Dos doctrinas y sus predicadores

Leí, no hace mucho, una frase que dijo Deng Xiaoping a comienzos de la década de los noventa: «Hay mercado en una economía planificada, y existe planificación en una economía de mercado». Fue pronunciada en medio de una tormenta ideológica que se aproximaba en el Partido comunista chino por las reformas que estaba introduciendo en su país, que escandalizaban a muchos viejos militantes de la primera hora.
Respeto de esta cita la periodista china Sally Wang comenta: «China se ha concentrado durante los últimos 30 años en la desnacionalización para convertir su economía socialista en una economía de libre mercado. En este impulso, el gobierno en Beijing obviamente usaba como modelo al sistema económico occidental de libre mercado, liderado por EE.UU. China ha tratado durante 40 años de adaptarse a estándares internacionales, que son establecidos en gran parte por Occidente, de nuevo dirigido por EE.UU., y su ambición de modernización es alcanzar a las principales economías capitalistas, con EE.UU. como el objetivo máximo. Pero ahora, mientras China se aproxima a una economía de libre mercado, EE.UU. tiene que adoptar más y más medidas “socialistas” para salvar del colapso a sus mercados financieros. Para algunos economistas chinos, el rescate por Washington de las dos compañías de financiamiento de hipotecas Fannie Mae y Freddie Mac, y de American International Group (AIG) es un acto de “nacionalización”».
Ante esta situación no tan novedosa (no debemos olvidar que ya Reagan había estatizado una cantidad de empresas en la década del ochenta) dijo un investigador de economía en la Academia China de Ciencias Sociales (CASS), citado por la periodista: «Las acciones de Washington constituyen una revelación para los creyentes en una economía libre en China, que ahora se dan cuenta de que incluso en una economía de mercado, el gobierno no puede negarse siempre a tocar a la economía, por orientado hacia el mercado que sea. Por otra parte, las acciones de EE.UU. parecen ofrecer una ‘justificación’, o excusa para gritar más fuerte, a los que han estado pidiendo que el gobierno chino ‘rescate’ a los mercados en caída de bienes raíces y de la bolsa, sin importar las diferencias en las situaciones en China y en EE.UU».
Según la agencia estadounidense Bloomberg, ante una audiencia en el Mercado de Futuros de Shangai, el Secretario del Tesoro, Henry Paulson, afirmó: «Un mercado financiero abierto, competitivo y liberalizado puede asignar efectivamente recursos escasos de un modo que impulsa la estabilidad y la prosperidad mucho mejor que la intervención gubernamental». Ante lo cual el director del centro de investigación económica china y mundial en la Universidad Tsinghwa, Li Daokui, dijo que es injusto utilizar dineros públicos para subvencionar a compradores de viviendas. También cuestionó las medidas locales para ayudar a urbanizadores. «Al dar subsidios a urbanizadores, deberían considerar que se les exija que bajen los precios de las viviendas». Li sugiere que, para el caso de los deudores chinos, el subsidio debiera ser dado a compradores de su primer departamento, en lugar de hacerlo con todos los compradores. Los compradores de su primera casa son personas que realmente la necesitan.
Lo que resulta realmente atractivo es ver el cruce ideológico entre dos países cuya trayectoria ha partido de doctrinas contrapuestas. Por lo cual muchos ideólogos no tenían razón antes cuando predicaban el neoliberalismo, sin embargo algunos de ellos hoy hablan de la necesidad de la intervención del Estado y pretenden seguir teniendo razón con el argumento opuesto.

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