Mirando al mundo LXXX– De qué se trata la posverdad  – 18-10-17

 El escritor estadounidense Darrell Huff (1913-2001) publicó un libro con un título sorprendente: Cómo mentir con estadísticas (1954), fue el más vendido sobre el tema en la segunda mitad del siglo XX. El autor comentaba en su introducción:

El lenguaje secreto de las estadísticas, tan atractivo en una cultura a la que le importan mucho los hechos, se emplea de manera sensacionalista, para exagerar, confundir y simplificar en exceso. Los métodos estadísticos y la terminología son necesarios para informar sobre los datos masivos de las tendencias sociales y económicas… Pero quienes las utilicen deben hacerlo con honradez y precisión, y los lectores deben saber lo que significan, sino el resultado no será más que puro palabrerío sin sentido alguno.

Respecto del libro decía la editorial en su lanzamiento:

Lo que estas páginas, escritas con ingenio y humor, nos ofrecen es, en realidad, un curso de sentido común para aprender a descubrir las artimañas con las que cada día pretenden engañarnos los medios de comunicación, los políticos, la publicidad, manipulando cifras y gráficas… Lo que aquí se nos cuenta resulta divertido; pero es bueno tomarlo en serio, porque, como nos dice el autor, “los desaprensivos ya conocen estos trucos; los hombres honrados deben aprenderlos en defensa propia”.

El problema del manejo de las estadísticas no es nuevo, sin embargo, tal vez nunca como  ahora se han manipulado tanto los datos para hacerles decir cosas increíbles e inaceptables. El Doctor Michael R. Krätke, Profesor de Política Económica y Derecho en la Universidad de Ámsterdam y Director del Instituto de Estudios Superiores de la Universidad de Lancaster (Reino Unido), hace una descripción de los posibles actores del juego del manejo estadístico:

“Un populista es quien cuenta a la gente lo que ésta quiere oír y despierta falsas esperanzas y juega sin escrúpulos con los miedos de otros. Un bobo peligroso es quien cree en las propias mentiras y toma por remedios las brujerías de los charlatanes. Un aguafiestas es quien llama mentira a la mentira. Un buen ciudadano es quien no se deja tomar el pelo por la prepotencia de algunos. ¿Cómo se miente con estadísticas? Un gran título para un curso que debería ser obligatorio para los economistas, los científicos sociales y los periodistas, pero no se imparte, por regla general, en las universidades”.

Desde siglos anteriores se han dicho cosas sobre las estadísticas: una definición famosa la expresó Benjamín Disraeli (1804-1881), fue dos veces primer ministro del Reino Unido, dijo: “se puede mentir afirmando cosas falsas o diciendo sólo una parte de la verdad, o estadísticamente”. Lo curioso es que esta cita aparece con frecuencia en los libros de estadística… Podemos decir, entonces, que la estadística, como toda herramienta, no comete errores por sí misma: los errores y las mentiras son responsabilidad de quienes las usan, o de quienes repiten, sin revisar críticamente esos resultados, lo que otros afirman. Afirma un especialista:

Hoy vivimos en un mundo saturado de estadísticas, ejércitos de investigadores se dedican a la recolección de datos y a sacar conclusiones de ellos… Debo agregar que, en tiempos de la posverdad, ya no importa si el resultado corresponde o no a una verdad, lo fundamental ahora es que sea útil para demostrar lo que se desea, sea lo que fuere.

Veamos esta información publicada por la Universidad de Carolina del Norte (EEUU) como promoción de la calidad de sus enseñanzas, decía así:

«Los estudiantes de Geografía de esta Universidad son los que logran el salario promedio más alto al licenciarse, muy por encima del que perciben los egresados de las otras facultades».

La afirmación estaba basada en el promedio de los ingresos de la totalidad de sus egresados, en sí misma era verdadera… pero cuando se analizaron los datos estadísticos con los cuales se realizó el estudio aparece algo que alteraba el resultado:

En ese centro de estudios se licenció en Geografía el basquetbolista de la NBA Michael Jordan, gracias a una beca deportiva. Obviamente, las cifras astronómicas que cobraba como jugador desvirtuaban la realidad de los salarios del resto de alumnos. «La mayoría ganaba 40.000 dólares al año, pero solo uno ganaba 500 millones».

La universidad no había mentido, el promedio era superior al resto de los egresados. El hecho de que Jordan hubiera egresado de allí enorgullecía a esa institución por ello no lo ocultaban, por el contrario, era un elemento publicitario excelente. Simplemente no habían hecho mención a la diferencia que significaba computar sus ingresos en el promedio. Mintieron diciendo la verdad.

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