Mirando al mundo LXXV– De qué se trata la posverdad  –6-9-17

 El análisis del Doctor Buen Abad Domínguez nos obliga a ser más perspicaces en nuestros razonamientos. No dejar que nos arrastre la charlatanería – pido al amigo lector que no se asuste por la terminología— aun aquella que ha sido elaborada en prestigiosos centros académicos del Primer Mundo. Los Think tank son los laboratorios de ideologías que trabajan para alimentar las prédicas para una gran cantidad de escribientes a sueldo. Son estos luego los que se encargan de distribuir por el mundo ese arsenal ideológico. La palabra no es excesiva puesto que se trata de armas de destrucción de las mentes globales. Todo ello tiene un solo propósito: encharcar y enlodar la conciencia colectiva con palabras que aparecen sustentadas por “honorables académicos”, todos muy bien pagos y con puestos relevantes en las universidades y academias del Norte. Esa prédica justifica el orden existente.

Aquellos ciudadanos de a pie que se dejan encandilar con los fuegos de artificios de ese arsenal caen en la trampa tendida. Por tal razón sostiene nuestro filósofo:

Contra la democracia la “novedad” es una “quinta columna” mass media que afinó métodos y tecnologías para taladrar los núcleos más profundos de la voluntad de los pueblos. A partir de allí operar con los dispositivos de guerra psicológica capaces de obligar a las víctimas del capitalismo neoliberal a votar por sus verdugos. Parte de su mejor conquista es convencernos de que esa guerra no existe. Si se la descubre, mostrar sus camuflajes de “entretenimiento” para hacernos creer que es inocua, superflua, divertida e indispensable. ¿Qué democracia es esa que no sanciona a los traidores del pueblo?

Lo que queda dicho nos permite comprender por qué los informativos o noticiosos (use el nombre que más le guste) han ido girando lentamente, en las últimas décadas, desde la seriedad informativa de décadas atrás hacia el infoentertainment – que ha apocopado dos palabras: informativo y entretenimiento–:

A modos novedosos del “show bussines”. Operan como una forma mutante de la farándula. Acuden a todos los recursos atesorados por el show y juegan con ese tipo de “fama” que crea predilecciones -espejismo- más por las fachadas que por las ideas políticas. Crean la política de la anti-política. Política del des-entendimiento, la indiferencia, la abulia y el abandono de toda responsabilidad social a cambio de designar, de la manera más aséptica posible, un “representante” de “buena apariencia” que haga el trabajo sucio necesario para no perder beneficios. Incluso si todo eso no importa, se ignora y aburre. Chantaje de urnas.

Es importante prestar atención al lenguaje y a la aparición de palabras vacías de contenido que funcionan como eslogan: la felicidad, cambio, consenso. Alardean sobre la “honestidad” y la “abundancia”. Todas ellas funcionan  como cuentas de vidrio a cambio de votos:

Engañan de manera profesional e impune. Prometen lo mejor del “bien” amorfo y van por el mundo como paladines del “trabajo eficiente” vendiendo planes de “reforma” (reformismo), “ahorro” (ajuste), “productividad” (reforma laboral) y “educación” como panacea mitológica para conjurar todos los males de todos los tiempos. Eso relatado con televisoras, diarios, radiodifusoras, cines, muros, volantes y “actos públicos”. Dicen que no les gusta la “confrontación”, que “ya basta de peleas” entre políticos, que todo lo pasado ya pasó y que el único futuro son ellos.

Amigo lector, si le sorprende que nuestro filósofo utilice palabras que Ud. está oyendo o leyendo cotidianamente, es porque esas mismas palabras, con las mismas intenciones, son utilizadas en otros tantos países con medios de comunicación, pertenecientes a las mismas cadenas. Su objetivo es enredarlos en una tela de araña que los atrapa–. La debilidad de nuestras democracias, porosas y poco rigurosas, han sido diseñadas para evitar que queden en manos de los pueblos:

Logran una democracia saturada de dinero lavado con intereses sucios, de líderes sospechosos y de ausencia de pueblo. Hay que ver las cifras del ausentismo en las elecciones. Una democracia que sólo se presenta ceremonialmente como trance circense que lo “cambia todo para que nada cambie”. Le llaman “alternancia” pero son los mismos. Siempre los mismos. ¿Qué democracia es esa que se intercambia por bolsas de comida y materiales de construcción?

Si los pueblos viven bajo amenazas explícitas o implícitas; si la extorsión -directa o indirecta- es preámbulo o acompañamiento de la vida diaria; si para emitir sufragios se ha de sufrir todo tipo de ignorancia, desinformación, engaños, demagogias y falacias; si hay acoso, presiones o compra-venta de votos. Si hay cataratas de promesas incumplidas -e incumplibles- a costos de campañas políticas costosísimas… El costo promedio de los votos es un dineral presupuestario sin freno. ¿Qué democracia es esa?

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