Mirando al mundo LXXII– De qué se trata la posverdad –23-8-17

En la continuación del tema que venimos investigando, la construcción de candidatos, he consultado la importante revista Forbes de México. La publicación tiene un claro público al que ha decidido dirigirse, en su portada www.forbes.com.mx anuncia que contiene Información de  negocios y estilo de vida para los líderes de México. Esto hace suponer que las notas que publican parten de esa definición. Digo esto para no manejarnos con ingenuidades y ubicarnos en el terreno real en el que nos encontramos. En el número publicado el 25-5-2015, la periodista mexicana Tania L. Montalvo presenta una investigación sobre lo que anuncia su título: Así se construye a un candidato en tiempos electorales. Como presentación de ella, para dar importancia a su trayectoria periodística, dice el Editor:

Es una periodista mexicana que estuvo a cargo de la investigación para la NarcoData, la primera plataforma digital para explicar la evolución de la delincuencia organizada y su presencia en México desde los años 70. Ella busca datos que revelen historias acerca de la verdadera cara del poder y los escondites de la corrupción.

Con estos datos como referencia: cuál es la publicación, quién es la investigadora, a quién se dirige y qué quiere informarle, vamos a analizar su contenido.

En el caso de esta nota  ha realizado una serie de entrevistas a directivos de organizaciones especializadas en el tema de la construcción de candidatos. Uno de ellos es Álvaro Gordoa, Licenciado en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Anáhuac (México); Maestría en Ingeniería en Imagen Pública; ha asesorado a distinguidos personajes del ámbito político, empresarial y del entretenimiento en la creación y modificación de su imagen. Es docente y Director del Colegio de Imagen Pública

El entrevistado plantea el tema en estos términos:

En estos días no basta con ser un político mediático; el electorado cada vez desea saber más sobre el candidato, cuál es su pasado y cómo le ayudará a resolver sus problemas inmediatos. El electorado debe tener los candidatos que desee, por ello para cualquier estrategia de comunicación que se utilice en una campaña política lo primero es estudiar al electorado y definir qué público hay que conquistar.

En una primera aproximación a este párrafo todo parece ser normal y aceptable. Sin duda, parece ofrecer una descripción de lo necesario para avanzar en una propuesta de preparación de un candidato, por lo tanto se trata de saber:

Qué tipo de oferta debe hacer al elector que desea conquistar. Pero, la condición previa no se centra en el programa político, ni en la propuesta, sino en cómo debe presentarse, en función del tipo de electorado que enfrente. De allí que lo primero a realizar es estudiar al electorado. Es muy probable que el amigo lector se pregunte ¿cuál es el problema? Debo decir que dentro del cuadro cultural dominante en las últimas décadas no es esperable que se intente otro procedimiento.

Pero es necesario para tener un punto de vista de referencia recordar que hasta hace unas tres décadas se empezaba por confeccionar un programa del partido que el candidato debía ofrecer como propuesta de gobierno.

Volvamos a lo que nos dice el entrevistado. La afirmación sigue en el mismo sentido anterior. Dice el consultor:

Si la gente en un municipio dice que necesita a un candidato valiente porque el actual intendente municipal es de “mano débil”, consultores en imagen pública pensarán que el candidato en esa región debe presentarse como una persona que luzca fuerte y diseñarán formas publicitarias con él, vestido con camisa o chaqueta de cuero negra y con un mensaje que diga “cuídense ladrones que yo sí tengo lo que hay que tener…”, mientras señala sus testículos”.

Cometa entonces el consultor como justificación de lo dicho:

Si la investigación te dijo que la gente quiere a alguien con huevos, tú tienes que partir de allí, posicionarlo como el candidato de los huevos y generar el sentimiento de que éste no va a tener la mano débil. Partiendo de estas premisas prácticamente cualquiera puede ser candidato, porque el que decide es el electorado, que constituye el punto de partida fundamental en la construcción de un candidato y puede no querer al que esté mejor preparado si no sólo al más carismático que refleje los deseos del elector.

Definido el perfil del elector se diseña el perfil del candidato. La Consultora ofrece este servicio a una amplia gama de clientes posibles. Pregunto: ¿Cuál es la diferencia si lo que demanda el cliente es vender chocolate, ropa, perfumes o vinos? La respuesta a esta pregunta contiene el verdadero problema.

 

 

Mirando al mundo LXXI– De qué se trata la posverdad  –16-8-17  

Voy a comenzar con un hábito que tengo incorporado antes de ponerme a escribir: me pregunto cuál es el origen de las palabras que voy a utilizar. Y, aunque para algunos pueda parecer un gusto académico poco popular, creo que he podido aportar algunas cosas interesantes y hasta, en algunos casos, curiosidades o sorpresas como en esta palabra que necesito utilizar ahora: candidato. El Diccionario etimológico nos dice:

La palabra candidato (candidus, del latín, hace referencia a algo blanco, puro, limpio, inmaculado, aplicable a personas que por sus cualidades morales era apto para un cargo importante). Cuando los tribunos de la antigua Roma emprendían sus campañas políticas, siempre iban vestidos con una toga blanca (la toga cándida), con el fin de causar una buena impresión entre sus electores.

Convengamos que siendo este el significado original del vocablo, cuesta hoy utilizarlo para alguien que se va a dedicar a la política. No intento ser ofensivo o despreciativo. Además me cuesta creer que la República romana hubiera sido el Jardín del Edén, en la cual un conjunto de ángeles ocuparan los cargos públicos. El viejo refrán dice: «no tan calvo que se le vean los sesos». Si tenían que vestirse de blanco para enfrentar una campaña política es que mucha blancura interior no pareciera tener.

Comienzo con estos comentarios porque para analizar la política y sus personajes es imprescindible no ser ingenuos. El campo político es el escenario en el cual se dirimen los diversos intereses enfrentados, razón por la cual desde hace, por lo menos, unos cuatro siglos, se fueron proponiendo reglas del juego que pusieran ciertos límites a estas competencias.

Desde el siglo XVIII en adelante muchas cosas cambiaron, dadas las modificaciones que las  sociedades políticas fueron padeciendo. Todo cambió por la aparición de un sistema económico, basado en la explotación del hombre por el hombre, que introdujo el trabajo industrial. Las demandas de la expansión y la conquista colonial requerían una producción en mayor escala que los talleres artesanales no podían lograr. Ante esa necesidad impuesta el trabajo en los grandes talleres subordinó la persona a las necesidades de la producción maquinística. Ella podía asegurar una producción en escalas, desconocida hasta entonces, por la utilización de las fuerzas naturales. Estos cambios empeoraron la vida de los trabajadores.

Una prueba de lo dicho lo demostró Charles Dickens (1812-1870) un destacado escritor y novelista inglés, muy conocido en la era victoriana. Fue maestro del género narrativo que incorporó una aguda crítica social por la situación de extrema pobreza de la sociedad de su época, como consecuencia de la explotación del trabajo asalariado.

Para justificar los cambios, que fueron necesarios para el nuevo sistema imperial, se construyó un relato que debía ocultar las bondades del sistema que de trabajo medieval de las comunas urbanas[1]. Se puede decir, con conceptos actuales, que se instaló el relato de una pesada herencia que era necesario superar: el pasado medieval. Si esto que escribo produce sorpresas espero que se entienda que estoy corriendo un telón que esconde otra historia, la que se debe contar desde los desposeídos y explotados de los últimos siglos: la historia de los trabajadores y de los marginados por el sistema capitalista.

Entonces, a partir de allí la política fue el instrumento mediante el cual se enfrentaron dos clases de intereses: la de los privilegiados por el sistema y la de los que pretendían mejorar su condición social.

Retomo ahora lo dicho sobre el significado de candidato. Se comprenderá que las características de la confrontación política son de tanta crudeza oculta, de tanta artimaña y picardía que no permite la participación de ingenuos o cándidos. Ya sea para defender y exponer intereses de uno y otro bando la pelea es muy dura, sobre todo que cuando se deben enfrentar intereses muy poderosos que se valen de publicidades engañosas.

Y es mucho más difícil cuando tomamos nota que los aportes de las ciencias: psicología, sociología, antropología, psiquiatría, etc., y las más nuevas utilizadas por el marketing político nos venden, con la misma eficacia, como si fueran productos comerciales a candidatos fabricados en los laboratorios de las consultoras especializadas.

[1] Se puede consultar http://ricardovicentelopez.com.ar/wp-content/uploads/2015/03/Del-hombre-comunitario-al-hombre-competitivo.pdf, para mayor información.

XXXI.- Reflexiones sobre la política – La democracia y el mercado – 22-8-17

El proceso que vamos a analizar reconoce como punto de partida un quiebre que abre la aparición de la Europa moderna. Comienza a consolidarse allí un nuevo modo de producir: el capitalista. Desde el siglo XVI y XVII se desataron todas las fuerzas del capitalismo mercantil ofreciendo una demanda en crecimiento, como consecuencia de la expansión colonizadora de las Nuevas Tierras. En respuesta a ella comienzan a establecerse grandes talleres industriales que incorporan la máquina en reemplazo de la mano de obra por la necesidad de una mayor producción de bienes.

El “espíritu capitalista” se impone y el mercado pasa a regir la fijación de los precios. Ello desata una competencia entre empresas lo cual obliga a producir con “eficiencia y racionalidad administrativa”, acentuando la necesidad de incorporar mayor “tecnología industrial”. Todo ello va configurando un nuevo cuadro social, cultural, económico y financiero. Las últimas décadas del siglo XVIII mostraron tal expansión fabril que se le denominó como la Revolución industrial, cuyo centro fue Inglaterra.

Estas son las nuevas dimensiones de la sociedad moderna, ahora en pleno desarrollo, muy  potenciadas por las riquezas que se van saqueando de los territorios coloniales. Comencemos haciendo una referencia simple para definir esa sociedad:

“La sociedad industrial es aquella donde la mayor producción queda a cargo de la gran industria, siendo ésta la forma de producción dominante. Las líneas  generales de este proceso se presentaron primero en los países centrales. Una de sus consecuencias fue la separación del taller artesanal del ámbito de la casa familiar, como se había mantenido durante siglos. Fue reemplazado por el gran taller donde se comienza a producir maquinísticamente. Ello exigirá el diseño de empresas que deben contar con una organización mucho más compleja. Introduce, entonces, una  mayor y diferente división del trabajo en el seno mismo de la empresa, que adquiere un carácter tecnológico: especialidades profesionales, diversidad de categorías”.

Para que todo esto fuera sido posible se necesitó una acumulación previa de capital de dimensiones desconocidas hasta entonces, que fue aportado en gran medida por el oro y la plata de América, dice wikipedia:

La introducción de minerales americanos impulsó enormemente la economía europea pero también creó situaciones de alta inflación. En los siglos posteriores, el oro y la plata desempeñaron una función importante en el nacimiento del capitalismo, principalmente en los Países Bajos, Gran Bretaña y Francia.

Otra característica que la empresa industrial exige, dentro de este esquema, es la existencia de mano de obra libre desocupada en cantidades importantes. Esta mano de obra debe estar siempre por encima de las cantidades necesarias para producir (desocupación=un ejército industrial de reserva), siempre disponible para su utilización. De esta manera se controla el costo de ella por la excesiva oferta.

Toda esta nueva configuración del sistema comenzará a dar como resultado la concentración de la propiedad de los medios de producción en pocas manos, lo que, a su vez, da lugar a la necesidad de garantizar jurídicamente la propiedad privada ante cualquier cuestionamiento.

Veamos los rasgos relevantes con los cuales se puede identificar la sociedad industrial capitalista:

1) Los medios de producción son objeto de apropiación individual; 2) la economía está descentralizada, lo cual no se garantiza el equilibrio entre producción y consumo, esto se establece por tanteos de mercado; 3) los empresarios y empleados están separados unos de otros, de tal modo que los primeros son propietarios de los instrumentos de producción y los otros sólo disponen de su fuerza de trabajo y se establece una relación de trabajo asalariado; 4) el móvil predominante es la búsqueda de beneficio; 5) dado que la producción y la distribución de los recursos no están planificados, existe una fluctuación de los precios en el mercado, con repercusiones en el conjunto de la economía, a esto se lo denomina: “anarquía capitalista”. El modo capitalista introduce, entonces, el riesgo de crisis, regulares o no, como consecuencia inevitable de las oscilaciones del libre juego de la oferta y la demanda. Estas crisis pueden ser por desequilibrios  incontrolables en la oferta o en la demanda.

XXXI.- Reflexiones sobre la política – La democracia y el mercado – 8 y 15- 8-17

Hemos estado analizando las características de los cambios socio-históricos, procesos sumamente complejos que trascurren a lo largo de décadas y hasta siglos. Lo voy proponer ahora, para una mejor comprensión, en forma de tesis:

Debemos tomar conciencia de las relatividades de las normas y costumbres, sólo así estaremos en mejores condiciones de comprender las posibles condiciones necesarias para que los cambios se produzcan. Lo que pudo parecer inamovible y pilar necesario del orden social, tiempo después comienza a desmoronarse para dejar paso a nuevas certidumbres. Esto abre camino a  audacias, tal vez impensables anteriormente. Esas innovaciones van empujando el límite de lo permitido. Así se fueron aflojando el peso de las normas medievales y su validez. El camino que la ciudad abrió para sí se fue convirtiendo en un modelo a imitar y se fue expandiendo por todas partes.

Este proceso, en el análisis que vengo proponiendo, puede ser muy útil para atrevernos a pensar en los cambios que se van produciendo en el mundo actual. El ejercicio necesario se presenta como un discernimiento respecto de qué cosas del mundo que va quedando atrás presentan una barrera para avanzar hacia un mundo más justo, y cuáles deben ser rescatadas para posibilitar una mejora estructural que siente las bases de lo nuevo. Lo que estamos analizando es, precisamente, cómo se fue produciendo en cambios anteriores: el paso de la Antigüedad a la Edad Media. Con diversas variaciones, en el paso a ese nuevo tiempo: el comienzo del Nuevo Mundo Europeo, denominado la Modernidad.

Mirados desde la distancia en la que nos encontramos, distancia de tiempo y de lugar, nos obliga a  ser cautos respecto de nuestros juicios. Pero, en los propósitos de estas columnas, debe prevalecer el aprendizaje de lo sucedido para estar en mejores condiciones frente a lo que está hoy en plena marcha: el paso de la modernidad hacia algo nuevo que, si bien no podemos conocerlo ya, hay muchos emergentes que lo están anunciando.

Es muy probable que para los hombres de aquella época, como puede estar sucediendo ahora, estas apreciaciones hubieran sido imposibles, no estaban en condiciones de apreciar todo lo que estaba aconteciendo. Sólo la distancia histórica que permite sintetizar procesos nos permite ver con claridad el proceso que se estaba desarrollando.

Debemos tener en cuenta que el abanico de tiempo que abarcó el proceso analizado, entre los siglos X al XVI casi setecientos años, fue muy largo. Debe agregarse a ello que el ritmo al que marchaba era mucho más lento, inaceptable y hasta incomprensible para nosotros hoy que estamos sumergidos en una velocidad que no admite comparación: una metáfora permitiría pensar mejor: el tiempo de la carreta para unir distancias frente al avión.

Para colocar dos mojones ideológicos podemos leer lo que a mediados del siglo XIII escribía Tomás de Aquino (1225-1274) en su Summa Theologica respecto a la riqueza:

Según el orden instituido por la Divina Providencia los bienes han sido creados para abastecer las necesidades de los hombres. La división de los bienes y su apropiación en virtud de la ley humana no deben frustrar este propósito. En consecuencia, aquellos bienes que el hombre posee en exceso, lo debe, por ley natural, a los pobres.

Todavía, tres siglos después, podemos encontrar a Martín Lutero (1483-1546) y a algunas corporaciones artesanales quejándose de las prácticas comerciales reñidas con los códigos comunales, por parte de lo que podríamos llamar, el capitalismo incipiente. El final de una historia se superponía con el comienzo de lo nuevo. Los valores estaban cambiando, ahora el lucro era aceptado y necesario. Esto debe ser tomado como una enseñanza de los periodos de cambio: lo viejo todavía no termina de desaparecer y lo nuevo recién está naciendo. Si utilizamos esta frase como un instrumento de análisis encontraremos ejemplos similares en nuestro tiempo, aunque estamos viviendo a otra velocidad: algunos quejándose de valores que se van perdiendo y a otros quejándose de que todavía hay gente que lo lamenta.

La Historia es una gran maestra que pone a nuestra disposición mucho material de análisis para saber movernos en tiempos en que las viejas certezas van despareciendo y debemos aprender a construir lo nuevo deseado.

Mirando al mundo LXX– De qué se trata la posverdad  –9-8-17

Terminé la columna anterior afirmando la necesidad de impedir que se imponga como una regla del sentido común que un candidato político sea alguien manufacturable. Para enfrentar esta moda, terriblemente perniciosa, debemos conocer como ha empezado todo esto. Nos va a ayudar continuar con una lectura crítica de la nota publicada en www.cronista.com (18-2-2011). En el diálogo que entablemos con la nota, espero que comiencen a aparecer algunas falacias o verdades aceptadas que sólo son verdades a medias. Veamos:

Desde mediados del siglo XX, cuando se creó la noción de marketing político, los tiempos cambiaron. Con ello las estrategias. Cada día prima más la imagen sobre el discurso, la mediatización en la política.

Unas cuantas columnas atrás (26-4-17) publiqué una referencia a la cuasi trasmutación del obrero militante y combativo en un ciudadano pasivo. Allí comenté los estudios de Wright Mills publicó con el título Los Nuevos Hombres de Poder, Líderes del Trabajo americano (1948) en el cual denuncia esta trasmutación. Describe la dinámica de los líderes entrelazados en una red de  negocios con importantes funcionarios. El señalamiento más trascendental que permite entender el nuevo juego del poder es la conclusión de su investigación:

El obrero ha renunciado de forma efectiva a su rol tradicionalmente opositor y se ha reconciliado con el sistema capitalista. Aplacado por políticas económicas los sindicatos han adoptado un flexible rol subordinado a la nueva estructura de poder estadounidense.

Podemos entender mejor, adaptando en tiempo y espacio a los comienzos de la recuperación democrática (1983), podemos decir con mayor propiedad que la transformación cultural que se fue dando, sin prisa y sin pausa, en la sociedad occidental, y que con cierto retraso ingresó en América Latina, fue una cultura del “sálvese quien pueda” con la degradación del ciudadano en consumidor.

Todo ello agravado a partir de los noventa, con el imperio del Consenso de Washington (1989) acompañado por la globalización y el fundamentalismo de mercado o neoliberalismo A pesar de estas áreas controvertidas, un gran número de publicistas y miembros de los Think Tanks (también llamados laboratorio de ideas, son instituciones,​ cuya función es la reflexión intelectual sobre asuntos de política social, estrategia política, economía, militar, tecnología o cultura). Dicho en otras palabras, la publicidad del modelo imperial del capitalismo.

Con esto, quiero dar a entender que la afirmación del Cronista: «cuando se creó la noción de marketing político, los tiempos cambiaron» si se acepta como verdad debe, de inmediato, agregarse que para que ello fuera posible no se puede olvidar lo que quedó dicho en los párrafos anteriores.

Una larga y profunda trasformación del ciudadano de a pie, para ir convirtiéndolo en un consumidor, figura aparentemente más ingenua que aprovecha la necesidad de todo ser viviente de alimentarse, de consumir. Esta necesidad, mucho más compleja en el ser humano con la posibilidad de elegir entre varios modos posibles, puso en evidencia cómo funciona el deseo, de lo cual había hablado Sigmund Freud a fines del siglo XIX.

La publicidad moderna incentivó ese deseo con instrumentos que, muchas veces, violaron el límite de lo aceptable, para manipular a ese consumidor, conduciéndolo hacia los productos publicitados: apareció la sociedad del consumo. La figura del consumidor, una vez impuesta como sinónimo de sujeto moderno para una sociedad de mercado, facilitó el paso siguiente: el consumidor también comenzó a consumir candidatos políticos. Si esta frase suena muy fuerte comparemos la presentación de un producto cualquiera, la publicidad que lo acompaña, con la presentación de ese candidato fabricado, que veremos más adelante, y encontraremos las similitudes.

Entonces, como dicen en el campo: «no se debe atar el caballo detrás del carro», es decir no alterar el proceso causal. Fue necesario haber transitado ese proceso de décadas, padecer las modificaciones a las que fue sometido el ciudadano de a pie, para que se pudiera aceptar tan pasivamente esa aberración política: fabricar candidatos como productos de consumo.

Mirando al mundo LXIX– De qué se trata la posverdad  – 2-8-17

Si nos remontamos a un periodo de varias décadas atrás, cualquier ciudadano de a pie se hubiera escandalizado, al leer en alguna publicación un título tan sorprendente como el que encabezaba una nota del Cronista comercial (18-2-2011): Cómo se fabrica un candidato. Era realmente impensable que al referirse a algún candidato político, a cualquier cargo, se pudiera utilizar el verbo fabricar. Se hubiera supuesto hablar de elegir, optar, seleccionar, proponer, preferir, etc. Sin embargo, hace unos pocos años ya se podía escribir acerca de la fabricación de un candidato, y lo más grave es que no generó ningún rechazo y hoy se puede hablar de ello con toda naturalidad. Cabe preguntarse: ¿Qué pasó para que la política hubiera cambiado tanto? La nota comenzaba así:

La imagen de un candidato ha pasado a ser su capacidad más importante para ganar una elección, sostiene Rosendo Fraga, director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría. En un país donde la política atraviesa un momento de desencanto, es difícil hablar de candidaturasResulta difícil definir quiénes serán los candidatos y tal vez aún más quién terminará triunfando y en qué instancias, sintetiza Fernando Moiguer, especialista en estrategia de negocios y marca.

Los consultados, como se puede apreciar en la nota, especialistas en el tema, expresan su incertidumbre, su incapacidad de pensar cómo serán la política y los políticos respecto de un mediano plazo futuro. Esta requiere de un análisis explicativo. Sigue el Cronista:

A partir de 1983, con el retorno de la democracia, se dio un nuevo tipo de escenario en la política argentina. Las campañas actuales difieren de las de entonces, pero ese momento instauró una base esencial y múltiples experiencias cuyo molde arrancó desde ese comienzo. Del entusiasmo a la apatía, del énfasis discursivo a la preeminencia de la imagen. Las nuevas formas exigían construir un candidato que se adaptara a ese nuevo escenario.

Entonces, si la imagen adquirió tanta relevancia, ¿cómo se debe presentar ahora? ¿significa   esto que lo que cada persona tiene, como resultado de una vida vivida, y que a lo largo de su biografía ha ido estructurando su perfil personal, y como tal “aparecer”, ya no sirve? ¿Qué dirían los políticos anteriores que hicieron campaña y, les haya ido bien o mal, aparecieron tal como eran? ¿Se está hablando de que hay que cambiar a la persona por un personaje preparado ad hoc? Recurramos al diccionario para analizar esta expresión:

Ad hoc​ es una locución latina​ que significa literalmente «para esto».​ Generalmente se refiere a una solución específicamente elaborada para un problema o fin preciso y, por tanto, no generalizable ni utilizable para otros propósitos. Se usa pues para referirse a algo que es adecuado sólo para un determinado fin o en una determinada situación.

Recurro a esa definición para poder irnos adecuando a un razonamiento que choca contra lo que se ha supuesto tradicionalmente: alguien que se dedica a la profesión de político lo hace como resultado de una vocación de servir a su comunidad. El economista y sociólogo alemán Max Weber (1864-1920) publicó en 1919 una pequeña obra que tituló La política como vocación. Uno de los temas que abordó es lo que debería ser exigible a quien se dedique a ella como una profesión, sin que esto signifique un juicio valorativo. Wikipedia comenta:

Dentro de este análisis que Weber hace sobre el desarrollo de los personajes que trabajan para la política y viven de la política hay un aspecto interesante que parece importante resaltar y que involucra una condición propia del hombre. Él hace mención al sentimiento de poder que genera en el político profesional su condición propia. La conciencia de tener una influencia sobre los hombres, de participar en el poder sobre ellos y sobre todo, el sentimiento de manejar los hilos de acontecimientos históricos importantes, elevan al político profesional, incluso al que ocupa posiciones modestas, por encima de lo cotidiano.

Es este un aspecto importante, dicho en palabras actuales: la tentación del poder. Lo que en estos tiempos que corren puede parecer una antigüedad  es que Weber relacione la política con la ética. Y al respecto plantea tres cualidades que debe tener el político: pasión, sentido de la responsabilidad y mesura. Si admito que esto puede parecer algo ya perimido ¿por qué me remito a esta afirmación de Weber sobre el tema? Lo hago para no naturalizar el tema que estamos tratando, es decir para no aceptar como algo normal el concepto de la fabricación de personajes políticos.

XXIX.- Reflexiones sobre la política – La democracia y el mercado – 25-7 y 1-8-17

Hemos descrito y analizado la historia de los siglos  XI al XVI para recuperar una memoria necesaria para repensar los males y las deficiencias que padecemos en esta etapa de la globalización financiera. De acuerdo a lo ya visto en la época estudiada las relaciones sociales privilegiaron el bien común y la felicidad del conjunto por encima de los privilegios de los poderosos. Si aceptamos que esto ha sido así (para ello citamos a importantes investigadores para documentarlo): ¿cuáles han sido las causas para que todo ello se perdiera? Esta es la pregunta que voy a intentar responder.

En un trabajo mío[1], de hace más de veinte años, lo he planteado de este modo:

«Es casi una constante histórica que los procesos de cambio se producen por la decadencia de un orden social, generada por el agotamiento espiritual, cultural, económico y político, que lo inhabilita para dar respuestas a las nuevas necesidades. Esa incapacidad lleva a que se deteriore el sistema de creencias en que se sustenta. Este debilitamiento da lugar a una dialéctica en el entrecruzamiento de factores que se condicionan y se modifican mutuamente lo que, a su vez, permite el nacimiento de otras formas institucionales y políticas que comienzan a dar otra configuración a la sociedad naciente. En otras palabras, el cambio histórico es la consecuencia de un deterioro que posibilita el nacimiento de lo nuevo, éste está ya, en germen, dentro del viejo sistema».

El modo de describirlo es, tal vez, demasiado académico, es que fue escrito para la Universidad. Sin embargo intentaré aclararlo: Lo que queda dicho en ese párrafo puede ejemplificarse así. La historia de la sociedad humana, sus formas culturales, es un organismo vivo, muy complejo, dado que es una suma de organismos vivos: las personas. Las formas culturales son diversos modos de resolver las necesidades que en cada etapa se han demandado. Las propuestas de cada una de ellas logran resolver las más importantes, pero quedan otras sin resolver, por lo que el sistema que logró dar una respuesta comienza a agotarse y reclama por más.

La transición de cada una de ellas a la siguiente es un intento de ofrecer una nueva propuesta. Entonces la aparición de una nueva cultura es un nacimiento que recorrerá un nuevo camino que avanzará en nuevas respuestas hasta que su propuesta vuelva a agotarse. Al igual que las personas,  nacen, se desarrollan y mueren. Los tiempos son diferentes: las personas pueden vivir un promedio de años entre 70 y 90 años, aproximadamente; las culturas lo hacen entre cuatro y seis o siete siglos. Sigo citando:

Todo ello se da por la concurrencia de una serie muy grande de factores, no siempre detectables. Durante los siglos XIII y XIV el mundo feudal empieza a salir de su encerramiento regional, como consecuencia de la expansión europea y la conquista de nuevas tierras. Este proceso dio lugar a una demanda exterior al sistema de la comuna urbana: nuevas y más cantidad de manufacturas por la intensificación del intercambio con países y culturas del mundo nuevo periféricos. Estas nuevas experiencias despertaron de la quietud a la sociedad tradicional y la puso en contacto con otros modos de vida. Debe agregarse a ello, que en el siglo XVI, la conquista con el nuevo continente le proporcionó a Europa un flujo de metales preciosos que quintuplicó las reservas que poseía. Se abrió así un ancho cauce a la ambición que relajó las normas que contenían el sistema de la cristiandad feudal y el ordenamiento en las comunas aldeanas.

Posiblemente, ante la menor vacilación del sistema de creencias que sostenía la forma ascética de la vida de la comuna medieval, comienza a manifestarse una nueva tabla de valores, la acumulación de bienes por parte de un sector social, hasta entonces desconocida. La dinámica que se instaura a partir de comerciar con regiones tan distantes resquebrajan la solidez de la moral medieval. A través de esas fisuras se filtran otros modos de pensar y obrar acordes con las prácticas de vida de una burguesía distinta, más ligada a la aventura y al tráfico entre regiones muy alejadas y diferentes.

[1] En la página: http://ricardovicentelopez.com.ar/wp-content/uploads/2015/03/Los-medios-de-comunicacion-en-el-mundo-global-I.pdf en el apartado Nº 6 se puede ver un análisis más extenso y detallado.

Mirando al mundo LXVIII– De qué se trata la posverdad – 26-7-17

Es indudable que las prácticas políticas actuales están sometidas al concepto de “espectáculo”, entendida la política como una representación. Esto convierte a aquel ciudadano portador de derecho en un mero espectador. Se subordina así al público a nuevas reglas que corresponden a lo que el marketing político dispone. Esto reduce la relación política a términos de consumidor-producto: elector-candidato. Esto puede parecer muy duro al ser expresado en una simple ecuación comercial, sin embargo, es necesario poder pensarlo dentro de la lógica que rige el marketing político.

Tenemos, entonces dos tipos de candidatos políticos:

1.- Los que plantean la realidad en términos técnicos, exponen cantidades, índices, estadísticas, cuadros, etc. Corresponde a los que hablan de economía: su modo de presentarse pretende causar en el público la idea de de alguien muy “informado”. Esa práctica busca producir la sensación de que quien está hablando es un profesional muy meticuloso y muy conocedor del tema. Debemos recordar en nuestro país las presentaciones televisivas del ministro de economía Domingo Cavallo.

2.- Los que son productos del coaching: Dice wikipedia:

Es una palabra que procede del verbo inglés to coach, entrenar; es un método que consiste en acompañar, instruir o entrenar a una persona o a un grupo de ellas, con el objetivo de conseguir cumplir metas o desarrollar habilidades específicas. Tiene su origen en el ámbito deportivo, pero ingresó medio empresarial y personal, donde se entiende por coaching el proceso mediante el cual el entrenador genera las condiciones para que la persona o grupo implicados en dicho proceso busquen el camino para alcanzar los objetivos fijados usando sus propios recursos y habilidades fuertemente apoyados de la motivación, responsabilidad y creatividad.

Es una nueva profesión que, desde hace algunas décadas, hizo su presentación en el ámbito político representada  por los asesores de imagen. Estos trabajan los aspectos negativos que el candidato muestra ante las cámaras, redefiniendo el perfil del candidato de acuerdo al modelo del discurso a ofrecer.

El director de cine, Sidney Lumet, estudioso de la problemática que presenta la relación de los medios con la política, abordó el tema de esos especialistas en imagen política en la película El precio del poder (1986). Su tesis sostiene:

El testeo del elector-consumidor permite ir siguiendo paso a paso los cambios del humor político del electorado y adecuar las respuestas en función de lo que esos sondeos van mostrando. De ese modo, especialistas de la psicología, la sociología, politólogos, psicólogos sociales, antropólogos,  junto a gente proveniente de la comercialización y la publicidad, van diseñando el discurso y la estrategia de campaña.

Veamos un caso muy estudiado en universidades europeas. Para las elecciones presidenciales del período 1974-1981 en Francia, se realizó el primer debate televisivo entre Valéry Giscard d’Estaing, representante de la derecha egresado Escuela Nacional de Administración (ENA) donde son formados muchos altos funcionarios del gobierno francés; y François Mitterrand, miembro del Partido Socialista. Resultó elegido el primero. En 1981 se realizó el segundo debate entre los mismos candidatos y resultó elegido el segundo para el período 1981-1988. Estos debates fueron mostrando el aprendizaje que iban adquiriendo ambos en esos encuentros televisivos.

En la década del setenta la imagen de Giscard d’Estaing, más atildada y con porte aristocrático, mirando directamente a las cámaras se tradujo en una sensación de sinceridad y confianza que le transmitía al televidente. Por el contrario, Mitterrand con anteojos de marco negro, muy grueso, con gesto adusto y mirando a su interlocutor, aparecía en pantalla como hablando a un tercero, al no mirar de frente a las cámaras. Daba una sensación de inseguridad y de ocultamiento de su rostro al televidente. El resultado electoral favoreció cómodamente al primero.

El estudio de esos debates, que realizaron los asesores que contrató Mitterrand en la década siguiente, entre los que se encontraba el sociólogo argentino Eliseo Verón (1935-2014), posibilitó un aprendizaje que lo llevó a la victoria. La televisión, en la década del ochenta, venía reemplazando, en forma paulatina, los actos de campaña por las apariciones en programas periodísticos de televisión, dando un lugar privilegiado a los periodistas políticos, éstos cobraron un peso desproporcionado en la decisión de las campañas electorales:

La incorporación de periodistas fue parte de la estrategia de los partidos. Esta incorporación fue de dos tipos: la adscripción directa como jefes de prensa del candidato y el pago directo, o indirecto a través de publicidad de empresas para sus programas, para el logro del apoyo en la campaña. Así podemos encontrar las formas más sutiles de favorecer a unos o perjudicar a otros.

El análisis minucioso y pormenorizado, el seguimiento del “discurso” político de un medio permite, a quien se detenga en ello, definir su puesto en el espectro político. Una explicación, no lejana de la realidad, ubicaba el fenómeno de la compra masiva e indiscriminada de medios, por parte de inversores privados pertenecientes a grandes multinacionales, con el intento de un posicionamiento político sólido de los factores de poder económico. En este proceso se fue produciendo el condicionamiento a las campañas de los partidos políticos, o a sus candidatos, con posibilidades de acceso al poder.

Mirando al mundo LXVII– De qué se trata la posverdad – 19-7-17

Hemos analizado el debate televisivo entre el canciller Dante Caputo y el senador Vicente Saadi.  Debemos ahora hacer un recorrido en el tiempo para encontrar el origen de los debates televisivos. El momento que marcó el punto de inflexión en este tema, y generó un modo diferente, fue el primer debate televisivo de 1960 entre los candidatos a presidente de los EEUU John Fitzgerald Kennedy (1917-1963) y Richard Nixon (1913-1994). En ese debate se presentó un factor que inclinó la balanza hacia el lado del triunfador, Kennedy, fue la preparación previa. Ese encuentro ante las cámaras de televisión se convirtió en un documento de estudio en las carreras de Ciencia de la comunicación y Ciencias políticas, en muchas universidades del mundo.

Abrió una nueva escuela de análisis sobre la comunicación política, una nueva práctica para los debates televisivos de cierre de campaña, que fueron definiendo de allí en más las elecciones presidenciales:

Nixon no había alcanzado a comprender los cambios que se estaban produciendo por la introducción de la imagen en los canales de televisión y en los cambios necesarios del discurso político que esto imponía. Descuidó una preparación adecuada para las circunstancias que debía enfrentar. Kennedy estuvo dos semanas ensayando con asesores las características posibles del debate. En cambio Nixon llegaba al canal después de una fatigosa campaña: esa misma mañana había estado en un acto político pronunciando un discurso en Chicago. Llegó muy cansado, afiebrado y no se maquilló, su imagen transmitía agotamiento. Kennedy se presentó descansado, relajado y maquillado, con un aspecto juvenil, bronceado y deportivo, que cautivó al electorado norteamericano.

Las encuestas previas daban una clara ventaja de los votantes para Nixon, esto contribuyó a que éste descuidara la instancia de ese debate, a la que no le asignaba mayor importancia. Por falta de asesoramiento se había vestido con un traje gris que, en la pantalla, se distinguía escasamente del fondo; su imagen se diluía, aparecía pálido y sin afeitar, abatido, casi vencido. Presenciaron el debate desde sus hogares 70 millones de personas, cifra récord para la época.

Los estudios realizados algunas semanas después de las elecciones, arrojaron el siguiente resultado, altamente revelador de lo que había ocurrido:

Los votantes que habían escuchado el debate por radio habían votado mayoritariamente por Nixon, los que lo habían visto por televisión le habían dado el triunfo a Kennedy. El dato altamente significativo era el siguiente: en los inicios de la década del sesenta ya el 80% de los hogares tenían, por lo menos un televisor.

Nixon escribiría en sus memorias, tiempo después, lo siguiente:

“La conclusión más aplastante en torno a la televisión como medio político fue para mí también la más angustiante; no fue decisiva la sustancia del debate, sino el contraste desfavorable de nuestras apariencias externas”.

La respuesta, más de una década después, del presidente Ronald Reagan (1981-1989) a la pregunta de un periodista acerca de cómo un actor pudo llegar a ser presidente fue muy clara:

“¿Cómo podría haber llegado a presidente sin haber sido actor antes?”.

Reagan, en su respuesta, demostraba haber comprendido el fenómeno mediático. Debemos recordar, a partir de Reagan Presidente, la cantidad de figuras ajenas al ámbito político que se postularon como candidatos apoyadas en su imagen o popularidad. La consultora en el área de comunicación María von Harper decía:

Michael Deaver, jefe de “Imagery” de Reagan, comercializó a Reagan sirviéndose del siguiente reconocimiento: “Noté cómo la gente que dirige noticias en televisión reducía las cosas a frases cortas y acertadas… El único día que me preocupaba era el viernes… porque es un día aburrido en cuanto a noticias… porque si uno no tenía nada que ofrecer ese día, ellos encontrarían algo”. Deaver no dejaría nada librado a la casualidad. En los eventos electorales se planificaba la escena, el fondo, los colores, el enfoque de las cámaras, la música, así como el lenguaje corporal y verbal del orador como si se tratara de una función de teatro. La división de Relaciones Públicas de Reagan logró que su popularidad subiera del 50 al 60%.

XXVIII.- Reflexiones sobre la política – La democracia y el mercado – LU3 – 18-7-17

Ricardo Vicente López –18-7-17

La aparición y desarrollo de la comuna urbana estuvo acompañado por una innovación cultural que apoyó y consolidó ese proyecto institucional: la universidad. Para algunos esto puede ser una gran noticia o un cuento de hadas. Es necesario arrojar un poco de luz sobre el tema, por ello paso a analizar esta novedad. Posiblemente aquella Academia platónica de la Atenas del siglo V a. de C. haya sido una fuente de inspiración.

Podemos tomar como un comienzo de este proceso a la Universidad de Bolonia fundada en 1088, partiendo de las escuelas municipales y adquiriendo el grado de Universidad en 1317. Es la universidad más antigua del mundo occidental. Otras de esa época fueron la Universidad de París en el 1150, la de Oxford 1167, la de Salamanca en 1208, la de Orleans en 1316, entre otras. Es evidente que estamos frente a un movimiento intelectual muy importante que se ve reflejado en la fundación de un importante número de casas de altos estudios:

Nunca, hasta entonces, había aparecido una institución de estas características. Allí se encontraban las diversas corrientes en un ámbito de pluralidad, abierto a las ideas, aunque esto que afirman los investigadores no sea fácilmente aceptado como consecuencia del prejuicio iluminista. Dentro de las limitaciones histórico-culturales de esa etapa histórica fue un ámbito de intensos debates sobre la herencia helénica-romana y sus colisiones con la vertiente hebrea, argumentando en pos de sus verdades. Por esos siglos las universidades asumieron la forma institucional del gremio. Lo que   diferenciaba a los universitarios del resto de los artesanos es que ellos eran artesanos de la palabra. Constituyeron así gremios de intelectuales.

Una imagen muy realista de la vida en estas universidades la muestra la película La pasión bajo el cielo (1988) que narra una historia medieval que se desarrolla en la Universidad de París en el siglo XII[1]. Estos gremios mantuvieron siempre una relación conflictiva con la autoridad y con la Iglesia y, a veces, con las burguesías regionales. Todo ello está señalando que fue la cuna de los más apasionados debates, cuyos resultados posibilitaron el avance del conocimiento moderno. También es necesario afirmar, y se desprende de lo dicho, que es esta institución es una creación de la Cultura Occidental.

Una vez más debo aclarar que, a pesar de la sospecha de oscuridad teologizante, que la Ilustración arrojó sobre este período, fueron muchos los avances que mostró la universidad. Dice Jacques Le Goff, en ese sentido:

Nada menos oscurantista que la escolástica, para la cual la razón culmina en la inteligencia, cuyos fugaces destellos se transforman en luz perdurable. El intelectual universitario nace precisamente en el momento en que pone en cuestión el texto, que no es más que un soporte, y de estudiante pasivo se convierte en un crítico activo. El maestro no es un exégeta, sino un pensador; da soluciones, crea. Jamás encontraremos la verdad si nos contentamos con lo que ya ha sido descubierto… Quienes escribieron antes que nosotros, no son nuestros amos, sino nuestros guías. La verdad se abre a todos; no ha sido hasta ahora conquistada enteramente por nadie.

Respecto a la vida interna de esas universidades, el historiador irlandés Walter Starkie (1894-1976) escribe:

La Universidad medieval era una gran comunidad democrática en la que no había diferencias de categoría o privilegios. Sin embargo, esta igualdad era sólo teórica, porque en la práctica había inevitables distinciones que ocasiona la riqueza. Los hijos de los nobles llegaban a la Universidad con sus propios siervos y pagaban a sus compañeros pobres para que les sirvieran de criados; pero una vez dentro del aula, el estudiante más pobre podía sentarse en los bancos al lado del hijo de un rico… podía sentir hasta dónde llegaba su propia valía, al pensar que compartía con sus compañeros el privilegio de elegir el Rector de la Universidad… es preciso recordar que Salamanca, como Bolonia… era Universidad de estudiantes, con un estudiante rector escogido por ellos… También los estudiantes tenían la facultad de elegir a los profesores.

Hemos dado un paso más para aventar la neblina que envolvía a la Edad media, creada por los intelectuales iluministas del siglo XVIII, sobre todo franceses. Los avances culturales, institucionales, políticos y sociales que hemos analizado, nos han ofrecido una imagen diferente. El objetivo más importante que he planteado con esta investigación es verificar que el mundo que nos toca vivir no es el único posible, y que en la historia ha habido experiencias que respetaron mucho más a la persona, a su dignidad y a sus necesidades.

[1] www.youtube.com/watch?v=c13CzRgkCR0