La “universidad” de la corrupción

Debemos tener en cuenta que en Internet abunda la “basura informática”. Sin embargo, y esto es altamente rescatable, aparecen intersticios a través de los cuales se cuela muy buena información, por lo general inexistente en los grandes medios. Éste es el caso de www.rebelion.org. Allí encontré la reproducción de una entrevista que hizo Amy Goodman, periodista graduada en Harvard, a dos periodistas de investigación, James Steele y Donad Barlett, ambos premiados con el Pulitzer por sus investigaciones. Esta entrevista fue emitida por una FM de New York en un programa que se llama Democracy Now, considerado en aquel país como el más progresista.
El título que encabeza este programa, como pregunta inicial de la entrevista es: “¿Cómo se evaporaron 9.000millones de dólares en efectivo aerotransportados de la Reserva Federal de EE.UU. a Iraq?”. La entrevistadora afirma que: “Un mes después de la invasión de Iraq, EE.UU. comenzó a aerotransportar aviones repletos de cargas de dinero efectivo a Bagdad. Entre abril de 2003 y junio de 2004, un total de 12.000 millones de la moneda estadounidense fueron enviados a Iraq, donde debían ser utilizados por la Autoridad Provisional de la Coalición para la reconstrucción. Pilas de billetes de 100 dólares fueron empaquetados en bloques, amontonados sobre grandes paletas llevadas a aviones de carga rumbo a la capital iraquí. ¿Qué pasó con el dinero? Hasta la fecha, por lo menos 9.000 millones no pueden ser ubicados”.
En una sorprendente nueva denuncia en Vanity Fair, los periodistas de investigación siguen el rastro del dinero de la Reserva Federal a Iraq. Contestan de este modo: “El dinero que fue a Iraq consistía básicamente de fondos confiscados: Activos iraquíes del tiempo de la primera Guerra del Golfo, dinero del petróleo que había estado bajo el control de Naciones Unidas. Y estaba básicamente confiado al gobierno de EE.UU., en el Banco de la Reserva Federal de Nueva York. Y cuando quisieron hacer este embarque, lo que nos fascinó tanto fue precisamente como llegó allí, de dónde provino. Y lo que descubrimos fue que hay un almacén a 16 kilómetros al oeste de Manhattan. Es una instalación inmensa y está repleto de efectivo. De hecho, una de las cosas más divertidas que ocurrieron a algunos de los que estaban cargando el dinero fue que un día abrieron la puerta de atrás de uno de esos camiones, y el dinero se desparramó como si se tratara de frijoles creando todo tipo de caos mientras trataban de volver a colocar el dinero sobre esas paletas.
Lo que nos impresionó fue el increíble control, supervisión en este país, y luego llega a Iraq, y desaparecen todos los controles, toda la supervisión. Quiero decir, montones inmensos de dinero fueron al palacio en Bagdad. Otra parte fue a otros palacios, todos palacios de Sadam Husein en todo el país. Y luego fue distribuido, y una gran parte del dinero fue a los contratistas estadounidenses, otra fue a contratistas iraquíes. Todo fue sobre la base de llévate-lo-que-te-puedas-llevar”.
La Autoridad Provisional de la Coalición, que nos fue presentada como el gobierno provisorio, que creó esa ilusión de que se trataba de una fuerza multinacional, fue básicamente dirigida por el Pentágono. La mayoría de los contratos fueron otorgados con la aprobación del Pentágono. Y se convirtió en un colador perfecto para ese dinero en efectivo, porque sólo existió durante catorce meses y se disolvió. Luego se le entregó toda la autoridad a Iraq. Y durante el período en el que tuvo a su cargo el gobierno, “porque no era una agencia del gobierno de EE.UU., porque no era realmente una entidad de la ONU, nadie fue realmente responsable por lo que sucedió con ese dinero. Y, de hecho, parte de la litigación que ha tenido lugar en este país, lo relacionado con denunciantes, ha fracasado básicamente hasta ahora, porque no se trata de una mala conducta dentro de una agencia normal del gobierno de EE.UU.”.
Para poder comprender los “errores” cometidos dicen: “Y lo otro es que el Pentágono estableció una auditoria para que se pudiera rastrear el dinero, para asegurar que se gastaría correctamente. ¿Y quién recibe el contrato de auditoria, NorthStar Consultants, que trabaja desde una casa de un millón de dólares en La Jolla, California, con un apartado de correos en Nassau, Bahamas, que por casualidad es el apartado de correos establecido para una estafa con acciones por 200 millones de dólares unos pocos años antes. Y la compañía fue realmente para controlar el dinero, para garantizar que fuera bien gastado. Fue creada por un hombre de las Bahamas. Pero el tipo de Bahamas que la estableció también había establecido, y participado en, compañías vinculadas a la estafa de 200 millones. Y a este grupo el Pentágono lo puso a cargo de ver adónde iba el dinero, lo que significa una de dos cosas: el Pentágono no quería que se supiera adónde iba el dinero, o quería que fuera a un cierto sitio del que nadie sabe nada”.
Podemos legar a la conclusión que en materia de corrupción tenemos mucho que aprender. Aquí podemos ver a simples aficionados que realizan estafas por unos pocos cientos de millones. El curso de postrado, para operaciones de miles de millones, se dicta en el Pentágono. Lo que no he podido averiguar hasta ahora cuáles son las exigencias y requisitos para ingresar en esa carrera. Pero a no desanimarse, en cuanto lo sepa lo publico.

El IPC, los bancos y los medios

He leído en Página 12 del 2-9-07, en su suplemento Cash, una nota de Alfredo Zaiat que me sorprendió. Ya su título anticipa algo que incita a la lectura: Doble Moral. Es probable que mi poca inclinación por la economía y las finanzas sean la causa de mi sorpresa y que lo que leí no sea algo tan extraño. Paso a comentarlo suponiendo que no son muchos los que leen tal suplemento. Todo parte del “escándalo” que provocó la burda intromisión del Sr. Moreno en el INDEC, con el aparente objeto de alterar el índice IPC. Todos hemos leído la ola de indignación que se levantó y no hubo medio que no se hiciera eco de ella. Los más “serios” periodistas le han dedicado largos comentarios al hecho con las consabidas “indignaciones”. Algunos de los economistas del grupo Fénix, que me merecen mucho más respeto, tomaron el tema desde otra óptica señalando que hace más de dos décadas que el IPC ofrece distorsiones que debieron ser corregidas hace tiempo. Sin embargo, no dejaron de decir que los métodos del Secretario de Comercio son bastante primitivos.
También comentaron que no debe ser separado de este tema cómo incide el índice IPC en el ajuste de los bonos que en cantidades enormes atesoran los bancos privados y financieras (locales y de los otros). Esa pérdida de utilidades es cuantificada, según la nota, en unos 1.300 millones de pesos. Lo que dará lugar a una demanda de esos tenedores al Estado para resarcirse de las pérdidas. Hasta acá todo se desenvuelve en la tónica habitual de los grandes medios. Empieza la segunda parte.
La turbulencia financiera que se generó por la probabilidad del estallido de una de las tantas burbujas de Wall Street, que se inflan más allá de la tolerancia que tienen sus resistencias, tuvo un efecto desvastador sobre los valores de mercado de los títulos públicos. Y acá viene la otra cara de la historia. Un informe de la consultora Qualitas estimó las pérdidas en 5.275 millones de pesos, es decir cuatro veces superior a la pérdida tan publicitada en la que entra la “culpa” del IPC. Para compensar esta última pérdida, y tal vez también la otra, la autoridad monetaria modificó las reglas del “mecanismo de valuación de esos activos, para salvar a los bancos de ese fabuloso quebranto”, puesto que les permitió a los bancos “contabilizar los bonos a su valor técnico y no a su valor real”.
He aquí la sorpresa (¿sorpresa?). Los medios, tan rigurosos en sus comentarios sobre las “imprudencias” del “cowboy” de la Secretaría de Comercio, no hicieron comentarios (excepto Página 12) sobre tamaña desmesura y la irregularidad que tal alteración de las reglas implica. Seguro que algún desconfiado estará pensando que se debe a que estas medidas fueron, esta vez, a favor de los tenedores de bonos. El autor de la nota nos informa que hay en poder de los bancos, sólo de los Lebac y Nobac, más de 60 mil millones de pesos que se actualizan por el CER. El que tenga una pequeña calculadora a mano haga cuentas.
Es notable como ilumina nuestro entendimiento comprender los criterios que utilizan los medios para seleccionar de cuáles temas se van a ocupar. ¿Habrá en ello alguna incidencia de los intereses compartidos?

El FMI y los naufragios

En una nota reciente publicada en Red Voltaire.net, que lleva por título Brasil vs. Banco del Sur, cuyo autor es el economista peruano Oscar Ugarteche, del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, México, e integra la Red Latinoamericana de Deuda, Desarrollo y Derechos (Latindadd), incursiona en algunos temas que deben ser mantenidos en la primera plana de la conciencia de los pueblos. Claro está que esa no es tarea que se pueda esperar hagan los grandes medios de (in)comunicación. Lo que lo lleva a escribir es la cantidad de idas y vueltas que va mostrando la creación del Banco del Sur. No es novedad que en esto, como en cuanto tema que roce los intereses financieros de los centros de poder, el debate sobre las formas jurídicas y administrativas que se deben adoptar aparecen enmarañadas en una serie de cuestiones, aparentemente técnicas. Éstas van empujando los términos de dicho debate hacia un laberinto dentro del cual se hace muy difícil encontrar la salida.
Y no faltan en esta discusión las opiniones de personalidades relacionadas, dependientes, financiadas, sostenidas, o como se desee llamar a los economistas, financistas, académicos en general, que están ligados a las entidades internacionales en la materia. Muchas veces, a través de una telaraña no fácil de detectar a simple vista. Pero, no debemos desesperar. Siempre aparece alguien, que con esa mezcla extraña hoy de honestidad intelectual y compromiso con los intereses de los pueblos, hace oír su voz y despeja la neblina que se esparce sobre la información pública. El autor de la nota que comento está dentro de esa categoría, y acompaña su pensamiento con títulos académicos y publicaciones en las que va dejando su posición. Sólo quiero citar dos pequeños párrafos, por lo agudo y preciso de su formulación:
“… el FMI, ya sabemos, primero deja que se ahogue el pasajero mientras estudia las condiciones con las que lo irá a rescatar y luego recoge el cadáver de la orilla, normalmente echándole la culpa de haberse ahogado”.
La analogía es estremecedora pero, no por ello, menos impactante y clarificadora. Ante tanto parloteo, que se sigue oyendo en todos los medios sobre la necesidad de mantener buenas relaciones con la benemérita entidad de crédito, estas palabras obligan a pensar. Con escuchar atentamente a personeros como los señores Morales Solá, M. Grondona, etc. se podrá tener una clara idea de lo afirmado. Para que no queden dudas de las palabras anteriores nuestro autor vuelve a la carga:
“Una lección aprendida en el siglo XX es que los gobiernos republicanos tienen un manejo poco responsable de la economía y que le cargan al resto del mundo sus problemas económicos de forma que los pobres del Tercer Mundo terminamos pagando por el gasto de los ricos estadounidenses cuando estos pagan progresivamente menos impuestos y su gobierno hace una guerra. Esto es verdad desde Coolidge, Harding .y Hoover pasando por Nixon, Reagan y ahora Bush Jr.”.
Entonces ¿quién presta a quién? ¿quién paga por quién? Debemos empezar a decidir sobre estas cosas porque debemos entender, parafraseando la advertencia de W. Churchil que: “La economía es una cosa demasiado seria para dejarla en manos de los economistas”.

Tengo un pecado nuevo que no debo estrenar contigo

Nuestros abuelos y bisabuelos (y tátara… y choznos, etc.) vivían en un mundo en el que el tiempo transcurría muy lentamente. Por ello, los cambios sociales se iban preparando paulatinamente, se producía en la generación siguiente cuando la gente ya estaba avisada de que algo se venía y lo iba adoptando de a poco. Pero llegó el siglo XX, cambalache, y todo se disparó. Es cierto que el siglo anterior venía avisando que se producirían modificaciones sociales pero, aquí en la periferia, nosotros los vimos sentados en la tribuna del mundo. Esas cosas les pasaban “a ellos”, gente muy distinta a nosotros.
Se produjeron dos guerras y ya no fue tan fácil quedarse sentado mirando. Una inmigración que escapaba de aquel infierno fue llegando a nuestras tierras y el relato de aquellos dramas nos metió en medio de la turbulencia del mundo. Paralelamente, el tiempo fue tomando una velocidad mayor. En los cincuenta y los sesenta comenzamos a bailar al compás de una música que nos parecía un poco loca (al lado de la que llegó después eran canciones de cuna).
Comenzando los ochenta sentimos que nos metían con patas y todo en medio de la debacle financiera mundial. Un cowboy se subió al caballo de la Casa Blanca, sacó su Colt 38 y comenzó a disparar por el mundo (claro, después vino otro tejano y disparó con calibres superiores, pero es otra historia). Finalmente, llegamos a los noventa, meta pizza y champaña, vedettes en la Casa Rosada, valijas con no se sabe qué (o mejor es no saberlo) entraban y salían de esa casa y del país. Hasta que las tablas de multiplicar saltaron por los aires y resultó que 1 x 1 no era 1, sino tres o cuatro, o… qué se yo.
Por suerte, ahora estamos en el siglo XXI y todo eso quedó atrás. Hemos entrado en otro mundo, llegó la hora de “cumplir con los deberes”, porque el siglo de los derechos ya fue superado, según dijo el nuevo jefe. No hay dudas de que el asesoramiento del ex-ingeniero dio sus frutos. Pero sospecho que la prédica de este apóstol de “los deberes” no se circunscribe al ámbito interno, ya se convirtió en asesor internacional, cono resonancias inesperadas. Vean de qué me enteré.
Días atrás el Diario La Stampa de Milán comenta una novedad vaticana. Ya el título de la noticia me dejó perplejo: Benedicto XVI convierte en pecado los adelantamientos con el coche. Y comenta: “La Iglesia católica pone nuevas trabas para que sus feligreses alcancen el paraíso. Hoy ya no se trata del preservativo ni del aborto, aún en caso de que ponga en peligro la vida de uno de los dos o de ambos. Esta vez hace uso de su capacidad como agente civilizador y se encarga de la educación vial. Adelantarse con el coche se convierte en pecado. Nada indican si poniendo o no en riesgo las condiciones de seguridad de los demás automóviles. Los vehículos, amonesta la Santa Sede, «más que servir a un uso prudente y ético para la convivencia o la solidaridad y al servicio de los demás», son habitualmente un instrumento de «abuso»”.
Qué se puede agregar. Está todo dicho.

Corrupción e información pública

Le gente está tan saturada de oír hablar de la corrupción, es tanto lo que se muestra al respecto, que se oyen quejas porque ya aburre. Esa gente no sabe apreciar el servicio que nos brindan los medios (se llaman así porque se ponen en el medio) poniendo en nuestro conocimiento todo ello. Ya hemos visto que este tema no es nuevo, que tiene larga historia. Pero la diferencia radica en que en aquellos tiempos no había ni diarios, ni radio, ni tele, ni brillantes comunicadores independientes, ni periodistas probos (porque prueban de todo), ni la agudeza que hoy exhiben para comentar el acontecer cotidiano. Aquellos hombres vivían en la ignorancia total. Con decirles que ni sabían leer, salvo “unos pocos elegidos” como dicen Les Luthiers. Por ello, entre su ignorancia y las pocas informaciones que les llegaba de la tradición oral, era muy fácil engañarlos. En cambio nosotros tenemos informaciones en “vivo y directo” de cualquier parte del mundo. Una información instantánea y veraz, descomprometida de cualquier poder que intente ponerla a su servicio, por lo que estamos en conocimiento cierto de todo lo que pasa. Es tal certeza que nos brindan que mucha gente afirma seriamente que “si no pasó por la televisión eso no ocurrió”.
En lo local tenemos un Haddad que ha comprado muchos medios de comunicación en poco tiempo, para evitar que algún poder extraño se le adelante e intente engañarnos con sus informaciones. Él se hizo de una gran fortuna en breve plazo, que la puso en ese objetivo, pero no le alcanzaba. Por ello, fue a buscar a unos amigos que tiene en los EE. UU. y les pidió prestado algún dinero para completar el pago. Miren hasta donde es capaz de sacrificarse por brindarnos una buena comunicación. Su disposición para servir a su gente no siempre es reconocida como merecería. En el nivel internacional una de las figuras señeras, en el mundo de la información, puede ser Ted Turner con su creación de la cadena CNN. El esfuerzo informativo que desplegó llegó al extremo de arriesgar a sus hombres al enviarlos al Medio Oriente, cuando nadie quería ir, para traernos en directo la operación Tormenta del Desierto. Y fue tan minucioso en su trabajo que cuando la transmisión del desembarco no quedó como él deseaba exigió a los marines que subieran a los barcos y volvieran a desembarcar. Todo este esfuerzo para brindarnos las mejores imágenes. Otro que puede nombrarse, entre otros muchos, es el australiano Rupert Murdoch (el de Fox News) que compró cadenas de televisión, radios y revistas en todo el mundo para garantizar el flujo limpio de la información.
Gracias a toda esa voluntad, puesta al servicio de la mejor información, estamos al tanto de todos los actos de corrupción que se producen. Aquí radica la fundamental diferencia con otras épocas de la historia. Eso nos permite dudar sobre si hoy has más corruptos que en otra época. En esto, como en muchas otras cosas, lo que ocurre es que estamos más y mejor informados, y por ello tenemos la “sensación informática” que hoy hay más corrupción. Al contrario, porque la conocemos cada vez hay menos. ¿Quién se atrevería hoy a caer en manos de la justicia por cometer un ilícito, al saber que se conocería de inmediato?

Yo acuso III: confesión globalizada

He leído, en estos días, en los medios de información: “El embajador Rubens Ricupero sabe bastante sobre globalización. De hecho fue uno de quienes la forjaron, no siempre con entusiasmo, es justo decir, desde su puesto en la jefatura de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (conocida como UNCTAD, por su sigla en inglés), como negociador brasileño ante la Organización Mundial de Comercio (OMC) y como ministro de Economía de su país e influyente cabo electoral de Fernando Henrique Cardoso cuando éste dejó el Ministerio de Economía para disputar la presidencia”. Todo un personaje, como puede verse.
Sin embargo, con semejante currículum a cuestas, que le debía pesar bastante, en uno de sus últimos actos públicos antes de dejar la UNCTAD, (no se dice si se fue o lo fueron) Ricupero: “alertó a los gobiernos de los países pobres que debían pensar dos veces antes de liberalizar sus economías” (a buena hora, nada menos que quince años tarde), ya que dijo: “embarcarse en la liberalización es como entrar a la mafia. Si después uno se arrepiente, no se sale de ella mandando una carta de renuncia”. Le faltó decir: “Que parezca un accidente”. Le faltó decir qué puesto de responsabilidad tenía en la línea de mandos de la mafia. Le faltó decir cómo se hace para salir como él lo hizo. ¿Mandó una carta de renuncia?
Pero, tanta pretensión de sutilezas pareciera borrar el acto de arrepentimiento (¿se habrá arrepentido?). No debemos dejar de agradecerle su confesión, en estas épocas de tantas confesiones y arrepentimientos, porque es “cristiano el arrepentirse” y es “cristiano el perdonar”. Recordándole a él, justo a él, que “perdónanos nuestras deudas” (las deudas grandes) también es “cristiano”.

La Pachamama y la racionalidad económica

Debo confesar que estoy muy confundido. Y creo que la causa mayor radica en que fui un joven en los sesenta y setenta. Ese pasado, que se desarrolló entre emociones intensas, baños de cultura popular y pasiones encendidas, tuve que someterlo al enfriamiento de los ochenta y a la globalización de los noventa. Me convertí entonces en un hombre centrado, racional, analítico, es decir, en un intelectual de la época. Ya no creí que el mundo se podía cambiar, acepté no sin cierto dolor que la historia había terminado, que habíamos llegado a esa meseta que los tiempos habían preparado como final de una larga ascensión. El capitalismo, con su mecanismo de mercado abierto, estaba preparado para resolver todos los detalles que faltaran para un perfecto funcionamiento y la democracia liberal, con sus partidos representativos, le darían el marco legal necesario.
En fin, la racionalidad había tomado el comando del mundo y éste estaba ya colocado sobre los rieles de un cómodo, tranquilo y placentero camino, sin sobresaltos. Me dije: la verdad está en los libros, en los congresos, en las academias. Debía enterrar definitivamente aquellos rescoldos de viejas ilusiones que todavía pretendían chisporrotear en el fondo de mi conciencia. Hasta allí estaba todo claro.
Pero resulta que leo el diario y veo la televisión y me encuentro a un dirigente que reunía todos los atributos para que se ganara mi respeto y mi admiración, un hombre que reunía en sí todos los atributos que lo hacían merecedor de mi envidia: serio, inteligente, atildado, mesurado, moderado en sus apreciaciones, ponderado en sus juicios, fue parte de una ceremonia que puso mi cabeza en descomposición.
Me cuesta decirlo, pero debo afrontar este duro trance para mí: el Doctor Lavagna, rodeado de indígenas vestidos a la usanza quichua, le rindió culto a la Pachamama. “Le ofrendó cigarrillos, alcohol, sahumerios y (escuchen bien) hojas de coca”. Y todo ello “para pedirle protección y hacerle promesas”. Pronunciando estas palabras: “Madre Tierra, que el maíz que estoy vertiendo sea el anuncio de que ningún argentino pase hambre”. ¿Cómo entender que recurra al “pensamiento mágico” como programa de campaña? Si lo necesita, por si gana la presidencia, que mal veo a nuestra patria.
Entonces, se comprenderá cómo me siento. ¿Hemos vuelto a los viejos tiempos en los que imperaba la irracionalidad o es que la posmodernidad todo lo permite? Si rinde culto con toda convicción, este hombre ya no es el que era. Si lo hace sólo como un golpe publicitario, tampoco es el que prometía. “Me he vuelto pa’ mirar y el pasao me ha hecho reír, las cosas que he soñao, me cache en die qué gil”.

Siglo XXI señores, ¡por favor!

Hace muchos años había aparecido una publicidad de un talco que comenzaba preguntando: “¿Será nena será varón…? La respuesta era muy simple: “es lo mismo”. Claro, como se trataba de comprar un talco para bebés no daba lugar a grandes disquisiciones de género al respecto. Pero, ahora se trata del poder y, como todo el mundo sabe, con el poder no se juega. Por el contrario, pareciera que el poder juega con más de uno. Y aquí no parece importar si es nena o varón. (Advertencia: esto no es kitchnerismo; es un desafío a la inteligencia)
He visto que en los medios ha aparecido el problema de la posibilidad de una mujer en el poder. Y las preguntas que se hacen es si estará en condiciones de ejercerlo. Pero, señores, seamos serios (digo “señores” porque parto del supuesto de que las mujeres, o sea las “señoras”, no se hagan estas preguntas, ¿o sí? Esto, entonces, sería grave, gravedad de género ¿no?). Después de haber visto sentado en el sillón de… (perdónenme pero no puedo nombrarlo, la culpa la tiene mi inclinación a leer historia y descubrir quién es quién) a cada personaje sobre los cuales hubiera sido sano preguntarse si estaba en condiciones de ejercerlo, ¿ahora se nos ocurre esta pregunta?
Deberíamos sincerarnos: el problema no es si es capaz de ejercer el poder, el problema real es que es mujer. Claro está, si la comparación se hace con la residente en España, que se molestaba cuando la “atosigaban”, puede dar lugar a las sospechas. Pero pensándolo un poco, la comparación ¿no la favorece y mucho? Por lo que sugiero que cambien el ataque. Porque aquella triste historia tiene más semejanzas con un personaje que también salió en helicóptero: ambos vivían en el topos uranos, para ser compasivos y piadosos. Y si bien de ella se temió por sus capacidades en aquel momento, de él se cantaban loas. Seguro, por parte de aquellos desmemoriados que olvidaron qué había estado haciendo sentado en el senado durante años. Y la desorientación que exhibe el personaje hoy ya la tenía entonces. Es congénita.
Ahora bien si el problema es ser la esposa de…, acá aparece otro olvido. No hace más de cinco o seis años el tema era el inverso: él era el esposo de ella, y esto por más de diez años. Entonces, colegas esposos, preguntémonos cuántos de nosotros se sentiría cómodo con una mujer al lado nuestro tan “dócil” como ella. Y agreguemos más preguntas: ¿Por qué a otra mujer que se llamaba “Ella”, nadie le preguntó si era capaz de ser gobernadora, y a otra bastante más petiza tampoco? ¿“A los argentinos, señor, qué nos pasa…” que caemos en tales confusiones?
Por lo que creo que deberíamos centrarnos en qué piensa, qué dice que va a hacer, qué propone. Y cuando se escribe, se habla por radio o televisión, tanto sobre este tema lo que no aparece es lo que voy a proponer: a) que se le revise el “currículum” (o como se deba llamar) a todo candidato a la presidencia, b) que se le tome luego un test de inteligencia y un examen de conocimientos generales, c) que redacte ante un jurado una mínima monografía sobre por qué cree que tiene condiciones para ser presidente, y d) que se habilite a presentarse a elecciones a los que hayan aprobado. Y dejemos de lado si es hombre o es mujer. Siglo XXI señores, ¡por favor! (El problema, debo confesarlo, es la composición del jurado).

Historia ¿qué te pasa?

Después de lo acontecido en la ciudad de Buenos Aires, que por efecto de la escasez de Memorex llegó al Gobierno un determinado personaje, debemos preguntarnos seriamente sobre un tema muy difícil: ¿Cómo distribuye Dios (o la Naturaleza, o la Diosa Razón, o aquel a quien guste atribuir el problema) la inteligencia? A partir de allí volver a preguntarnos si en realidad el problema radica en la inteligencia o en algún otro rincón del alma (perdóneseme el arcaísmo, el problema mío es el tiempo… el tiempo que hace que nací). Volvamos a la inteligencia. Alguien, hace ya tiempo, dijo que la inteligencia era lo mejor repartido, dado que no conocía a muchos que se quejaran de lo poco que le había tocado. Por lo que concluía que se debía haber hecho un reparto democrático (si es que puede ser democrático un reparto de un bien tan escaso).
Estoy adivinando una chispita de agudeza en sus ojos que intenta deslizar la sospecha de que soy un filmusista (¿se dirá así?). Pues bien, no lo soy. Sólo pretendo comprender la historia, y esto ya es suficientemente difícil para el pasado ¿qué le cuento con los hechos tan recientes? Pero, como porteño arrojado a la barbarie del interior, después de tantos años aquerenciado, no puedo dejar de sentir ciertas “nostalgias por los años que han pasado”, y el corazón me reclama explicaciones. Allá voy.
Tal vez, el tema radique en una simple diferenciación entre tener inteligencia o estar politizado. Encuentro aquí una distinción útil. La inteligencia es, por lo menos, un mecanismo de análisis que parte de una simplificación del problema, un desarme de las partes componentes, para luego encontrar alguna solución. ¿Quién de chico no desarmó un juguete y no pudo volver a armarlo? Esto podría ir señalando que la inteligencia no alcanza para encontrar una respuesta al problema planteado. Y si el problema de que se trata es de naturaleza política, como se dice ahora: se complica. De allí se podría descartar el tema de la inteligencia y recurrir a otro más sencillo pero no más fácil: la memoria.
Los tiempos que corren, posmodernos (para usar una palabra a la mano que no dice nada pero suena a intelectual) se aferran a la liviandad de “vivir el presente inmediato”, por lo que se desecha todo pensamiento que pretenda plantear una continuidad con el pasado o se arroje a la temeridad de lanzarse hacia el futuro. (¿Se acuerda de aquellos en que se hablaba de la estrategia? Palabra arrojada al desván de los recuerdos). Ese modo de vivir perpetuamente en el presente ha transformado la profesión de historiador en la de fotógrafo. Todo se reduce a la instantaneidad.
Por ello debemos olvidar a Heródoto y colocar en su lugar a esos fotógrafos de plaza (si es que existen todavía). La verdad no radica en el proceso que da lugar a un resultado, éste borra todo su recorrido y se convierte en un ente metafísico que aparece de pronto y “es lo que es” (perdón Aristóteles). Los hermanos Lumiere estaban locos de contentos por haber transformado la incipiente fotografía en una sucesión que daba movimiento y se convertía en cine. Pues bien, el cine ha muerto, se acabó la historia. ¿Será esta la respuesta? Por las dudas, voy a volver a pensarlo.

Si lo nuestro es pasar… que pase pronto

“Todo cambia y todo pasa, pero lo nuestro es pasar…”. Me quedé pensando en este verso del maestro Machado, que las malas lenguas dicen que cantaba por lo bajo, en su versión serratiana, el nuevo jefe porteño. Me preguntaba si no ha sido cambiado, por el desgaste del tiempo, el sentido que quiso darle el vate español. Supongo que no debe faltar el malpensado que sostenga que no fue el desgaste del tiempo sino el desgaste que sufrió la verdad profunda en tiempos posmodernos. Tiempos que, como todo el mundo sabe, dan para todo.
Y, justo en este momento, aparece la imagen de mi viejo que me mira aterrado diciéndome “¿qué te ha pasado que comentás estas cosas como si nada pasara?”. Pero, como le digo a ese viejo socialista (pero de los de antes, romántico, idealista, utópico) que este mundo se dio vuelta de tal forma que poco queda del que él conoció. De aquel tiempo en que me llevaba de la mano a una plaza a escuchar la verba encendida de Palacios o a ver teatro independiente en las salas del centro de Buenos Aires. Le debería decir que hoy ya no está Palacios, cerraron las salas de aquellos teatros, tal vez por falta de rating, o porque los costos no dan. Y tendría que escuchar su tono irónico diciéndome: “ya te olvidaste que no hacía falta la guita porque todo era «por amor al arte»”.
Sin embargo, (hablo despacio para que no me oiga el viejo), algo de verdad deben tener los que dicen que se desgastó la vieja verdad. A aquella verdad había que descubrirla cuando se trataba de denunciar algún hecho escandaloso (claro que al lado de los de hoy, el mayor escándalo podía ser que se le viera la bombacha a la novia del Pato Donald). En cambio ahora todo es posible, porque todo está revuelto “como en la vidriera de los cambalaches”. Y pensar que esto fue dicho hace más de setenta años y nos parecía una humorada.
Cómo podría explicarle que no hace falta buscarlas, hoy se publica en todos los medios: la CIA da a luz documentos secretos en los que se puede comprobar la cantidad de delitos de todo tipo que cometió (y comete hoy), asociada a los peores personajes de la mafia, que el FBI decía que estaba buscando. La gran policía norteamericana, a quien le confiamos muestro ADN, no encontraba lo que ocultaba otra institución de la gran república. Cómo se lo digo.
Peor aún. Como le digo que una representante de la clase obrera, la “clase revolucionaria” que el quería y admiraba, se quiere hacer las lolas. Y lo reivindica como una “conquista social de los pobres” a la que tienen derecho todas las mujeres pobres. Pregunté si cuando decía eso tenía una remera con algún cirujano plástico de sponsor, pero no supieron decirme. Me aferro a la posibilidad de que desde el más allá no se pueda ver a Tinelli porque Pedro lo tiene prohibido, porque no está mal que algunas cosas se prohíban, sobre todo cuando son de semejante falta de respeto a ese pasado de mi viejo.
Pero lo peor que podría decirle, entre antas pavadas como estas, es que su Buenos Aires querido está en manos de… mejor me callo y paro acá.