Mirando al mundo LXXIII– De qué se trata la posverdad –30-8-17

La periodista Tania L. Montalvo, para avanzar en su investigación sobre la construcción de un candidato entrevistó otro consultor, especializado en el tema, Carlos Castañeda de la de Central de Estrategias Políticas, quien sostiene que el tema exige una capacitación especializada y una larga experiencia en la materia:

 “Todos nos sentimos con la capacidad de evaluar la personalidad de alguien, decidir si nos cae bien o no o si de vista confiamos. En cambio, no todos somos capaces de decidir sobre políticas públicas en materia de economía”.

Su modo de exponer se basa en ejemplos sencillos:

La base de la comunicación política se puede entender con un principio básico de las bienes raíces: Si quieres comprar una casa te van a preguntar: ¿dónde la querés? Lo más importante es el lugar, pues de eso depende el precio, el tipo de casa, con qué características. Lo mismo ocurre con un candidato: dime en qué lugar va a competir, con quiénes va a interactuar y te digo qué características debe tener”.

La investigación sobre quién va a votar es el primer y el más importante momento de la metodología para construir a un candidato, pero los consultores coinciden en que armar una estrategia requiere de mucho más. Denominan a esta tarea “Pulir el diamante”.

Continúa con la etapa de diseño de la estrategia en la que se decidirán desde los slogans hasta las claves para una sesión de preguntas y respuestas, otra de producción y la final, de evaluación, para determinar si hay algo que cambiar durante la campaña política en curso. Pero, además, dentro de la metodología se trabaja con los candidatos en cinco áreas: la psicológica, social, física, mediática y relacional. El objetivo es identificar quién es la persona detrás del candidato, tener un perfil que incluya sus ideales, costumbres, formación, habilidades, capacidades, debilidades; pero también conocer en profundidad con quién se relaciona: nexos familiares, amistades, y hasta su pasado incómodo.

Alfredo Paredes, CEO de Capitol Consulting & Communication, ha asesorado a más de 400 candidatos en los últimos 15 años, agrega otros pasos al proceso de construcción:

“Es necesario saber ¡quiénes fueron sus exnovias! y para eso debemos hacer una investigación privada. El candidato no puede sorprendernos, debemos conocerlo todo sobre él. En esta parte de conocer al candidato es donde entra la cuestión ética de cada una de las empresas y consultores de imagen pública. Suele haber tres causales de negativa a trabajar con un candidato, a las cuáles se llega tras este análisis de perfil: vínculos con la delincuencia, un tema de adicciones o inestabilidad psicológica y corrupción”.

En el análisis de quién es un candidato incluye también el cómo se ve y cuánto afectará en la percepción del electorado que sea de determinadas características físicas, que se vista de una manera o que traspire cuando habla en público. Mucha gente puede considerar que esta parte del trabajo es dónde aparece lo frívolo del marketing político, Carlos Castañeda lo defiende con estas palabras:

“No hay nada superficial en el trabajo de construcción de un candidato, todo cuenta a la hora que un elector decide. Si va a decidir en función de que el candidato es más cercano o no, ¡tenemos que hacerlo cercano! Si va a mítines en comunidades indígenas de corbata, no va a tener nada de cercano. Entonces deja de ser superficial cambiarle el traje o la ropa porque es necesario construir una relación con el elector y al construirla tiene que acercarse a él de una forma que incluye el cómo se ve y qué viste. La gente mira la imagen. ¿Cómo se ve? ¿si está cansado? Pues eso es fundamental para elegirlo”.

Todos estos aspectos pesan en la elección de un candidato aunque parezca un poco simplista pues la estrategia de imagen pública para estar bien hecha y que rinda frutos debe ir mucho más allá.

Si sólo hay forma y no fondo, se trata de engañar y puedes engañar a través de la construcción de un candidato, sí. Pero va a carecer de sustento y cuando la gente se dé cuenta de que no es cierto, ese candidato se va a caer”.

Los consultores afirman que mucho de lo que vemos como electorado no es lo que parece, aseguran que se enfrentan al problema que el 95% no conoce la plataforma del partido, cuándo se fundó o cuáles son sus propuestas.

Entonces aparece la pregunta ¿Y cuánto cuesta todo esto? El consultor Álvaro Gordoa explica:

Nunca será lo mismo diseñar una estrategia de imagen pública para un candidato presidencial que para un diputado federal o un alcalde. Cada una requerirá un número distinto de horas de trabajo y de equipo humano. En una campaña política se necesita un consultor, que es el que actúa como el director de orquesta, pero también otros consultores de apoyo entre juniors y masters. El consultor junior está entre los 20 y 50 dólares por hora. Un máster, que ya tiene experiencia comprobada y grado de maestría, entre 50 y 100 dólares y un consultor senior, que va a tener mínimo 10 años de experiencia comprobada, debe recibir entre 250 y hasta 1,000 dólares la hora”.

 

 

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