{"id":658,"date":"2008-08-27T19:13:00","date_gmt":"2008-08-27T19:13:00","guid":{"rendered":"http:\/\/ricardovicentelopez.com.ar\/?p=658"},"modified":"2015-03-21T15:21:28","modified_gmt":"2015-03-21T15:21:28","slug":"el-ciudadano-pasivo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ricardovicentelopez.com.ar\/?p=658","title":{"rendered":"El ciudadano pasivo"},"content":{"rendered":"<p>Las quejas respecto del estado actual de cosas no llevan aparejado un compromiso para cambiar el mundo. Es evidente que falta la voluntad colectiva para realizarlo y la comodidad sectorial de una parte de la sociedad que se ve c\u00f3moda en ella pese a sus quejas, o hacen de sus quejas una bandera contra los cambios posibles. Creo necesario pensar en las circunstancias que condicionan esa voluntad. Veamos, entonces, algunos aspectos que son necesarios considerar para abrir caminos. <br \/>El desentendimiento que ha experimentado el ciudadano de \u201ca pi\u00e9\u201d respecto de sus responsabilidades pol\u00edticas, aunque algo est\u00e9 cambiando, encuentra algunas razones en la \u201cprofesionalizaci\u00f3n\u201d del pol\u00edtico, que ha convertido esa tarea en \u201ccosa de especialistas\u201d. Por tal raz\u00f3n, me parece, han desaparecido o poco menos los debates pol\u00edticos en los di\u00e1logos entre los ciudadanos. Se agrega a ello el peso exorbitante que la econom\u00eda  ha ganado en el tratamiento de los temas p\u00fablicos, al punto de que pareciera ser decisiones exclusivas de ese \u00e1mbito del pensar y del hacer. Este sometimiento encuentra culpas notorias entre los mismos actores pol\u00edticos, dado que se han dejado subordinar al imperio de \u201clos factores econ\u00f3micos\u201d. Aquella acusaci\u00f3n que los liberales decimon\u00f3nicos le hac\u00edan al marxismo, de pensar s\u00f3lo en t\u00e9rminos \u201cmateriales\u201d, deber\u00edamos hac\u00e9rsela hoy a los defensores del \u201cmercado\u201d, hoy redivivos.<br \/>Desde Arist\u00f3teles a Maquiavelo, y tal vez hasta el siglo XIX, la pol\u00edtica fue el terreno en el que se dirim\u00edan las enfrentadas voluntades, la de los poderes que se propon\u00edan trazar un destino, abrir un futuro y definir la marcha de los asuntos del Estado. El avance del poder de las burgues\u00edas de los siglos XVII y XVIII fue otorg\u00e1ndole un tono diferente, cada vez m\u00e1s marcado, a la necesidad de introducir los intereses econ\u00f3micos en la fijaci\u00f3n de las pol\u00edticas de estado. Hasta que esas necesidades se impusieron imperialmente en el pensamiento desplazando a la pol\u00edtica del centro de decisi\u00f3n. Todav\u00eda en el siglo XIX algunos liberales continuaban reclamando esa prioridad de la pol\u00edtica.<br \/>El hombre del siglo XX asisti\u00f3 al desmadre de los intereses econ\u00f3micos y a su asalto al poder en el \u00faltimo cuarto de siglo, poder que se iba transnacionalizando a pasos agigantados. Todo este proceso tuvo como correlato la total desvinculaci\u00f3n del ciudadano de las decisiones fundamentales de las comunidades pol\u00edticas, sobre todo cuando sinti\u00f3, descarnadamente, que esas decisiones se tomaban en algunas c\u00fapulas de poder ahora desterritorializadas. El mundo del poder, econ\u00f3mico y financiero, pertenec\u00eda a los \u201celegidos\u201d del Dios Dinero. Los adeptos a esta religi\u00f3n se fueron convirtiendo en \u00e9lites an\u00f3nimas, seducidas por los para\u00edsos ofrecidos por las t\u00e9cnicas publicitarias, sin percibir que \u201cs\u00f3lo unos pocos elegidos\u201d acceder\u00edan a ese cielo. As\u00ed, el ciudadano convertido en consumidor se fue alejando de la pol\u00edtica, por ser un instrumento ineficaz, para rendir culto a las cotizaciones burs\u00e1tiles, las variaciones cambiarias y las tasas de inter\u00e9s. Roma y Jerusal\u00e9n fueron desplazadas por Wall Street. El triunfo, primero en el campo de batalla de los negocios, se coron\u00f3 con el triunfo final en el campo de las conciencias.<br \/>Entonces&#8230;?<br \/>Hablaba, al comenzar, de \u201cfalta de voluntad colectiva\u201d, es que est\u00e1 totalmente abotagada por la borrachera del dinero, del triunfo f\u00e1cil, del \u00e9xito inmediato, de los caminos oblicuos. Sin comprender que \u00abmuchos son los llamados, pero pocos los elegidos\u00bb. Debe aparecer, necesariamente, el tema de los valores. Debemos replantearnos como comunidad pol\u00edtica qu\u00e9 queremos ser, ubicarlo luego en el contexto del mundo actual, no para renunciar a algunos de esos valores, sino para trazar los caminos y los tiempos de su realizaci\u00f3n. Esto presenta hoy una dificultad mayor que en otras \u00e9pocas. Porque este tiempo de ahora parece tener muy corta duraci\u00f3n: lo que no es  posible ser conseguido ya, o dentro de unos minutos, se convierte en un \u201cimposible\u201d o en un \u201cno deseable\u201d. Se le ha otorgado estatus de \u201cutop\u00eda irrealizable\u201d a cualquier idea que requiera tiempo, esfuerzo y perseverancia para su realizaci\u00f3n. Porque ello impone la necesidad de la organizaci\u00f3n de las voluntades y el consenso en los por qu\u00e9 y para qu\u00e9, los cu\u00e1ndo y los c\u00f3mo. Pero hemos sido convencidos que los \u00fanicos caminos transitables son individuales. El individuo reemplaz\u00f3 a la persona, siendo \u00e9sta la sagrada conquista de la cultura occidental.<br \/>Entonces, no es extra\u00f1o que nos pase lo que nos pasa, que nos encontremos en medio del fuego cruzado sintiendo no pertenecer a ning\u00fan bando. El no pertenecer es un signo de estos tiempos llamados de posmodernidad. El no creer es su correlato. El desentenderse es su consecuencia. Una comunidad al garete es s\u00f3lo responsabilidad de sus miembros. En \u00e9pocas de tormentas hay que elegir un piloto, que aunque pueda estar lejos de lo deseable, es preferible a no tener ninguno. Napole\u00f3n dec\u00eda que \u201ces preferible un mal general que dos buenos\u201d porque se requiere en esas condiciones de excepci\u00f3n la capacidad de decidir, y es peor que no haya decisi\u00f3n alguna. Hoy somos espectadores en la puja de los intereses mezquinos por el reparto de los bienes que deben ser compartidos. Mientras nos mantengamos en la platea otros decidir\u00e1n el resultado parados en el escenario. Una larga historia avala lo dicho.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las quejas respecto del estado actual de cosas no llevan aparejado un compromiso para cambiar el mundo. 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