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Mirando al mundo LXXXVIII– De qué se trata la posverdad  – 13-12-17

Como he repetido varias veces yo no hago periodismo, por tal razón quiero detenerme un momento en esto. Sostengo que el periodismo cumple su misión informativa, qua ha caído en una catarata que borra cada día lo dicho en el anterior: eso es la noticia. Yo quiero proponer un espacio de reflexión que nos abra un camino hacia la posible comprensión del mundo. Para ello propongo un camino.

Un modo de análisis que no debe quedarse en la mera descripción del fenómeno de la información pública. Trabajemos con los significados de estas palabras. Comencemos con la palabra fenómeno, muy utilizada en el lenguaje coloquial, a través de diversos significados. Tomemos uno que nos obliga a pensar  la Academia de la Lengua, lo define como:

«Es toda manifestación que se hace presente a la consciencia de un sujeto [para este caso el periodista] y aparece ante él como objeto de su percepción».

Repasemos y tratemos de comprender mejor que es manifestación:

Lo que se manifiesta se da a conocer de una manera determinada; dado que lo hace ante la conciencia de un sujeto determinado [el periodista] quien lo recibe a través de su percepción. Entonces, el fenómeno periodístico es todo aquello que se manifiesta ante la mirada del periodista y es percibido en tanto es algo que está presente.

El periodismo llama a esto noticia que se puede definir como:

«Comunicación o informe que se da acerca de un hecho o un suceso reciente, en especial si se divulga en un medio de comunicación».

También se puede tratar de una nota periodística:

La nota o comunicado de prensa es la herramienta básica del trabajo de de los medios. Es un escrito, o grabación, que reúne la información fundamental sobre algún tema, persona y/o producto, que los medios de comunicación se encargarán de difundir.

Con estas aclaraciones podemos avanzar partiendo de un comentario del diario El País de España acerca de qué es noticia:

“Una disparatada máxima que suele plantearse en las facultades de periodismo como ejemplo de qué es noticia: «Si un perro muerde a un hombre no es noticia. Ahora bien, si es un hombre el que muerde a un perro, la cosa cambia y se convierte en noticia».

Que este “disparate” se convierta en una fórmula para la “formación de un periodista” algo nos está diciendo. Demos un paso más: todo lo que queda dicho pertenece al mundo de la información. Se lo puede definir así:

La información es un conjunto organizado de datos procesados, que constituyen un mensaje que cambia el estado de conocimiento del sujeto o sistema que recibe dicho mensaje.

Otro modo que agrega algunos matices dice:

La información está constituida por un grupo de datos ya supervisados y ordenados, que sirven para construir un mensaje basado en un cierto fenómeno o ente. La información permite resolver problemas y tomar decisiones, ya que su aprovechamiento racional es la base del conocimiento.

La etimología nos aporta un análisis de la construcción de la palabra:

La palabra “información” se forma a partir de dos vocablos que heredamos del latín: “in” y “formatio”. El prefijo “in” indica dirección hacia dentro. Generar algo adentro, ese algo proviene desde afuera. El concepto “formatio” se refiere a la acción de formar o de dar forma, de generar algo. La construcción de ambos, in-formación, se debe entender, recuperando lo ya dicho, como:

La acción de producir en la conciencia de quien la recibe el mensaje periodístico una alteración que modifica el estado anterior: “que cambia el estado de conocimiento del sujeto o el sistema del que recibe dicho mensaje, ya que éste “está construido por un grupo de datos ya supervisados y ordenados.

Lo cual nos lleva a concluir que es sólo una versión, una construcción, de las interpretaciones posibles, como no puede ser de otro modo, ya que es la comunicación de las percepciones que la persona del periodista recibió, seleccionó, ordenó y supervisó la cantidad de datos que componía esa percepción. Sin olvidar lo que quedó apuntado más arriba: que esa percepción la recibe la conciencia de un sujeto determinado [el periodista] cuya trascripción objetiva es imposible, puesto que la composición de esa percepción es válida sólo para él y cuya comunicación ser verá modificada por la interpretación de quien la reciba.

Debo agregar que la palabra información da lugar a otra que aparece como su contraria: la desinformación. Su definición académica desmiente el uso del lenguaje coloquial. Leamos:

La desinformación,​ también llamada manipulación informativa o manipulación mediática,​ es la acción y efecto de procurar en los sujetos el desconocimiento o ignorancia y evitar la circulación o divulgación del conocimiento de datos, argumentos, noticias o información que no sea favorable a quien desea desinformar. Habitualmente es una de las argucias de la agnotología, que es el estudio de la ignorancia o duda culturalmente inducida, especialmente a la publicación de datos erróneos o tendenciosos a través de los medios de comunicación.

La gran pregunta: ¿cómo se sabe cuándo es información o desinformación?

Mirando al mundo LXXXVII– De qué se trata la posverdad – 6-12-17

Seguiré avanzando sobre modos de calificar a los medios que proponen diferenciar a unos de otros, los serios de los que no lo son, como vimos en la columna anterior. Para ello se habla de “prensa amarilla”, concepto que el Diccionario de la Academia define muy escuetamente como aquella: «Caracterizada por el cultivo del sensacionalismo».

Pero encontramos una definición más precisa si consultamos las palabras: “amarillismo” y “sensacionalismo”, que aparecen definidas ambas como:

«Tendencia de algunos medios informativos a presentar las noticias destacando sus aspectos más llamativos, aunque sean secundarios, con el fin comercial de provocar asombro o escándalo».

Estas definiciones que agregan los calificativos para un tipo de prensa, la novedad es que no hay ninguna novedad, puesto que ya había aparecido a fines del siglo XIX en los Estados Unidos. Esto nos impone la necesidad de proponer una clara distinción entre el periodismo de investigación y el periodismo amarillista:

El primero, se sumerge en lo más crudo de la realidad para mostrarla en toda su evidencia y para que las grandes maquinaciones periodísticas desde los diversos poderes no logren esconderlos, y para ello respetan los datos y el tono. El segundo, por el contrario, convierte lo anterior en una narración agresiva, espectacular y distorsionada y se olvida de los parámetros éticos que debe respetar el texto.

Tal vez, podría arriesgarse un diagnóstico: la segunda posguerra abrió un cauce para un avance arrollador del amarillismo por sobre lo que se consideraba prensa seria, aunque no tengamos certezas de cuan seria era. El importante ingreso de un medio como la televisión alteró las reglas del juego, con mayor peso a partir de la década de los ochenta, intensificando su presencia en los noventa con la presentación de los “reality shows”. Este tipo de periodismo, si se le puede llamar así, extravagante y agresivo, es el que ha impuesto. El resultado es que la verdad salió maltrecha y los consumidores resultaron conducidos a conclusiones parciales o sencillamente equivocadas de la noticia.

Por estas razones creo necesario apelar al análisis académico para continuar en esta línea investigativa. Para ello voy a presentar, con sus títulos y competencias, para diferenciarlo de tanta palabrería periodística, al Doctor Pablo Boczkowski, Profesor y Director del Programa de Liderazgo para Empresas Creativas de la Northwestern University y Profesor de Estudios de Organización en la Escuela de Administración del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT). La página www.revistaanfibia.com, de la Universidad de San Martín, publica una nota de él que lleva este título: La postverdad – Las noticias falsas y el futuro del periodismo.

Comienza con una cita del sociólogo Robert Park, fundador de la Escuela de Sociología de Chicago, publicada en la American Journal of Sociology, revista del Departamento de Sociología de la Universidad de Chicago. Su título: La noticia como forma de conocimiento: un capítulo de la sociología del conocimiento. El título está advirtiendo algo que los medios ocultan, o ignoran lo que sería peor, que la información periodística forma parte inescindible de los conocimientos de cada ciudadano. Allí dice:

“Cada público tiene su propio universo de discurso y… humanamente hablando, un hecho es solamente un hecho en algún universo de discurso”.

 Creo necesario detenernos un poco en esta sintética afirmación dado que contiene lo que podríamos definir como una denuncia:

Una verdad sólo es tal dentro de la cultura de un pueblo que le dará a ella una interpretación propia por los modos de comprender el mundo que ese pueblo tiene. Dicho con otras palabras: hay cosas que impactan en la conciencia de los habitantes de un lugar y no lo harían en otras personas. Por ejemplo: “El hombre llegó a la luna” afirmación que carece de significado para un pueblo que no tenga la más mínima idea de que son posibles los vuelos espaciales tripulados por personas. Para ellos la luna es una luz en el cielo a la que se le puede atribuir poderes míticos pero no es una parte del cosmos puesto que para ello requiere que entienda qué es el espacio cósmico.

Entonces, las palabras dicen lo que significan dentro de un marco cultural, y sólo lo que allí se comprende. Por ejemplo, otra afirmación: “Fueron encontradas 150 personas muertas en una fosa”. Si esto aparece en una información respecto de la Guerra en Vietnam tendrá un impacto diferente de si este hallazgo se realizó en Campo de Mayo. El contenido de verdad lo da el marco de referencia: el primero tendrá pocas repercusiones entre nosotros, el segundo removerá la memoria colectiva que tenemos de la época del Proceso militar. Equivale a decir el contexto otorga a la verdad diversos significados.

Mirando al mundo LXXXVI– De qué se trata la posverdad- 29-11-17

Hemos hablado, durante bastante tiempo, de la posverdad en el mundo mediático. Creo que, para recuperar la esperanza y volver a pensar el papel que deberían cumplir los medios, como parte del servicio público debemos recordar lo que pensaba Domingo F. Sarmiento de la educación de la ciudadanía:

Educar al soberano es una frase que pertenece a ese educador y político argentino, quien dedicó buena parte de su vida a la tarea de enseñar, entendiendo que la educación es fundamental para el desarrollo de los pueblos y formador de ciudadanía. Esta tarea adquiere mayor importancia en una sociedad democrática, donde el pueblo tiene la responsabilidad de elegir a sus gobernantes. Por lo tanto, la debe hacer con conocimiento y responsabilidad privilegiando valores fundamentales.

Esta tarea educadora es llevada adelante, aunque no se exprese así, por los medios dominantes, por lo cual debemos estar atentos a cómo se va formando ese público. Preguntémonos: los medios públicos, con el peso fundamental que hoy tienen sobre la opinión pública: ¿educan a la ciudadanía para estar formados como ciudadanos informados y responsables? Si la respuesta es “no” ¿es un olvido o un plan premeditado? La posverdad ¿jugará un papel en todo ello?

Propongo ahora hacer una ejercicio de investigación con el objeto de encontrar algunas pistas posibles sobre las condiciones previas que posibilitaron este estado de cosas. Quiero superar las simples descripciones del fenómeno e ir hacia una posible explicación del fenómeno, que ha facilitado estas consecuencias. Una primera hipótesis a tomar en cuenta se debe formular así: «La  mentira de los medios no es una práctica nueva, es muy antigua».

Una palabra que denunciaba este fenómeno es “pasquín” para referirse a los medios que hacían de la información falsa o distorsionada una práctica habitual. Para ellos se utilizaba esa palabra que los calificaba. Según el Diccionario de la Academia la define como:

«Pasquín: es una publicación, diario, semanario o revista, con artículos e ilustraciones de mala calidad y de carácter sensacionalista y calumnioso».

Wikipedia dice:

«Pasquín es un término peyorativo empleado para definir un escrito, por lo general anónimo, que se coloca en un lugar público y que generalmente contiene un mensaje crítico y/o satírico contra una persona u organización, tal como la iglesia o el gobierno.​ La palabra, de origen italiano, comenzó a usarse en Roma a principios del siglo XVI. El término pasquín sigue vigente, aunque su uso se ha ampliado para abarcar otro tipo de avisos o panfletos. Sigue conservando su significado peyorativo».

El Doctor Francisco Javier Acuña Arias –Profesor de la Universidad de La Laguna (Tenerife – España) analiza el tema con estas palabras:

Uno dividió toda la vida los periódicos en dos clases: los amarillistas y los demás. Los demás eran los “serios”, es decir, los que uno leía. Pero a raíz del escándalo de Bill Clinton y la cobertura de la muerte aparatosa de Diana de Gales, cabe preguntarse ¿dónde se metieron los periódicos serios? Revistas tan circunspectas como Time y diarios tan reposados como The New York Times se lanzaron a ver quién era más escandaloso.

Sin embargo, comenta, esto tiene una historia más larga:

Hay que remontarse al siglo XIX para comprender el nacimiento del amarillismo en la prensa. Éste surge en la prensa norteamericana, en la sorprendente guerra entre The New York World, propiedad de Joseph Pulitzer (1847-1911), y el The New York Journal, propiedad de William Randolph Hearst (1863-1951). Los mencionados diarios se enfrentaron para instaurar sus imperios de prensa después de la guerra civil americana (1861-1865).

En los años de la segunda posguerra apareció una diferenciación más pronunciada entre los llamados diarios serios. El periodista Javier Errea, integrante del Estudio Errea de Comunicación, escribe en su blog un artículo titulado: Diarios serios, muy serios, tremendamente serios, con una carga irónica que no debe ignorarse:

«Hacer un diario es algo muy serio. Trabajar en un diario es algo muy importante. Antes lo era… Cuando dejé el primer diario donde trabajé, hace muchos años, mi padre casi se desmaya. Estaba muy orgulloso de mí hasta ese día, luego no tanto. No es lo mismo trabajar en un periódico serio que trabajar en “otros”. Un diario es algo muy serio, sí. Aunque ahora pareciera que no tanto como algunos creemos…

Mirando al mundo LXXXV– De qué se trata la posverdad – 22-11-17

Me parece evidente que si le he tenido que dedicar tanto tiempo al tema de la posverdad es porque esto está evidenciando un problema que no es sencillo y, además, es preocupante. Este problema se diluye por el tratamiento mediático que se hace de él, lo cual hace que pase inadvertido para el ciudadano de a pie. Debo definir qué entiendo por tratamiento mediático y lo resumo en pocas palabras: se utiliza el concepto como si estuviera claro su significado y que esto es compartido por el público consumidor de medios.

Esto no es nuevo, es parte de la deshonestidad que evidencia el uso, el abuso, el maltrato de la lengua castellana, sobre todo en la televisión: Ello va generando en ese público una indolencia por un vaciamiento del valor de la palabra cuyo resultado es que todo esto escandaliza a muy pocos. Se llega a decir que es propio del lenguaje televisivo, como si éste fuera una especie de dialecto propio que sólo debe respetar sus propias reglas. Tal vez esto pueda parecer exagerado, o una preocupación academicista.

En esas últimas décadas, para tener derecho de presentarse en la pantalla televisiva, el curriculum exigía una presencia femenina atractiva y los más desenfadada posible, un descaro exhibicionista en el uso de poses y temas que, en lo posible, rocen el escándalo. Los varones deben acompañar esto con sus comentarios vacíos, procaces, desvergonzados y cínicos.

Ante ese triste espectáculo cotidiano propongo modificar la letra de Cambalache de Discépolo:

En la vidriera del cambalache colocar también un ejemplar del Diccionario de la Academia, pero sin abrir, porque parece que se ha prohibido su uso, apoyado en la Biblia, y también herido pero por la lengua desaprensiva de los personajes de la televisión.

Entonces ¿qué es la posverdad? Es la confesión no confesada de que hoy, mucho más que en la década del treinta, tiene plena vigencia la advertencia que le hizo al futuro, hoy nuestro presente. En la letra de otro tango de 1926 ¿Qué vachaché? (¿Qué vas a hacer?) le explica a un idealista:

“¿Pero no ves, gilito embanderado, / que la razón la tiene el de más guita? / ¿Que la honradez la venden al contado / y a la moral la dan por moneditas? / ¿Que no hay ninguna verdad que se resista / frente a dos pesos moneda nacional?”

Y ante la lectura de estas terribles palabras, que se reverdecen ante la confirmación de su verdad actualizada en el mundo de hoy, yo debo confesar que me siento aludido en este final:

Vos resultás, -haciendo el moralista-,/ un disfrazao… sin carnaval… / ¿Qué vachaché? ¡Hoy ya murió el criterio! Vale Jesús lo mismo que el ladrón…

Esta descripción nos coloca ante una interpelación que supone definirse ante las maldades de este mundo. Los medios y en espacial la televisión muestran un escenario desesperante.

Si a todo esto agregamos la utilización de la primicia exclusiva que, en sus apuros, no se permite el tiempo de ser chequeada. Por lo tanto, puede ser reemplazada, casi de inmediato, por un desmentido no confesado, que afirma todo lo contrario de lo ya informado. También, entonces, la pobre verdad cae mortalmente herida de muerte por la desvergüenza de la mentira permanente.

Quiero recordar, a aquellos que tengan años suficientes como para haberlo vivido, el papel pedagógico respecto del idioma que cumplía la radio en las décadas de los cuarenta y cincuenta, y tal vez poco después. Creo que, para recuperar la esperanza y volver a pensar el papel que deberían cumplir los medios, como parte del servicio público recordar lo que pensaba Domingo F. Sarmiento de la educación:

Educar al soberano es una frase que pertenece a ese educador y político argentino, quien dedicó buena parte de su vida a la tarea de enseñar, entendiendo que la educación es fundamental para el desarrollo de los pueblos y formador de ciudadanía. Esta tarea adquiere mayor importancia en una sociedad democrática, donde el pueblo tiene la responsabilidad de elegir a sus gobernantes. Por lo tanto, la debe hacer con conocimiento y responsabilidad privilegiando valores fundamentales.

Que no lo hagan los medios públicos, con el peso fundamental que hoy tienen sobre la opinión pública, me pregunto: ¿es un olvido o un plan premeditado? La posverdad ¿jugará un papel en todo ello?

Mirando al mundo LXXXII– De qué se trata la posverdad – 8-11-17

Volviendo al tema de la posverdad que no parece ser tomado en serio por parte de aquellos que pueden ser considerados sensatos. El problema es que este concepto, la posverdad, apareció en los medios de comunicación como referencia a un fenómeno que ellos parecen denunciar. En esos medios, como es obvio y evidente, no abundan investigadores académicos, pensadores prestigiosos, por el contrario se caracterizan por estar en manos de “gente superficial poco confiable”.

El novedosos concepto es muy poco consistente, evidentemente hipócrita, pero con pretensiones de alta filosofía para lo cual no reúne las condiciones necesarias. La escritora, periodista y política española, Irene Lozano parece haberlo comprendido de ese modo, por el tono de su comentario:

¡Qué concepto tan elegante. Nunca el ocultismo tuvo un nombre tan hermoso. Nunca soñó con ver edulcorada su naturaleza hasta hacerla respetable! Consagrada como palabra del año, sólo nos explica que el mundo se ha vuelto ininteligible.

¿Por qué dice esto? Porque la palabra fue elevada a “estrella” como “La palabra del año”, nada memos que por el Diccionario, que publica la prestigiosa Universidad de Oxford (Gran Bretaña). Acompañó la presentación con comentarios muy interesantes, así como sorprendentes. Respecto de este nuevo vocablo afirmó:

Con el neologismo post-truth se denomina en inglés lo relativo a las circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal, a la hora de modelar la opinión pública. Esto se verifica en los cambios del lenguaje público que muestran que la palabra pasó de ocupar un lugar periférico, en el uso cotidiano, a ser eje de los comentarios políticos. La importancia fundamental de ella no es lo que dice sino lo que denuncia, respecto de la condición corrompida y corruptora en la que se encuentra la opinión pública. A la vez, asume que la verdad ya no importa por lo que la comunicación, como consecuencia de ello, ha entrado en una era que comienza a definirse por haber dejado atrás el valor de la verdad política.

La traducción de la palabra inglesa por el vocablo castellano posverdad tuvo aceptación entre los especialistas que comentaron:

El prefijo post– forma numerosos derivados en los que no solo añade el significado de ‘detrás’ o ‘después de’, sino que aporta la idea de que lo que queda atrás está, de algún modo, superado o que deja de ser relevante.

Volvamos a la nota de Irene Lozano y a sus ironías:

Se diría que antes éramos Denis Diderot[1] (1713-1784) y ahora nos hemos convertido en Homero Simpson. Sospecho que la cosa es más complicada. La verdad y la mentira en todas sus formas han convivido a lo largo de la historia. Lo que caracteriza nuestro tiempo no es el triunfo de la mentira, sino el fin de la herencia ilustrada, acompañado de un profundo desprecio al logos, a las herramientas de la razón.

Si analizamos el ámbito en el cual este concepto comenzó a ser utilizado, Europa, se puede pensar que es la toma de conciencia de algo que se venía incubando desde hace décadas. Irene Lozano señala como una de las causas un fenómeno cultural de Occidente que surgió en esa región como respuesta a las consecuencias de la segunda posguerra: al desánimo, a las desilusiones, a la pérdida de confianza en la razón, y el desentendimiento del mundo, etc.

Entonces la cuestión no es solamente que la gente haya creído las mentiras del discurso de los medios. De hecho, creímos vivir en una democracia basada en la libertad de la opinión pública, la deliberación y el debate libre de ideas, para beneficio de todos. En esta democracia todo ello fue violado permanentemente. Hoy, por el contrario, la realidad que nos describen los medios se ha convertido en una lluvia de imágenes incoherentes. Esta falta de verdad revela la magnitud de la hipocresía del periodismo que no nos ayuda a entender nuestra época. Esto no es nuevo, pues ya ocurría antes de que se hablara de la posverdad.

Agrega nuestra escritora:

Si las noticias se han convertido en un magma sin significado, esto sólo puede querer decir que los medios están haciendo mal su trabajo. Así, cuando la lluvia de imágenes se disuelve, el ciudadano de a pie se queda sin un criterio ni una comprensión de la realidad, sino con un malestar difuso, una incertidumbre que constituye el campo abonado para la superstición y la mentira. Lo realmente alarmante es que muchos periodistas, científicos, académicos, parecen haber abandonado la idea de que exista una realidad que es posible contar o conocer. Por eso es urgente volcarse en el empeño, también enunciado por Orwell de “restaurar lo obvio”. Esa restauración, para tener éxito, habrá de empezar en el ámbito de la cultura.

[1] Fue una figura decisiva de la Ilustración como escritor, filósofo y enciclopedista francés.

Mirando al mundo LXXXII– De qué se trata la posverdad– 1-11-17

Como una prueba clara de posverdad periodística, retomaré los análisis que había comenzado en una columna anterior, a partir del libro del escritor estadounidense Darrell Huff (1913-2001) quien publicó un libro con un título sorprendente: Cómo mentir con estadísticas (1954). Y revisaré como se refleja lo que se podría definir como enseñanzas-denuncias que el autor desarrolla en sus páginas. Recurro a un artículo que publica el diario Clarín el 22-9-2017 con el título ¿Se compran menos fideos y más televisores? Que puede haber pasado desapercibido por aquel tipo de lectores que calificaré como ingenuos, en el sentido original de la palabra. Coloco aquí ese significado para evitar malas interpretaciones:

Ingenuidad se refiere a los rasgos nobles innatos de una persona; que es sincera, candorosa y sin doblez y actúa sin tener en cuenta la posible maldad de una persona o la complejidad de una situación.

Aclarado esto, debo decir que salvo aquellas personas que tienen algún entrenamiento en la utilización de una lectura crítica, la gran mayoría de los consumidores de información caben en la categoría descripta. El periodista comienza así:

«Empecemos con algunos datos duros de la consultora Kantar. En agosto, el consumo de la canasta de 140 productos, alimentos envasados, lácteos, productos de tocador y de limpieza, retrocedió 2%. ¿se debe esto a un problema de poder adquisitivo? Es difícil responderlo de manera directa… Porque están aumentando otros consumos, como autos, motos, electrodomésticos”, dice el consultor de consumo Guillermo Oliveto. Esta semana, la consultora Ecolatina difundió un estudio que demuestra que las ventas de electrodomésticos, crecieron 3,7% en el primer semestre. También crecen los viajes: 15% en pasajeros que gastan un  35%  más. ¿La gente compra televisores y deja de comprar fideos?».

Se le podría preguntar al señor Oliveto ¿cuál es “la gente” que compra fideos y cuál es “la gente” que compra televisores, viaja y gasta más? ¿No habrá que hacer allí una desagregación de sectores sociales tomando en cuenta sus ingresos, lo cual podría mostrar las posibilidades de compra determinadas por el poder adquisitivo? ¿Ese análisis no permitiría despejar la difícil incógnita planteada en el título? Ayudemos al redactor de la noticia tan desconcertante con esta propuesta: “Hay “gente” cuyos ingresos están cerca del límite de la canasta de pobreza y compra fideos y hay otra “gente” cuyos ingresos pueden estar por encima de los $ 50.000 y consumen lo que parece presentarse como un misterio.

Pero, claro, son modos de ver, se podría decir que hay matrices de pensamiento diversas. Para aportar una aclaración el señor Oliveto le presentó al periodista la explicación siguiente que él anota:

La síntesis del analista es la siguiente: “El consumidor está reacomodando su billetera y se están estableciendo nuevos  paradigmas”. Hubo un primer gran salto el año pasado, que fue la suba de tarifas, que melló la capacidad de compra y planteó nuevas prioridades. Pero en este 2017 hay otro eje nuevo que está moviendo el dial: el crédito hipotecario. “Está haciendo cambiar los plazos en los que se piensa -añade Oliveto-. Se pasa del presente al futuro, se mira más hacia adelante. Como si fuéramos ahora más sajones y menos latinos al comprar”.

Debo decir: ante el aporte epistemológico (parte de la filosofía que estudia los principios, fundamentos, extensión y métodos del conocimiento humano) que parece manejar el señor Oliveto, más el agregado de algunas definiciones de distintos perfiles de las culturas a las que hace referencia: sajones y latinos. Debo reconocer que las críticas que he escrito, más arriba, han sido muy miopes. No he sido capaz de introducir sus modos de análisis ni sus conocimientos de la antropología que él posee, que aportan un nivel de análisis mucho más profundo. Los pobres, por ser latinos, compran pensando en lo que puede comer cada  día: fideos. Los de más altos ingresos, con una mentalidad superior sajona, están pensando en el largo plazo.

Ahora estamos en condiciones de responder a lo que el señor Oliveto declaró como una imposibilidad de explicar por qué ¿Se compran menos fideos y más televisores?

 

 

 

Mirando al mundo LXXXI– De qué se trata la posverdad – 25-10-17

El tema del coaching, como toda palabra o concepto novedoso –la posverdad como ejemplo– que cae en manos de la fauna mediática comienza a utilizarse con una libertad interpretativa, que no es el resultado de la profundidad de los análisis realizados. Por el contrario, es esa liberalidad (o tal vez impunidad) la que parece autorizarlos a decir cualquier cosa, estrujando los conceptos, exprimiéndolos, hasta atribuirles significados de lo más variados. En otras palabras, hasta vaciarlos de todo contenido.  Dice la definición de wikipedia:

El coaching, anglicismo que procede del verbo inglés to coach, «entrenar») es un método que consiste en acompañar, instruir y entrenar a una persona o a un grupo de ellas, con el objetivo de conseguir cumplir metas o desarrollar habilidades específicas. Si bien el término coach tiene una procedencia directa desde el ámbito deportivo, es en el contexto empresarial y personal donde se conoce por coaching: el proceso interactivo y transparente mediante el cual el coach o entrenador y la persona o grupo implicados en dicho proceso buscan el camino más eficaz para alcanzar los objetivos fijados usando sus propios recursos y habilidades.

Lo que se desprende de esta definición es que se trata de una técnica mediante la cual se ofrece un acompañamiento profesional, una especie de pedagogía, entendida como: «Práctica educativa o método de enseñanza en un terreno determinado». Que puede ir acompañada por una  didáctica que aporta las técnicas y métodos pasibles de ser aplicados en cada caso específico.

Continúa wikipedia definiendo las personas dentro de la empresa que podrían comenzar este entrenamiento:

El entrenador (coach) se compromete con la persona a entrenar en un acuerdo de colaboración, estableciendo unos objetivos concretos y diseñando un plan de acción que les permita alcanzarlos dentro de los plazos establecidos. Este plan fijará una serie de encuentros entre los intervinientes que permitan conseguir la finalidad prevista, acompañado de otro conjunto de actividades destinadas a mejorar aspectos concretos de la persona en entrenamiento. Por lo tanto, para lograr el mejor resultado el entrenador debe tener un conocimiento profundo del puesto de trabajo desarrollado por el entrenado y de la forma en que este puesto se relaciona con los objetivos de la organización.

La página www.integridadpolitica.com avanza en la definición, dada la aplicación al mundo de la política, preguntándose: ¿Qué es el Coaching Político? Prestemos atención a las especificaciones con que precisa su posible aplicación a esta particular circunstancia:

El Coaching político es un entrenamiento personalizado y confidencial llevado a cabo por un asesor especializado (coach). El principal objetivo en este proceso de coaching es avanzar y conseguir aquello a lo que se aspira. Es una relación profesional con otra persona que aceptará sólo lo mejor de ella, le aconsejará, le guiará y estimulará para que vaya más allá de sus limitaciones para desarrollar el 100%  de su potencial.

Podemos ahora avanzar sobre lo que se podría titular: Las posibilidades de la corrupción o la malversación de la profesión del coach.

En la página www.compolitica.com (1-6-17) aparece una nota con un título llamativo y desconcertante: Políticos ¿Desechables? ¿Reutilizables? o ¿Personas? El autor inicia una reflexión sobre el coaching político partiendo de una referencia a una película Expertos en crisis. En ella la protagonista (Sandra Bullock) muestra su capacidad de mostrar su trabajo:

«Hacer ganar a su candidato cueste lo que cueste, a pesar de las dudas acerca de si el hombre para quien trabaja es realmente el mejor para ocupar el cargo».

Cita el autor de la nota una afirmación de la protagonista como ejemplo de:

La verdad es relativa. En política lo que se dice al electorado es la verdad y el que tiene más dinero es el que manda. Se cree, erróneamente, que para ser político el posible candidato debe ser de otra pasta, desarrollar otros valores, habilidades y competencias que hagan el camino más transitable. No es cierto. Cualquiera puede serlo si acepta nuestra conducción en la campaña.

Es una prueba clara de su cinismo. Expresa con claridad hasta dónde puede llegar la distorsión de los objetivos originarios del coaching cuando se interpone “el dinero que manda”.

Reflexión final: el riesgo no está en la herramienta sino en las manos de quien la utiliza. El origen del coaching pretendía ser una técnica reparadora, terapéutica, para ayudar a la realización personal dentro del ámbito empresarial: desarrollar lo que su perfil personal anuncia. Por el contrario, en su utilización política electoral el objetivo es: convertir a un candidato en un producto comercializable, cuyo packaging ofrezca más que su contenido.

 

Mirando al mundo LXXX– De qué se trata la posverdad  – 18-10-17

 El escritor estadounidense Darrell Huff (1913-2001) publicó un libro con un título sorprendente: Cómo mentir con estadísticas (1954), fue el más vendido sobre el tema en la segunda mitad del siglo XX. El autor comentaba en su introducción:

El lenguaje secreto de las estadísticas, tan atractivo en una cultura a la que le importan mucho los hechos, se emplea de manera sensacionalista, para exagerar, confundir y simplificar en exceso. Los métodos estadísticos y la terminología son necesarios para informar sobre los datos masivos de las tendencias sociales y económicas… Pero quienes las utilicen deben hacerlo con honradez y precisión, y los lectores deben saber lo que significan, sino el resultado no será más que puro palabrerío sin sentido alguno.

Respecto del libro decía la editorial en su lanzamiento:

Lo que estas páginas, escritas con ingenio y humor, nos ofrecen es, en realidad, un curso de sentido común para aprender a descubrir las artimañas con las que cada día pretenden engañarnos los medios de comunicación, los políticos, la publicidad, manipulando cifras y gráficas… Lo que aquí se nos cuenta resulta divertido; pero es bueno tomarlo en serio, porque, como nos dice el autor, “los desaprensivos ya conocen estos trucos; los hombres honrados deben aprenderlos en defensa propia”.

El problema del manejo de las estadísticas no es nuevo, sin embargo, tal vez nunca como  ahora se han manipulado tanto los datos para hacerles decir cosas increíbles e inaceptables. El Doctor Michael R. Krätke, Profesor de Política Económica y Derecho en la Universidad de Ámsterdam y Director del Instituto de Estudios Superiores de la Universidad de Lancaster (Reino Unido), hace una descripción de los posibles actores del juego del manejo estadístico:

“Un populista es quien cuenta a la gente lo que ésta quiere oír y despierta falsas esperanzas y juega sin escrúpulos con los miedos de otros. Un bobo peligroso es quien cree en las propias mentiras y toma por remedios las brujerías de los charlatanes. Un aguafiestas es quien llama mentira a la mentira. Un buen ciudadano es quien no se deja tomar el pelo por la prepotencia de algunos. ¿Cómo se miente con estadísticas? Un gran título para un curso que debería ser obligatorio para los economistas, los científicos sociales y los periodistas, pero no se imparte, por regla general, en las universidades”.

Desde siglos anteriores se han dicho cosas sobre las estadísticas: una definición famosa la expresó Benjamín Disraeli (1804-1881), fue dos veces primer ministro del Reino Unido, dijo: “se puede mentir afirmando cosas falsas o diciendo sólo una parte de la verdad, o estadísticamente”. Lo curioso es que esta cita aparece con frecuencia en los libros de estadística… Podemos decir, entonces, que la estadística, como toda herramienta, no comete errores por sí misma: los errores y las mentiras son responsabilidad de quienes las usan, o de quienes repiten, sin revisar críticamente esos resultados, lo que otros afirman. Afirma un especialista:

Hoy vivimos en un mundo saturado de estadísticas, ejércitos de investigadores se dedican a la recolección de datos y a sacar conclusiones de ellos… Debo agregar que, en tiempos de la posverdad, ya no importa si el resultado corresponde o no a una verdad, lo fundamental ahora es que sea útil para demostrar lo que se desea, sea lo que fuere.

Veamos esta información publicada por la Universidad de Carolina del Norte (EEUU) como promoción de la calidad de sus enseñanzas, decía así:

«Los estudiantes de Geografía de esta Universidad son los que logran el salario promedio más alto al licenciarse, muy por encima del que perciben los egresados de las otras facultades».

La afirmación estaba basada en el promedio de los ingresos de la totalidad de sus egresados, en sí misma era verdadera… pero cuando se analizaron los datos estadísticos con los cuales se realizó el estudio aparece algo que alteraba el resultado:

En ese centro de estudios se licenció en Geografía el basquetbolista de la NBA Michael Jordan, gracias a una beca deportiva. Obviamente, las cifras astronómicas que cobraba como jugador desvirtuaban la realidad de los salarios del resto de alumnos. «La mayoría ganaba 40.000 dólares al año, pero solo uno ganaba 500 millones».

La universidad no había mentido, el promedio era superior al resto de los egresados. El hecho de que Jordan hubiera egresado de allí enorgullecía a esa institución por ello no lo ocultaban, por el contrario, era un elemento publicitario excelente. Simplemente no habían hecho mención a la diferencia que significaba computar sus ingresos en el promedio. Mintieron diciendo la verdad.

Mirando al mundo LXXVIII– De qué se trata la posverdad –4-10-17

 Si tomamos la década de los cuarenta, cuando se estrenó la película El Ciudadano Kane (1941) en la que el actor estadounidense Orson Welles (1915-1985) interpreta a un personaje que, sin duda, hace referencia a William Randolph Hearst (1863-1951). ¿Quién era este personaje?:

Un periodista, editor, publicista, empresario, inversionista, político y magnate de la prensa y los medios estadounidenses, que emergió como uno de los más poderosos personajes de la escena política y empresarial de dicho país. Llegó a construir uno de los más grandes imperios empresariales de la historia, llegando a poseer en su punto más alto un total de 28 periódicos de circulación nacional, entre otros The Washington Times, The Washington Herald y su periódico principal The San Francisco Examiner, además de diversificarse con la posesión de empresas editoriales, compañías y emisoras radiales, así como revistas, tal es el caso de Cosmopolitan, Town and Country y Harper’s Bazaar, entre muchas otras. Ampliamente conocido por usar los medios como auténticos instrumentos políticos, además de ser el más afamado de los promotores de la prensa amarilla, se valió de generar escándalos y de la manipulación mediática, para lograr que sus intereses comerciales y políticos se viesen beneficiados.

Se puede afirmar sin el menor riesgo de error que las denunciadas realizadas contra las fake news, sólo es una nueva denominación para referirse a lo que son viejas técnicas de información manipulada para el logro de determonados objetivos. A eso se lo ha conocido como prensa amarilla que wikipedia la presenta como:

Prensa amarilla o prensa amarillista es un tipo de periodismo que presenta noticias con titulares llamativos, escandalosos o exagerados para tratar de aumentar sus ventas, aunque por lo general estas noticias no cuenten con ninguna evidencia (o escasas) y sin una investigación bien definida. Este tipo de prensa sensacionalista incluye titulares de catástrofes y gran número de fotografías con información detallada acerca de accidentes, crímenes, adulterios y enredos políticos. En caso de gráfica o en televisión, se caracteriza por usar colores extremadamente saturados, principalmente el rojo y tener su información desorganizada.

Algunos ejemplos de prensa amarillista pueden ser los tabloides ingleses o ejemplos concretos como Crónica​ en Argentina, el Diario Extra​ en Ecuador o La Cuarta en Chile. Todos ellos eran claramente identificados por el lector que no se equivocaba cuando los compraba, pues era precisamente lo que quería leer. Después del Proceso Cívico-militar en la Argentina la actitud de los conocidos hasta entonces como diarios serios, por su campaña de ocultamiento de las atrocidades que se perpetraban por las fuerzas militares, su credibilidad fue cayendo.

El tono general de los grandes medios (prensa escrita, radio, televisión) aliados con importantes grupos internacionales, cuando no socios directos, precipitaron su imagen al punto tal que es muy difícil hoy hacer una clara diferencia entre medios serios y los amarillos. Sus alianzas con los grupos económicos concentrados los han ubicado en defensores de los intereses de las grandes empresas, ocultando las consecuencias para grandes sectores de la población.

Robert Park (1864 –1944) fue un sociólogo urbano estadounidense, y uno de los principales fundadores de la Escuela de Sociología de Chicago explicó que las noticias falsas son un elemento intrínseco de cualquier intento de recuperar una información aceptable. Pablo Boczkowski – Profesor y Director de la Maestría en Ciencias en Liderazgo para Empresas Creativas en la Universidad Northwestern, afirma que:

Como resultado de sus investigaciones se debe aceptar que estamos frente a una transformación de la cultura de la información en la era digital. Lo que denuncia Orson Welles en su película, otros hicieron lo mismo, tanto los que los precedieron y como los que los sucedieron. Además de los empeños deliberados en distorsionar o desinformar, los errores no intencionales detectados por el público -y la sospecha de que podrían existir incluso otros no identificados- han reforzado una postura escéptica entre las audiencias sobre la presunta veracidad de las noticias. Las noticias falsas han existido durante tanto tiempo como las verdaderas… Pero un elemento diferenciador del momento contemporáneo es la existencia de una infraestructura de información con una escala, un alcance y una horizontalidad en los flujos informativos sin precedentes en la historia.

Entonces, vuelve a ser necesario recuperar las reflexiones que he propuesto en columnas anteriores, para proponernos actualizarlas a la luz de las informaciones que hemos publicado en columnas más recientes.

 

Mirando al mundo LXXVII– De qué se trata la posverdad – 27-9-17

 Propongo en esta columna abordar el tema de la construcción de un candidato consultando a profesionales que puedan mostrar un curriculum respetable. Ello quiere decir, en mi opinión, que su palabra esté avalada por sus estudios de formación en instituciones de prestigio y que su carrera profesional puede mostrar su capacidad de análisis y de propuestas.

Alguien que reúne estas condiciones es Ignacio Ramírez, Licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires; Diplomado en Estudios Avanzados en Comunicación, Política y Cultura por la Universidad Complutense de Madrid; Director del Posgrado en Opinión Pública y Comunicación Política en la Facultad Latinoamericana Ciencias Sociales; Analista de opinión pública y consultor político, actualmente Director de la Consultora Ibarómetro.

Consultado respecto de cómo definiría el perfil de un candidato, respondió:

Si bien las lealtades partidarias tradicionales se han debilitado lo cierto es que la escena política latinoamericana es un ámbito efervescente donde los protagonistas son los conflictos, las pasiones, los debates y los desacuerdos político-ideológicos. Es decir, más que de un fin de las ideologías deberíamos hablar de su regreso recargado. Por ello los candidatos y comunicadores deben atender las nuevas agendas y sensibilidades de la ciudadanía, especialmente entre los jóvenes cuyas vidas transcurren en ecosistema simbólicos y de comunicación muy distintos a los más grandes.

Su respuesta es la de un científico social. Se coloca en una actitud de rechazo a lo que yo definiría como liviandades de los consultores que hemos revisado en columnas anteriores, por los modos de abordar el análisis político. Ramírez muestra una actitud más profesional que se trasunta en su descripción sociológica que incluye una definición de la cultura actual. Subraya el universo de los jóvenes como un tema especial que merece un tratamiento diferenciado. Avanza con sus definiciones:

Los candidatos son el principal instrumento de campaña, el cuerpo en el cual se condensa todo un sistema de comunicación, un mensaje. Por lo tanto, es importante que los atributos de su posicionamiento sean coherentes con el conjunto de valores y posiciones que expresa. Hoy más que nunca la comunicación política tiene un desafío paradojal: que los candidatos sean auténticos y no luzcan manufacturados. La Comunicación Política debe potenciar sus virtudes, suavizar sus defectos pero nunca quitarles frescura, audacia.

Se diferencia de los consultores anteriores en que se coloca en una posición de respeto a dos dimensiones del tema:

1.- no menosprecia la calidad del público hacia el que se va a dirigir, lo estudia y diagnostica; 2.-  Define la personalidad del candidato como un punto de partida para el diseño de una campaña y, 3.- señala la paradoja entre la manufacturación de su perfil y la necesidad de que no afecte la “frescura y audacia”, equivale a decir que su presencia sea creíble.

Es decir, no rechaza la necesidad de diseñar un perfil del candidato pero esa tarea debe tener siempre presente su personalidad y las características del público que puede estar atento a su apariencia, ésta debe ser coherente con los valores que propone.

En la exposición de Ignacio Ramírez aparece un modo claro de pensar sostenido por la politología, lo cual evidencia el peso de su formación académica.

El otro consultor que deseo analizar, ofrece también buenos antecedentes, es Alfredo Dávalos, Licenciado en Publicidad graduado en el Instituto de Mercadotecnia y Publicidad en México; Diplomado en Comunicación y Gestión Política por la Universidad Complutense de Madrid,  y por el Centro Avanzado de Comunicación en México. Plante su concepto en estos términos:

Me parece que el trabajo debería de iniciar años antes de que inicie el proceso electoral. Si bien es cierto, no todos los políticos provienen del ámbito político, es importante señalar que muchos políticos vienen del ámbito empresarial, me parece que eso es clave: todo candidato que aspira a una campaña legislativa requiere investigar con tiempo su mercado electoral. Hoy deberíamos tener campañas mucho más ciudadanas, que estén basadas en la cotidianidad de la gente. Yo creo que hoy las campañas legislativas deberían apelar a todos aquellos aspectos que preocupan al ciudadano, que no parezca político y debería contar con un mensaje capaz de emocionar y llegar a tocar las fibras más sensibles de la gente.

Voy a señalar un primer aspecto que creo importante: se nota en este consultor que parte de un marco ideológico diferente. La formación recibida, publicidad y mercadotecnia, se demuestra en el vocabulario que utiliza, es desde dónde parte para pensar lo político reducido a mercado. En Dávalos aparece el concepto de “mercado electoral” y hace mención a que hay una cantidad importante de candidatos que provienen del “ámbito empresarial”.

Me parece importante señalar las diferencias entre ambos consultores, sin dejar de lado que son el producto de marcos culturales diferentes. Argentina tiene un pueblo con una marca de herencias europeas que se manifiestan en gustos y estilos de vida. Hay allí una diferencia respecto de México, y mayor aún con otros países caribeños. Ramírez tiene un mayor respeto por el elector del que han mostrado los anteriores consultores, que evidencian cierto menosprecio y predisposición a ser manipulados sin ocultar sus manejos.

Las formaciones de origen, más las culturas diversas de los públicos en los que han desarrollado sus experiencias definen con claridad los modos y concepciones de sus propuestas.

Esto es muy importante tenerlo en cuenta  dado que estamos recibiendo una importante intromisión de modelos culturales ajenos a nuestra idiosincrasia: la cultura política yanqui con agregados de lo que algunos, con menosprecio, hablan de la latino-americanización de concepciones y métodos de abordar el estudio de los públicos.