XXXI.- Reflexiones sobre la política – La democracia y el mercado – 8 y 15- 8-17

Hemos estado analizando las características de los cambios socio-históricos, procesos sumamente complejos que trascurren a lo largo de décadas y hasta siglos. Lo voy proponer ahora, para una mejor comprensión, en forma de tesis:

Debemos tomar conciencia de las relatividades de las normas y costumbres, sólo así estaremos en mejores condiciones de comprender las posibles condiciones necesarias para que los cambios se produzcan. Lo que pudo parecer inamovible y pilar necesario del orden social, tiempo después comienza a desmoronarse para dejar paso a nuevas certidumbres. Esto abre camino a  audacias, tal vez impensables anteriormente. Esas innovaciones van empujando el límite de lo permitido. Así se fueron aflojando el peso de las normas medievales y su validez. El camino que la ciudad abrió para sí se fue convirtiendo en un modelo a imitar y se fue expandiendo por todas partes.

Este proceso, en el análisis que vengo proponiendo, puede ser muy útil para atrevernos a pensar en los cambios que se van produciendo en el mundo actual. El ejercicio necesario se presenta como un discernimiento respecto de qué cosas del mundo que va quedando atrás presentan una barrera para avanzar hacia un mundo más justo, y cuáles deben ser rescatadas para posibilitar una mejora estructural que siente las bases de lo nuevo. Lo que estamos analizando es, precisamente, cómo se fue produciendo en cambios anteriores: el paso de la Antigüedad a la Edad Media. Con diversas variaciones, en el paso a ese nuevo tiempo: el comienzo del Nuevo Mundo Europeo, denominado la Modernidad.

Mirados desde la distancia en la que nos encontramos, distancia de tiempo y de lugar, nos obliga a  ser cautos respecto de nuestros juicios. Pero, en los propósitos de estas columnas, debe prevalecer el aprendizaje de lo sucedido para estar en mejores condiciones frente a lo que está hoy en plena marcha: el paso de la modernidad hacia algo nuevo que, si bien no podemos conocerlo ya, hay muchos emergentes que lo están anunciando.

Es muy probable que para los hombres de aquella época, como puede estar sucediendo ahora, estas apreciaciones hubieran sido imposibles, no estaban en condiciones de apreciar todo lo que estaba aconteciendo. Sólo la distancia histórica que permite sintetizar procesos nos permite ver con claridad el proceso que se estaba desarrollando.

Debemos tener en cuenta que el abanico de tiempo que abarcó el proceso analizado, entre los siglos X al XVI casi setecientos años, fue muy largo. Debe agregarse a ello que el ritmo al que marchaba era mucho más lento, inaceptable y hasta incomprensible para nosotros hoy que estamos sumergidos en una velocidad que no admite comparación: una metáfora permitiría pensar mejor: el tiempo de la carreta para unir distancias frente al avión.

Para colocar dos mojones ideológicos podemos leer lo que a mediados del siglo XIII escribía Tomás de Aquino (1225-1274) en su Summa Theologica respecto a la riqueza:

Según el orden instituido por la Divina Providencia los bienes han sido creados para abastecer las necesidades de los hombres. La división de los bienes y su apropiación en virtud de la ley humana no deben frustrar este propósito. En consecuencia, aquellos bienes que el hombre posee en exceso, lo debe, por ley natural, a los pobres.

Todavía, tres siglos después, podemos encontrar a Martín Lutero (1483-1546) y a algunas corporaciones artesanales quejándose de las prácticas comerciales reñidas con los códigos comunales, por parte de lo que podríamos llamar, el capitalismo incipiente. El final de una historia se superponía con el comienzo de lo nuevo. Los valores estaban cambiando, ahora el lucro era aceptado y necesario. Esto debe ser tomado como una enseñanza de los periodos de cambio: lo viejo todavía no termina de desaparecer y lo nuevo recién está naciendo. Si utilizamos esta frase como un instrumento de análisis encontraremos ejemplos similares en nuestro tiempo, aunque estamos viviendo a otra velocidad: algunos quejándose de valores que se van perdiendo y a otros quejándose de que todavía hay gente que lo lamenta.

La Historia es una gran maestra que pone a nuestra disposición mucho material de análisis para saber movernos en tiempos en que las viejas certezas van despareciendo y debemos aprender a construir lo nuevo deseado.

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