{"id":412,"date":"2011-02-23T11:24:00","date_gmt":"2011-02-23T11:24:00","guid":{"rendered":"http:\/\/ricardovicentelopez.com.ar\/?p=412"},"modified":"2015-03-21T14:04:58","modified_gmt":"2015-03-21T14:04:58","slug":"viii-la-codicia-y-la-astucia-como-instrumentos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ricardovicentelopez.com.ar\/?p=412","title":{"rendered":"VIII.- La codicia y la astucia como instrumentos"},"content":{"rendered":"<p>Volvamos sobre el tema alrededor del cual estamos tratando de pensar el sistema capitalista. Una cita de Carlos Marx nos puede poner en tema para evitar las explicaciones simplistas: \u00abSer capitalista significa ocupar una posici\u00f3n en la producci\u00f3n que no es meramente personal sino social. El capital es un producto social, y \u00fanicamente puede ponerse en movimiento mediante la actividad com\u00fan de muchos o, en \u00faltima instancia, de todos los miembros de una sociedad. El capital no es, pues, un poder personal sino social\u00bb. Esto no exculpa a aquellos que transgreden todas las normas posibles tras su codicia ilimitada, pero posibilita ubicarlos como actores de un escenario que tiene sus propias reglas cuya violaci\u00f3n se paga con un \u201cfuera de juego\u201d. La competencia es intr\u00ednseca al sistema y ella impone normas, m\u00e9todos, sistemas, que si bien son flexibles sus l\u00edmites se imponen como la p\u00e9rdida del capital invertido. Entonces la codicia apela a la astucia sin la cual no lograr\u00e1 ser un ganador. Este ganador comienza a fijar sus propias reglas desconociendo las existentes, porque sin reglas tambi\u00e9n \u00e9l podr\u00eda perder.<br \/>Hace un tiempo un viejo profesor me cont\u00f3 esta especie de par\u00e1bola hablando sobre los agentes del mercado muy osados: \u00absupongamos una mesa de p\u00f3ker cuyas apuestas llegan a mil pesos. Uno de los cuatro jugadores se siente teniendo cien pesos en el bolsillo. Como es muy h\u00e1bil y conf\u00eda en ello arriesga y gana. Al terminar el juego se lleva los tres mil pesos de la mesa. Entonces se sienta a jugar en una mesa cuyas apuestas suben a diez mil pesos, arriesga nuevamente y se lleva los treinta mil pesos de los otros. Con ese dinero repite la operaci\u00f3n en una mesa de cien mil pesos de apuestas y se lleva los trescientos mil de los otros. En todos esos casos si perd\u00eda no ten\u00eda con que responder. Por \u00faltimo se sienta en mesas de apuestas de cien mil pesos, pero antes de jugar pide que le muestren los cien mil de cada uno de los otros y lo mismo hace \u00e9l. Moraleja: trampea hasta que se tornan poderosos y no permiten el riesgo de que alguno de los otros le haga la trampa a \u00e9l. Aparecieron las reglas, porque lo que pone en juego es mucho\u00bb. Me dijo entonces, esto es lo que algunos especuladores hacen hasta que se hacen poderosos, entonces no permiten las trampas. <br \/>Cuando todo ello se convierte en sistema, en cultura, en pr\u00e1cticas individuales y colectivas, se van  naturalizando las conductas de los concurrentes al juego del capital, juego que seg\u00fan la doctrina no debe tener arbitraje alguno, porque as\u00ed lo impone la libertad del mercado, y que s\u00f3lo la derrota es el castigo del que jug\u00f3 mal sus piezas. Al atribuirle al mercado un mecanismo t\u00e9cnico y unas leyes que se presentan como un producto de la naturaleza que opera m\u00e1s all\u00e1 de la voluntad de los agentes que intervienen, de all\u00ed la libertad del mercado: es libre porque permite la concurrencia de todos (todos los que tengan dinero para operar en \u00e9l), libre porque en \u00e9l la oferta y la demanda se enfrentan en un juego de uno contra uno que termina satisfaciendo a todos (seg\u00fan reza el dogma). Si bien esto es lo que observ\u00f3 Adam Smith en el siglo XVIII en Londres, donde muchos oferentes y muchos demandantes . <br \/>En el Manifiesto Comunista de 1848 Marx advert\u00eda: \u00abLa existencia y el predominio de la clase burguesa tienen por condici\u00f3n esencial la concentraci\u00f3n de la riqueza en manos de unos cuantos individuos, la formaci\u00f3n e incremento constante del capital; y \u00e9ste, a su vez, no puede existir sin el trabajo asalariado\u00bb. No es que Smith fuera ingenuo, el contaba con el riesgo de la codicia del empresario, pero cre\u00eda que el mercado lograr\u00eda equiparar fuerzas y ser m\u00e1s distributivo, hab\u00eda escrito setenta y cinco a\u00f1os antes que Marx, todav\u00eda algunas de las pr\u00e1cticas del sistema no estaban tan claras. Marx se\u00f1alaba pr\u00e1cticas que ya estaban en boga en su \u00e9poca. Por lo tanto, pretender encontrar juego limpio hoy es de una ingenuidad supina, o una hipocres\u00eda militante que trabaja para ocultar lo que en realidad pasa.<br \/>Veremos ahora, en las notas siguientes, la capacidad de ocultamiento ideol\u00f3gico que la ciencia econ\u00f3mica practica en las instituciones acad\u00e9micas, donde abrevan los medios de comunicaci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Volvamos sobre el tema alrededor del cual estamos tratando de pensar el sistema capitalista. Una cita de Carlos Marx nos puede poner en tema para evitar las explicaciones simplistas: \u00abSer capitalista significa ocupar una posici\u00f3n en la producci\u00f3n que no es meramente personal sino social. 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