Ya se abren nuevos caminos

La Naturaleza nos enseña que la vida se renueva constantemente, unas cosas nacen otras perecen, hay especies que desaparecen y otras nuevas que se detectan, etc. Pareciera que hay una ley de la vida que nos muestra que el proceso evolutivo requiere de espacios para lo nuevo por lo que debe dejar lugar lo que va muriendo. Si bien puede pensarse que encabezar una nota de este modo suena muy biologista, creo que es un modo de apelar a la metáfora para ensanchar nuestros horizontes de comprensión. Ya dije, alguna vez, que la catarata informativa nos arrastra en un torrente en el cual todo sucede como en un calidoscopio. La vertiginosidad de los sucesos ciega los ojos para una mirada más global y de largo plazo. Por ello, como el gaucho que lleva ya muchas leguas galopando hace un resuello para recuperar aliento y para dejar que su caballo descanse. Hagamos lo mismo con nuestro pensamiento, saquémoslo de lo inmediato para contemplar el paisaje más abarcador.
Mientras estuvimos mirando los altibajos del mundo financiero, otro mundo, agazapado, sigiloso, pausado, va dando pasos que lo encaminan hacia una curva de los acontecimientos en la que se comienza a avizorar horizontes diferentes que dibujan nuevos paisajes sociales. La siguiente frase de Carlos Gabetta nos invita a mirar hacia otro lado, mucho más cercano: «el hecho concreto de que América Latina, al menos América del Sur, está tomando las cosas en sus manos. Y no ciertamente sólo a nivel declarativo, político, superestructural; está dando muestras cada vez más claras de aspirar a una verdaderamente propia solvencia económica». Palabras que no hubiera sido posible escribir unos pocos años atrás y ahora se puede «porque los dirigentes sudamericanos van descubriendo poco a poco que la situación está cambiando».
La sorpresa al leer estas palabras obliga a preguntarle qué cosa ha pasado para que permitiera esto: «La situación mundial, la hemorragia en las entrañas del sistema capitalista, va obligando a todos, les guste o no, lo hayan entendido o no, lo hayan aceptado o no, a buscar nuevas salidas, porque el propio sistema ya no ofrece las habituales. Así, la política ya no responde a las mismas exigencias, lo que pone en desuso los métodos políticos. Tampoco son los mismos los aliados en quienes confiar». Está describiendo la contracara de la crisis, la que no reflejan los medios: el declive del imperio americano le está restando influencia en el mundo. En América Latina se está tomando debida nota sobre ello, al punto que entre los dirigentes políticos se está produciendo una profunda fisura: de un lado un puñado de ciegos cuyos intereses están aferrados a los dictados de un sistema que se derrumba, del otro aquellos que son capaces de levantar la mirada y comprender que es necesario prepararse para emprender nuevos rumbos y hasta por sus mismos intereses políticos les conviene el cambio. Por ello dice Gabetta «les guste o no, lo hayan entendido o no, lo hayan aceptado o no», así como a algunos sectores de las burguesías latinoamericanas les conviene entender que se abren nuevos caminos en los que pueden encontrar otras oportunidades de negocio.
El panorama que enfrentamos habla a las claras de que un modo de ganar dinero está desapareciendo: la especulación financiera. Este modo que ha perdido la cordura y en el que la codicia, como ya vimos, ha pretendido quedarse con todo, con el riesgo de quedarse con poco o nada, no puede seguir teniendo cabida después de que todo este vendaval pase y se pueda reconstruir lo que quede. En esa reconstrucción, que llevará tiempo y por la que se deberá pagar un precio muy elevado, los dirigentes políticos que van comprendiendo van tomando posición para enfrentar lo que sigue con las mejores armas. En fin, ¡un poco de optimismo!

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