El descontrol del sistema financiero mundial no es nuevo

Volvamos algunos pasos históricos hacia atrás. Después de lo que se podría llamar una mutación interna del capitalismo global, sostén financiero de los procesos posteriores, que puede ubicarse en la mitad de los setenta: conocida como la Crisis del Petróleo, aparecieron los petrodólares (tema en el que no puedo entrar aquí ). Es allí donde se puede detectar una de las causas de las sucesivas crisis del capitalismo. La sobreabundancia de dinero disponible, que no encontraba lugar en el sistema de producción, por la retracción económica que produjo el alza del precio del barril de crudo, comenzó a girar por el mundo buscando algunos resquicios de rentabilidad. A fines de los setenta y comienzo de los ochenta esos capitales se fueron expandiendo, generando nuevos modos de operar dentro de los mercados internacionales. La mutación a la que hice referencia puede describirse como el predominio del capital financiero que adquirió una velocidad de circulación que se despegó de los procesos industriales y comerciales. Las operaciones financieras en papeles de todo tipo centuplicaron el dinero que operó dentro de las transacciones de bienes comerciales.
Hasta hace unos pocos años eran muy pocas las voces públicas que advertían que el sistema financiero internacional estaba funcionando de forma descontrolada o caótica, y sólo recientemente, como quedí dicho antes, una personalidad como Alan Greenspan afirmaba en público que los mercados bursátiles del mundo se comportaban como casinos. Esta afirmación había sido precedida una década antes por la profesora británica Susan Strange, quien en 1986, a partir de un profundo estudio del sistema financiero occidental publicó su libro Capitalismo casino, obra capital para comprender los cambios sistémicos que se habían producido en las finanzas internacionales durante los años setenta y ochenta. En una obra posterior de 1998, Dinero loco, con la que continúa su análisis e intenta explicar la transformación del sistema financiero internacional que conocíamos desde la posguerra en el sistema financiero global que ahora conocemos. La profesora se esfuerza por hacernos entender que no se trata tan sólo de la ampliación de la escala geográfica de las operaciones financieras, sino que esta transformación implica la conformación progresiva, aunque por hasta ese momento incompleta, de un único mercado financiero integrado: la globalización financiera.
Con este estudio sobre el funcionamiento de las finanzas, más toda su trayectoria, pudo dar un paso muy importante para hacer tomar conciencia al mundo académico y al de los financistas, el surgimiento y la consolidación de la Economía Política Internacional, de la que Strange fue ferviente pionera. Esta necesidad de estudiar el ámbito económico desde su estructuración global haciendo hincapié en su funcionamiento financiero. Dentro de é la expansión sin precedentes de las finanzas internacionales durante este período que ha condicionado el crecimiento de la producción y del comercio internacional de manera trascendental. Esta temática, dice la profesora, ha sido hasta hace poco totalmente olvidada por los especialistas. Abordarla posibilita la comprensión del poder como una fuerza estructural y no sólo relacional.
El título de su primer libro era toda una denuncia de lo que estaba sucediendo y de los riesgos que se asumían de no intervenir en ese proceso. Decir que el sistema capitalista se había convertido en un casino es mucho más que decir que algo no funciona bien, es asumir una actitud seria de compromiso, avalada por su seriedad académica, para llamar la atención sobre la locura que después describió en su segundo libro. Aparecen aquí, según mi entender, preguntas muy graves respecto de cómo funciona la lógica de análisis de los especialistas, tanto académicos como profesionales de empresas, que les impidió tomar nota de lo que ya se sabía hace más de veinte años. Por qué se siguió dentro de un juego cuyo peligro hoy vemos concretado en esta gravísima crisis. Qué les impidió ver lo que inexorablemente iba a suceder.

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