porque los obreros no eran consumidores de lo que producían. Henry Ford fue quien, a partir del abaratamiento generado por la producción en serie, planteó: mis productos deben poder ser comprados por mis obreros. Hoy en día el capitalismo, para funcionar, debe producir subjetividad, tanto en el trabajo como en el consumo. En ambos planos la subjetividad ha cambiado.

El paso siguiente que debemos dar ahora es analizar la publicidad, como instrumento específico para la producción de esta metamorfosis. Después de un siglo de haber recibido pasivamente su bombardeo hemos naturalizado su existencia como un modo neutro y ascético de informarnos acerca de lo que tenemos disponible para satisfacer nuestras necesidades. Sin embargo hay muchas cosas ocultas en todo ello.

[1] Pensador italiano, sociólogo y filósofo conocido por sus investigaciones sobre el capitalismo cognitivo, el trabajo inmaterial y la aparición de los llamados movimientos ‘post-socialistas’.

[2] Recomiendo ver los cuatro capítulos de la serie El Siglo del Individualismo (en inglés The Century of the Self); es un documental británico realizado en 2002 por Adam Curtis: http://www.dailymotion.com/video/xpqhzs_el-siglo-del-yo-cap-1-maquinas-de-la-felicidad_shortfilms; muestra cómo las investigaciones de Sigmund Freud, Anna Freud y Edward Bernays han influido en las corporaciones y gobiernos para poder analizar y controlar a las personas a través de la psicología de masas y la creación de la sociedad de consumo.

VII.- Reflexiones sobre la política – Los orígenes del Imperio estadounidense – LU3 – 27-12-16

El conflicto interno entre los estados del norte y los del sur del gran país del Norte se resolvió con un enfrentamiento armado conocido como la Guerra Civil o Guerra de Secesión (1861-1865). Una de las consecuencias que marcaron por bastante tiempo a ese pueblo fueron las 1.030.000 bajas, poco más del 3% de la población total. En la primera Guerra mundial, 50 años después, murió el 2,5% de su población. Esto nos da la dimensión del horror padecido, por lo cual la palabra guerra pareció desterrada del vocabulario coloquial del pueblo estadounidense por mucho tiempo.

Otra dimensión de las consecuencias, que quedó en un segundo plano para los historiadores, probablemente por razones ideológicas, fue que la unificación de sus estados marcó el inicio de lo que sería, algunas décadas después, la formación de la nueva potencia hegemónica del mundo.

Lo que no se percibió con claridad es que lo que se mostraba, se vivía, como un enfrentamiento entre el Norte y el Sur, y así era, ocultaba otro aspecto de la economía de ese país: la realidad de la economía de las plantaciones coloniales, la sociedad agraria, representaba la contracara de la base de la sociedad industrial. En las últimas décadas del siglo XIX, cuando finalizó la Segunda Revolución industrial, quedó claro que la esclavitud y el capitalismo se complementaron positivamente preanunciando la potencialidad de lo que se pudo apreciar después.

Pero en el ámbito de la opinión pública eran temas de los cuales no se hablaban. Un pacifismo  visceral había ganado la conciencia colectiva que sólo permitía pensar en las promesas del desarrollo económico y la prosperidad que ya se advertía: un gran país que se asomaba en el juego internacional. En la segunda década del siglo XX se desató la guerra en Europa y el presidente Woodrow Wilson (1913-1921) se mantuvo en una posición neutral, conocedor de los sentimientos y las convicciones pacifistas de su pueblo. A pesar de ello no podía ignorar que el resultado final  de ese enfrentamiento reordenaría el tablero mundial. La potencia que se estaba asomando no podía quedar al margen del resultado de ese conflicto. Se le presentaba como una oportunidad excepcional para posesionarse en el gran juego del poder. Para resolver esa situación apeló a una novedad original, casi desconocida hasta entonces.

Creó el Comité de información pública, también conocido como la Comisión Creel, una agencia federal independiente del gobierno de los Estados Unidos. Su finalidad, no confesada, era  influenciar sobre la opinión pública preparándola para la participación de ese país en la Primera Guerra Mundial. A lo largo de unos pocos meses sus miembros habían realizado más de 8 millones de discursos a 314 millones de personas; empleando todo medio disponible para crear entusiasmo sobre la guerra y obtener el apoyo popular que le permitiera ingresar en la contienda.

El encargado de tan importante, como encubierta misión, fue George Creel (1876–1953) un  periodista investigador, político. Muy famoso posteriormente por haber sido el jefe del Comité que organizó un plan  de propaganda que obtuvo tan resonante resultado. Mucho tiempo después, al conocer los extraordinarios resultados conseguidos, Adolf Hitler, un muy buen alumno del Señor Creel afirmó:

«Cuando la propaganda que se origina en el estado recibe el apoyo de las clases de un nivel cultural elevado y no se permite ninguna desviación en su contenido, el efecto puede ser enorme»

Dicho sea de paso, para desterrar viejas leyendas, fue Joseph Goebbels (1897–1945) quien aprendió estos métodos de propaganda de la experiencia estadounidense y la introdujo más de una década después en Alemania, y no al revés.

Una investigadora de la Universidad San Jorge (USJ) (Aragón -España), analizando lo logrado por Creel, escribió:

Una población pacifista, necesitó de un empujón para descontrolarse y empezar una guerra necesaria para los grupos de poder. Para ello en el siglo XX, Estados Unidos, creó una comisión de propaganda gubernamental, conocida con el nombre de Comisión Creel. Ésta en seis meses, logró convertir una población pacífica en otra histérica y belicista que quería ir a la guerra y destruir todo lo que oliera a alemán, despedazar a todos los alemanes, y salvar así al mundo. El extraordinario éxito conduciría a otro mayor todavía: precisamente en aquella época y después de la guerra se utilizaron las mismas técnicas para seguir en la manipulación de la opinión pública. Ello permitió en las décadas siguientes, la destrucción de sindicatos y la eliminación de problemas tan peligrosos como la libertad de prensa o de pensamiento político. El poder financiero y empresarial y los medios de comunicación fomentaron y prestaron un gran apoyo a esta operación, de la que, a su vez, obtuvieron todo tipo de provechos.

Llegados a este punto no parece importuno preguntarse si la democracia estadounidense no encontró en el Destino Manifiesto el impulso para que los Estados Unidos comenzaran a desplegar su dominio del mundo.

Mirando al mundo XXXVII– Política y ciudadanía – columna Nº 87 – 21-12-16

En la columna anterior analizamos las consecuencias del sistema educativo. Ahora necesitamos comprender por qué sucedió eso. Vayamos hasta el siglo XVIII. La historia de Occidente celebra un momento excepcional en el que la producción de bienes experimentó un salto que posibilitó venderlos a cientos de millones de consumidores: el mercado mundial. Esto se produjo en los últimos cincuenta años del siglo XVIII en Inglaterra: se lo denominó la Revolución industrial. El proceso necesario que acompañó a este acontecimiento fue la migración de gran cantidad de personas del campo a la ciudad, en el siglo siguiente. La demanda de mano de obra era muy intensa para satisfacer las necesidades de la gran industria naciente.

Este es el origen de la sociedad de masas. Las ciudades existentes se vieron invadidas por toda esa migración y las pequeñas ciudades crecieron de forma exponencial. Este origen histórico de la sociedad de masas encuentra un punto sobresaliente en la segunda mitad del siglo XIX cuando la industrialización del capitalismo se extendió por la Europa occidental. El ascenso económico de la burguesía como clase dominante fue acompañado por el surgimiento del movimiento obrero. Este contexto creó las condiciones sociales, políticas e ideológicas para que emergiera esa sociedad de masas como sociedad moderna de clases sociales.

Pero el término masas, aunque no todavía sociedad de masas, surgió dentro del pensamiento social antes de que la burguesía ascendente haya consolidado su poder dentro del estado capitalista moderno. Dice Wikipedia:

En la teoría política el término se usaba para expresar la preocupación de las élites por el cambio dramático que se había producido desde la Revolución francesa. Esa visión aparecía en expresiones como tiranía de la mayoría o gobierno de la muchedumbre. A finales del siglo XIX, el término sociedad de masas se asociaba con la sociedad como una masa de individuos indiferenciados, de la que formarían parte como átomos.

En el siglo XIX, se habló del proletariado como fenómeno social que presentaba la cantidad de trabajadores fabriles. El filósofo español José Ortega y Gasset (1883-1955) propuso hacer, desde una mirada aristocratizante, una diferencia entre minoría y masa:

Masa es el hombre medio, es quien no se valora a sí mismo, sino que se siente como todo el mundo y, sin embargo, no se angustia. En tanto que las minorías selectas se exigen más que los demás aunque no logren cumplir en su persona esas exigencias superiores.

Sin embargo, la cuestión presentó para aquella época dos aspectos: a.- no se centra tanto en el número de hombres que componen la masa, sino en la crisis que produce por sus características culturales y b.- en el riesgo que supone el acceso de esas mayorías a la lucha por el poder social.

Afirma Ortega que la vida individual y la vida colectiva del hombre no han evolucionado de la misma forma. Se conoce más y se hacen más cosas pero ese saber y ese hacer afecta a la mayoría de las personas, sin tener plena conciencia de ello. El hombre masa surge a la realidad, entonces, como resultado de ese desnivel entre el progreso de la época y la evolución de esos hombres: los trabajadores, los proletarios. Este concepto hace referencia a:

El proletariado (del latín proles, linaje o descendencia) es el término utilizado para designar a los trabajadores o clase obrera que carece de propiedades y medios de producción por lo que, para subsistir, se ve obligado a arrendar su fuerza de trabajo a la burguesía, propietaria de los medios de producción.

La complejidad que se va apoderando de la vida de las grandes ciudades desborda la  conciencia de ese hombre común; éste se encuentra sumergido en un torrente histórico que va quedando lejos de su capacidad de comprensión: el proceso social se torna algo ajeno para él.

Se debe agregar a ello que la monotonía y la rutinización de las tareas fabriles invaden la conciencia de cada obrero y ello va condicionando su subjetividad a ese pequeño mundo de la fábrica. Charles Chaplin en su genial Tiempos modernos (1936) presenta una caricatura graciosa y siniestra de ese obrero y de las consecuencias que produce ese modo de producción industrial:

La producción en cadena, producción en masa, producción en serie o fabricación en serie fue un proceso revolucionario en la producción industrial cuya base es la cadena de montaje o línea de ensamblado o línea de producción; una forma de organización de la producción que delega a cada trabajador una sola y única función, específica y especializada, en máquinas también más desarrolladas.

VI.- Reflexiones sobre la política – Los límites de las democracias – LU3 – 20-12-16

El término Destino Manifiesto tuvo una serie de mutaciones pero sin dejar de lado lo fundamental: la conquista de territorios. Reapareció en la década de 1890, principalmente usada por los Republicanos, como una justificación teórica para la expansión estadounidense fuera de América del Norte. También fue utilizado por los encargados de la política exterior de EEUU en los inicios del siglo XX. No son pocos los comentaristas que sostienen que determinados aspectos de la Doctrina, particularmente la creencia en una «misión estadounidense para promover y defender la democracia a lo largo del mundo», continúa teniendo una clara influencia de la vieja doctrina. La ideología política estadounidense se expresará en diversas expresiones de personas muy influyentes.

Uno de los ejemplos más claros de la influencia de ese concepto se puede apreciar en la declaración del presidente Theodore Roosevelt (1858-1919) en su mensaje anual de 1904:

Si una nación demuestra que sabe actuar con una eficacia razonable y con el sentido de las conveniencias en materia social y política, si mantiene el orden y respeta sus obligaciones, no tiene por qué temer una intervención de los Estados Unidos. La injusticia crónica o la importancia que resultan de un relajamiento general de las reglas de una sociedad civilizada pueden exigir que, en consecuencia, en América o fuera de ella, la intervención de una nación civilizada y la adhesión de los Estados Unidos a la Doctrina Monroe (basada en la frase «América para los americanos») puede obligar a los Estados Unidos, aunque en contra de sus deseos, en casos flagrantes de injusticia o de impotencia, a ejercer un poder de policía internacional.

El presidente Woodrow Wilson (1913-1921) continuó la política de intervencionismo de EEUU en América, e intentó redefinir el Destino Manifiesto ahora con una perspectiva mundial. Wilson llevó los Estados Unidos a la Primera Guerra Mundial con el argumento de que «El mundo debe hacerse seguro para la democracia». En 1920 en su mensaje al Congreso, después de la guerra, Wilson declaró:

Yo pienso que todos nosotros comprendemos que ha llegado el día en que la Democracia está sufriendo su última prueba. El Viejo Mundo simplemente está sufriendo ahora un rechazo obsceno del principio de democracia (…). Éste es un tiempo en el que la Democracia debe demostrar su pureza y su poder espiritual para prevalecer. Es ciertamente, por el destino manifiesto de los Estados Unidos, que estamos obligados a realizar el esfuerzo por hacer que este espíritu prevalezca.

La versión de Wilson del Destino Manifiesto era una propuesta que intentaba morigerar las implicancias de la doctrina, sobre todo en su formulación religiosa. Se hablaba, entonces, de un apoyo al principio de libre determinación, sin abandonar la idea que Estados Unidos tenía como misión ser un líder mundial para la causa de la democracia. Esta visión estadounidense respecto a sus derechos indiscutibles como líder del mundo libre crecería con mucho más fuerza después de la Segunda Guerra Mundial.

Dentro de los Estados Unidos los estados federales del noreste creían mayoritariamente que debía mantener su concepto de “civilización” o el de preservar la “democracia”. Todo ello suponía preservar el liderazgo industrial, comercial y militar. Los intereses estadounidenses, no permitían dejar de lado la expansión que ofrecía grandes y lucrativos accesos a los mercados extranjeros y permitía así competir en mejores condiciones con los británicos. También el poseer puertos en el Pacífico facilitaría el comercio con Asia.

Otro debate político, que se venía arrastrando entre líderes demócratas y republicanos expansionistas, planteaba el aspecto conflictivo, y hasta peligroso, de la extensión territorial desmesurada; creían que su sistema político y la formación de una nación fuerte serían difícilmente sostenibles en un territorio tan extenso.

Otro punto de discusión fue el empleo de la fuerza. Algunos líderes políticos ─cuyo máximo exponente fue James K. Polk (1795 –1849) no habían dudado en intentar anexionarse el mayor territorio posible aún a riesgo de desencadenar guerras ─como de hecho pasó─ con otras naciones. Otros se opusieron ─aunque tímidamente─ al uso de la fuerza, basándose en que los beneficios de su sistema bastarían por si solos para que los territorios se les unieran voluntariamente.

La Doctrina del Destino Manifiesto pasó a un segundo plano después de la Segunda Guerra Mundial, pero adquirió un aspecto más militarista como una expresión del ala más dura del Pentágono en su proyecto de dominación global. Esta política se acentuó después del ataque a las Torres Gemelas.

Debemos preguntarnos: ¿qué tipo de democracia es posible dentro de esos límites?

Mirando al mundo XXXVI– Política y ciudadanía – columna Nº 86 – 14-12-16

Puede parecer extraño el introducir a la educación institucional en este tema. Tal vez, más todavía, intentar encontrar allí algunas causas de las situaciones políticas que el escenario internacional nos pone ante nosotros, y del que no somos ajenos.

Voy a utilizar las reflexiones de un pedagogo, Vicente Berenguer, con más de 40 años de experiencia desarrollada gran parte en África. Escribió recientemente una nota en la que se pregunta: ¿Qué significa educar? ¿Cuál es la función de los docentes dentro de la educación? A primera vista pareciera que las respuestas son obvias, sin embargo, ante una mirada aproximativa  al funcionamiento del actual sistema educativo la obviedad no es tanta. Leámoslo:

Si atendemos a las bases de los modelos educativos de los distintos países, que salvo excepciones son prácticamente los mismos, vemos que estos están basados en unas series de premisas. Por ejemplo advertimos que una de ellas es que la educación debe fundamentarse en la  respuesta. Esto quiere decir que se transmiten una serie de conocimientos que el alumno debe incorporar. La persona, de este modo, irá adquiriendo una cultura y en definitiva unos contenidos que le serán supuestamente útiles a lo largo de la vida. El problema surge cuando el sistema basa por completo la educación de los ciudadanos en las respuestas y en la absoluta memorización de contenidos y no en la reflexión.

Su larga experiencia internacional le permite afirma algo que cualquiera de nosotros, revisando nuestro recorrido por los tres niveles de la educación, puede comprobar:

Tenemos una educación basada en la respuesta y no en la pregunta, y la respuesta es, como decimos, el principal pilar o premisa de nuestros modelos educativos. Se nos enseñan contenidos, los memorizamos para posteriormente olvidar muchos de ellos y sin embargo no se nos instruye desde la pregunta. Y es que la pregunta, al contrario de la respuesta, moviliza al pensamiento y lo expande, no lo constriñe, posibilitando así que el alumno reflexione y explore posibilidades.

La respuesta está presente en cada texto, libro, notica periodística, video, películas. Lo que leemos, vemos u oímos, es una afirmación sobre algo. Se dice que tal cosa es así sin explicarnos cómo se llegó a esa conclusión o si, como tantas veces es posible, pudo ofrecerse otras respuestas diferentes a las que el autor nos ofrece respecto del mismo interrogante. Nos propone, entonces, una crítica:

Tenemos ya pistas de por qué la educación no se basa en el “arte” de la pregunta sino en las respuestas, pistas que nos conducen a la conclusión de que el sistema no busca ciudadanos reflexivos con pensamiento autónomo sino todo lo contrario: busca personas sin capacidad para la crítica ni el cuestionamiento. Porque pensar es también cuestionar: pensar es no aceptar intelectualmente cualquier idea por el sólo hecho de formar parte de la tradición, la cultura, la política o la religión de una zona. Pensar es reflexionar sobre cualquier cuestión de forma autónoma, es poder realizar un análisis personal manteniendo la autonomía, y la autonomía y la libertad es algo que no gusta a los poderes imperantes, tanto es así que, como decimos, el que debería ser el pilar educativo -la pregunta- no lo es y en cambio aquello que son aspectos secundarios -como la memorización- pasan al primer plano.

La conclusión es demoledora: ¿por qué no se practica el arte de la pregunta? Y la respuesta que nos ofrece es: no se nos enseña a hacer y a hacernos preguntas, porque lo que se busca son justamente ciudadanos que no piensen, personas que no abran sus mentes. Por el contrario: se pretende construir seres simples mentalmente y sin capacidad de crítica.

La misión de estos futuros adultos dentro de la sociedad no será pues el cuestionar todo: el sistema económico, el tipo de organización social, la legislación, el reparto de la riqueza… no será esta nuestra función sino otra distinta, el aceptar todo aquello que se nos diga ya que los futuros adultos no podrán vislumbrar alternativas a lo establecido debido a que no se les ha enseñado ya de jóvenes a preguntarse y a pensar sino a dejar de hacerlo.

De esta forma el sistema logra “fabricar” una sociedad en la que no se cuestiona nada, consigue construir ciudadanos sumisos ya que desde pequeños se nos aparta del arte de la pregunta y por tanto del pensamiento.

V.- Reflexiones sobre la política – Los límites de la democracias -LU3 – 13-12-16

 Sigamos más en detalle la así llamada Primera Democracia de América, aunque este título esté en debate por varios investigadores. Para poder colocarnos en contexto transcribo un texto mío anterior:

Los puritanos que llegaron en el siglo XVII a tierras de América del Norte eran parte de una secta disidente de la Iglesia anglicana, que adoptaba formas de la moral más radicales que la de los calvinistas. El dogma central del puritanismo era la autoridad suprema de Dios interviniendo sobre los asuntos de la Tierra. Esa autoridad se expresaba en dos dogmas: el de la Predestinación y en el de la Doctrina de los Elegidos, enseñados por el teólogo francés Jean Calvino (1509-1564): sostenía que «desde el principio de la Creación Dios había predeterminado el destino de todos los humanos disponiendo quién se salvaría y quién sería condenado»; los primeros eran los elegidos.

Puede parecer, a primera vista, un aporte erudito. Sin embargo ruego que se  acepte su lectura y se preste atención a lo allí afirmado, dado que está planteado allí cuáles son las bases ideológicas sobre las cuales se construyeron los Estados Unidos; éste sería el territorio político-espiritual sobre el que se va a definir el sistema político estadounidense. Tal vez, esto suene extraño porque los manuales de Ciencias Políticas por regla general no se detienen en estos aspectos, sin los cuales no es sencillo comprender el funcionamiento de ese país: hacia adentro y hacia afuera.

Nuestra perspectiva de pensamiento, apegada y muy influenciada por la Ilustración francesa (antirreligiosa), desecha con facilidad esa dimensión. Pero en el caso del gran país del Norte es necesario integrarla para tener una aproximación más clara y detallada en el tratamiento de la problemática institucional.

Los fundadores de las Trece Colonias llegaron a las tierras del Norte sostenidos por una sólida fe, ciega e inconmovible. Son conocidos como Los Padres Peregrinos quienes vivieron bajo el imperio de una gran rigidez moral. Esa convicción estaba fundada en el convencimiento de que ellos estaban elegidos por Dios y habían sido enviados a las tierras de América para construir una Nueva Jerusalén: la nueva ciudad celeste que sería el centro de la purificación de la tierra y la construcción de un mundo santo. Esta férrea convicción explica mucho de lo sucedido en los siglos siguientes.

Sobre la base de esa creencia los colonos se fueron convenciendo de que su destino era expandirse hacia el Oeste hasta alcanzar el Pacífico. Se fue construyendo paralelamente una ideología justificatoria con graves consecuencias históricas. Entrado el siglo XIX se formuló la Doctrina del Destino manifiesto, que expresaba los fundamentos ideológicos de la misión que los Estados Unidos de América se habían asignado: la expansión desde las costas del Atlántico hasta las del Pacífico. Esta doctrina justificaba la conquista territorial definiendo la expansión: no sólo por buena sino también que estaba destinada por «un Designio Divino que obra sobre los hombres y los sucesos», y era manifiesta, descubierta, clara y patente; se sintetizó en la Doctrina Monroe (1823): «América para los americanos».

El historiador estadounidense Frederick Merk (1887-1977), profesor de la Universidad de Harvard, confirmó en sus investigaciones que el concepto Destino manifiesto había nacido de la tradición puritana:

Un sentido de la misión de redimir al Viejo Mundo con un alto ejemplo que desarrolla las potencialidades de una nueva tierra para la construcción de un nuevo cielo.

El origen del concepto Destino Manifiesto, que señala el profesor, se encuentra sustentado en la tesis de un ministro puritano de nombre John Cotton (1585-1652), quien escribió en 1630:

Ninguna nación tiene el derecho de expulsar a otra, si no es por un designio especial del cielo como el que tuvieron los israelitas, a menos que los nativos obraran injustamente con ella. En este caso tendrán derecho a entablar, legalmente, una guerra con ellos así como a someterlos.

Basado en las palabras del Reverendo Cotton el periodista estadounidense John L. O’Sullivan (1813-1895) intervino en el debate sobre la apropiación territorial del oeste afirmando que es necesaria en cumplimiento del Destino manifiesto. Fue publicado en la revista Democratic Review de Nueva York, en julio de 1845, en el cual sostenía:

Todo el continente nos ha sido asignado por la Divina Providencia, para el desarrollo del gran experimento de libertad y autogobierno. Es un derecho como el que tiene un árbol de obtener el aire y la tierra necesarios para el desarrollo pleno de sus capacidades y el crecimiento que tiene como destino. No es una opción para los norteamericanos, sino un destino al que éstos no pueden renunciar porque estarían rechazando la voluntad de Dios. Los norteamericanos tienen una misión que cumplir: extender la libertad y la democracia, y ayudar a las razas inferioresLa nación americana ha recibido de la Providencia divina el destino manifiesto de apoderarse de todo el continente americano a fin de iniciar y desarrollar la libertad y la democracia. Luego, debe llevar la luz del progreso al resto del mundo y garantizar su liderazgo, dado que es la única nación libre en la Tierra.

En cumplimiento de ese designio desarrollan la Conquista del Oeste. Desde 1823, se amparan en la Doctrina Monroe, por medio de la cual «ningún territorio del continente americano podía ser ocupado por potencias europeas», aunque en la práctica no se aplicaba a las colonias francesas, inglesas, holandesas o danesas existentes.

La democracia tendrá, como se desprende de lo dicho, un marco conceptual religioso que les impone el cumplimiento del mandato divino. Como se puede ver es una democracia que se fundamenta en un mandato divino, superior a la voluntad de los hombres: una especie de teo-demo-cracia, si se me permite la expresión.

IV.- Reflexiones sobre la política – Definiciones de la democracia – LU3 – 6-12-16  

Hemos revisado en la columna anterior las diversas formas de organizar la vida política de una comunidad. Hemos recurrido a un clásico ineludible como Aristóteles para partir de una base sólida. De allí podemos seguir avanzando con una revisión crítica que quedó esbozada que ahora recuperamos. A la definición ateniense podemos agregarle otra clásica de Abraham Lincoln (1809-1865), pronunciada como parte del Discurso de Gettysburg (1863) en plena Guerra de Secesión (1861-1865). Afirmaba que el mejor homenaje a la cantidad de muertos que estaba produciendo esa guerra era el compromiso de construir en la paz un país cuyo sistema fuera sostenido por  «Un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo».

Si nos detenemos a comparar ambas definiciones podemos reparar que trasuntan un claro idealismo, una expresión de los mejores deseos pero que, al mismo tiempo, ocultan el contexto excluyente que discrimina la participación de una parte importante de la población de sus respectivas construcciones históricas. Para el ateniense la naturalización de la esclavitud, y la de todos aquellos que no reunieran las condiciones exigidas, le permitía pensar que la pequeña proporción de lo que denominaban pueblo gozaba de la suficiente libertad política. Lincoln en medio de una guerra que, en apariencia pretendía liberar a los esclavos sureños, apoyaba a los estados del norte que pretendían avanzar en la implementación de un capitalismo moderno.

Jorge Gómez barata – Profesor, investigador y periodista cubano, autor de numerosos estudios sobre EEUU. Escribió un artículo que tituló El poder detrás del trono (2004). En él escribe esta conclusión:

Sin siquiera abolir la esclavitud, la élite política norteamericana se convirtió en adalid de la libertad y en paradigma de democracia, logrando que el poder de los ricos no sólo fuera acatado, sino además bendecido por todos los credos, loado por pensadores de todas las escuelas e incluso, aplaudido por las mayorías. El éxito ideológico de aquel proyecto se alcanzó por el revés. Sus promotores, no aludieron a sueños seculares, sino que se atuvieron a realidades inmediatas, no alabaron las virtudes sino que consagraron los defectos. Nunca hablaron de desinterés, sino que estimularon la ambición; en lugar de criticar la riqueza la exaltaron y la preocupación por el prójimo, fue sustituida por la competencia. Donde antes estuvo el colectivismo, ellos colocaron el más feroz individualismo.

Casi un siglo antes de las definiciones estadounidenses, en 1790, la Asamblea Nacional francesa debió definir quiénes estaban habilitados para elegir y para ser elegidos:

«La ley electoral otorgó el derecho a voto a los varones mayores de edad, aclarando que la condición era tener propiedades (los sirvientes y jornaleros quedaron excluidos). Los votantes fueron divididos en dos clases según sus ingresos: los de renta mayores podían ser además elegidos para la Asamblea Nacional; los de menores ingresos, eran electores de segundo grado, sólo podían elegir y ser elegidos funcionarios menores de distrito».

Por lo tanto, el sistema democrático, desde sus orígenes, fue pensado para reconocer como pueblo a todos aquellos que tuvieran propiedades. De ello se desprende que la condición para ser un ciudadano responsable estaba subordinada a la posesión de bienes, según la cuantía de estos resultaba su acceso a diversos niveles del poder.

Los Padres Fundadores que se reunieron en Filadelfia, para redactar una constitución, actuaron más bien movidos por los miedos, que por las ambiciones. El sistema propuesto era engorroso y esta fue su intención: de este modo se podría tener bastante control sobre sus resultados. La elección, si bien no presentaba restricciones para los ciudadanos, el pueblo no votaba de forma directa, sino a través de un sistema electoral, cuyos miembros se elegían por votación popular en cada uno de los estados. Al no promover la participación del electorado fue padeciendo permanentemente, de modo cada vez más clara, una baja participación electoral. La no obligatoriedad de votar apuntó a ese tipo de resultados.

Un aspecto restrictivo, a medida en que los medios concentrados fueron capturando la publicitación de los discursos, fue esa publicidad, cada vez más costosa, que obliga a recurrir a fuentes de financiación que impondrían otro tipo de compromiso con la poderosas élites enriquecidas. Los consensos permanentes de esas élites otorgaron al sistema político estadounidense una estabilidad que se ha mantenido en los últimos siglos. Los factores de poder: el sistema comercial-financiero de Wall Street; el complejo industrial-militar alrededor del Pentágono; los medios de información concentrados, funcionaron como un El poder detrás del trono según la precisa definición de Gómez Barata, que agrega:

El consenso se logra mejor entre menos y cuando todos están de acuerdo, la democracia es una panacea. La estabilidad política de los Estados Unidos es resultado de la coherencia ideológica y de la identidad de intereses de una elite increíblemente reducida que ejerce un férreo control sobre esos procesos.

Este entramado de intereses, que funcionó siempre entre las sombras, garantizó un statu quo[1] dentro del cual la apariencia de que todo era similar al Mundo Feliz de Aldous Huxley[2] (1894-1963), publicitado con mucha inteligencia y mucho dinero por Hollywood, convenció a gran parte del mundo de que ese era el mejor lugar del mundo. Continúa Gómez barata:

La competencia y el debate político, simplificados por la ausencia de contradicciones reales, son como una obra de teatro, en la que todos los conflictos, tramas y sub-tramas, diálogos, pausas e incluso los silencios, están previstos en un guion, que los actores interpretan con más o menos virtuosismo, pero no pueden modificar. Los hechos están a la vista.

[1] Expresión latina con que se hace referencia al estado o situación de ciertas cosas, como la economía, las relaciones sociales o la cultura, en un momento determinado.

[2] Novelista y ensayista inglés, En 1932 publicó otra gran obra, Un mundo feliz, su libro más importante y uno de los que lo hizo más conocido: una ficción futurista de carácter visionario y pesimista de una sociedad regida por un sistema de castas.